17 de noviembre de 2009

PERIODISMO A BAJO COSTO

1. You Tube encontró una forma de bajarles los costos a los canales de noticias, si bien es importante destacar que no es el primero en hacerlo: permitir la difusión, en ellos, de los videos subidos por la gente. Sólo que la sofisticación de la marca no es poca cosa: TN tiene veinticuatro horas de programación, en You Tube se suben veinte horas de video por minuto. Y en muchos casos la calidad de contenido no se diferencian mucho que digamos.


2. Un dato relevante es que no piensan por ahora ni cobrarles a los canales ni pagarles a quienes entregan las imágenes. En el caso de las emisoras televisivas ni falta que les hace. En algún lugar de este blog se dijo alguna vez: con lo que se ahorran en cámaras, exclusivas y corresponsales, vale la pena designar a alguien para estar permanentemente conectado a la página a la caza de lo que pudiera aparecer.

3. Pero el argumento más interesante es el que justifica no pagarles a quienes filmaron: "El incentivo consiste en ver reconocido tu trabajo por las grandes cadenas de noticias". De otra forma: el pago es que alguna corporación mediática como la CNN diga tu nombre al aire. ¿Asombroso? No tanto: sin reparar en que TN y C5N utilizan el recurso del mérito cholulo hace rato (doña Rosa chocha de ver su nombre en la placa, y ni hablar cuando la menciona Fernando Carnota), en líneas generales casi todos entramos al periodismo de la misma manera: trabajando gratis a cambio de empezar.

4. Sólo que en el caso de quienes vivimos de esto -a pesar de Kirchner, Maradona y D'Elía- hacerlo conlleva una proyección a futuro: hay un interés hacia adelante fundado en que eso que empezamos a ser es justamente lo que queremos ser. Suena raro -será síntoma de época- cuando esa retribución es apenas ver el nombre escrito en una pantalla. Y mucho más extraño, y sintomático, es que se acepte el supuesto reconocmiento de un medio masivo como causa suficiente para tomarse la molestia de registrar un evento y subirlo, a la espera de que un cráneo productor lo vea y considere su valor.

5. Que la calidad de las imágenes no importa siempre se supo, o al menos siempre se escondió detrás de la idea del valor testimonial que puedan tener. Lo cual es cierto. Pero de alguna forma el recurso pone en evidencia a qué punto está dispuesta a llevar las cosas nuestra sociedad de consumo: a todo el bagaje que implica subir un video a la red -que se nos haya vuelto familiar e innecesariamente necesario no significa que el andamiaje no tenga su precio- ahora le encontraron además una reformulación positiva: les abarata los costos. El círculo perfecto: no sólo se desviven por pagar cosas que no necesitan, ahora también pagan para poder trabajar gratis para otros.

Todo sea por pertenecer.

13 de noviembre de 2009

LOS TRECE ALIENIGAS Y EL DUENDE CALENTON

1. Si bien hace un mes se supo que en Chimbas, San Juan, un hombre de 31 años dijo haber enjaulado a una pequeña criatura cuya fisonomía era la de un duende (hasta cobró entrada a los pobladores para presenciar semejante fenómeno, como Homero con el ángel), y podría referenciarse ése como un primer síntoma coterráneo, es en la provincia de Buenos Aires donde están pasando cosas raras. O donde se consigue de muy buena calidad. Todo es posible.

2. Según trascendió en los últimos días, una anciana de Virrey del Pino habría tomado una fotografía de un duende fornicando con un tatú carreta (especie en extinción, tal vez el duende esté afiliado a Greenpeace), en el fondo de su finca. La ancianita, dicen las malas lenguas, corrió a despertar a su ancianito con un Viagra en la mano. Hay gente retorcida que se excita con cualquier cosa: esperen a que la viejita consiga un par de fotos de una orgía entre chupacabras y hadas, arme una página web, y después me cuentan.

3. La imagen del duende degenerado, muy lejos de aquellas figuritas de nuestras compañeras de Primaria, no fue difundida al público –mayor de 18 años se supone- pero sí se inició una causa judicial en la que interviene la Fiscalía General del municipio (no debe haber muchos problemas irresueltos en Virrey del Pino). Lo interesante del asunto es que la policía antinarcóticos estaría investigando a la señora, de quien no trascendió su identidad pero de quien se sospecha sabe algo del consumo de estimulantes ilegales. Es verdad aunque usted no lo crea.

4. La Gendarmería, por su parte, ya inició la búsqueda del duende violador (también es verdad aunque bla bla bla). Para ello, entre otras medidas, difundieron un identikit basado en diseños industriales de la Bond Street, donde también sospechan se refugia de día, entre las remeras y las pipas de agua. La tatú carreta, por su parte, no emitió declaración alguna, pero los vecinos de la zona juran que desde aquella noche está mucho más amigable y risueña.

5. En Florencio Varela también pasan cosas raras. Una mujer contó en un programa de radio sobre ovnis que hace poco se despertó una noche y tenía catorce alienígenas alrededor de la cama mirándola. Pavada de fantasía erótica.


6. Según consignan los medios gráficos que reprodujeron la noticia (de alguna manera hay que llamarla) catorce seres, pequeños y cabezones al estilo autopsia de Chiche Gelblung, no hacían más que mirarla. Y dice que intentó despertar al marido pero fue inútil. Al menos, como bien me apuntó un colega, se tomó la molestia de contarlos, no sea cosa que después no apreciemos la magnitud del evento.

7. Lejos de asustarse con la presencia de los extraños, la mujer, única testigo del acontecimiento cercano, comenzó a examinarlos y hasta llegó a tocar a uno de ellos (pero ellos no la tocaron a ella; según trascendidos, se habrían equivocado de casa). "Trece eran pequeños, bajitos, cabezones, con una diminuta boca y ojos rasgados, pero otro era alto, de casi dos metros de altura, con una pequeña cabeza y ojos negros con los que vigilaba todo movimiento de mi marido". Lo cual demuestra que sabrán mucho de cómo llegar sin ser invitados pero de estrategia cero a la izquierda: vigilar a un tipo que ni siquiera se despierta cuando a su mujer la rodean trece alienígenas en la cama es una notable pérdida de tiempo.

8. Pero hay más en tanto fue un encuentro multimedia: sin que registrara movimiento alguno comenzó a escuchar la voz de los extraterrestres: “Me dijeron que venían a traerme respuestas sobre un libro negro y que lo que yo pensaba era verdad. Cuando les hacía una pregunta, me contaban todo, con detalles” explicó. Interesante: hasta en el espacio exterior hay libros negros. En este caso probablemente con la lista de los vedados desde La guerra de las galaxias.

9. “El único movimiento que hicieron fue tocar a la nena, quien estaba al lado de un grupo y le tocaron el pelo, luego las palmas de la mano y levantaron uno de sus brazos. Llegué a tocar a uno de los bajitos, y él me tocó la cara a mí. Era como tocar la piel de un bebé. Tenían arruguitas, pero no las sentí. La piel era fría y el color de una tonalidad extraña” afirmó la contactada. No se sabe si fue antes o después de que la banda intergaláctica le pidiera fuego, o al menos que les convidara.

10. La provincia, definitivamente, se volvió extravagante: duendes solidariamente cogedores y fotogénicos y sonámbulas intergalácticas no son cosa de todos los días. En tiempos de inminente internas peronistas, es bueno que lo sepan.

La calidad obtenida en las tierras de don Daniel Scioli podría ser la envidia del mundo entero.

6 de noviembre de 2009

POBRES DEL MUNDO UNIOS: UN ESLOGAN

1. En la India, cuentan, tiene lugar un nuevo recoveco para el mercado: los pobres. Gracias a los avances tecnológicos y a las necesidades de la sociedad de consumo, nuevos productos de bajo costo pero alto diseño empiezan a inundar las calles del país. “Para gente que quiere saber qué se siente vivir de otra manera”, dicen. Pero no explican de qué manera, si bien algo se puede intuir.

2. La tendencia empezó en julio, cuando pusieron a la venta el Nano, un auto de dos mil doscientos dólares que además se pueden comprar con un crédito gestionado en una sucursal bancaria portátil cuyo costo ronda los doscientos dólares. También hay servicios médicos al diez por ciento del costo normal, potabilizadores de agua y hasta pequeños refrigeradores. Todo con diseño de época: moderno, sofisticado, publicitario.
Y dirigido a quienes, presten atención, viven con un promedio de dos dólares por día.

3. “Había un gran mercado potencial que no todos los fabricantes habían alcanzado”, explicó Glenn Sunderraman, el vicedirector de la empresa que inventó el refrigerador de moda entre los pobres. Y que sabe también en cómo invierte los roles de la economía desarrollada a futuro: “Hasta hace poco, Occidente servía a los consumidores ricos y luego dejaba que sus productos y su tecnología fueran filtrados a los países pobres”. Ahora los países pobres producen su propia industria para el último peldaño de la escalera social, al fin los más numerosos. Y con ganas de consumir. Un auténtico filón.

4. La explosión no fue repentina sino premeditada sin saberlo. El primer síntoma lo tuvieron frente a la grandísima demanda de un modelo de telefonito, de fabricación local, a veinte dólares. Y que encima venía con un servicio de dos centavos el minuto. En quince días la producción entera, de cerca de diez millones de aparatos, desapareció principalmente en las zonas rurales. Donde nadie, hasta el nuevo as en la manga de la sociedad de consumo, tenía acceso a esas cosas. Y habría que ver cuánto les interesaba tenerlas hasta que la tele no se los dijo. Sí, en la India diez millones de personas es un cumpleaños de quince, pero les resultó inspirador.

5. “Muchos de los pobres del país se han puesto al tanto de los bienes materiales que se consiguen gracias a una mayor cantidad de cadenas de televisión, estaciones de radio, periódicos y revistas”, explicó Eric Bellman, investigador de las economías emergentes. El círculo retroalimentado: más medios, más publicidad, más consumo, más para todos. Hasta para los pobres. Acá, apenas se consiguen sucedáneos baratos de la Coca Cola en algún supermercado coreano, pero no mucho más que eso.
¿Será que tenemos esperanza de salir adelante para que nuestros pobres puedan consumir como cualquier hijo de vecino?

6. Al fin, de eso se nutre la bendita sociedad de consumo: de millones de personas que consumen. No importa qué ni para qué. Es muy probable que esa gente, y algunos otros millones, decidieran no tener acceso a esas cosas si pudieran viajar un par de años al futuro y ver cuánto les cambia la vida el acceso a la telefonía celular y al cable baratísimo: serán veinte dólares y dos centavos el minuto o tres dólares el abono, pero deberán pagar por algo que la publicidad los obligó a tener. Esa gente, ese segmento, vive con dos dólares diarios:
es difícil establecer cuán accesible les resulta ni cuántas cuotas deberán pagar.

Será lo de menos mientras no se den cuenta. Es lo bueno de estar comunicados.
LA LETRA CON VASELINA ENTRA

Según un estudio de la operadora de telefonía celular T-Mobile, los hombres aprendieron a expresar mejor sus emociones gracias a los telefonitos (oficialmente dicen que fue un simple estudio de comportamiento, pero no deja de ser una estrategia de marketing interesante: avisen cuando vean una publicidad de un tipo llorando porque se quedó sin baterías y la novia se le fue con otro). Los llaman “los metrotextuales” (Orwell y Mc Luhan se hubieran suicidado).

¿Cómo llegaron a esta relevante conclusión? Pues porque supieron que el veintidós por ciento de los masculinos usuarios del servicio concluyen sus mensajes con una X, que vendría a ser un beso. En virtud de que en Turquía ya hubo un crimen pasional por una letra equivocada, es para tener cuidado. ¿Un saludo con tres X que vendría a ser, mucho amor, un beso en cada mejilla y el tercero librado a la imaginación, una propuesta sexual, una tecla trabada, una Gran Diego?

Tanta síntesis se vuelve peligrosa.

30 de octubre de 2009


13. EL CINISMO DE LA SOLEDAD

Amanda se está muriendo. No importa de qué ni por qué, a ciertas alturas hay causas que resultan sensatamente irrelevantes: el desenlace es igual se cuente la verdad o se mienta para evitar referencias susceptibles e innecesarias. Se escriba lo que se escriba la luz de Amanda se apaga, y es irreductible. Muchas veces uno se pregunta los por y para qué de tanto sufrimiento, de tanta agonía. Un día más, diez días más, postrada en una cama y articulada por dolores imposibles. Es inevitable preguntarse si un poco de tiempo más merece tanto de nuestro sufrimiento. Si vale la pena.

Amanda tiene cerca de sesenta años. La conocí hace mucho, en un recital de Joe Cocker al que fui con un amigo muy cercano, su sobrino. En aquel momento, a mí y a mis veinte años nos resultaba poco alentador ir a un recital con la tía de un amigo. Pero la vi, hablé algunas palabras con ella y supe que la predicción era insensata. Antes de entrar nos invitó a comer pizza con cerveza a un restaurante de lujo, en Núñez (el plan perfecto para no soportar a Billy Idol, el primer número de la noche). Asustado por no saber cómo afrontar el desmesurado importe per cápita, me sentí un estúpido prejuicioso cuando ambos me revelaron, entre risas, que tal restaurante era propiedad de ella: el look semi hippie no dejaba tanto a la imaginación.

Luego la vi muchas veces y aprendí a tenerle mucho afecto. Incluso hubo un 31 de diciembre cuyo festejo pasé en casa de ella, con gente amiga, y en algún momento de la noche nos encontramos contándonos historias importantes de nuestras vidas. Compartí cenas y cumpleaños y salidas ocasionales con ella y supe que se trataba de una mujer inteligente y cálida. Y muy divertida. Hasta que hace unos años enfermó por primera vez y su talante se volvió un poco más predecible. Luego, lo usual en muchos casos: salida, recaída, salida, y así. Y un día la inmunidad dice basta y pasa a ser una cuestión de tiempo (en verdad, siempre es una cuestión de tiempo). Nadie quiere hablar mucho de la enfermedad de Amanda, de su inminencia. Apenas preguntamos lo justo y necesario para consolarnos sobre los imponderables, y todo eso. Será una forma de aprender a soportarlo, a hacerse a la idea, desde ahora. Lo pensé ayer, cuando me encontré en la calle con Gustavo, su marido.

Hacía unos meses no nos veíamos y después de los saludos y preguntas de ocasión me lo dijo: se siente solo. Sabe que Amanda se va, que ya no es la misma mujer. Sabe, y me lo dice, que la relación entre ellos en algún sentido está terminada. Y me cuenta que piensa en su futuro, en cómo seguir, en que necesitará a alguien al lado y a su manera no piensa esperar. Me habla más de él que de ella. Y yo, que siempre los vi juntos, no puedo evitar tampoco pensar el lugar común: las situaciones extremas nos revelan las identidades verdaderas de la gente. Incluso por algunos segundos me enojo íntimamente con él en nombre de ella. Se me pasa rápido: también a él le tengo mucho aprecio e intuyo además a un hombre un tanto desesperado que se esconde en sus necesidades y en su cinismo para sobrellevarlo lo mejor posible. Y pienso en un detalle que podría ser revelador: nadie sabe al día de hoy qué piensa Gustavo sobre su hermano desaparecido. Mi psicóloga, supongo, me hablaría de fantasías de abandono, de soledades como sino final de un destino lleno de ellas. No lo sé en verdad, apenas me animo a intuirlo. En cualquier caso, no sé qué pensar frente a él, frente a sus palabras. Amanda se muere y él piensa en cómo seguir. Y por un instante me lo pregunto: ¿Podría pensar otra cosa?

En el mejor de los casos, presumo, la historia tendrá su evidente conclusión y Gustavo seguirá, y cada uno de nosotros también. A mi amigo sé que le afecta, y mucho, y a mí y a muchos otros también. Al fin, más allá de lugares y relaciones todos aprendimos a quererla y también nos dejará a cada uno algún vacío en algún lugar por el mero hecho de ya no estar. Pero ya lo sabemos, ya nos encallecimos. Nos quedarán las anécdotas y los sentimientos pero continuaremos hasta la próxima. En él, en Gustavo, se quedarán los recuerdos de su mujer y sabrá Mandinga cómo y dónde los tendrá. Y entiendo que no se puede siquiera intentar el juicio a alguien en una situación semejante. La vida es lo que es y ninguno de nosotros está preparado para poder manejarla. Y tal vez hasta sea mejor así: en algún lugar, Amanda podría irse en paz por no llevarse a nadie en su tristeza por ella. Podría irse en paz porque apenas no va a estar para emborracharse con nosotros un 31 de diciembre, y sólo eso.

Y pienso entonces, tal vez en nombre de ella, en nuestra humana incapacidad para entender lo que nunca nos tocó. Gustavo piensa en cómo seguirá en este camino desde ahora, desde el momento en que sintió que Amanda, esta vez sí, lo dejaba solo. Y nos podremos enojar y podremos ponderar y hasta podremos ponernos en lugares que nadie, nunca, nos pidió ocupar. Pero nunca lo entenderemos. Tal vez lo mejor sea entonces acompañar, estar ahí, agarrarle una vez más la mano a ella y dejar que las cosas sigan su curso y que cada uno sienta lo que quiera. Al fin, en cualquier caso se nos va. Y nos va a dejar un poco más solos, más allá de lo que podamos decir o escribir. Al fin, de eso se trata todo.
Siempre de eso se trata.

23 de octubre de 2009

A BRILLAR MI AMOR1. Más inventos para este blog: la firma Luminex -o Lumigram, depende de la fuente consultada- lanzó al mercado un nuevo modelo de ropa iluminada gracias a la tecnología de la fibra óptica. Sí. Desde ahora, el pulovercito del nene puede emitir coloridas y brillantes lucecitas mientras camina por la calle. Y también en el vestido escotado de la nena (a falta de algo para mostrar desde un escote no deja de ser una opción interesante), en los manteles para la cena con los invitados y, si se descuida, hasta en el almohadoncito del perro arriba del sillón. Qué lindo.

2. El truco, parece, es mezclar los tejidos convencionales con cablecitos de fibra óptica, algo así, si bien utilizarlo no es tan sencillo: se debe recordar cambiarle la pila cada doce horas, lapso más lapso menos. La pila, que en los avisos de la ropa no aclara dónde va (pero sí hay calzones con brillo, atención al detalle), es de 3 a 4 voltios. Pero no produce ningún tipo de efecto no deseado, dicen. A menos que usted no se cambie la remerita por días y entonces la pila se sulfate y le deje el alma llená de sulfato de óxido. Linda imagen de época, no digan.

3. Los precios van por un poco arriba de la media: un mantelito para las fiestas anda por los cien euros y un vestido para el cumple de quince de la nena puede llegar a los quinientos (pero que va a ser la atracción de la noche por sobre la cumpleañera, que no queden dudas). El problema, ahora, es la recurrente inseguridad que nos atormenta: andar por la vida iluminado a tres voltios será sinónimo de poder adquisitivo alto. Por eso la Policía, siempre atenta a estas cosas, recomienda que sí, lo use, pero sin ostentarlo. Cualquier cosa apáguelo, y métase el sentido de habérselo comprado en los calzones.

4. Mientras, investigadores de France Telecom presentaron en sociedad tecnológica un nuevo invento revolucionario acorde al anterior: la ropa en la cual se pueden proyectar imágenes en movimiento (o remeras con películas, por decirlo en argentino). "Una pantalla flexible y portátil de fibra óptica, constituida por un tejido clásico mezclado con fibra óptica, capaz de acoger 64 pixels iluminados por diodos electrónicos. La pantalla puede cargarse a partir de 512 elementos gráficos ya disponibles en Internet. Las imágenes se obtienen mediante un procedimiento de micro perforación del núcleo de la fibra óptica, que es el que difunde la luz en puntos específicos de cada filamento. La energía es suministrada por baterías portátiles y la fuente de la imagen puede ser un ordenador portátil e incluso un teléfono móvil." Antes, con el DVD, era ir al cine sin salir de su casa.
Ahora es ir al cine sin salir de su campera. Publicitarios tomen nota.

5. Los investigadores prevéen que en 2010 el sesenta por ciento de la población de los países desarrollados podrá llevar este tipo de vestidos inteligentes, ligeros y lavables (no aclaran, ni en este caso ni en el de la ropa de luciérnagas, cómo se lavan, pero en una primera impresión se supone que desenchufados al menos). Es decir que cualquier hijo de vecino podrá ir sentado en el colectivo disfrutando de la película que se emite en la camisa del tipo sentado enfrente (mirar la propia podría resultar problemático para el cuello, además de notablemente incómodo).

6. Lo interesante del asunto es que en un principio se pensaron, ambas, como un refuerzo a los sistemas de seguridad y vigilancia: para las prendas de la policía, de los médicos, de los bomberos, etc.(si bien uno se siente con derecho a preguntarse cuánto cambia un incendio si el jefe de bomberos está iluminado de pies a cabeza; hasta puede ser confuso y pueden rociarlo a él con espuma en medio del despelote).
Pero ahora ya descubrieron dos cosas importantes: la moda y la publicidad.

7. Puede que entonces, en un futuro no muy lejano, la ropa sea iluminada, con programación del cable incluida y con avisitos móviles en lugar de las pipetas o los cocodrilos bordados que, al fin, ya no asustan a nadie. Así, mientras la persona camina un áura de luminoso brillo lo envuelve e invita a quien lo mira a consumir cualquier producto que pueda, cómo no, ser publicitado en un pantalón. Casi como salir a la calle vestido de piloto de Fórmula 1 pero en movimiento y con noticieros en la espalda. Y el próximo rey de la moda será más parecido a Bill Gates que a Versace, y en Parque Rivadavia se venderán las copias truchas de las remeras iluminadas y con publicidades de la tele.

Y los pobres, que se jodan, que por algo no pueden andar por la vida con luz propia.

16 de octubre de 2009

A VER ABAJO DEL TURBANTE

1. Se presentó en sociedad un nuevo y maravilloso aparatito contra la inseguridad, en este caso la internacional (todavía). Un radar que genera imágenes de lo que ocurre del otro lado de una pared. Y, dicen, servirá mucho para casos en los que haya toma de rehenes, por ejemplo, o en cualquier otro en el que sea necesario que un grupo de militares sepa qué hay del otro lado de la pared (como si lo hubiese imaginado Roger Waters).

2. El mundo seguro celebra el invento, y lo justifica a su manera: “Información tal como el número de personas con vida (NdelB: reconoce seres vivos), la ubicación física y eventuales cambios de posición, pueden ser fácilmente identificados con el dispositivo, el cual también permite diferenciar la presencia de adultos, niños y animales, o bien detectar si una persona está inconciente. No obstante, en el caso de víctimas fatales, el equipo las identifica como si fueran un objeto normal y sin vida dentro del recinto observado.” Inteligente el aparatito: si el rehén se muere, tiene el mismo valor que la maceta. El helecho, al menos, está vivo.

3. Por otro lado, se estrenó en el aeropuerto de Manchester un escáner que muestra desnudo al pasajero cuando lo atraviesa. Como el detector de metales pero un poco más sofisticado. El recurso busca –cómo no- incrementar la seguridad en los aeropuertos, lugares tan sensibles desde el 11-S. El problema es que está tan bien hecho que detecta absolutamente todo, implantes mamarios incluidos. Como así también los genitales en detalle. “No son imágenes pornográficas y sólo son vistas por un oficial de seguridad y luego destruidas”, aclararon las autoridades del aeropuerto. Aún cuando se le conceda credibilidad al anuncio, será hasta que alguien descubra el filón: hacer una página porno con los escáneres de la gente. No digan que no les avisé.

4. Hubo organizaciones de derechos civiles que se manifestaron en contra de la medida, si bien el aeropuerto aclara que el pasaje por el escáner erótico no es obligatorio sino una opción para evitar el detector de metales y el palpado. Según dicen ellos mismos, la propia gente quiere una opción al palpado (palpado, desnudeces, los aeropuertos se están volviendo confusos). Y por supuesto los propios pasajeros agradecerán, cuando se acostumbren a estar cinco segundos desnudos frente a un desconocido, las medidas de seguridad. ¿Mirarán detrás de las barbas? He ahí un problema.

5. La intención del mundo seguro es mirar a través de todo: paredes, ropa, ideas. Y más avanza la inseguridad, más necesitaremos que miren dentro nuestro. Y será costumbre que nos miren detrás de las paredes y que nos desnuden si queremos entrar a un aeropuerto (y luego a una embajada, y luego al cine, y al teatro, y a la cancha). Al menos nos queda el consuelo de saber que el sexo será, para ese entonces, el artículo de consumo mejor vendido en la historia de la humanidad. Al fin, los nuevos dispositivos nos permiten infinidad de recursos para el ciberespacio. Y ni hablar si lo agarran el periodismo sensacionalista. La orgía secreta de los espías rusos, será cuestión de tiempo.

De la que se salvó Berlusconi.

9 de octubre de 2009

LA IDIOCRACIA INTELECTUAL

1. El proyecto de ley del poder ejecutivo, que es decir el proyecto de los Kirchner, tiene aspectos muy interesantes y sí, es cierto que en muchos otros introduce normativas de época, necesarias (tanta discusión, que había que leerla). Incluso bien mirado, al menos desde éste punto de vista, hasta se puede reconocer la mejora en el mercado laboral que implicarían ciertos cambios. Y no puede menos que saludarse con ilusión la idea de abrir nuevas formas. También desde éste punto de vista el proyecto tal cual está necesitaría algunas modificaciones para no dejar tan librado ideológicamente a tan pocos los mecanismos de supervisión y control para la ejecución de la ley. Sólo que está a la vista la imposibilidad de discutirlo en los ámbitos adecuados.

2. Hay preguntas inevitables, manipuladas o no: ¿Por qué tanta desesperación por la sanción de una ley después de ocho años de una gestión que renovó licencias que ahora dice querer combatir? ¿Por qué al gobierno no le alcanza con la gran cantidad de medios afines que tiene? ¿Por qué la provocación –barata y berreta, sino del kirchnerismo- al grupo Clarín en los últimos años? ¿En qué negocio se ofendieron mutuamente? Y la mejor pregunta de todas: ¿Por qué tanto apoyo incondicional de quienes deberían estar casi obligados a criticarla? ¿Cuál debería ser el rol del periodismo, el de los intelectuales, el de los académicos; el de la militancia o el de la crítica? El de la crítica bien fundada, se aclara. El de la crítica malintencionada es tan viejo como el oficialista orwelliano que tan bien le cae a esta gestión. Sólo que educar a la población para que aprenda a discriminarlos no es una utopía, sencillamente no nos conviene: ambos son iguales.

3. Tal vez, entonces, lo cuestionable no sea la ley en sí misma sino quién la quiere ejecutar y para qué. El espíritu del reglamento. Tal vez el error sea mirar sólo la ley y no su contexto, como si las leyes fuesen productos naturales surgidos de la madre tierra sin injerencia humana. Como si no fuesen los hombres quienes las crean para organizar según sus necesidades y pretensiones. Puede que no lo sepan. O puede que les convenga pasar el detalle por alto. A estas alturas, nadie sensato puede creer seriamente que los Kirchner quieran democratizar algo. Es otro argumento insostenible.

4. Por si nadie lo recuerda, hablamos de un gobierno que en medio de cientos de carencias reales financia la televisación del fútbol sólo para quitarle el negocio al grupo Clarín (y para diseminar propaganda barata sobre la imperiosa necesidad de que se sancione una ley crucial para ellos). Es la ventaja de los blogs: está escrito (posteo del 11 de agosto) que en cuanto la pelota empezara a rodar se olvidarían todas las cuestiones. Pero es una verdad irrefutable, manipulada o no: nadie compró los derechos y sólo el galpón de chupamedias los transmite. Ergo: el estado, nosotros, paga las transmisiones. Le pagamos a Marcelo Araujo. Fútbol gratis para todos.

5. En un gobierno que busca la confrontación permanente y la lleva hasta límites cercanos al fascismo ¿No debería ser casi una obligación sospechar otras intenciones en el desmedido apuro por sancionar una ley que legisla sobre las maneras de saber las cosas? Establecer las pautas de la comunicación es eso: establecer cómo se van a saber las cosas. Y si un gobierno con una notable tendencia a irritarse por cualquier argumento contrario a los suyos se mete en ese terreno, insisto en que debería ser casi una obligación tratar de mirar un poco por arriba de un debate oscuro, reduccionista y que no apunta más allá del 2011.

6. Así, se vuelve penoso el rol de muchos intelectuales y periodistas que se alinean detrás de un proyecto político intelectualmente cuestionable. El discurso acerca de una ley de la dictadura resulta ya poco serio: si se debe cambiar la ley es por cuestiones que van, que deberían ir al menos, mucho más allá de eso. De otra forma sólo se habla de una nueva acción de revanchismo simplista, fogoneado por quienes siquiera son capaces de entender, por esa misma sed desesperada de revancha inútil, que nadie bastardeó tanto la propia causa como quien dice defenderla como nunca se hizo. ¿Se olvidaron de que la propia Presidenta puso al mismo nivel a los desaparecidos con los goles de los partidos? Una militante por los derechos humanos a quien respeto me lo dijo hace mucho: “Nos va a costar muy caro que haya descolgado el cuadrito de Videla.”

7. Que lo apoye un grupo de imberbes energúmenos que van de patota barata (además de todo, uno a uno no enfrentan ni al gato, hay que decirlo) a insultar a quienes están en contra de la sanción de la ley, es la lógica consecuencia de la clase de adherencia ciega que genera el kirchnerismo con sus propias prebendas de ocasión (lo de imberbes lo diría el General, lo de energúmenos lo digo yo). Que lo apoye Florencia Peña… El problema es la entidad que le dan los kirchneristas a una comediante mediocre cuyo ingreso a la pantalla grande se dio a causa de la alta cotización del kilo vivo de teta en los ochenta. Hay programas lamentables en los que la llevaron a declamar como si fuese una especialista en comunicación que regresa de disertar con Mattelard en un congreso académico. Y su nivel de razonamiento es en el mejor de los casos una escala superior al de doña Rosa, excepto porque sus argumentos son más impresentables. Sólo que funciona bien ante ciertos adherentes. Llevar el análisis de semejante ley al nivel de una comediante habla de cuál es el concepto de debate que maneja el oficialismo. Y ni así logramos sospechar algo.

8. Pero que exista un apoyo acrítico por parte de ciertos intelectuales y periodistas y académicos, habla de un problema grave, y profundo. Apenas bien mirado, se insiste, es insostenible hablar ya de la dictadura militar. Los kirchneristas están convencidos no sólo de que los militares argentinos de la década del setenta inventaron el capitalismo, sino que fueron ellos quienes los descubrieron. Y lo grave es que hay una nueva progre de intelectuales que lo cree, o al menos lo reafirma con su apoyo. Los mecanismos de represión, muchachos, no fueron un invento de los militares argentinos. Son tan pobres intelectualmente que los hacen luchar contra una causa muerta mientras los tienen controlados en los verdaderos lugares y ni se dan cuenta. Hay quienes escribieron que estar en contra de la ley es una cuestión de dinero. ¿Y estar a favor para poder escribirlo en un pasquín como El Argentino y cobrar miles de pesos por mes por firmar estupideces qué es? Estilo K: no importa qué diga mientras don Néstor esté contento. La única manera de muchos para cobrar una cantidad de plata inversamente proporcional a su capacidad intelectual.

9. No son todos, se pueden escuchar y leer ideas interesantes sobre un apoyo crítico a la ley (me hubiese encantado que este posteo lo sea, pero como los blogs son tan poco serios me pudo el talante). Pero encolumnarse detrás de una ideológica obediencia debida a favor de un gobierno que ataca, censura, manipula, agrede, no debate, no acepta el disenso, le da entidad a impresentables que salen a patotear a quienes están en contra (por si no lo saben, tienen el mismo derecho que ellos, que están a favor de algo que no saben qué es pero es lo de menos), que no se baja del caballo siquiera en una derrota electoral (lo cual vuelve todavía peor las cosas: ese monstruo espantoso que avanza lento pero seguro es el peor invento del propio Kirchner, pero pedirles que se den cuenta, o al menos que debatan la idea, es muchísimo) habla sólo de dos cosas posibles: o una gran torpeza intelectual o una adhesión ideológica escondida en el gran eslógan del gobierno: la ley de la dictadura. Total, hablar en contra de quienes gobernaron hace más de treinta años es políticamente correcto según las normas de época. Y también me esconde de proponer que sólo quiero que se diga mi verdad. Por cierto: quienes mataron y torturaron a los familiares de quienes apoyan a este gobierno de manera incondicional, siguen en la calle. Por si no lo habían notado.

10. No se pueden sostener los argumentos. Ya no. La ley será sancionada y el monopolio sólo cambiará de manos. Y habrá fiesta para muchos colegas, y el estado se convertirá en el principal controlador de quienes hablan (lo dice la ley). Bien utilizado no estaría mal, pero, se dijo, hay espíritu en un reglamento y los antecedentes y el presente del discurso y de las formas muy cercanas al absolutismo de este gobierno no son alentadores al respecto. Revisemos este posteo en un año, y veamos qué se dice y qué no.

Y en un año, volvemos a escribirlo. Con su permiso, claro.

7 de octubre de 2009

¿VOLVER?

El Diego ya amenazó con que si no era bajo sus condiciones no seguía en el cargo de director técnico. Digan la verdad: ¿No lo extrañaban al Diego? Por fin volvió a ser el de siempre: si no amenaza con irse, no es él.
Y que quede constancia escrita: clasificamos al Mundial, lo quiere a Ruggeri, le decien que no, amenaza, amenaza...
Y bueno, finalmente lo hará por sus hijas.

VOLVER AL FUTURO

1. "En una singular experiencia educativa, cultural y social, las personas privadas de libertad alojadas en el Servicio Penitenciario provincial podrán cursar la carrera de Periodismo y Comunicación Social dependiente de la Universidad Nacional de La Plata en la sede de la Unidad 9 La Plata." El comunicado enviado a la prensa, con el que de alguna manera se cumple en darle difusión (sólo que este blog no contiene verdades ni noticias, es un blog justamente), dice en síntesis eso. Que por un (interesante) convenio, los presos podrán estudiar periodismo. Será efecto K: antes estudiaban Derecho. Je.

2. La presentación del proyecto, hace muy poco, contó con varias autoridades de distintos ámbitos: directores penitenciarios, directores de carreras universitarias y miembros destacados de algunas organizaciones de derechos humanos. Faltaban los fideos, como decía mi abuela. Y sí, es verdad, la idea es por demás constructiva. Tampoco es tan nueva: en el penal de Devoto se han hecho talleres periodísticos, y en algunos casos con resultados por demás interesantes, con publicaciones de mucho vuelo. Sólo que en esta época signada por una discusión hipócrita de ambas partes sobre una nueva Ley de Medios, no se puede pasar por alto las ganas de relacionar las cosas. Será ironía, pero se sabe que la ironía, desde siempre, esconde una forma de mirar algunas verdades.

3. Parte de la hipocresía de la discusión es no querer recordar el permanente ataque de los Kirchner a algunas actitudes de la prensa. Que cierto periodismo manipula a favor de intereses ajenos a ellos, no necesito, por suerte, que alguien con el intelecto de don Néstor me lo haga descubrir. Sólo que está a la vista, y es una tendencia sobre todo continental, las ganas de acogotar a cualquiera que se permita disentir. En otro sentido: si preparan la carrera adentro de la cárcel, será porque tienen contemplada en breve la llegada de varios para dar clases.

4. Para muchos, la cárcel es un buen lugar para los periodistas. Al menos para quienes escriben y dicen cosas distintas a las que los gobiernos de turno quieren escuchar. “Esta es una iniciativa más que contribuye a garantizar el derecho a la educación en las unidades carcelarias. Ahora, con la habilitación de esta carrera, los detenidos podrán aspirar a un título universitario aún estando privados de la libertad”, explicaron. ¿Y los que están sueltos todavía podrán aspirar a una temporadita tras las rejas por el libre ejercicio de la profesión?

5. No se trata aquí de bromear con un proyecto serio y muy interesante. Sino de poner en perspectiva ciertas cosas sobre la época mediática que nos toca, aún en cierto tono con sonrisa. Pero no estaría mal advertirlo: al menos a la carrera, ya la metieron en la cárcel.

Como simbolismo, no deja de ser fuerte.

2 de octubre de 2009

OTRO MAS, Y VAN…

Julio Grondona dijo que la pelea entre Maradona y Bilardo fue un invento del periodismo. “Leo y veo absolutamente todo y el periodismo se dedica a inventar. En ningún medio hay algo a favor de la selección. A ustedes les conviene esto porque sino no tendrían de qué hablar. Si hubiésemos estado clasificados, no nos darían ni pelota. ¿Para qué quieren ir al Mundial si al final siempre mandan los mismos?” Antes que nada: si ve y lee absolutamente todo, se pasa el día entero mirando y leyendo. Y si sacamos cuentas no le alcanza: hay varios programas de radio simultáneos y de televisión ídem. Y en ambos formatos a la vez. Si a eso le sumamos todas las secciones deportivas de los diarios… Y eso que dijo “absolutamente todo”.

Pero la evidencia en las palabras es mayúscula, y más trascendental que el simple error de cálculo de un ferretero. Dijo que como no hay opiniones a favor, el periodismo inventa. Sencillo. No tiene nada que ver con que la selección, es un hecho, no juega a nada cercano al fútbol. Ni tampoco le da la honestidad intelectual como para al menos sospechar que si todos opinan la misma cosa, por ahí tienen razón. ¿Por qué van a tener razón si yo hago todo bien?
Si no hablan bien de mí, entonces están mintiendo.

Si hasta logró la unanimidad de opinión mediática que sueña su socio en el negocio…

28 de septiembre de 2009

EL DESODORANTE DE BIN LADEN

1. Las noticias dicen que el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos está estudiando el desarrollo de una nueva técnica para detectar delincuentes según el olor. El estudio apunta a la evidencia genética según la cual todos tenemos un olor distinto, y uno de los principios sobre el cual lo sostienen es la demostrada capacidad de los perros para reconocer humanos específicos según el aroma despedido. Lo cual lleva a pensar que entonces tal vez les resulte más fácil tratar de implantarles narices caninas a los agentes.

2. Si bien la investigación, financiada por la Mitre Corporation, está en sus comienzos y mucho no se sabe sobre ella, sí anunciaron que ya están desde hace rato experimentando con “conductas engañosas” (¿Mirarán todas las temporadas de Lie to me?) y preparando un gran banco de datos de olores humanos. Lo curioso es pensar cómo lo usarían llegado el caso. Una posibilidad es aislar al sospechoso en una cámara al vacío y cotejar el olor que tiene con el de todos los olorosos del banco. A ideas bizarras, soluciones ídem.

3. El experto en feromonas Tristram Wyatt, profesor de la Universidad de Oxford, fue uno de los primeros en mostrarse escéptico de que la idea, si bien la reconoce interesante, pueda funcionar. “Uno de los problemas -dice- es que nuestro olor corporal cambia y esto se debe a que es algo muy complejo. El mejor ejemplo son los gemelos idénticos que en principio tendrían el mismo olor pero que cambia según la alimentación de cada uno”. En consecuencia, al menos en principio podría servirles para detectar inmigrantes ilegales: si huele a enchiladas es mexicano, si huele a naranja es paraguayo y si huele a frijoles es cubano. Si es a sangre de vaca, es argentino.

4. “Una de las razones por las que las máquinas detectoras de mentiras han fracasado es porque no examinan el engaño, sino la tensión nerviosa del individuo”, dice Wyatt. “La idea es que cuando estamos nerviosos sudamos más y por lo tanto despedimos más olor corporal (NdelB: los franceses deben vivir alteradísimos). El problema es que a menudo estar nervioso no es un indicador de que estamos mintiendo, sino que puede indicar muchas otras cosas”. Por ejemplo, que no es agradable que a uno lo sienten en una sala cerrada en un aeropuerto con un tipo al lado que le olisquea hasta el aliento. Sin contar con las tensiones lógicas que provocaría que tal trabajo lo haga una agente alta, delgada y de ojos verdes.

5. La idea no parece tener muchas esperanzas de concretarse. Más allá del esfuerzo por lograr una suerte de “huella olorosa” de cada uno de nosotros, en líneas generales es el desarrollo de tecnologías biométricas lo que no da mucho resultado en estas cosas. Lo notable, en todo caso, es cómo desde Lombroso se insiste en estas técnicas. Tal vez en verdad no importe en sí misma y ni siquiera tenga relevancia si funciona o no, sino cuán nervioso podría ponerse un terrorista (que seguro huele a plutonio) cuando se le acerque alguien a olerlo. De otra forma: no importa si el olor delata, lo que importa es que el otro lo crea.

Así funciona en muchos sentidos. Huelan este blog y se van a dar cuenta.

23 de septiembre de 2009

CUANDO CLARIN MANIPULABA


Para entender esta magistral clase de manipulación brindada por el gran diario argentino, hay que contextualizar: martes 13 (sin connotaciones esotéricas, por favor) de mayo del 2003. Había pasado la primera ronda electoral para elegir presidente después de dos años de terror: corralito, crisis entre la gente y la dirigencia política, cuatro presidentes en diez días, y así. El presidente, por entonces, era Duhalde, el padrino –o el padre de la criatura- de Néstor Kirchner. Proponía, lo recordarán, que el actual presidente en la media sombra era casi como una continuidad de su gestión (que, según decía, nos había sacado del caos del 2001).

Menem todavía persistía en su idea de presentarse al ballotage con don Néstor, también lo recordarán. Dicho de otra forma: de alguna manera estábamos en período de propaganda electoral. Y hablar de los logros de Duhalde, claro, era apoyar a don Néstor, que gracias a Menem ganaba por escándalo de haberse producido la segunda vuelta electoral. Y se sabía, pero a Clarín, parece, no le alcanzaba. Necesitaba el reaseguro.

Por eso el título optimista: más crecimiento, menos inflación. Ni que fuéramos Australia gracias a don Eduardo. El FMI había “aprobado las cuentas” (será que hicimos bien los deberes) y decía que se crecía más de lo pronosticado y la inflación sería menos de lo proyectado. Qué lindo país.

Pero, los números. Siempre ellos. Al prestarle atención al correspondiente copete, se descubre que de todos modos el bolsillo seguirá abajo. Si crezco cuatro y decrezco quince, no sé cuál es la buena notica. De otro modo: tenía cien y ahora me van a dar ciento cuatro, pero en realidad necesitaría ciento quince. Pero como es más de lo que me habían prometido y menos de lo que me habían dicho que me iban a sacar, me alegro. Menudo problema el de leer con atención. Se percibe: no es el qué, es el cómo.

Pregunta inevitable: ¿le molestaría a don Néstor en ese entonces el monopolio del grupo Clarín? ¿O estaría sólo preocupado por reivindicar una causa de hace más de treinta años para complacencia de algunos miles de estancados en el tiempo?

Me lo dijo un gran periodista hace mucho: nadie resiste un archivo. Al menos ahora se entiende dónde podría haber hecho la escuela El Argentino.

21 de septiembre de 2009

¿EL DERECHO PATEA CON LA DERECHA?

Macri acusó de fascista al kirchnerismo y comparó a Cristina con Mussolini. Es buenísimo. Quién sabe en cuántos países del mundo a lo largo de la historia, el representante más popular de la derecha más recalcitrantemente sutil y dinosaurio acusa de fascista a los supuestos representantes de la izquierda. Que para colmo no es izquierda sino derecha, pero el que lo acusa de fascista como un insulto está apenas unos centímetros más al centro que eso. Y la derecha más fascista que sí gobierna –¡Mauricio tiene razón, Dios!- acusa de fascista a la derecha recalcitrante que gobierna una parte. Qué contubernio, Madre Santa.

Debería haber sido honesto Mauricio y explicitar el simbolismo de la comparación con Mussolini: el problema no es la derecha sino el fascismo. Es decimonónico, muchachos, es una cuestión de aggiornamiento.

Y además, Mussolini era grotesco. Y para eso lo tiene al marido.

¿NOVEDADES?

Dicen que dos científicos argentinos descubrieron que la gente en estado vegetativo o con mínimos niveles de conciencia, tiene capacidad para el aprendizaje. ¿Y de qué se sorprenden? ¿Para eso necesitaban hacer tantos estudios difíciles y tantas investigaciones improbables? Al menos en Argentina hace muuuuuucho rato que gente en estado vegetativo da clases en las escuelas, y hasta las dirigen en algunos casos.

Y eso por no hablar de ciertos dirigentes políticos en la media sombra...

16 de septiembre de 2009

EL PRECIO DE CADA VUELTA

1. Una publicidad que ocurre en estos días muestra una historia romántica de la cual Hollywood haría una película (con segundas y terceras partes y tal vez hasta una cuarta en el que él o ella se mueren y resucitan sólo para llevarle un ramo de flores hasta la cama). La publicidad es de telefonía celular. Y muestra cómo se buscan una chica y un chico por todo el planeta luego de haberse visto en el tren durante unos segundos. Tiempo que les alcanzó para sacarse una foto, bastante nítida a juzgar por lo que se ve, lo cual motiva a pensar que la instantánea se dio cuando el tren estaba detenido. O que el telefonito es muy buen sacador de fotos. Qué dilema.

2. El chico y la chica se conectan con personas de todo el mundo y por todos los formatos posibles y por todas las redes conocidas y por conocer sólo para preguntarles si lo conocen. Se sabe: la publicidad nos muestra los momentos perfectos de la vida (si bien hay muchos lugares en los que esos momentos no sólo jamás ocurren; a nadie se le ocurriría siquiera que existen). Pero no es difícil imaginar, con sólo ver los cientos de miles de idiotas que circulan por las redes virtuales (y los que escriben blogs ni les digo), la cantidad de barbaridades que puede recibir una chica que manda la foto de un chico para encontrarlo. Y viceversa. Y está incluido en el pack.

3. La publicidad termina como una película de Hollywood, justamente. Y por eso nos tierniza y no vemos lo evidente: el envase es muy seductor. Se encuentran en medio de un puente y se abrazan y colorín colorado. El detalle es que para llegar hasta el puente, al que algún solidario les señalizó por GPS a través del nuevo modelo de telefonito (que aparece en otra publicidad), debieron consumir horas de conexión y mensajes y envío de fotos, para lo cual hacen falta telefonitos con buenas cámaras (para que no se note el movimiento del tren, por ejemplo) y conexiones a Internet y suscripciones a las redes.

4. ¿Y si se pedían los teléfonos (o el mail, o el facebook, o el msn, o las llaves de la casa) cuando se veían esos treinta segundos en el tren? Por ahí hasta se ahorraban horas de angustia y desesperación por mandar mensajes sin respuestas al mundo virtual, a la espera de encontrarse con el que ya se habían encontrado. Quién no se pasó de estación de subte a los veinte años sólo para pedir un teléfono. O dicho de otra forma: estará convencida esta gente, y convence a los demás y ahí sí está el problema, que hicieron falta millones de celulares en el mundo conectados a Internet y a gepeéses para que un hombre y una mujer se encuentren.

5. Sí, está bien, si se piden alguna referencia cuando se ven y ya no tenemos el sentido de utilizar, y consumir, todas esas formas de comunicación tecnológica. Y la economía profundiza la crisis. Una relación de pareja, al fin, puede desestabilizar al mercado, o algo así. A su manera, el aviso nos evidencia la necesidad de la época: consuman hasta el ridículo, y si es posible cambien los comportamientos normales de las millones de personas que hasta hoy no se les había ocurrido sacar una foto, mandar cientos de mensajes a desconocidos y esperar días para encontrarse con alguien con quien ya se habían encontrado. Que si no terminamos todos en la calle.

Y después dicen que la publicidad no es sensible.

10 de septiembre de 2009

EN ECUADOR TAMBIEN SE CONSIGUE

1. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, trató hace muy poco de “gordita horrorosa” a una periodista que le formuló una pregunta difícil. Más allá de que es raro reconocer que al pobre hombre nadie le contó nunca de la existencia de los espejos, cabe mencionar que lo hizo en el marco de un continuo y vulgar ataque a la prensa que no le rinde pleitesía. El discurso, de origen previo al del defensor de nuestros derechos a saber la verdad, se sostiene en un argumento simplista: acusa a los medios de representar a la derecha y de socavar la “revolución ciudadana” que dice realizar. A propósito: el simplismo como tendencia es una revelación.

2. En estos últimos tiempos el presidente Correa se la agarró con Teleamazonas, un canal crítico a su gestión. Dice que la información difundida es falsa, cuya intención es producir conmoción en la ciudadanía (según el caso, producir conmoción puede no estar del todo mal). El Consejo Nacional de Radiodifusión y Televisión, entre cuyos miembros hay delegados del poder ejecutivo, estudia ahora la posibilidad de cerrar la emisora por 90 días, como para empezar. Y en el peor de los casos le auguran un destino similar a los canales Gama TV y Gama TC: a partir de una deuda con el estado ecuatoriano fueron incautados y hoy funcionan como house organ televisivo del oficialismo.

3. Como el terrorismo mediático de Chávez, o el Clarín miente, instalar la idea de que mirar la verdad de otro modo es lisa y llanamente una mentira no sólo es peligroso por lo conceptualmente fascista y sobre todo reduccionista que la idea implica en sí misma. Es, también, una revelación. De abajo hacia arriba, la cosa no admite discusiones: Argentina, Venezuela, Ecuador, pasamos un ratito por México que también tiene lo suyo y finalmente llegamos a Estados Unidos, el padre de la criatura que tan bien, para regocijo de los lingüistas, sintetizó don George Bush: O están con nosotros, o están con el enemigo.

4. De eso se trata después de todo. En líneas generales, es una tendencia regional, no tanto por el ataque a la prensa crítica (lo cual merece una revisión por sí mismo en tanto el periodismo es, o debería ser, crítico por definición. Para la complacencia existen los militantes) sino por los modos de instalar eso, la idea de que una mirada distinta es una simple mentira. Está dicho: no se lo puede pensar de otra manera, ni acá ni en Venezuela ni en Ecuador. Se quiere instalar una verdad única: la que nos conviene.

5. La guerra se vuelve cada vez más pronunciada. Y peligrosa. Los gobiernos de marcado sesgo absolutista están decididos a llevarla hasta las últimas consecuencias en la segura convicción de que una victoria (curioso tener que hablar de victorias y derrotas en estos términos) en ese terreno les garantizará el poder impoluto y eterno. Y en la también absoluta convicción, expresado por ellos mismos, de que los medios influyen mucho en el pensar de los demás.

Puede que por eso, al fin, vayan a por todos.

4 de septiembre de 2009

LAS LEYES DEL ORINOCO

1. El presidente venezolano Hugo Chávez acaba de lanzar su propio periódico, el Correo del Orinoco (al menos no tuvo que esperar a que se lo trajeran, como Hipólito Yrigoyen). Según sus propias palabras, lo hace para combatir al terrorismo mediático (definición interesante de profundizar si el interlocutor no fuese el comandante caribeño). Muchos lo suponen el padre de la criatura, pero a ésta llegó tarde: el presidente en la media sombra le ganó de mano hace rato con El Argentino. Y con Sur. Y con Canal 7, aunque ahí no tenemos Buenos días Presidenta. Todavía.

2. El militar Chávez insiste con batallar a la prensa que, según él, no hace más que querer derrocarlo. Por eso hasta lleva la confrontación más lejos en el tiempo que su aprendiz argentino: explicó que El correo del Orinoco fue creado por Simón Bolívar hace 200 años para combatir a la “falaz e infame Gazeta de Caracas”, al cual, siempre según la versión de la historia que Chávez le explica al mundo, le cabe ser leal a la causa española. Y sostiene que eso está vigente. “El diario está llamado a ocupar el sitial de los disparos gruesos y de ablandamiento del terreno enemigo, caracterizado por el terrorismo mediático. Debemos dejarnos guiar por el principio que expresara el Libertador en la primera edición del Correo del Orinoco: somos libres, escribimos en un país libre y no nos proponemos engañar al público”. Reeditar a la Colonia es una apuesta fuerte, otra que la década del setenta.

3. Chávez insiste con sus definiciones de efecto: delito mediático, y ahora terrorismo mediático. Pero el problema que encierra es bastante más profundo que un par de frases con ingenio militar. No se trata de lo que se dice, sino de lo que no se puede decir. Se califica como terrorismo mediático –o se le entablan guerras personales a grupos mediáticos— cuando se dice lo que ellos no quieren escuchar. O no quisieran que los demás sepamos. Esa parte de la verdad que por algún motivo no hace bien en revelarse.

4. Si el asunto, tanto allá como acá, fuese lo que se dice, alcanzaría con manifestarse con El Argentino o El Correo del Orinoco o todos los aliados en oferta. La cosa motiva a otras ideas de manera irreductible cuando el esfuerzo se concentra en destruir la manera de ver la verdad del otro. Podría preguntarse qué resulta más nocivo, la mentira por omisión al estilo de la prensa o la que se pretende instalar como única verdad posible para que, sencillamente, no exista ninguna otra. El Argentino, si bien se excede tanto y tan burdamente (se anuncia un posteo al respecto de pronta aparición), es también un diario y como tal responde a sus intereses y a sus maneras de ver la verdad. Excepto alguna vez que hizo futurología, suele también decir una parte de la verdad. ¿Por qué debería ser la única entonces? Pues porque la otra parte no nos conviene.

5. Ahí tal vez esté lo grave del asunto: la búsqueda del consenso a la fuerza. Hace muy bien Chávez en fundar su propio diario y el gobierno argentino se otorga un derecho que le corresponde al desarrollar sus propios espacios mediáticos (si bien está obligado a repartir en partes iguales y no lo hace, pero es otra cosa). Pero cuando además concentra su gestión en resolver leyes sobre medios y quitar grandes negocios a grupos mediáticos en lugar de resolver alguno de los miles de problemas reales y cotidianos de sus gobernados, la ecuación no permite ver otra cosa: frente a la incapacidad para hacer, al menos cuidemos el decir.

Mientras lo digamos nosotros, el problema está resuelto.

3 de septiembre de 2009


31 de agosto de 2009


12. AMIGOS POR CONTRASTE

Los conocí en San Bernardo, un verano que para mí resultó doble: primeros quince días con mis padres, vuelta al barrio, y otra vez a la playa, ahora yo y mis diecisiete años. Tenían una disquería cerca del centro del balneario, sobre la calle principal. La familia de Fabián se dedicaba al rubro, incluso el padre había sido directivo de una importante compañía discográfica, y por eso se había decidido a atender la propuesta veraniega de la madre. Guillermo no, a él apenas le gustaba la música, y bastante selectivamente.

Por eso entablé relaciones con ellos. Entré a comprar un disco de David Bowie y para Guillermo fue como si le hubiese pedido un boleto al paraíso. Su fanatismo por el inglés de talento inacabable derivó en más de una hora de conversación. Luego, esa misma tarde, conocí a Fabián. Un par de días después comían en mi casa momentánea, con mi familia, y unas semanas después yo viajaba solo a parar en el local donde vendían música envasada de día y dormían de noche (es un decir). En la parte de arriba. Había que entrar gateando y tirarse sobre el colchón. Y se comía lo que se podía, lo que la caja rendía.

Fue un buen verano. En una despedida improvisada abrieron de madrugada y aparecieron guitarras y helados de los chicos de la heladería de la esquina, y cervezas, y todo terminó cuando abrieron los negocios de alfajores. Y se repitió con más intensidad el siguiente. Alentados por la buena repercusión del local de discos, decidieron ir más lejos y pusieron en sociedad un bar. Pero no anduvo. Un poco alejado de la parte más ruidosa, apenas dejó lo justo y necesario para que ellos y sus amigos pasáramos una buena temporada completa al borde del mar. Y si no se repara en el detalle, a diferencia del anterior resultó ya no un buen verano, sino uno inolvidable. Llevaría horas decir por qué. Y no viene al caso.

Fabián y Guillermo eran creyentes. Cristianos evangélicos de religión. Debo decir, en honor a este relato, que Fabián es uno de los seres humanos más extraordinarios que conocí. Un tipo de una calidez y una humanidad asombrosa. Alguien que me enseñó a respetar la fe de los demás más allá de mis casi no creencias, y sin que eso me impidiese descubrir a las instituciones. Supongo que nunca lo supo, no porque yo no se lo haya dicho –una obviedad—sino porque muy lejos de él estaba el deseo de ponderar, o de “evangelizar” al otro. Era parte de su grandeza: su convicción era tan cierta, tan íntima, que vivía de acuerdo a ella sin meterse en lo que los demás hacían. Y se lo veía un tipo intrínsecamente feliz.

Guillermo, se le notaba, estaba más en pose eterna. Por algún motivo siempre tendía a mostrarse un poco más arriba de lo que la realidad le permitía. Impostaba hasta la sonrisa. En algún sentido, lo suyo era la imagen: mientras lo que se viese afuera estuviera bien, de alguna manera todo estaría bien. Algo así. Y parecía siempre privilegiar el mundo material al otro. Tal vez por ese contraste funcionaban bien juntos: Fabián, en eso, era el otro extremo. Una de esas personas con la capacidad de ponerse en evidencia con sólo mirar. Y en esa naturalidad, tanto externa como interna, transmitía una sensación de sosiego, de paz, de querer al otro por el simple hecho de ser el otro. El interior de Guillermo, por el contrario, era insondable. La pátina de plástico lo hacía insondable.

Los seguí viendo después de aquellos dos veranos. Cada tanto nos juntábamos con un grupo de amigos en salidas interminables. Guillermo se puso una agencia de publicidad muy modesta en un departamento en Once, cerca de su casa. Eran él y un dibujante. No sé cómo inventó la situación, pero a los dos años dirigía una agencia con otro nombre y en otro lugar. Y mucho más personal, recepcionista y cadetes incluidos. Yo trabajé ahí en el último año y medio que duró, antes de cerrar de repentino y previo a la aparición de Guillermo por la vida con un Mercedes Benz, al que manejaba sin monedas en el bolsillo para pagar el peaje. Fue ahí donde dio también sus primeros pasos como empresario del fútbol: un partido entre la selección y un Resto del mundo que prometía a Gullit y a Baresi pero que concluyó en un arquero africano que estaba en Argentinos Juniors y el cinco de Racing, Ademir, que además era bastante mediocre (al menos yo me quedé con su camiseta).

Fabián ya se había metido de lleno en la música. Una madrugada estábamos en un bar bastante grande y se subió al escenario con la guitarra española del lugar. Cantó dos temas, uno de su autoría, y el barcito explotó en una ovación. Tenía ya su grupo, de los mal catalogados como “rock cristiano”, y también daba sus primeros pasos. Yo también ya daba mis primeros pasos en mis cosas, y así poco a poco nos dejamos de ver. Con Fabián durante un tiempo hablamos por teléfono muy cada tanto, al menos para saber uno del otro. A Guillermo lo vi por última vez en un paseo de compras, poco después de haber perdido aquel Mercedes por un triangular mal organizado en Mar del Plata. Tenía lentes de contacto verdes y la sonrisa era más impostada que nunca.

Luego de algunos años, los medios, con esa particular magia que tienen a veces, me los traen casi en simultáneo. Una revista de música me muestra una foto a página entera de Fabián bajo el título “El Beck cristiano” (un impecable acierto del editor). Y lo veo igual, con esa transparencia en la mirada, y leo la entrevista y me encuentro con aquel mismo tipo extraordinario cuya convicción es tan profunda que no necesita explicarla. Un ser que irradia paz. A Guillermo me lo trae otra revista, especializada en fútbol ésta. Tiene un saco inglés para posar hasta con las cejas en su oficina de Las Cañitas. Y también es aquel mismo tipo que calculaba hasta el ángulo de los dientes, y que quiere hacer dinero sin trabajar. Básicamente. Y que por eso encuentra en el fútbol de época un lugar a su medida: mientras se aparente, la solvencia es lo de menos.

Supongo que los dos son felices, a su manera cada uno. Pero no puedo evitar el pensar en los vericuetos del tiempo: si bien no me podría sorprender la actualidad de ellos, sí podría confundirme aquella amistad que tenían (y probablemente tal vez tengan, al fin lo mío es una mirada estrictamente personal y, como tal, ficticia). A veces pienso que los caminos se vuelven demasiado raros como para entenderlos, al fin yo mismo he compartido etapas con gente que los años me volvieron muy distinta. La función del recuerdo, se sabe, es meramente anecdótica. Pero tal vez con eso nos alcance para entender mejor el presente y no asombrarnos por ver las consecuencias lógicas de ese camino. Y si bien es uno quien puede suponer haber conocido ciertos extremos a la vez, la época tiene síntomas irrefutables, y dejo a la tarea de cada quién discernir esta última oración. Además de compartir un aspecto de la vida --creencia para uno y convicción profunda para otro-- tal vez sólo se necesitaban para eso, para equilibrarse desde el contraste. Y es probable que, al fin, no haya nada de extraño en aquella relación. Tal vez lo ilógico haya sido que yo me hiciera amigo de ellos.

O no. Tal vez soy yo que estoy en el purgatorio hace años y no me di cuenta. Hasta que los veo en las revistas, y se me ocurren cosas como éstas.

25 de agosto de 2009

ÉXITO AL POR MAYOR SE VENDE

1. El científico sudafricano Henry Markram dijo que en diez años se podrá construir un cerebro artificial (en verdad, en una revisión de qué se entiende por artificial podríamos concluir que ya hay unos cuantos desde hace muchísimo tiempo). El Blue Brain Project, el experimento que dirige el susodicho, se propone crear un modelo completo del cerebro de una rata, como para empezar. Ya lo lograron con una parte, la más importante.
Y suponen que una vez completado el símil tecnológico de cerebro de rata podrán simular el de un ser humano. Mejor no preguntar por qué.

2. Según explican, la creación de un modelo de simulación de cerebro humano serviría en principio para el tratamiento de enfermedades mentales. Estiman que cerca de dos mil millones de personas sufren algún trastorno mental. Son optimistas. Y por ello centraron sus esfuerzos en la columna neocortical, la sección del cerebro de los mamíferos responsable de funciones superiores como la percepción sensorial y el lenguaje. El BBP generó modelos para cada neurona de la columna, y para cada una se necesitó una laptop completa. Por ello es que Markram estima que para la creación del cerebro humano se necesitarán diez mil laptops. Parece mucho, y resulta complicado en pensar hoy la posibilidad de que alguien dentro de unos años se pueda comprar un cerebrito artificial para llevárselo a la casa y ponérselo al perro. Sí, es verdad, es mirar demasiado hacia un adelante improbable.

3. Sin embargo, el dato funciona mejor como disparador de proyecciones. En la década de 1950 presentaron a la ENIAC, la primera computadora de la historia. Funcionaba con diez mil tubos fluorescentes al vacío que se fundían a cada rato y requerían de un contingente entero de soldados dispuestos de manera permanente para cambiarlos. Era todo muy pero muy primitivo, por eso no existían los blogs para que algún delirante pudiese imaginar que cincuenta años después de ese mamotreto que apenas hacía cálculos matemáticos complejos la gente andaría por la calle mandando mensajes escritos al otro lado del mundo mediante un aparatito que cabía en la palma de una mano.

4. Por otro lado y casi al mismo tiempo, Earl Miller, del MIT, publicó su estudio en la revista Neuron según el cual el cerebro de los seres humanos aprende más de los éxitos que de los fracasos (al revés de la creencia popular, otro mito más que se derrumba). Para llegar a esa conclusión estudió el comportamiento de los monos, tampoco conviene preguntar por qué, al menos son más simpáticos que las ratas. “Vimos que cuando un animal da la respuesta correcta en el test, en su cerebro resuena el mensaje ‘hiciste lo que correspondía’. Después de una respuesta positiva las neuronas memorizan la información de manera más eficaz y a la pregunta siguiente tienden a contestar otra vez correctamente”.

5. Si saben entonces cómo es que el cerebro aprende, y encuentran además la manera de reproducir simuladores de cerebros humanos con nanochips en lugar de neuronas, por qué no imaginar, al estilo de ese blog que nunca existió en la década de 1950, la producción en serie de cerebros exitosos para humanos exitosos, quienes los podrán adquirir según las necesidades y las ambiciones (si hasta pueden desarrollar modelos específicos del estilo “cerebro de abogado” para casos de necesidad y urgencia: usted se compra el cerebrito artificial y en una noche tiene la Ley Penal completa en su cabeza y la manera de usarla, o cosas así). Como siempre, sólo será cuestión de tener una tarjeta Gold para poder comprarlo. Y si no la tienen, que se conformen con el cerebro que Mandinga les dio.

Que por algo no les dio la cabeza para conseguir plata y comprarse uno mejor.

24 de agosto de 2009

EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVOS

Magias del acuerdo AFA-FplV: ¡¡¡Volvió Marcelo Araujo!!! El más imbécil de los relatores de fútbol de la historia de nuestra querida televisión ha vuelto a aparecer por los micrófonos con su retahíla de vulgaridades y entonaciones oligofrénicas (con el debido perdón de los oligofrénicos). Y dijo sobre el Pato Abondanzieri: "Hace mucho que no veía un aquero con camiseta celeste". Y no, si hace mucho, por suerte, que estaba lejos del fútbol, más o menos desde que el Pato era Abondancieri y jugaba en Central. Pero nos lo devolvieron, malaya sea nuestra suerte.

También resucitó Julio Ricardo y algún otro pasquato cuyo nombre ahora no recuerdo pero que relata diciendo "lleva leférico...". ¡¡Y en Canal 7!! Como para ver la calidad de la transmisión y escuchar el relato y pensarlo: El proceso militar, Julio López, la marchita, matar al mensajero... Y ahora Araujo y su séquito de dinosaurios.

Este gobierno atrasa, está claro. Si hasta le copian el discurso sobre el fútbol a esos militares que dicen odiar tanto.
APRECIACION INSTANTANEA:

Racing no perdió, le secuestraron los goles.

(Gracias, Hugo.)

18 de agosto de 2009


UN ACUERDO ENTRE TORPES Y PUTAS

1. Finalmente, la AFA cumplió su amenaza y rompió el contrato con la empresa que comercializaba los derechos de televisación del fútbol, una sociedad formada por TyC y el grupo Clarín. Y el gobierno, a su manera, también se sale con la suya y al menos le quita un gran negocio al multimedio que, según él, sólo se dedica a bastardearlo. Casi la misma cosa que él hace con los derechos humanos. Buen comienzo.

2. Que el gobierno no mide las posibles consecuencias negativas para el propio negocio que acaba de comprar habla de una suprema torpeza: la de suponer que el fútbol se vende por sí mismo. Lo grave es que tal vez haya un público dispuesto para la torpeza, o puede que el producto ya esté tan bien vendido que alcanza con darle cualquier porquería que total la van a consumir igual. Mejor aún: puede que en verdad haga un rato largo que están vendiendo cualquier porquería, sólo que el envase seducía y nadie se daba cuenta. ¿O por qué suponen que TyC metía doscientas cámaras en un partido? ¿Para ayudar al árbitro? ¿O para lograr que un cero a cero entre Gimnasia de Jujuy y San Martín de Tucumán resulte entretenido?

5. ¿Están muy seguros de poder vender un producto que no termina de ser del todo bueno? ¿Están seguros de que las pésimas condiciones técnicas del galpón de chupamedias del gobierno en que se convirtió Canal 7 garantizan la venta masiva? ¿Están seguros de que a la gente –no la masa que mira en el sillón como si estuviese en el para avalanchas agitando banderas y que resultan, magia de las coincidencias, los mismos que asisten a los actos del gobierno—le va a interesar Chacarita – Godoy Cruz per sé, sin que se lo vendan durante una semana en un canal exclusivo? Hace rato que quieren hacer del galpón un ESPN kirchnerista con esa manera de emitir televisión... A juzgar por los niveles de audiencia mucho resultado no les dio.

6. Puede que a don Julio no le interesen estas cuestiones. Todavía conserva al menos la piel del viejo zorro y busca aliados donde no le conviene tener enemigos: el negocio a salvo. Y sabe oler los intereses políticos de ocasión como nadie, no en vano es el único funcionario iniciado en tiempos de dictadura militar que atravesó todos los gobiernos. Don Julio, al fin, sabe que tiene en sus manos la única herramienta que hermanó a todos los gobiernos desde Videla hasta Kirchner. Al fin, desde los tiempos del Mundial ’78 no se veía tanto ahínco de una gestión oficial para que “todos los argentinos puedan ver fútbol”. Si les parece exagerado, revisen los archivos. Les falta proponer que River – Boca es nuestra imagen en el exterior y estamos hechos.

7. Mal que le pese a Kirchner, la manipulación no es la mentira, la manipulación es la verdad. Ejemplo: en estos días, TN emite cada tanto la nota sobre la promesa incumplida de la presidenta a Tartagal, una ayuda económica que anunció después de las inundaciones y que nunca mandó. ¿Dar esa nota es intencionado? Sí. ¿Es manipulador? Sí. ¿Es artero? Sí. ¿Escribirlo ahora en este blog es oportunista? Absolutamente. ¿Es mentira? No. Lo siento, don Néstor. Si el limitado intelecto para expandir el universo más allá de la marcha peronista que lo acompaña le dejara margen, lo entendería. ¿No quiere oposición malintencionada? No le dé motivos. Tan pedestre como suena. Insiste con atrasar la historia y matar al mensajero. Pero alguien debería explicárselo: una cosa es Carrió, otra cosa es la verdad.

8. Con un agravante: allana el camino de lo que viene. Así como hay periodistas bienintencionados cuyo discurso huele a kirchnerismo más por oposición a ese monstruo que avanza que por fidelidad a ese contubernio, esa progre de voto fácil que apenas sigue la corriente concluye por votar a Macri y a De Narváez (no da ni para imaginar quién sigue) sólo por oponerse a un gobierno que sí, es cierto, es demagogo y berreta y absolutista hasta la estupidez más abyecta, y más siniestra. De La Rua le tuvo que agradecer a Menem. A usted, Kirchner, le van a dar las gracias tipos mucho peores.

9. Al fin, por qué no suponer la valoración que el kirchnerismo hace de sus propios gobernados si se propone a sí mismo no mejorar sus horribles condiciones sanitarias o alimenticias o educativas pero sí darle partidos de fútbol gratis: es lamentable. El presidente en la media sombra, al fin un peronista, está convencido de que el camino más corto y más efectivo para la consecución de un poder omnisciente es ir a por la mayoría, y para eso hace falta generarla a medida de la propia capacidad para conseguir adhesiones. A las pruebas remito este texto.

10. El negocio, al fin, es para pocos. Y el rédito político también quieren que lo sea: Alcoyana Alcoyana. Feliz coincidencia. La masa estupidizada, y explotada en consecuencia, vota feliz porque tiene el combo y un gasto menos el domingo; el negocio del fútbol feliz porque los bolsillos de los representantes, dirigentes y jugadores –de casualidad todos afuera de la masa—quedan a salvo. Y el gobierno, feliz de encontrar un lugar de reconciliación después de tantos despechos con su gente, que ni siquiera en el conurbano lo apoyó.

Qué lindo es el fútbol. Todos felices de tenerlo.

11 de agosto de 2009


EN VENEZUELA NO TIENEN A BOCA

1. Dijo Maradona en relación al conflicto entre la televisión y la AFA que tiene a los argentinos en vilo: “Me preocupa como a todo hincha de fútbol. No se ve en el horizonte una propuesta de Julio, ni de los que están con él, ni del gobierno. En un país donde hay muertos, hambre, gripe A… Si no hay fútbol… Macri tenía razón cuando decía que los dirigentes tienen que avalar con su patrimonio las cagadas que hacen. No pueden endeudar un club hasta donde ellos quieren.”

2. Algo sabe del tema el Diego. De medios, digo, no de fútbol. Por algo se crió en ellos y supo explotarlos en su favor como pocos. Y por eso mismo es que, se ve, los entendió a la perfección. Y sí, si no hay fútbol los medios se pueden empezar a preocupar por esos quilombos, incluso los domingos, y los sábados, y los viernes a la noche, y los martes al mediodía y los miércoles a la tarde.
Y en una de esas la gente se da cuenta.

3. Lo interesante es cómo utiliza esa lógica el Diego para pedir una solución: casi de manera extorsiva. Oiga, presi, haga algo, es por su bien, déle distracción a la gente que si no se van a avivar que la diferencia entre tener gripe A o no está en el cómo se agarra uno del pasamanos del colectivo. Incluso habló de “muertos”, lo cual, dicho así, no tiene nada de asombroso, morirse es parte de la naturaleza humana.
Pero está todo tan susceptible que nos alcanza referirlo --la cosa es tapar muertos-- para que todos lo entendamos.

4. Hace rato, y es tan sabido como cansador, que el gobierno emprendió una guerra contra el grupo Clarín. El grupo Clarín también entró en guerra con el gobierno (y también con Caruso Lombardi, pero es otra historia y otros niveles de importancia), y cada uno la juega a su manera: a lo bestia uno, con sutileza el otro. Y en esta arremetida, que bien podría leerse desde la lógica kirchnerista como un pase de factura por el resultado de las elecciones, apareció un terreno propicio:
el fútbol.

5. Kirchner pretende que Clarín manipula la información en su contra. Es probable. Sólo que intentar contrarrestar eso con El Argentino no es muy alentador: el diario de Cristina manipula hasta el ridículo (algunos títulos de tapa pre-elecciones: “Kirchner gana en cualquier escenario”; “El peronismo ganará en quince provincias”; “Elogiosa carta de Obama a Cristina”). Por no hablar del diario Sur y de los muchos profesionales del periodismo cuyo discurso se dejó arrastrar como en un tsunami pseudo ideológico por la postura presidencial, y propuso también una “batalla contra la mentira de los grandes grupos mediáticos.” Ja, qué graciosos. Como si ellos dijeran la verdad.

6. Tiene de donde aprender don Néstor. La clave del frustrado proyecto del chavismo era el controvertido “delito mediático”, cuyos alcances serían definidos por el estado venezolano. De otra forma: el gobierno decidiría qué era un “delito mediático” (según los significantes, Zulma Lobato podría serlo). Lo interesante era el significado: prisión de cumplimiento efectivo a todo aquel periodista que manipulara información o publicara información inexacta. A la mierda. Vamos todos los periodistas en cana.

7. El problema es el de siempre: se quiere tapar una mentira con otra mentira más grande. Y lo saben. Por eso Chávez se toma unas horas por día para salir en la tele a hablarle a la gente en su programa Aló presidente, mientras toma café y le cuenta al mundo, gracias a la magia de las operadoras de televisión satelital, lo bien que se vive en Venezuela y cuán jodidos y pro yanquis son todos los que piensan distinto a él. Y tal vez por eso ahora Kirchner vaya por el fútbol: El Argentino y Canal 7 no le alcanzan, se ve. Se vio en las últimas elecciones, quiero decir.

8. Que el negocio del fútbol arrastra a la masa no hay dudas. Cuesta saber si el avance del gobierno en este terreno, al parecer con la anuencia de un Grondona que ahora sí parece dar señales de acercarse a los cuarteles de invierno, es para tener un espacio de difusión propio o por la suposición de que dándole el circo a la multitud logrará congraciarse con ella. En cualquier caso ambas son posibles, y eso es lo terrible. Que el estado deba intervenir para garantizar el negocio de unos pocos es una clara señal de que, al menos, estamos parados en algún lugar equivocado.

9. Pero todo esto será anecdótico en la fecha cinco, cuando se empiecen a cotejar las posibilidades de salir campeón de Boca y se lesione algún central de renombre y empiecen a despedir técnicos por malos resultados y Ortega se pelee con Gallardo. Y así. Que sea de la mano del estado o del empresariado de la tevé por cable, poco importará cuando empiece el primer partido. Y volveremos entonces a ese mundo redondo en el cual no existen los muertos, ni el hambre, ni la gripe A, como dijo el Diego.

10. Qué clara la tiene este muchacho.

4 de agosto de 2009

COMPRAR HASTA MORIR

1. Dijo Kent Brockman: “Si piensan que es sexista ponerle nombre de mujer a un huracán, es porque nunca han visto a un grupo de mujeres en una barata de ropa”. La humorada simpsoniana podría haberse hecho realidad en una versión trágico-bizarra: en Stockpot, Inglaterra, una mujer soltera de setenta y siete años fue encontrada muerta en su casa, bajo una montaña de ropa que había comprado en los últimos tiempos.

2. Dicen las noticias que Joan Cunnane no sólo tenía la casa atestada de ropa sino también de muchas otras cosas. De hecho, le quedaba sólo un espacio de sesenta centímetros cuadrados para moverse dentro de ella. Hacía un tiempo le había confesado a un amigo que comprar “objetos atractivos” como floreros le proporcionaba mucho placer. Por eso había tantos y tantos y hasta su propio auto estaba lleno de cosas. A propósito del placer se podría reiterar que era soltera, pero podría dar lugar a malos entendidos.

3. Los policías, dicen, no salían de su asombro al ver tal cantidad de objetos, en muchos casos aún en sus envoltorios de compra. Su amigo Ray Moran, el de la confesión y quien terminó en una suerte de testigo del comportamiento de la jubilada, explicó que “su casa era su santuario, siempre estaba impecable y en los últimos años no dejaba que nadie entrara en la casa (NdelB: se supone que no había lugar para que entraran). Se daba cuenta de que el tema de las compras se le estaba yendo de las manos y necesitaba ayuda, pero era muy obstinada y no tomaba ninguna decisión”. Pero no reveló que Joan sí pedía ayuda: a los dependientes de los negocios para que le ayudasen a llevar las bolsas.

4. Es decir: la pobre anciana tenía una adicción seria, una de las peores de esta época, pero al parecer nadie se terminó de dar cuenta de ello hasta que apareció sepultada bajo una enorme montaña de horas de shopping. Hubo un antecedente: en un programa de televisión reveló, como rareza, que tenía más de trescientas bufandas, pero no sabía muy bien por qué. Sus propios vecinos, cuando alertaron a la Policía sobre la desaparición de la mujer, sospechaban que podía estar enredada entre su mundo de materialidades. Y cuando entraron al chalet debieron pasarse casi un día eliminando papeles y objetos personales para poder avanzar hasta las habitaciones. Casi como querer avanzar al sentimiento de la viejita por el camino del dólar.

5. Luego, el médico que levantó el cadáver dijo que la mujer estaba seriamente enferma y que de seguro habría muerto por ello, pero de todas formas nadie, siquiera él mismo, lo terminó de creer. En cualquier caso, la anciana puso en evidencia los riesgos de una época en la que el consumo es amo y señor y, como todo, puede degenerar en patologías difíciles. En algún lugar de este blog se escribió sobre la compulsión a comprar como enfermedad, y una de las preguntas era cómo cortarle a un adicto a las compras su vínculo con el elemento de su adicción. No deberían dejarlo salir a la calle ni mirar televisión ni escuchar radios ni leer revistas. Deberían aislarlo de todo y de todos, al menos por un tiempo. Menudo problema.

6. El inconveniente es que la producción del consumo se retroalimenta a sí misma, y uno que se apee al costado del camino es un problema serio para todos lo que vienen atrás. Al fin, puede que resulte el consumo entonces la droga más perfecta del siglo veintiuno: está al alcance de todos (incluso de los que no tienen plata, hay una crisis económica que puede dar fe de ello), es legal, todos lo practicamos en diversas formas, ofrece una increíble cantidad de variedades y, lo mejor, a nadie parece importarle que alguien lo padezca. Y, también a diferencia de las drogas tradicionalmente ilegales, siquiera hace falta regalarles uno para que compren el siguiente. Mientras tengan a la publicidad para hacer el trabajito sucio, el negocio estará asegurado.

Al menos hasta que la humanidad quede sepultada bajo una montaña de ropa.
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(Un agradecimiento a Belén Fernández y a su mirada siempre sagaz y poco convencional; además de siempre atenta con este blog.)

28 de julio de 2009

HOMBRECITOS FALSOS POR TODOS LADOS

1. En Japón, por siempre la vanguardia tecnológica, estrenaron una camarita que permite sacar fotos en tres dimensiones. Según explicaron, el engendrito de Fujifilm no necesita más que sacar la foto, o filmar, para después mostrar las imágenes con efecto de relieve, si bien el revelado no es tan sencillo (y no será tan barato): se harán en “hojas lenticulares que permiten crear imágenes con disparidad binocular”. O en su defecto habrá que comprarse el marco de LCD de ocho pulgadas para poner arriba de una foto en 3D con revelado común, o para ver los videos del cumple de la nena.

2. Es decir: el inventito todavía no fue estrenado pero ya viene con el kit completo de entrada. Además de la cámara habrá que mandar las fotos a revelados especiales y comprarle esa suerte de lupa con relieve para que la camarita tenga sentido. Sin contar los pasos necesarios para llegar al inolvidable momento en que la imagen le es revelada (oportuna figura) y dice “Uy, sí, es como si fuera de verdad”. ¿No será mucho?

3. Obviamente que no, la sociedad de consumo necesita de estas cosas de manera permanente (y no es para tanto, al fin saldrá 600 dólares, un Blackberry es más caro y en algún sentido sirven exactamente para la misma cosa). Y eso por no tratar de imaginar ahora los cientos de aplicaciones que les van a encontrar. Sólo se puede asegurar que por algún motivo les resultará útil para detectar terroristas en los aeropuertos.

4. El Pro, siempre a la vanguardia de la derecha, decidió que los vehículos de su nueva Policía Metropolitana lleven cámaras que filmen de manera continua mientras recorren las calles. Y también en las linternas de los pro-pios agentes*. Las imágenes transmitidas, obvio, irán a una central con la suposición de que servirán para disminuir los delitos. Y serán archivadas y “estarán disponibles para la justicia al menos por treinta días”. El detalle, menor por cierto, es que nadie explica quién y cómo va a fiscalizar la edición de esas imágenes en caso de que tengan que llegar a la justicia. Si bien puede que a la vez hayan pensado el recurso como una forma de prevenir el gatillo fácil en la nueva policía.

5. En cualquier caso, que lo sepan: de mucho no les va a servir. Ya no por esa notable tendencia provecinalista de suponer a la vigilancia como seguridad, sino porque la tecnología avanza para todos al mismo tiempo: será cuestión de esperar que llegue la camarita 3D a Buenos Aires para que surja una nueva delincuencia tecnológica y les llenen las calles a la PM de figuras holográficas de malhechores, pobres y consumidores de paco. Los agentes tendrán a quién perseguir y los canales de aire tendrán la producción armada. Problema resuelto. Y que mientras unos y otros se retroalimentan para regocijo de doña Rosa y su treinta y ocho pulgadas, los delincuentes de carne y hueso estén cada vez más seguros en la suya, es un detalle anecdótico. Lo importante, se sabe, es la imagen.

Fujifilm y el Pro trabajan en ello.


* (Desde este humilde blog ya se les dio la idea de ponerles camaritas en los ojos a los sin techo --ver Hombre biónico full time se busca, un par de posteos abajo. Este humilde blog quiere al menos el reconocimiento de la idea dentro de unos meses.)

21 de julio de 2009


11. VIAJES

El apodo trasuntaba malicia de autor: Tweety medía casi dos metros y de espaldas era igualito a un Scania. Morocho, de piel aceitunada y peinado a la gomina (subgénero peine en el bolsillo trasero), tendría por entonces treinta y pico de años. Vivía con la madre en los edificios del fondo y nadie sabía cuál era su ocupación en caso de tener alguna. La vez pasada me pareció verlo, ahora un señor muy mayor y arruinado, si es que era él. No se lo pregunté, tampoco lo haría. Hay pactos que nunca se rompen y hay gente de la que nunca se vuelve a saber. Y a veces se dan las dos cosas en una.

Estaba medio pirado Tweety. Y era peligroso: siempre llevaba el revólver encima, no sé por qué ni para qué. En líneas generales daba la sensación de llevarlo para eso, para que se sepa, o algo así. Tipo sheriff. Nosotros, en parte por razones tan vagas como inciertas propias de la adolescencia, no lo tratábamos mucho. Más bien él nos trataba, nos visitaba, a nosotros. Sobre todo en la época que le dio por probar la droga.

El sincretismo resultante de la alianza de su pire con los alucinógenos tuvo consecuencias fatales. Todo hay que decirlo: Tweety no sabía consumir. No se trata de adicción, no hablo de eso, era todo demasiado nuevo como para que cualquiera de nosotros fuera en realidad un adicto (el después, el paso del tiempo, es otra historia, y ya lo dije alguna vez: sabrá Mandinga cómo y por qué cada uno agarró por dónde agarró). No sabía consumir porque no hacía caso.

Podía pasar, por caso, que alguien acercaba cocaína y daba las instrucciones: un pase, despacio, y después de a toques mientras durase, y cuanto más durase mejor. Y las instrucciones no habían terminado cuando Tweety ya tenía el papel entero en las fosas nasales. Obvio: se le petrificaban los ojos y durante dos o tres minutos se sentía el David de Miguel Ángel. Luego bajaba y bajaba: como se había liquidado todo en el primer saque, después de esos tres minutos de férrea solidez la cosa era toda para abajo, y bajaba tanto que juraba nunca más volver a tomar esa porquería. Otro alguien acercaba las primeras cervezas de la noche y para cuando nosotros empezábamos a disfrutar el viaje el gigante ya roncaba. O casi. Y así la mayoría de las veces con cualquiera de las cosas que alguien podía alcanzar cualquier noche. Pero una madrugada se puso feo de verdad, cuando Tweety tuvo un mal viaje y se la agarró con el Gordo Marlo.

El Gordo Marlo era un personaje bastante incierto, sólo que por entonces todos nuestros alrededores eran inciertos por lo cual nadie reparaba en el detalle. Vivía lejos del barrio pero aparecía bastante seguido y casi siempre con novedades exóticas: hachís, opio inglés, ácidos varios, un faso azul pero azul de verdad. Y un día también trajo el mito del Cheto Valdés, un supuesto poli de toxicomanía cuya reputación era siniestra: drogón al por mayor, extorsionista, violento, traficante a gran escala, impune y de identidad desconocida.

Poco por ganas de joder, el Cheto Valdés se transformó en una suerte de Cuco, el Keyser Soze del ambiente. Ni siquiera se lo mencionaba: la droga podía pegar mal o, peor, debería ser descartada ante la inminencia de una requisa (lo bueno de la Policía de la provincia era que tenían siempre las luces de las sirenas encendidas y entonces se los veía a tres cuadras).

Esa madrugada Tweety estaba desencajado. Dos días antes, el Gordo Marlo nos había vendido a un precio irrisorio unos ácidos según él holandeses puros. Lo aceptamos como cierto, al fin siempre ocurría lo mismo: a la hora y media nos importaba muy poco su nacionalidad. El instructivo fue muy claro: tomarse medio, pero en cuartos. Un cuarto de ácido, cuarenta minutos después el otro cuarto. Nosotros utilizábamos el truco por todos conocido: acompañar la degustación con algo de alcohol. Y todo como un proceso, disfrutando el lento despegue, percibiendo los cambios. Fue ahí, en medio del comienzo del psicotrópico itinerario, que apareció Tweety. Y le contamos lo que teníamos en la cabeza y el gigante quiso y Marlo le dio. Y el animal se lo tomó entero, de un tirón, estuvo así de masticarlo y no se lo tragó de casualidad. Después agarró una botella de sidra helada (era época de fiestas navideñas) y se tomó más de la mitad. Y ahí se quedó, a la espera de conocer los efectos de eso. Era su primera vez.

Desconozco lo que ocurrió en el medio. Después de eso yo tuve suficiente con lo mío durante toda la noche y al mediodía me fui a dormir. Y a los dos días ya era para todos historia vieja, pero no para Tweety: el gigante no dormía desde aquella noche, estaba completamente fuera de órbita y no se reconocía a sí mismo ni por el tacto. Tenía los ojos dilatados y rojos a la vez, de a ratos le temblaba la voz y decía incoherencias todo el tiempo. Y, raro en él, estaba tranquilo, como sosegado. El cansancio físico acumulado en tantas horas de extravío lo tenía al borde del nocaut. Cuando alguien trajo una cerveza tomó un poco y pareció que iba a quedarse dormido.

Pero llegó el Gordo Marlo y Tweety resucitó: salió disparado, lo agarró de las solapas de la campera y lo levantó hasta tenerlo cara a cara. Lo culpaba de su mal viaje por haberle dado esa mierda, lo insultaba de todas las maneras posibles y lo zarandeaba como si fuese el causante de todas sus derrotas. Después lo tiró contra la pared, se sacó el revólver de la cintura y le apoyó el caño en el medio de la frente. El dedo estaba en el gatillo.

Yo, y sé que no fui el único, estuve así de correr. El Gordo transpiraba de manera espantosa. Miraba al gigante aterrado y no le suplicaba nada porque no podía, porque le resultaba imposible articular sonido alguno. Tweety estaba desconectado del mundo, fuera de sí, y con un revólver en su cabeza: visto desde su perspectiva el panorama resultaba poco alentador. No sé cuántos siglos transcurrieron mientras el cuadro congelado ofrecía la imagen de Tweety apuntando, pero el tiempo, y el corazón de muchos de nosotros, se detuvo cuando finalmente apretó el gatillo y el Gordo gritó pero no con grito sino con chillido y todo pareció volverse más demencial todavía.

Pero la bala no salió. Tal vez no estaba, tal vez nunca estuvo y Tweety lo sabía, tal vez sí estaba y le gustaba jugar a la ruleta rusa en la cabeza de los demás. En cualquier caso, sólo bajó el revólver y le ordenó que se fuera. Y el Gordo, todavía con los ojos mojados y la expresión de terror en la cara, lo hizo. Agachó la cabeza y sin decir nada empezó a caminar por el parque en dirección a la avenida. A mí me pareció que todavía lloraba. Alguien agarró una botella de cerveza y se la tragó: empezábamos a despresurizar. Y en plan de volver todo a la normalidad (un neologismo dadas las circunstancias) otro alguien, muy inoportuno y pelotudo en verdad, cualquiera era capaz de percibir que lo mejor era no hablarle, le propuso a Tweety que se calmase, que no podía ponerse así por un mal viaje de ácido. El gigante se dio vuelta y apenas pronunció entre dientes: No es el ácido.

Y entonces volvió la vista hacia el parque y le gritó justo cuando el Gordo Marlo empezaba a levantar el pie para cruzar fuera de los jardines del edificio:

¡Cheto!

El Gordo se dio vuelta despacio, en cámara lenta. Tenía la boca abierta como lelo y los ojos desterrados de su cara; daba lástima. Tweety volvió a levantar el revólver y volvió a apuntarle, ahora a la distancia. Y cerró un ojo y sacó la lengua de costado y esta vez el tiro sí salió y le dio en el medio del pecho. Y cuando nos dimos cuenta de que era cierto no sé cómo ni en cuánto tiempo desaparecimos del lugar.

Y nunca más supimos del asunto. A Tweety no lo volvimos a ver, tampoco lo buscamos, y tampoco nunca supimos si el Gordo cayó muerto o no ni cuál fue su destino. En el fondo, intuíamos, cuanto menos supiéramos mejor. Por eso nadie volvió a hablar de aquella noche, ni de la leyenda del Cheto Valdés: su maldición, al fin, nos había llegado.

Y por eso mismo, tampoco le preguntaría a ese viejo grandote por Tweety.

17 de julio de 2009

Y QUE CONSTE

El campo está dispuesto a disputarle el poder al peronismo en su propio terreno: primero fue la manifestación multitudinaria (en Palermo, eso sí, aggiornan sus recursos ad hoc) cuando la votación de la ley de retenciones; después fue De Narváez llamándose a sí mismo peronista disidente (y sus abuelos se retuercen desesperados en sus tumbas); le siguió De Angeli proponiendo que a los peones alcanzaba con decirles a quién tenían que votar… ¡Y ahora salieron a la calle a regalarle leche a la gente en La Matanza!

Ya la vi venir: en navidad lo vamos a tener a Llambías disfrazado de Papá Noel repartiendo juguetes en el Tren de la Costa.


¿NO ES LINDO?


Será por eso que nuestros coreanos hablan todo en sílabas: te la dejan clara con poquito.

14 de julio de 2009


LA VIDA POR LA CAMISETA

1. Un jugador de fútbol asesinó a un hincha a balazos. Fue en Colombia. Javier Flórez, del Atlético Junior, le disparó a un electricista que no paraba de recriminarle por su mala actuación en la final contra el Once Caldas. Y fue una semana antes de que se cumpliesen quince años del asesinato del defensor Andrés Escobar a causa de aquel gol en contra en el Mundial de Estados Unidos, frente a los locales. El gol más trágico de la historia resultó en ese momento por el impacto de la noticia en sí misma. Hoy podría serlo porque resulta revelador.


2. Las cosas entre los hinchas y Flórez, parece, estaban mal desde antes, y en la mentada final salió reemplazado en el segundo tiempo y en la entrega de medallas lo despidió una furibunda rechifla. Lo de siempre: alguien tiene que ser culpable por perder, aceptar la derrota como probabilidad de juego es una estupidez. En general suelen ser los directores técnicos, al menos ellos se van y ya. El caso es que tal vez Flórez sufrió el Síndrome Escobar, y de tanta presión y tanta locura por el miedo que produce perder decidió defenderse antes de que sea tarde, previo paso por la bodega de medio Barranquilla.

3. Que el asunto se generaliza no quedan dudas: en Irak ocurrió la misma cosa pero al revés (o peor, depende de qué manera se lo mire). Un hincha mató a un jugador de un tiro en la cabeza después de un gol. En Bagdad. Según cuentan, el delantero Heidar Kazem, del Siver, murió luego de ser atacado a balazos por un hincha del Al Buhayrat, el perdedor del encuentro. Como atenuante, Irak es un país en guerra. Como agravante, la mayoría del planeta está en guerra, cada país a su manera.

4. Que la cosa se volvió ingobernable hace rato que hay evidencias. Por cientos de motivos, que gente como Pablo Alabarces o Ezequiel Fernández Moores explica mil veces mejor que yo, se depositan en una victoria o derrota de un equipo de fútbol muchos sentidos que deberían estar en otro lado. Es de muchos, y para conveniencia de pocos.


5. Pero puede que omitan un detalle: más crece el negocio, más peligroso se vuelve. Ya no es sólo entre hinchas, o empieza a no serlo. Que Colombia es un país tan dulce como violento es cierto, tan cierto como que cada vez está más cerca de Argentina, y de todo el continente (y tampoco lo digo yo, lo dijo don Fernando Vallejos, lean La virgen de los sicarios). La combinación fútbol – marginalidad – negocio – violencia – armas tendrá, más tarde o más temprano, sus otras derivaciones trágicas.


O las consecuencias de aquel gol en contra de Andrés Escobar.

7 de julio de 2009

UNIRSE A LA MAYORIA

1. Acaba de inaugurarse el primer sitio web para ayudarle a la gente a tomar decisiones (y uno que suponía la imposibilidad de pensar más contenidos virtuales). Se llama Hunch (presentimiento, intuición), y se trata de una red cuyo sentido es que algunos pregunten y otros respondan desde el si yo fuera vos, algo así. Más formal: “ayudar a tomar una decisión personal con la contribución de otros usuarios”. Con lo cual es para preguntarse hasta dónde una decisión consensuada con muchos entes virtuales es una “decisión personal”. O tal vez esta era de virtualidad masiva y anónima reformuló el concepto de “decisión personal”, quién sabe. En verdad, ya lo dijo nuestro célebre Homero en una de sus primeras máximas: “Yo no pienso, sólo me uno a la mayoría”.

2. “Se trata de una red social, seremos guiados a la hora de plantear cualquier tema que podamos resolver de forma personalizada para otros usuarios. Dentro de cada tema indicaremos sus datos y añadiremos cuantas preguntas necesitemos, hasta diez, con sus correspondientes respuestas, configurando un sistema de árbol de decisiones, que en función de la interacción de los usuarios, recibirán una respuesta concreta y personalizada, que podrán aceptar o rechazar”.

3. E’cir: alguien propone un interrogante y los otros usuarios proponen respuestas. Se crea un patrón, se establecen cuáles son las más comunes, y le envían los resultados al interrogador. O de otra forma: proponer que lo mejor es hacer la misma cosa que la mayoría de la gente que usa Internet y es capaz de utilizar redes como esa. Qué jodido. Al menos aclaran que la respuesta se pude aceptar o no, si no es para pensar en qué podría pasar si estos recursos para humanos con tanto tiempo libre como la sociedad de consumo les hace suponer que tienen –incluyo al microblogging en el asunto-- se masifican como los celulares.

4. “Por ahora, sólo aceptan las contribuciones realizadas en inglés, aviso que me acaban por correo privado del staff de Hunch a la hora de crear un tema de ejemplo, lo cual demuestra que detrás de las contribuciones realizadas por los usuarios hay un seguimiento por parte del staff vigilando de cerca las actividades de los mismos usuarios”, se lee en un blog de presentación del engendro. Para que no ocurra la misma cosa que con el Facebook, cuyos efectos colaterales descubrieron cuando ya era tarde, ahora se los avisan de entrada. Después no jodan.

5. Es raro pensarlo, pero hacia delante puede que haya generaciones dispuestas a aceptar que las “decisiones personales” involucran sencillamente a la mayoría (tantas encuestas políticas en los medios durante tantos años y en todo el mundo, empiezan a dar sus frutos). Y si esa mayoría confía a su vez en ella para tomar sus propias decisiones, el camino hacia la gran igualdad está allanado. Un círculo vicioso más, tampoco es nada nuevo, sólo se trata de refinar el camino emprendido. Pensar, al fin, es un trabajo. Por qué no dejárselo a otro y navegar por un sitio en el que dos pandas parlanchines quieren tener hijos mientras esperamos la respuesta.

Homero, por cierto, agradecido.

30 de junio de 2009

HOMBRE BIONICO FULL TIME SE BUSCA

1. Un cineasta canadiense se implantó una cámara en el ojo. En el hueco en donde antes estaba su ojo derecho, para ser honestos. Según cuentan, Rob Spence, de 36 años, recurrió a la tecnología mara matar dos pájaros de un tiro: disimular la ausencia de su ojo y tener una cámara que pueda “grabar cualquier momento con sólo girar la cabeza”. Sí, se sabe, la vida está llena de momentos cinematográficos.

2. “Si perdiste un ojo y tenés un hueco, por qué no meter una cámara ahí”, explica Spence cuando le preguntan los motivos de su decisión (uno podría responderle que porque se dedica a otra cosa, por ejemplo, pero no viene al caso). La prótesis, por si no queda claro, no le devuelve la visión. Es apenas un ojo de mentirita que filma y transmite en vivo por sistemas inalámbricos (¿el emisor estará en la oreja?). Por eso, ya que estamos, el muchacho decidió grabar un documental basado en la gente con la que se puede uno cruzar a diario. A propósito: Andy Warhol emitió una película hecha con una cámara fija en la entrada de un edificio durante horas, hace muchos años. Recién ahora entiendo qué quiso mostrar.

3. La idea tiene sus bemoles a tono progre con la época: le preguntaron a Spence sobre eso de filmar personas sin autorización. “En Toronto hay instaladas doce mil cámaras de vigilancia, y lo raro es que descubrí que a los vecinos no les importaban las cámaras de vigilancia, estaban preocupados por mi ojo con cámara porque les parecía una invasión a la privacidad”, dijo. Es lógico: de movida, las cámaras no hablan ni saludan. Todavía.

3b. Pero Spence omite que las cámaras de seguridad no les molestan a los vecinos (palabrita tan pro en los últimos tiempos) por la sencilla razón de que los vecinos las pidieron. Sí resulta extraña la suposición que desprende: la cámara manejada por una persona, es una cuestión de seguridad; la cámara dentro de una persona, es una invasión a la privacidad.

4. El gobierno porteño lleva a cabo un acuerdo con distintas organizaciones vecinales (¿no les dije?) para llenar de cámaras la ciudad. La pro-puesta es simple: ustedes compren las camaritas y nosotros les damos utilidad y las usamos para monitorear los espacios públicos a fin de protegerlos. De otra forma: garantizamos la vigilancia, por cierto algo bastante distinto a la seguridad, siempre y cuando ustedes nos amorticen el costo por hacerlo. Una manera interesante de unir a la clase dirigente con el llano. Con la meseta en verdad, quiero especificarlo en virtud de los aludidos.

5. ¿Por qué entonces no contratar personas con lesiones oculares a modo de cámaras vivas y permanentes que hasta tendrían la ventaja de entender órdenes subjetivas? Se los pone en los lugares difíciles disfrazados de linyeras, lisiados, lo que sea. Y cada cosa que miran, directo al centro de vigilancia. Podrían generar empleos y llenar de verdad los espacios públicos de cámaras (de gente sin techo están llenos hace rato). Y lo mejor: cualquiera podría filmar cualquier cosa en cualquier momento sin que nadie siquiera lo sospeche, y sin alardear un mamotreto colgado de un semáforo.

Si hasta podría resolver también la celeridad de los procesos judiciales: en un juicio futuro, el hombre de la verdadera cámara testigo podría decirle al juez:

Sí, yo lo vi, espere que rebobino y le muestro.
BREVISIMOS APUNTES SOBRE UN DISCURSO DE CAMPAÑA

- Dijo Cristina Kirchner, en su discurso del lunes posterior a la elección, y en su intento por minimizar la derrota de su marido, que el Pro había perdido más votos que ellos, porque había pasado del sesenta y tres, o cuatro, por ciento de los votos, al treinta por ciento.

Y se queja de la prensa: interesante recorte se mandó la Presidenta. En primera, el Pro sacó ese sesenta y tres por ciento en un ballotage, es decir cuando el ciento por ciento de la gente vota a uno o a otro. Ella sabe que de otra manera es muy difícil, por no decir imposible, sacar esa cantidad de votos, siquiera Alfonsín en plena primavera democrática. Pero aún si se omitiera el detalle (los periodistas, se sabe, somos afectos a omitir detalles), se debe reconocer que las matemáticas no tienen ideologías: la misma lógica le debería indicar a la Presidenta que el Frente para la Victoria, en la misma situación, pasó del treinta y cinco por ciento de los votos al once por ciento.

Y después le echan la culpa a Filmus...


- Dijo De Narváez, unas horas después del cierre de los comicios, que su candidatura a la gobernación de Buenos Aires en 2011 era una posibilidad concreta. Interesante pifia la del hombre del rostro de general de la Gestapo: sin darse cuenta se puso en evidencia.

Su Unión-Pro se pasó la campaña casi entera, junto a Elisa Carrió y su letanía de bolero cristiano, hablando de las candidaturas testimoniales. Hasta lo llevaron a la justicia. Hete aquí que una vez finalizada la elección, el muchacho explicó que se había postulado para un cargo cuyo mandato no piensa cumplir. Hasta donde me enseñaron, períodos legislativos de un año y monedas todavía no hay. Qué sé yo.

¿Será que como lo dijo después nadie se dio cuenta? ¿O será que a Carrió le alcanza con ver tambalear a un gobierno democrático al que todavía le quedan más de dos años de gestión para sentirse feliz?

Qué gente, Dios.

23 de junio de 2009

UNIDOS POR LA CAU$A

1. La Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos (FTC) quiere sancionar un código de ética para los blogs. Entre las motivaciones, se menciona con énfasis la posibilidad de sancionar a los bloggers con él, si bien se reseña una suerte de control de calidad como beneficio para los blogs (algo impracticable por la propia dinámica horizontal de Internet: no sólo cualquiera publica cualquier cosa –este blog es un gran ejemplo—sino que además cualquiera mide cuáles son sus propios parámetros de “calidad”).

2. Al parecer, el problema mayor resulta de ciertos acuerdos económicos de algunos bloggers cuyos sitios son tomados como referencia. En buen romance: hay quienes recibirían dinero a cambio de favorecer ciertos productos o servicios. Cito textual: “Según consideran las autoridades estadounidenses, en muchos la imparcialidad está ausente y se ocultan acuerdos comerciales entre las partes involucradas (los críticos y las marcas o los responsables de los productos y servicios analizados)”. Qué increíble es el avance tecnológico: ya no sólo los periodistas profesionales hacen eso.

3. “Los consumidores que navegan por Internet en busca de reseñas que los ayuden a decidir la compra de un producto no suelen darse cuenta que a veces esas opiniones no son imparciales: muchos autores de blogs reciben regalos, viajes, computadoras, vales de compra y hasta dinero en efectivo a cambio de sus textos. Algunos revelan estos arreglos, otros no”, expresó Deborah Yao, periodista especializada en tecnología y nuevos medios. Mismo remate del punto 2. (Es que valía la pena.)

4. De aprobarse el código, la FTC pasaría a supervisar a los bloggers en forma sistemática, tal como lo hace con los medios de comunicación tradicionales. “El sólo hecho de incluir una imagen publicitaria o un hipervínculo a una tienda online a cambio de una comisión sería suficiente para que un blog esté sujeto a su control”. Suerte que Racing volvió a ser una Asociación Civil, caso contrario me acusarían por publicitar la marca de una empresa con la que tengo conflictos de intereses. (Es por el escudo que está a su derecha, vio.)

5. “Si tienen un motivo económico para decir lo que dicen, eso es algo que el consumidor debe saber”, intentó ponderar Rich Cleland, funcionario de la FTC. Lo cual invita a una cuestión interesante: el periodista profesional, por definición, siempre habla o escribe por motivos económicos: ganar plata. Si hablamos de sobresueldos es otra cosa, pero no estaría mal aclararlo: los periodistas amamos los kioscos. Perdón por la jerga, no encuentro una manera mejor para expresarlo.

6. Pero en verdad lo interesante es que el asunto no contempla nada nuevo, o peor todavía: será que no quieren perder la exclusividad de los beneficios. Dicen que muchos bloggers reciben regalos y viajes. Pues bien: no conozco un solo colega que no haya recibido algún regalo más o menos importante (regalos de ocasión, cientos). Luego, será la ética profesional de cada quién definir cuánto influye algo así a la hora de hablar. Conozco periodistas que han recibido una lapicera Mont Blanc* cercana a los dos mil dólares y cuya relación con el regalón, luego del obsequio, fue igual de nula que antes. Y conozco periodistas capaces de pasar una factura por dos vasos de whisky de un sábado a la noche como gastos de producción. No sé si mesplico.

7. Pregunto: ¿El periodismo de Turismo qué creen que es? Y lo sé porque tuve la suerte de hacerlo: viajes en Primera, hoteles de cinco estrellas, de aquí para allá durante una semana en los mejores lugares y con las más increíbles comidas. ¿Qué, es para que al volver escriban pestes en el suplemento del domingo? “Sí, estuve en el Caribe colombiano unos días, hice buceo en las barreras de coral y me harté de langosta y ron doce años en la playa, pero la verdad es una mierda”.

8. La reformulación, en todo caso, debería ser más abarcativa, al fin los blogs, en algún lugar de éste se dijo alguna vez, vinieron a poner en evidencia, a su manera, muchas de las formas del periodismo profesional. Que la gran mayoría no dice nada y es irrelevante es verdad, tanto como lo es que en la misma proporción ocurre con los medios profesionales. Pasa muy a menudo, y es el propio periodista quien dirime estas cuestiones dentro suyo. Para ser francos, en definitiva: generar intereses para recibir contemplaciones es tan viejo como la prensa misma. Ese es el verdadero problema.

El negocio no es para cualquiera.

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* Es sólo una mención a modo ilustrativo, Nosotros y los Medios no tiene ninguna relación con la firma referida ni tampoco le interesan las lapiceras. Ahora, si la cuestión le interesa a Zippo’s, se puede conversar.
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Vaya el agradecimiento al colega, siempre atento, Hernán Vázquez, quien suele proveer a este blog de buen material periodístico.


18 de junio de 2009


10. VOLAR, VOLAR

Anoche me llamó mi padre para contarme que Emilio se suicidó. Que se tiró de la terraza del edificio, piso catorce, de madrugada. A una cuadra del mar. Me dio los pocos detalles que conocía, más por ponerlos en voz alta frente al impacto que por un cierto interés en el cómo. Y me dijo también que era el final de una crónica anunciada. Pero yo no sé si estoy tan de acuerdo.

Emilio era el encargado del edificio donde estaba el departamento costero de mi padre. Partido de la Costa. Lo tuvo durante veinte años, hasta hace poco. Y durante esos veinte años, el encargado fue Emilio. Mis padres se llevaban bien, en líneas generales, con él. A lo largo de un tiempo, la relación con el encargado de un edificio en donde uno tiene un departamento al que visita una dos veces al año se torna inevitable: si uno contabilizaba los días en que iba uno y otro a lo largo de un año, terminaban empatados.

Por eso mis padres y yo llegamos a saber bastante sin proponérnoslo. No importa cuánto ni cómo, pero lo más significativo alcanza al menos para tratar de reconstruir los motivos por los que un hombre de cincuenta y pico de años decide una madrugada que la cosa ya no da para más y que al menos vale la pena probar y darse el gusto de volar aunque el viaje no tenga retorno.

Emilio era de un país limítrofe, y desde su llegada a Argentina se había dedicado a ser encargado del edificio costero. Ahí formó su familia, y ahí logró ahorrar lo suficiente como para tener algún departamento propio para alquilar en el verano. Y no mucho más. Quiero decir: si bien puede parecer exagerado, no se puede contar mucho más de la vida de Emilio, al menos desde su llegada. Antes, hay un detalle: venía del campo pobre de ese país. Venía pobre, muy pobre, y con muchas necesidades.

Tal vez fue por eso que sólo se dedicó a trabajar. Su casa, su lugar, estaba a una cuadra del mar, pero no se permitía ir. Alguna vez, hace mucho, mi propia madre llevó en más de una ocasión a una de las hijas chiquitas del matrimonio. La esposa de Emilio mucho no ayudaba tampoco, o mejor expresado contribuía a hacerlo posible: era ayudante de limpieza del encargado, su esposo, y repartía su tiempo entre los pisos de los pasillos y las compras en el supermercado.

Si bien es extraño, el vano intento por recordar más cosas vuelve más precisa esta historia. No era sólo en temporada veraniega cuando estaba del día a la noche con el overol de rutina y alguna herramienta en la mano, lo que tendría sentido en tanto es ahí cuando los edificios se llenan de turistas: fuera de ella también. En pleno invierno, en otoño, cuando uno cayera al departamento porque sí, ahí estaba Emilio con sus siempre pendientes trabajos. Cuando terminaba la temporada, porque había que volver a la normalidad (concepto ambiguo en un lugar vacacional); en invierno, porque se debía aprovechar que no había nadie; en primavera, porque se acercaba la temporada.

Pero un día algo pasó, cambio de administración y esas cosas, y empezó a no tener tanto trabajo. Ante la imposibilidad física de Emilio para responder a todos los arreglos de los ciento y pico de departamentos, empezaron a contratar servicios externos. Vaya uno a saber qué pasó por su cabeza, alguna vez habló casi de traición, pero lo cierto es que se deprimió. Bien expresado: se enfermó de depresión. Para entonces la relación con algunos de sus hijos no tenía retorno y con los que sí no estaban, habían partido a lugares donde poder estudiar al menos.

La depresión le duró unos años. La última vez que lo vi era casi arrastrado por la mujer en la calle, una tarde de sol. Lo había sacado a pasear y a la media cuadra le rogaba desesperado por volver. La mujer sólo me comentó una cosa: que le habían sacado el servicio de limpieza de los pasillos y que ahora un cualquiera se llevaba la plata de ella.

Desde cierta perspectiva podría tener razón mi padre: fue un final anunciado. Al fin, por algún motivo le habían quitado la única causa de su vida, lo cual equivale al único motivo por el cual estar vivo. Emilio nunca hizo otra cosa que trabajar dentro del edificio. Si juntó algo de dinero, nunca supo qué hacer con él. Y cuando le advirtieron que la naturaleza hacía su parte y que los años significaban el mismo deterioro para todos, tampoco supo qué hacer. Siquiera tenía contención familiar.

Pero yo pienso en el peligro de ciertos mandatos culturales, y de lo fácil que es encontrarle rápido, desde ese lugar, un sentido a esta historia de nacer. A veces esos mandatos concluyen en causa, el problema es que así como se los encuentra con facilidad también se esfuman con facilidad y se reconvierten en tragedia. Y ahí se nos desmorona. No fue por dinero, fue por no tener ninguna razón para no hacerlo. Por eso no estoy seguro del final anunciado: tal vez, en el fondo, Emilio necesitaba sentirse vivo una vez más y por eso salió a la terraza a sentir el fresco, a observar el mar.

Si hasta se dio el gusto de volar.

10 de junio de 2009


LOS MUNDIALES AL PODER

1. Hace poco, el periodista Ezequiel Fernández Moores citaba al francés Jean Meynaud en una de sus (geniales) columnas: “La televisión ha hecho del deporte un espectáculo, después de haber hecho del espectáculo un negocio”. Y tal vez pocas sentencias resulten tan sintéticamente reveladoras: al fin, es ya un hecho irreductible, mal que nos pese, que el negocio-espectáculo se ha devorado al deporte, si bien el deporte todavía nos concede generosamente ciertas esperanzas de que al menos mientras existan once de un lado y once del otro con una pelota en el medio, no todo está perdido.


2. La presidenta Cristina Fernández acaba de dar una muestra de cómo desarrollar la síntesis de Meynaud. Luego de cerrar el acuerdo con Julio Grondona para la transmisión en directo de veinte partidos del próximo Mundial, dijo exultante “Estamos muy contentos porque firmamos ese convenio, y a partir de ahora porque creo que ya se están jugando muchos partidos, los argentinos van a poder ver los partidos del Mundial por la televisión pública”. En principio, el dato es inevitable: hablar de “los partidos del Mundial” por veinte sobre sesenta y cuatro, supone un ejercicio de optimismo.


3. “Ustedes saben que hay muchos lugares de la Argentina que son muy chicos, que no son rentables, y con este convenio, de acá al año que viene todos los argentinos podrán ver, aunque a las mujeres por ahí no nos gusta, todos los partidos de fútbol del Mundial”. Más allá de insistir en la suposición de que el Mundial tiene sólo veinte partidos, y de buscar la emoción de género (sino de su gestión, es bueno decirlo), es interesante detenerse en la entidad que este gobierno, desde el canal oficial, le da al fútbol, al deporte. (Aclaración: tampoco es un invento de esta gestión. Goebbels les queda un poco grande, a decir verdad.)

4. Si se revisa la grilla (vóley, básquet, fútbol, automovilismo, varios otros de ocasión) no quedan lugar a dudas. El canal estatal es quien debe garantizar el acceso a la televisión a todos los habitantes. Si la política de medios es llenar el espacio de deportes per sé (al menos el Mundial tiene algún sentido), es difícil pensar en buenas intenciones. ¿Estará mal proponer que la bendita Ley de Radiodifusión contemple la diversidad de programación del espacio público?


5. Sergio Massa, que algo sabe del tema porque le debe casi todo al fútbol precisamente, explicó que la cosa no terminaba ahí:
el convenio también incluye a los mundiales sub 17 y sub 20, a los de Fútbol Playa ’09 y ’10, la Copa Confederaciones y hasta el Mundial de Fútbol Femenino si las chicas se clasifican. Y desde TyC, la otra pata del arreglo (cuándo no), dijeron también que ya trabajan en los Juegos Olímpicos de Londres 2010 y en la transmisión de la Champions League completa. Multipliquen la cantidad de posibles horas de programación, súmenle el paquete referido en el punto 4, y proyecten el año que viene: ESPN con noticieros kirchneristas.

6. La primera mirada es que se explotan las pasiones populares, y es cierto. También se debe reconocer que si el gobierno se cuelga la medalla del pecho y anuncia la transmisión del treinta por ciento del Mundial como un gran logro político de su gestión, hay algo que habla mal de nosotros. El gobierno explota la condición de negocio-espectáculo del fútbol porque hay un público predispuesto a eso. Lo cual podría leerse en otro sentido como que de reforzar las carencias que permiten gobernar se trata todo el asunto. O como decía mi abuela: para una mentira hacen falta dos, uno que mienta y el otro que crea.


7. Logro, si es logro, que tampoco es político sino económico, también es bueno decirlo. El mismo Massa explicó que los gastos por derechos televisivos serán recuperados a través de su comercialización, que fijará Canal 7 a través de retransmisiones vendidas a canales del interior e ingresos por publicidad. Sí, está bien, la cesión de exclusividad de los derechos siempre implica una negociación, pero en todo caso el logro fue poder comprar el treinta por ciento con los fondos públicos. Será cuestión de que después reclamemos nuestro porcentaje de las ganancias por la venta de avisos.

8. El problema para no pensar eso es que los ejemplos son demasiados. Por orden de cómo me vienen a la memoria: Miterrand revoleando la bufanda después de la final de Francia ’98, la Junta militar entregando la Copa en el ’78, Angela Merkel dándole la medalla a Ballack en el último Mundial, el presidente senegalés Abdoulaye Wade poniendo el avión presidencial a disposición de los hinchas para que viajasen a Costa de Marfil a un partido eliminatorio el año pasado…

9. Berlusconi y el Milan, Berlusconi que declara que la venta de Kaká al Real Madrid le quita votos, Gil y Gil y el Atlético de Madrid que le permitió la alcaldía, Alfonsín y los campeones del mundo en el balcón presidencial, Menem ídem pero con los subcampeones, Macri y el súper Boca de Bianchi (y ya nadie se acuerda de que antes de su amor por la presidencia boquense quiso comprar a un por entonces floreciente Deportivo Español), Kirchner de visita a un Racing urgido y con técnico ad hoc para la ocasión… Y las firmas podrían seguir un buen rato. Ahora es el turno del kirchnerismo, que sabe cómo y por qué hacer del fútbol una auténtica política de medios públicos.

10. Y todavía insisten con que la pelota no se mancha.

4 de junio de 2009

EL BURGUER DISCURSO

1. Dicen que los niños estadounidenses corren el riesgo de padecer una “obesidad de la recesión”. Y se debe a que en el marco de recesión económica la tendencia será recurrir a los alimentos a bajo precio y a las cadenas de comida rápida (mucho más baratas allá que acá, campañas publicitarias mediante). Según el Child Well-Being Index (Índice de Bienestar Infantil), presentado el miércoles, la tendencia irá en aumento. “Los padres corren el riesgo de sustituir la alimentación sana por comidas rápidas ricas en grasas y azúcares, lo que se traducirá en un incremento de la tasa de sobrepeso infantil”, explicó Kenneth Land, profesor de sociología y miembro de la Comisión que redactó el informe.

2. El discurso bien armado emociona a las masas, se sabe. Y en plena recesión económica, puede que Estados Unidos, me refiero a ese ente abstracto cuyo poder es invisible, reformule algunos de los suyos en función de un presente muy distinto al que imaginaron alguna vez, muy al estilo del Ministerio de la Verdad. En cierto sentido, el tema de la alimentación les resulta ahora un buen argumento para pedirle a la población que no dejen de consumir. No ahorre, compre lo mejor y más sano. Es por el bien de sus hijos.

3. No hay intencionalidad aviesa en este texto: el mismo informe reconoce que “preocupa esta obesidad de la recesión, más allá de la tendencia general de aumento de los niños y adolescentes obesos”. Según un estudio publicado hace más de un un año por el Journal of the American Medical Association, el treinta y dos por ciento de los niños en EEUU padecen sobrepeso y el dieciséis por ciento son obesos. Y explicaba que la tasa de obesidad se triplicó entre 1980 y 1999, con lo cual los menores estadounidenses son más vulnerables a sufrir enfermedades cardiovasculares, altas tasas de colesterol y diabetes, desde mucho antes de la recesión económica.

4. También hace varios años, el entonces presidente Bill Clinton derrapó en un discurso durante la celebración del Memorial Day, cuando los norteamericanos conmemoran a los muertos en algunas de sus (tantas) guerras. En medio de los recordatorios y las lápidas habladas, dijo “El fin de semana largo del Memorial Day es un momento especial para honrar a todos aquellos que lucharon por nuestra libertad, pero también para reunirnos con nuestras familias y amigos en festejos al aire libre y barbacoas en el jardín, donde nos sentimos orgullosos de servir abundantes cantidades de comida”. Cuando muchos ya culpaban (al decir simpsoniano) al apretado nudo de su corbata por el comentario, aclaró: “Nos alimentamos cada vez más con comida rápida por culpa de nuestros alocados horarios, y somos cada vez menos activos físicamente por nuestra dependencia del confort, desde los automóviles hasta las computadoras y los controles remotos”. Es que en esos tiempos el consumo no corría riesgos: resultaba políticamente correcto proponer vida sana y otras tonterías.

5. La mala alimentación es un problema crónico de Estados Unidos desde hace mucho. Y en gran medida podría ser a causa de ese desarrollo desenfrenado del consumo que los llevó a empaquetar plásticos y químicos como si fueran alimentos, y que llevó a que la gente los hiciera esenciales en sus dietas. Pero ahora son un peligro: se volvieron baratos para todos y ya no sólo para quienes no pueden comprar sino barato. Entonces volvemos sobre nuestros pasos y proponemos que es malo. Al menos hasta que salgamos de esta situación y podamos volver a hacer burguers sólo para los negros y los latinos del Bronx.

Y sí, tienen razón, al fin la recesión genera dolor de estómago.

30 de mayo de 2009

GALILEO SE QUEDO AFUERA

1. Se supo que el año que viene puede fallar el GPS. Según dicen, el mágico sistema de posicionamiento, que le permite a la humanidad exacerbar su paranoia hasta el paroxismo, podría colapsar por saturación y falta de mantenimiento. Algo así. No es para asombrarse: hace rato que la sociedad de consumo, tecnologías de la comunicación mediante, se puso a sí misma al borde del colapso.

2. El GPS necesita de veinticuatro, de treinta y uno, satélites en óptimo estado para garantizar la cobertura del mundo. Un informe de una oficina de control del gobierno, el GAO (Oficina de Responsabilidad Gubernamental), advierte que si no se cumple con el calendario de mantenimiento previsto para el 2010, los viejos satélites pueden empezar a resentirse y, en consecuencia, a fallar la señal. El problema se les vuelve grave cuando proyectan que de ser así no podrán garantizar los veinticuatro necesarios. Y ahora que nos volvimos tan dependientes del chiche, se nos viene a caer.

3. El mantenimiento de la jauría de satélites depende de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Y ahí está lo interesante del asunto. Como con la propia Internet (a la que este blog le está muy agradecido), el GPS fue un invento militar, de espionaje militar, cuya utilización probablemente les haya hecho ver dos cosas: 1) su aplicación en el terreno militar no les dio grandes resultados; al fin a Bin Laden todavía no lo encuentran; 2) si extrapolaban el recursito a la sociedad de consumo, podía virar en un inmenso negocio. A los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas no pudieron pararlo a pesar de tenerlos en las pantallitas de los radares, pero al menos les sirvieron para que la gente los compre con la suposición de que sirven para estar más seguros.

4. Que el funcionamiento del GPS dependa de Estados Unidos significa a su vez que la inteligencia militar norteamericana tiene acceso a todo lo que pasa por el sistema. ¿Vieron que no es necesario el aparatito para ponerse paranoico?

5. Europa trabaja en el desarrollo de Galileo, un sistema satelital que también incluye el posicionamiento, desde hace bastante. Pero Europa no tiene suerte en el ciberespacio: hace unos diez años se fundó el alleurope.com, una fusión de los buscadores locales de países europeos (España, Holanda, Inglaterra, Italia, y varios más) para contrarrestar el yahoo! Sólo pudo frenarlo el Google, y el alleurope.com pasó al olvido sin pena ni gloria. Cuando anunciaron el Galileo, lo dieron por hecho para el 2008. Ahora dicen que con viento a favor estará para el 2011. Por algún motivo, están condenados a llegar tarde.

6. Es extraño suponer una histeria colectiva por la caída de un sistema que hace unos tres años casi no existía. Pero puede pasar. Al fin, el combo tecnología-inseguridad nos depara un futuro lleno de posibilidades. Y si llegamos al borde del colapso por saturación (la misma cosa a la que están destinadas las grandes urbes), a no desesperarse: todas las rutas y todas las señales siempre pueden mejorarse.

Al fin, hay todavía en el aire suficiente espacio libre para que estemos protegidos.

23 de mayo de 2009


EPISODIO DOS: LA AMENAZA DEL MICRO

1. En Godoy Cruz, Mendoza, no sólo están felices con el presente del Tomba, que por ahora se mantiene en Primera. En el sector oeste (según dicen los medios, y habrá que creerles), el jueves los vecinos apedrearon un micro que llegaba porque en él venía un pasajero con síntomas de la gripe antes conocida como Porcina. En los medios pasó casi desapercibido, a diferencia de la derrota del Tomba frente a Tigre, que le costó una racha de ocho partidos invicto.

2. Según cuentan, el problema empezó cuando esos vecinos del sector de bajos recursos, los barrios del piedemonte, escucharon por las radios que se acercaba un micro con un pasajero dentro que presentaba los benditos síntomas. Para colmo, venía de Chile, nuestra nueva amenaza porcina (y la amenaza perfecta para las noticias: con Chile, y ellos con nosotros, tenemos una notable predisposición a buscar cualquier problema). El país trasandino reportó varios casos en los últimos días. Y encima los tenemos acá al lado.

3. El paciente, si es que a esas alturas era paciente, había sido advertido en el control aduanero argentino Los Horcones, en la cordillera y a ciento sesenta kilómetros de la capital de Mendoza. Y se alertó a las autoridades para que se preparan, sólo que el alerta también trascendió con rapidez, demasiada rapidez, a los medios. Los riesgos de la nueva deidad Comunicación: cualquier estúpido tiene un celular encima y un amigo de operador en alguna radio.

4. Por eso llegó a las radios y, en segundos, a los oyentes. Y los oyentes, sobre todo los más cercanos al Hospital Lencinas, donde también la radio dijo llevarían al pasaje completo para su control, reaccionaron con la autoridad de quien se resigna a que el Estado jamás le dará una solución a sus problemas. Y como el Estado no tiene la capacidad de reaccionar así de rápido, tomaron a la realidad por los cuernos y salieron a piquetearles el camino y a tirarle piedras al micro. Al virus, o a la noticia. La Policía reprimió la protesta y la cosa terminó con siete heridos por balas de goma y muchos con ataques de nervios. Bastante más que el único afectado por la gripe antes conocida como Porcina.

5. Esta vez, la cosa fue mucho más concreta: los medios dijeron que la amenaza entraba a la ciudad en un micro turístico y sólo fue cuestión de salir a frenarla. Y si entregaban al pasajero, mejor. Al fin, una inmolación en pos de preservar la especie lugareña hasta podría ser bien recordada con el tiempo. Y ellos, los valientes que salieron a combatir por el futuro de sus hijos, serían los héroes del mañana en una ciudad limpia de gripe, de amenazas y de cualquiera que nunca haya vivido en ella. La radio no es el medio, la radio es el muro. Y ellos, cargados de telefonitos, netbooks y gepeéses, y sobre todo mucha pero mucha información simultánea, agradecidos.

Esto se está poniendo feo.

19 de mayo de 2009

LA TV Y EL PBI

1. “La codicia, la insaciable codicia humana. Lo que necesitamos es un cambio, tenemos que pensar en la felicidad bruta interna”. Lo dijo el primer ministro de Bután, Jigme Thinley, al hablar sobre los efectos de la bendita crisis económica mundial. La idea de la FBI no es nueva: la propuso en los setenta el rey Jigme Singye Wangchuk como alternativa al producto bruto interno. Pero que de tanto buscarla puede que se les vuelva en contra gracias a la televisión.

2. Bután es un pequeño reino enclavado entre los gigantes, China e India. Y tiene apenas dos millones y medio de habitantes, casi un cine chino en un estreno. Dentro del esquema de gobierno, los lamas (monjes budistas) son una parte importante y tienen voto propio a la hora de elegir el Consejo de Miembros. En parte por eso están tratando de llevar la filosofía que los guía ancestralmente a una nueva manera de hacer política, o algo así. Kinley Dorji, secretario de Comunicaciones, lo resumió casi con ironía: “La idea se incorporó a la política del gobierno justo cuando el mundo puede necesitarla”.

3. Dorji fue todavía más lejos:
“Ahora se ve en qué termina la dedicación exclusiva al desarrollo económico, las sociedades industrializadas descubrieron ahora que el PBI es una promesa que nunca se cumplió”. Entre otras reformas, modificaron la Constitución del Reino para que las políticas gubernamentales no se midan en función de sus efectos económicos sino de la felicidad que produzcan. En sus habitantes. Si bien el gobierno también aclara, con base en los principios del budismo, que la felicidad es un concepto que cada uno debe definir por sí mismo.

4. Entre los cambios introducidos para desarrollar la “búsqueda de la felicidad interna”, el más significativo fue la apertura democrática el año pasado. La sociedad aceptó la renuncia del rey como monarca único y fue a las urnas a elegir al Consejo de Miembros. “La democracia y la FBI van bien juntas, ambas ponen la responsabilidad en el individuo. "La felicidad es una búsqueda individual y la democracia es darle poder al individuo”. (Lo que también puede leerse, en este caso, como la incapacidad de dar respuestas colectivas por parte del Estado.) Está bien. Hace apenas un año que la usan, al principio siempre parece.

5. Sin embargo, a pesar de los indicadores de felicidad que inventaron para medir el crecimiento del reino, deberían reparar en los efectos del primer gran cambio, hace diez años: permitir la televisión. “Antes preguntabas quiénes eran los héroes a los jóvenes y te contestaban que el rey, y los lamas. Desde hace diez años, el héroe pasó a ser David Beckham. Los padres no saben qué hacer”, dijo Dorji.
Y, no. La cultura occidental podría haberles enseñado que con la televisión no se puede, y que si les abrían la puerta se adueñaba de la casita en poco tiempo. Ahora ya es tarde. Con la democracia todavía están a tiempo, a menos que la usen a la manera occidental y supongan que la mejor manera de ejercerla es con avisos de candidatos en el medio de las películas de Hollywood.

De ahí a la publicidad de Buda hablando por celular, hay un paso.

15 de mayo de 2009


9. REMISES

No sé cómo fue, pero un día nos hicimos amigo del Topo. Tipo raro el Topo. Le decían así por esas orejas cuya forma remitía, sin dobles lecturas, al célebre Topo Giggio, ese peluche infradotado y empalagoso que yo y los de mi generación debimos padecer en nuestra infancia. Por lo demás era bastante alto y flaco, por eso andaba siempre como tirado para adelante del estómago hacia arriba, como los caballos de carrera cuando en el último centímetro anterior a la línea de llegada estiran el hocico. El corte de pelo era del tipo Conquistador de América: bien lacio y rodeándole la cara al límite, largo y un poco ondulado en las puntas.

No le andaba bien la cabeza al Topo. Vivía con los padres y una hermana mayor, parecida a él pero muy linda a pesar de eso. Nunca supe cuántos años tenía pero era mayor que yo, aunque tampoco podría precisar cómo sabía eso. Andaba mucho con la madre y la hermana, y era casi rutinario verlo en algún momento de la tarde caminando o volviendo de compras con ellas.

Nunca le conocimos una chica, una aventura. A pesar de ser todavía adolescentes la mayoría de nosotros ya había experimentado lo suyo y hasta habíamos tenido novias, pero el Topo no. Tampoco parecía importarle demasiado. Era muy volado el Topo, muy loco. Pero loco de verdad: algún registro de la realidad se le había perdido en el camino y lo había reemplazado por algún otro inventado por él en su habitación. Pasaba mucho tiempo el Topo en su habitación, tal vez un porcentaje del apodo venía también de ahí. Casi me atrevería a decir que cuando no estaba con nosotros se la pasaba encerrado en ese lugar. Y no era un lugar ideal para estar encerrado, por decirlo con cierta elegancia: una cama de una plaza, un escritorio bastante despojado de todo, una silla y unas cortinas negras y gruesas. Y nada más.

El Topo proyectaba colgar unas banderas nazis en la pared sobre la cual se apoyaba el costado de la cama. Tenía delirios nazistoides. No entendía bien de qué se trataba eso de los nazis: lo suyo estaba fundado a partir de una fascinación por la Segunda Guerra Mundial y en esa aventura de historietas los personajes que más lo seducían eran los nazis. Se compró algunos libros incluso, pero nunca llegó a descifrar siquiera los prólogos. Su fascinación era por la imagen (un adelantado a su época).
Y por eso mismo fantaseaba con una decoración estilo Oficina del Comando de Operaciones de la GESTAPO o algo así. Y nos contaba cómo lo iba a hacer cada vez que íbamos a su casa (a su habitación en realidad, excepto cuando algún sábado nos fumábamos un fasito y nos poníamos a ver Sábados de Súper Acción, por Canal 11 y en blanco y negro, en el comedor. El Topo fumaba también, poco pero fumaba, pero su mayor virtud era el armado. Era el armador oficial, su técnica y los logros conseguidos eran casi míticos). Nos explicaba los diseños, el largo de cada una de ellas, los colores y hasta los tipos de tela para cada una.

Hay que admitir, en su favor, que lo tenía estudiado en serio el asunto, hasta había hecho algunos bocetos en un cuaderno. Pero, el problema de siempre, para hacerlo necesitaba plata. Y el Topo empezó entonces a proyectar cómo podía hacer plata y se vio grande, importante, con una oficina no importa de qué pero decorada con las banderas nazis.


Vaya uno a saber cómo se le ocurrió pero una tarde nos dijo que lo había encontrado, se le había ocurrido la forma de hacer plata para ser importante y tener una oficina decorada con las banderas nazis: se iba a poner una agencia de remises, en una época en que los remises no existían (créanlo, hubo una época poco lejana en que no había remises ni teléfonos celulares ni computadoras; no sé cómo fue que un día pasamos a depender de ellos como si los hubiéramos conocido de toda la vida). Por eso a todos nos pareció una idea muy enrevesada. Encima, el Topo pensaba en una agencia de remises de barrio pero como las de los hoteles importantes: autos grandes e impecables conducidos por amables choferes de traje y con gorrita.

La fórmula, decía, era fácil: compraba un auto y lo ponía a trabajar de eso, de remise (no existía el concepto actual de remise en esos años, es un dato revelador y por eso me permito reiterarlo). Luego, con lo recaudado, compraba otro con el mismo destino, con lo cual eran dos entonces los autos trabajando. Y así hasta llegar a los veinte, veinticinco. Luego sentarse a recaudar todo el dinero posible.
No era un mal plan excepto por un detalle: el Topo no entendía un pito de autos y por eso suponía que eran eternos. No se rompían, no necesitaban combustible, no se devaluaban con el paso de los años. Bastaba comprarlo y ya. Como un lingote de oro pero con ruedas y generando plata.

Esos detalles eran los que nos permitían percibir el mal funcionamiento de su cabeza. El, de todos modos, seguía convencido de la brillantez de su idea y porfiaba que sí, ése era su destino de lujos, importancia y banderas nazis. Después, como pasa siempre, poco a poco lo dejamos de ver. No por nada en especial, simplemente así se dan las cosas. De hecho cada tanto lo cruzábamos volviendo con la madre y con la hermana y nos saludábamos y hablábamos un rato. Pero ya no era lo mismo: también poco a poco fuimos cumpliendo años y las distancias se hicieron cada vez más indisimulables. Y así, sencillamente, me encontré si saber nada de él durante casi veinte años. Hasta hace unos meses.


Ante la escasez de remises más convencionales en el aeropuerto me resigné a pagar un poco más por uno de esas agencias oficiales (con remito de viaje incluido, como si uno fuera un paquete). Auto grande, moderno, azul oscuro, y conducido por un chofer de traje y gorrita. Mientras me dejaba llevar por el verde de los bosques de Ezeiza miré la tarjeta de la agencia y lo vi. La empresa lleva su nombre y su cara es el logo, o algo así. Su foto está en el costado superior del cartoncito. Conserva la mirada de pirado aunque con algunas arrugas y con la sonrisa sobradora de alguien que se salió con la suya: si bien no creo que se haya animado a decorar su oficina con las banderas nazis, la gorrita, igual a la del chofer, es idéntica a la de los altos mandos de la
Luftwaffe.

Y lo bien que le queda.

9 de mayo de 2009


EPISODIO UNO: LA NOTICIA EPIDÉMICA

1. El 30 de octubre de 1938 resultó fundacional. Fue el día en que Orson Welles emitió su célebre adaptación radial de la novela La guerra de los mundos, de H.G. Wells. La historia es bastante conocida: Welles, que solía interpretar sus obras radiales en el estudio del Teatro Mercury, dijo que a era una ficción sólo al principio, antes de comenzar. A continuación, un boletín informativo interrumpió a la orquesta en vivo para contar que desde un observatorio espacial habían detectado explosiones de gas incandescente en Marte durante toda la madrugada. Que llegaran los marcianos fue cuestión de minutos.

2. Una versión que el propio Welles nunca desmintió, ni confirmó, sostiene que en algún momento de la transmisión le hicieron saber el efecto inmediato que había provocado en las calles de Grover Mills, en New Jersey, el lugar elegido para la invasión marciana: pánico colectivo, multitudes en las calles, la Policía desbordada por el caos y gente que salía a la calle con toallas húmedas sobre la cara para contrarrestar el gas venenoso de los marcianos de los que hablaban los boletines. Y que Welles decidió continuar.

3. La radio, en aquel entonces, era el equivalente a la televisión de hoy. Y la innovación de Welles, de resultado al menos inesperado después, fue emitir la radionovela en forma de boletines informativos. Y fue fundacional porque de ahí en más se sabría: los medios condicionan el accionar de la gente, por la sencilla razón de que para la gente los medios reproducen la verdad. Aquella vez fue sin querer queriendo: la gente interpretó como cierto algo que en verdad era una broma.

4. Pero luego se convirtió en norma, y la gente actúa, esta vez sí, condicionada por los medios. Todos lo hacemos. Y en este escenario de Guerra de los mundos permanente, en el que algunas veces la cosa es más sutil (árabes = terroristas) y otras más descaradas, la epidemia de gripe porcina parece ilustrar como ninguna otra noticia el reflejo de una época que de tan mediática ya no globaliza: unifica.

5. Hay veces en que las teorías conspirativas emocionan. Y ésta es una gran oportunidad para ello, sobre todo por el lugar del que salió: el Tercer Mundo siempre será un buen banco de pruebas de cualquier cosa del Primero. Duró apenas un día, pero hubo un lapso en el que Estados Unidos tuvo más casos confirmados que México. Sin embargo, nadie habló de suspender los vuelos ni de cerrar las fronteras. Y los medios, durante ese breve día, siguieron con México en las portadas.

6. Pero principalmente porque la teoría conspirativa, en tanto algún malévolo cerebro dispuso la infección como en un juego de ajedrez, nos libra de creer que es posible. Muchos creyentes de buena fe se aferran a su religión para sostenerse en medio de situaciones no buscadas ni queridas. Aferrarse a la teoría conspirativa funciona casi de la misma manera. En verdad, si bien no nos gusta, con algo de información básica deberíamos reconocerlo: hace rato ya que la extinción de la especie está a un estornudo de distancia. Si bien también es cierto que los pañuelos descartables vienen cada vez mejores.

7. En principio, si bien el peligro existe, se reproduce la misma situación de La guerra de los mundos: lo que se propaga antes que el virus (o los marcianos) es la noticia de que ya está aquí. La noticia se vuelve epidemia antes que el virus. Será cuestión entonces de tomar medidas: agotar las reservas de barbijos, censurar cualquier cercanía mexicana, comprar aspirinas y quedarse dentro de la casa el mayor tiempo posible (creativos de avisos de banda ancha, tomen nota). Y, sobre todo, mirar los noticieros para saber cuántos nuevos infectados hay en el mundo.

8. ¿Qué cambió? ¿Cuál es la diferencia entre aquellos que llamaban a las radios para jurar que sentían el calor de los rayos marcianos en sus ventanas y la chica del mostrador de una empresa que le deja el papelito arriba del mostrador a una señora con acento mexicano para no tocarla? No fueron los aviones quienes nos mostraron que el mundo está acá a la vuelta, fue la televisión. Y todo lo que ella dice pasa en el mundo. Es decir, acá a la vuelta.

9. Cuando el ministro de Salud mexicano dijo que empezaban a creer que los recaudos daban algún resultado porque llevaban tres días sin reportar nuevos casos sospechosos, pasó casi desapercibido. Una lástima: la explicación refería también que en ese momento tenían más de mil casos en estudio. De haberlo tenido en cuenta, hubiésemos entendido cuando al otro día todos los medios hablaron de 368 nuevos casos confirmados en tierras aztecas. Se refería a los mil y pico en estudio, de los cuales, además, habían descartado más de quinientos. Pero no hay lugar para tanto en la placa de un noticiero, entonces recortamos: 368 nuevos casos confirmados de un día para el otro. Y si le da miedo, jódase señora.

10. La noticia luego hace su propio derrotero y aparecen sus maneras de conmemorarla: ositos de peluche que representan al virus, videojuegos, barbijos dibujados y algo de pánico colectivo, que nunca sobra. Habrá que meterse en la casa nomás a esperar que la televisión, o Internet, nos digan cuándo pasó el peligro. Eso sí, sin abrir correos electrónicos de desconocidos.

A ver si alguno es mexicano.

7 de mayo de 2009

Escribe VERONICA IACONA

Mi más sentido Homenaje:

Los 40s desde los 20s: una pura eternidad.

Ya los 20s me parecen algo desmedidamente grande como para caber en mi entendimiento, ¡imagínense 20 más! Ni que hablar que de los 20 que tengo los primeros 10 casi ni cuentan (los primeros 12, 13 en realidad). Quizás es por eso que me parecen tantos, ¿cómo cuantificar esos 10, 12 años de los cuales no tengo registro más que mi altura, algunos cambios hormonales y un par de fotos viejas? Imposible. Volvemos así, a la eternidad de mis 20.

Aunque no son mis 20 ni el fin ni el desenlace de esta microrelato (relato para ponerle un nombre nomás). La cuestión acá, que nadie debe saber porque cierto sujeto se niega a revelarla, es festejarle la cuarentena a aquel a quien todos queremos, aquel que a todos nos divierte, aquel que “¿Quién lo diría? ¿Ya 40? ¡Pero si yo te daba como mucho 36!”. Sí, sí, señoras, señores. ¡Denle un tirón de orejas a Juan Pablo Bermúdez, que hoy cumple 40 y se está haciendo el desentendido!

A propósito de los 40 entonces (recalcame Juan en rojo todos los 40 que ya se han escrito, eh) y de la exagerada crisis que acontece a todos los hombres mínimo dos o tres años antes del acontecimiento por el cual supuestamente sucede, es que quiero convidarle a Juan una expresión lingüística arduamente conocida, arduamente argentina, que ojalá la pudiera poner en boca de alguien de renombre y hacer de este, mi relato, algo más cercano a este blog de índole periodística:

¡PERO DEJATE DE JODER JUANCITO, SI ESTÁS HECHO UN PIBE!

Ni una palabra más.
(Las demostraciones de afecto quedarán para otro momento y al resguardo de tanto ojo curioso merodeando por la web)

29 de abril de 2009

UN FUNERAL ANUNCIADO

1. La compañía General Electric dio un nuevo paso en lo que podría llamarse La carrera de los dispositivos tecnológicos per sé: un nuevo disco de almacenamiento, con el mismo formato del DVD (y del tradicional y próximamente perimido CD) pero cuya capacidad de memoria es cien veces superior. Imaginen a los Block Buster del futuro cercano: de oferta con el pochoclo, cien clásicos del cine de Hollywood en un disquito.

2. El truco del disco es el almacenamiento holográfico. La holografía no es sólo el proceso óptico utilizado para generar imágenes en tres dimensiones, el aspecto más conocido, sino también como soporte para guardar datos digitales. Brian Lawrence, el investigador de GE a cargo del proyecto, señaló en un comunicado: “Es un avance enorme. El día en el que podrán poner toda su colección de películas de alta definición en un solo disco está más cerca de lo que creíamos”.

3. Para que se den una idea: mientras que un DVD común y corriente tiene una capacidad de 4,7 gigas, el nuevo chiche andaría cerca de los quinientos gigas. Incluso es mucho más que los 20, 25 del blu-ray, un formato utilizado casi en exclusividad en circuitos profesionales (y sí, para el cumple de quince de la nena es como mucho). La pregunta es si querremos almacenar doscientas películas en alta definición en un solo disco. La pregunta es si querremos tener doscientas películas en la mesita de luz. La respuesta: obviamente que sí. No se nos hubiera ocurrido jamás hasta que GE nos lo dijo.

4. Pero falta algo para que cierre (y no digan que no les avisé): aumentar la calidad de video hasta el peso de los nuevos disquitos. A quinientos megas. Si el DVD necesita casi cinco para funcionar con esa calidad de imagen, con quinientos y holografía de por medio lo van a poder tener a George Clooney actuando en el sillón del living. Después, que sólo lo miren por el plasma con home theater, y bueno. Si hay gente que deshecha la cámara de ocho píxeles por una de diez para las fotos en San Bernardo, no es difícil ver cómo funciona eso de la sociedad de consumo.

5. Le calculan todavía unos cinco años al engendrito para hacer su aparición en el mercado. Pero la suerte del DVD ya está echada y su funeral anunciado. Al menos, tendrá un poco más de reconocimiento que su antecesor, el láser disc. Y será el formato que permitirá la nostalgia de una época en que sólo entraba una peli por disco. Luego, saber si alguna vez seremos capaces de mirar las doscientas películas a lo largo de toda nuestra vida adulta, será lo de menos.

Lo importante, como siempre, será tenerlas.

16 de abril de 2009


8. LOS LADOS DEL MOSTRADOR

Supe que me estimaba la noche en que casi le arranca la cabeza a un mozo por mí. Fue en el bar que estaba enfrente de la esquina donde paraban él y su grupo de amigos. Alguno me había invitado a comer unas porciones de pizza con una cerveza, y ante el llamado para partir raudo de allí detrás de un contoneo femenino y provocador, me dejó la plata para abonar lo consumido. Quise hacerlo, pero el mozo en cuestión decía que no, que era más, y no me dejaba salir de allí. Yo y mis quince años no disponíamos de dinero propio en el bolsillo como para afrontar la diferencia, y el gordo desagradable se empezaba a poner molesto.

La ventana del bar, grande, daba a la vereda. De allí emergió la mano del Negro para detenerse en el cuello del mozo. Y después de sostenerlo así durante unos cinco segundos, le explicó que “el pibe paga lo que dice la cuenta, y no lo jodás porque está con nosotros y si quiero no te paga un carajo, ¿estamos?” El Nosotros al que refería el Negro era la banda de muchachos de la esquina. Que yo estaba con ellos era y no era cierto: en realidad yo iba al lugar, una típica sociedad de fomento de barrio, a jugar a la pelota. Ellos no eran mucho más grandes que yo, apenas dos o tres años, pero alcanzaba. La distancia en otros sentidos era mucho mayor. Pero sea por el lugar, sea por los hermanos menores de los mismos muchachos que también jugaban ahí, sea por lo que sea, yo me llevaba bien con ellos y solía quedarme algunos ratos en la bendita esquina.

El Negro, a su manera, me había adoptado. Tenía una costumbre: algunas tardes, antes de jugar, lo acompañaba a una casa de compra y venta de oro a reducir su jornada diaria. Su fuerte eran los trenes, pero también hacía colectivos y subtes. Los taxis no porque pertenecían a otras maneras. Y luego me invitaba a comer un helado. Todo en el lado Capital del barrio, en la calle principal. El que le compraba las cadenitas y las medallitas tenía un local a la calle donde se la daba de señor bien y le vendía bijouterie a las gordas. A nadie se le escapaba a qué se dedicaba no sólo el Negro, sino también casi toda la banda de la esquina. Al gordo tampoco (años después los discípulos del modus vivendi se le metieron en el local y ahí sí puso el grito en el cielo, pero es otra historia).

Le gustaba el helado al Negro, era su vicio. Siempre encontraba el momento para comerse uno. Por eso tenía el ritual conmigo. A mí me beneficiaban las buenas relaciones con aquellos muchachos, en el barrio me daba ventajas que de otra manera no podía sostener. Del resto de ellos nunca supe mucho, del Negro tampoco en realidad, pero con algunas variaciones todos andaban en el rubro. Y manejaban sus códigos, a su manera. Una noche, después de un partido me quedé un rato con ellos. Hablaban de salir y yo y mis quince años nos propusimos acompañarlos. Me llevó años entender por qué me dijeron que no.

Y en algún momento, después de un par años, fue lo de siempre: simplemente nos dejamos de ver. Yo dejé de jugar a la pelota en la sociedad de fomento y ellos dejaron de parar en la esquina. Alcancé a saber algo de alguno de ellos, y a otro lo vi hace poco atendiendo la misma mercería que en aquellos años era del tío. Pero lo significativo de la historia ocurrió ayer a la noche. Era de madrugada cuando volvía y antes de entrar, en la puerta del edificio, un patrullero de la bonaerense se me puso a la par y me hizo señas con las luces. A cualquiera le pasaría lo mismo: me aterró. Y mucho más cuando se abrió la puerta. Fue en parte por el miedo que tardé en reconocerlo. Está bastante más gordo y arrugado, y terminé de caer cuando me llamó por mi apodo de la adolescencia.

Se lo notaba contento con el encuentro. Hablamos unos veinte minutos y todo él, hasta la risa, era igual a aquellos años. Me contó más cosas él a mí que yo a él: quiera que no el uniforme me intimidaba. Después se fue, pero antes de subirse al auto me dijo algo que si bien entendí, y si bien supe referenciar acorde a la ocasión de reencuentro, me hizo pensar sobre los lados del mostrador. Sabrá el Diablo por qué el Negro terminó de Policía, sabrá el orden instituido cómo pudo llegar a serlo. Pero en algún lugar es difícil no pensar en que nunca se cruzó de lado. Lo hubiese pensado de cualquier manera, pero fue el saludo, eso que me dijo, lo que me llevó a esto. A escribirlo.

Una noche, cuando termine, te invito un helado. Me dijo.

11 de abril de 2009

RECORTES DE PRENSA

1. “No mentimos, nos equivocamos”. La sentencia, que bien podría pasar a la historia de las grandes y concretas definiciones de situación, fue dicha por Hernando Álvarez, editor de la página en español de la British Broadcasting Corporation, conocida como la famosa BBC. Y la dijo a propósito de una nota en el portal sobre un conflicto docente en Venezuela. Pero es para que muchos tomen nota: la sentencia pronunciada desde los medios adquiere un valor en verdad notable. Hasta la podríamos ubicar en el podio de las grandes verdades periodísticas, disputando el primer puesto con la célebre “yo no miento, omito verdades”.

2. El reconocimiento del error al que alude el editor, consistió en realidad en una cadena de errores, según denunciaron, en el artículo de la corresponsal Yolanda Valery acerca de un frustrado paro de maestros. Álvarez, publicó una disculpa bajo el título “El error de Venezuela”. “Esta semana cometimos un error, o quizá varios”, empieza el editorial. Como para despejar dudas desde temprano.

3. Al parecer, le pifiaron en el título, pero sobre todo en la foto. Al título, alegaron, le faltaron los signos de interrogación (el publicado decía “Paro de maestros, sólo el principio”, cuando debería haber sido “Paro de maestros ¿sólo el principio?”). El editor dijo una verdad en defensa de la escriba: esas cuestiones se resuelven dentro de las redacciones, no en el terreno de la corresponsal. Pero no dijo, al menos de manera abierta, de cuán fácil se cambia un sentido con un olvido. En definitiva, el detalle a tener en cuenta.

4. Con la foto fue peor: ilustraron el supuesto paro (que no llegó a ser paro) con una foto de la multitudinaria huelga petrolera de 2002, que luego derivó en un derrocamiento de Chávez por setenta y dos horas. La diferencia, claro, es importante. Y otra vez: el error se produce dentro de la redacción. Lo cual es cierto. Pero también otra vez: algo tan fácil y llano como un error modifica sustancialmente lo que se dice. Sobre todo en una época en que el título, la foto y el epígrafe constituyen toda la data de la que se hace un lector para informarse. Y, más significativo todavía, a la BBC le alcanza con disculparse y decir “fue un error, lo siento”. ¿Lo habrían reconocido si no hubiesen objetado el contenido del artículo? Mejor pregunta todavía: ¿De cuántos errores nunca nos enteramos?

5. El periodismo refleja un recorte de la realidad. No hay otra manera de hacerlo. Los errores, los bienintencionados y de los otros, existen. Una conclusión interesante del asunto, si bien arriesgada como todas las conclusiones, es una pregunta: por qué la gente decidió formarse a partir del pensamiento y la opinión de otro. Al fin, con tanta variedad de medios e información de un mismo tema, resultaría mucho más sano cotejar y tratar de tener alguna idea propia. A los medios se les haría mucho más complicado tener errores. El problema, en este caso, es que deberíamos pensar por nosotros mismos, pero nos demandaría un tiempo que no tenemos, para qué preocuparse.

Si total en la tele me lo dicen en un ratito.

3 de abril de 2009

VAYA NUESTRO SENTIDO HOMENAJE

A RAYMOND CHANDLER

31 de marzo de 2009

LAS PALOMAS DEL BRASIL

1) Una nueva preocupación surge en las cárceles brasileñas. Guardias de seguridad de la penitenciaría Danilo Pinheiro de Sorocaba (a unos cien kilómetros de San Pablo) interceptaron, afuera del penal, a dos palomas mensajeras. Las aves, adaptadas a la época, no llevaban consigo mensajes peligrosos ni planes de fuga ni droga, sino teléfonos celulares para los presos. Las palomas contrabandistas, que fueron detectadas miércoles y jueves de la pasada semana, llevaban una especie de mochila de tela, atadas con elásticos de látex, y dentro de las bolsas estaban las piezas y cargadores de teléfonos móviles. Un primor.

2) “Los agentes detectaron las palomas fuera del presidio y por suerte las aves no tuvieron tiempo de entrar en el edificio con el material”, dijo uno de los portavoces de la cárcel. Y aclaró también que la práctica empieza a ser reconocida y que ya existen quienes las entrenan especialmente para estas cosas. No aclararon si ellos piensan combatir el recurso de la misma manera, pero por las dudas ya mandaron a fabricar gorritas diminutas y machetes para las alitas.

3) Según explican algunos especialistas en el tema, en las cárceles brasileñas actúan bandas organizadas de presos (el Primer Comando de la Capital en Sao Pablo, el Comando Vermelho en Río de Janeiro), que dirigen redes de tráfico de drogas y delincuencia con mando a distancia: los teléfonos celulares. Y como cada vez les resulta más difícil ingresarlos, recurrieron a las palomas. Y lograron lo que nadie: unir a la tecnología con los primitivos modos de comunicación en una misma causa.

4) Como metáfora es interesante, en muchos sentidos. Ya en Día de la Independencia, el memorable engendro panfletario-cinematográfico, la idea existió: superaban las barreras de la ultra híper sofisticada tecnología extraterrestre con el telégrafo. Los presos brasileños, en defensa de su derecho a estar conectados, vulneran la seguridad con las palomas mensajeras. Viejos recursos, nuevas ideas. Lo importante es comunicarse.

5) Puede que sea parte de los efectos de haber hecho de la telefonía celular el precepto de verdad única que la humanidad nunca antes había podido generar. Y parte, a su vez, de los propios efectos colaterales, al fin los presos los usan principalmente para no perder la forma. En cualquier caso, el peligro es que se corra la bola y se ponga de moda llevar una paloma mensajera con mochila incluida encima, por las dudas: le van a encontrar la vuelta para que sean parte de las promociones de las compañías de celulares.

Y eso por no contar para qué serían las delivery ideales.

25 de marzo de 2009

PROGRAMAR, ENSEÑAR, MEMORIZAR

1. Un joven finlandés decidió, por sugerencia de un médico cirujano, llevar una memoria USB siempre encima. Literalmente. Luego de un accidente de moto en el que perdió la mitad de su anular izquierdo, el avanzado galeno le propuso la novedad cuando el infortunado (luego afortunado, quién sabe) fue a hacerse una prótesis de látex. Ya que le vamo’ a poner un capuchón en el dedo, que al meno’ sirva para algo.

2. El chiche le sirve lo mismo que a cualquier hijo de vecino con pen drive de dos gigas (el tamaño del pequeñín). Puede cargar música, películas, virus informáticos, de todo. Lo novedoso, en todo caso, es dónde lo lleva. Y si en verdad puede resultar cómodo (e higiénico) andar metiendo el dedo en cualquier ranura de cualquier computadora de cualquier locutorio.

3. En cualquier caso, que la publicidad tome nota: encuentren nomás la manera de reemplazar dedos y orejas por reproductores de mp3, que los avisos de cómo amputarse con onda es cosa de creativos. Asunto resuelto.

4. Saya es una maestra japonesa que empezó a dar clases hace muy poco. En realidad, para ser honestos con los creadores del programa, empezó a estar parada frente a un curso de chicos de Primaria. Saya es una robot, y fue diseñada por Hiroshi Kobayashi como un intento de paliar ciertas premuras económicas que el país del sol poniente sufrirá en un futuro bastante cercano.

5. Saya puede simular seis reacciones básicas: asombrarse, enfurecerse, alegrarse, entristecerse, asustarse y sentir repugnancia, merced a un sistema de cables que tiran de diferentes puntos de su máscara de goma y logran el efecto (casi como Mirtha Legrand). Un conjunto de sensores recibe la información de parte de los chicos (“seño, me estoy haciendo encima”) y ella responde según la secuencia programada a tal efecto.

6. Lo interesante es que por algún lado están convencidos que con seis emociones básicas preprogramadas y algo de información básica es suficiente para dar clases (Saya fue diseñada en 2004 como recepcionista, siquiera fue pensada para lo que la prueban). Dicen que en las pruebas pilotos hubo chicos que lloraron cuando los retó. El problema es dilucidar si lo hicieron por el reto de algo a quien consideraron un adulto de carne y hueso o porque les pareció monstruoso que un humanoide les dé órdenes y van a tener pesadillas por el resto de sus vidas.

7. Sin reparar en lo más significativo: fue pensada como una solución a los problemas económicos del futuro muy cercano. Y como las recepcionistas ya no impresionan a nadie, qué mejor idea que lograr la total y absoluta uniformización del pensamiento desde que son chiquitos. Si los programas informáticos y la biotecnología enseñan, si los chicos aprenden a obedecer a un robot, el problema está resuelto realmente a futuro.

8. Si se supone al programa Saya como apto para enseñar, el problema de cuál es el concepto de enseñar que tenemos es mucho más profundo e irreparable. No tanto por lo enseñado como por los enseñados. Al fin, no es insensato suponer a futuras generaciones de humanos como ejércitos de alguna mano de obra previamente diseñada según las necesidades. En Futurama, en el año 3000 cada humano lleva implantado un “chip de carrera” en la mano por el cual responde ineludiblemente al precepto de la era: “Tienes que ser lo que tienes que ser”. Otra vez: que la publicidad vaya tomando nota.

9. Y todo cierra: el chico conecta el dedo en alguna ranura de su maestra (será cuestión de colocarlos en lugares estratégicos a fin de evitar malos entendidos) y se lleva la tarea a casa. La interacción alumno-docente por antonomasia. Y todos los maestros enseñarán los mismos grupos de ceros y unos y todos los alumnos aprenderán a pensar las mismas cosas. Y luego serán adultos y construirán nuevos robots para la enseñanza de las nuevas cosas. Y así.

10. Y nada de mandarlos a las guerras, que para eso están los inmigrantes ilegales.

17 de marzo de 2009

EL WWW-20

1. En esta época en que los grandes atentados y algunos acontecimientos se reducen a una sigla (el 11-S, el 11-M; el 18-S, y así hasta que alguno grite “hundido”), casi pasó desapercibido el vigésimo aniversario de la creación de la world wide web. El WWW-20. Deberíamos reparar en el detalle: pocos inventos le han resultado tan prósperos y funcionales a la sociedad de consumo. Fue en la telaraña donde nació la idea de que la comunicación, ancestral herramienta de la especie humana sin cuya concreción no hubiésemos dado medio paso más allá del garrotazo, podía ser negocio brillante, sino el más brillante de la historia.

2. Otra vez: la comunicación, mal que le pese a las operadoras de telefonía celular, existe desde siempre. Y es necesaria por sí misma, por su propia dinámica. No existe ninguna otra forma posible de relacionarse con el mundo. Por eso la idea del negocio más brillante del mundo: es como lograr que el aire sea un bien comprable y vendible. Y, sobre todo, renovable. La primera gran pregunta es, entonces, cuándo y cómo se supuso a la comunicación como ese gran negocio. Una respuesta arriesgada: cuando decidieron que queríamos saber mucho más de lo que en verdad necesitábamos. Y de muchísimas maneras.

3. No recuerdo en qué libro, Milan Kundera proponía una idea interesante: su abuela había vivido siempre en el mismo pueblo de las afueras de Francia y sabía, en consecuencia, hasta quién amasaba el pan que ella comía. Su relación con las cosas era a partir de su propia vivencia con esas cosas. Y pudo tener una vida tranquila. Un tío, por el contrario, vivía en un edificio en el centro de París, y todos los días leía el diario y miraba los noticieros, que en los últimos tiempos alertaban sobre la presencia de un asesino con rasgos de moro que atacaba a las personas de madrugada en las entradas de los edificios. El hombre, al contrario de su abuela, vivía aterrado por algo que en verdad nunca había visto.

4. También desde siempre esa fue la clave del asunto: no preguntarnos qué y cuánto queremos saber. Hace poco, una alumna de 17 años, Malena, dijo que chateando desde el Facebook se preguntó por qué lo hacía desde ahí si ya usaba el Messenger. He ahí el peligro: que pensemos. Si lo hiciéramos, concluiríamos como Malena en que es absurdo utilizar dos o tres variantes de un mismo formato para hacer las mismas cosas. El problema es que en el absurdo reside la clave de la sociedad de consumo. Y, sobre todo, en el no pensar en por qué.

5. El científico británico Tim Berners-Lee, el creador de la www, festejó el aniversario con una serie de charlas en la web, dónde si no. Y dijo: “La Web de hoy es sólo la punta del iceberg. Llegarán nuevas tecnologías mucho más poderosas que nos permitirán hacer cosas que jamás imaginamos”. Traducción: esto no se termina ni mucho menos. Es apenas el comienzo. La pregunta en este caso es hasta dónde es necesario algo que no podemos imaginar. Pero es una pregunta retórica y desubicada.

Al fin, todo fue por subir el video del tío bailando de astronauta.

12 de marzo de 2009



7. MUSICA PROHIBIDA

Dicen los que saben: todo aquello que forma parte de nuestra infancia será, con el tiempo, rasgo indeleble de nuestra formación afectiva e intelectual. La familia, los amigos, los juegos, la escuela y todo lo que nos puede pasar cuando somos infantes. Y también la información, la cultura. Pensé en eso, en la importancia de lo que nos tiran por la cabeza cuando no estamos en condiciones de defendernos, y me dio escalofríos: me remitió a un episodio que, a la luz de los años, se me vuelve esclarecedor.

Un filósofo no muy conocido (lo digo porque olvidé su nombre) sostenía que el fascismo es un régimen en donde lo que no está prohibido es obligatorio. Sin que lo sepan (dudo de la capacidad intelectual de algunos personajes), ése fue el cimiento de lo que vino en los años de plomo. Leer algo con vuelo infantil en aquel tiempo era para un chico misión imposible. María Elena Walsh, Elsa Borneman, la Teoría de los Conjuntos. Nada de eso existía. La televisión… Sólo el antológico Plaza Sésamo, que al menos duró unos años, y nada más. Imaginen: Carlitos Balá era una de las estrellas infantiles del medio.

Pero me quiero detener en la música. Quienes empezamos a descubrir el mundo viendo por tele la masacre de Ezeiza no teníamos alternativa: Los Parchís, grupejo que intentaba dejar sentado que todos los chicos del mundo éramos felices y sin demasiados problemas en sus horripilantes canciones primero; y Menudo, casi una copia de los españoles, después, intentaron ser la marca musical de nuestra infancia (en muchos casos lo consiguieron: hoy en día el ex Menudo Ricky Martin y algunos otros de la misma escuela son referentes del ambiguo género latino).

No fueron las únicas alternativas. Ya más creciditos, cerca de los primeros diez años, soportamos la aparición de un Luis Miguel flaquito y flequilludo, cuyas canciones iban a tono con la época. Y a sus directos competidores: Tino, un ex-Parchís que pretendía hacer una carrera solista a base de una imagen de adolescente bueno y moderno pero que nunca pudo aprender a entonar dos notas seguidas, y Pablito Ruiz, bastante parecido al Luismi en imagen y semejanza pero mucho más pelotudo. También nos vendieron la primera etapa de Cantaniño, una especie de reality show con niños --podía ser cualquiera de nosotros y esa era su mayor virtud-- que ponderaban la importancia de ser bueno y obediente, y hasta tuvimos que tolerar que Lorena Paola cantara (a la generación posterior no le fue mucho mejor con Nicole Neumann, es verdad).

Debo decir que todo esto lo recordé porque vi al rector de la Escuela Marista a la que yo iba en la Primaria. Lo vi en el noticiero, excusándose de la manera más elegante posible para no decir nada inoportuno a la cámara en teoría apagada. Los padres de una alumna de once años denunciaron al colegio Manuel Belgrano (yo no iba a ese sino al Mac Nab Bernal) por un supuesto abuso sexual ocurrido dentro de él. Y el recuerdo sirve de ejemplo en cuanto al pensamiento de nuestro anónimo filósofo.

Por cuestiones generacionales había en mi casa discos de rock nacional. Sui Generis, Moris, Vox Dei, Almendra y algunos otros eran nombres conocidos y admirados. Una vez, inspirado, tuve la brillante idea de recortar las fotos de las tapas de los dos volúmenes de Adiós Sui Generis y con ellas forrar algunas carpetas y cuadernos de escuela. No sé cómo fue, pero esa misma mañana me encontré en el despacho del rector teniendo que dar explicaciones acerca de mis gustos (mis carpetas estaban arriba de su escritorio a modo de prueba de culpabilidad). Como no me encontraba en condiciones de debatir acerca de la evolución musical de la humanidad, el sujeto lanzó dos preguntas a modo de ejecución que aún hoy las conservo como uno de los recuerdos más abominables: ¿Usted --así era el trato-- entiende el significado de esas canciones? ¿Por qué no escucha algo más acorde a su edad?

El principio se evidenciaba: lo más acorde a mi edad no estaba prohibido (yo estaba muy lejos de entender semejante concepto a esa edad, casi cualquier intelecto al menos lo hubiera sospechado), por lo tanto era de consumición obligatoria.

Me doy cuenta que es cierto, el tiempo pone a la gente en su lugar. Le resulta raro a ese chiquito de diez años ver por la televisión al mismo tipejo que ponderaba sobre la conveniencia moral de lo permitido, pálido, nervioso, borboteando excusas porque unos padres denunciaron a su escuela por abuso sexual. Dudo que él esté involucrado, no le daba para eso. Pero como a todo el mundo no me asombra en absoluto la posibilidad de tal delito en una escuela católica, y mucho menos después de haber estado nueve años en una. Lo interesante, en verdad, es que ahora podría contestarle al rector que sí, que finalmente aprendí el significado de esas canciones.

Por eso me da por escribir estas cosas cuando me lo encuentro en el noticiero.

8 de marzo de 2009

PENES Y RINGTONES, LA COMUNICACIÓN FUNCIONA

1) En el Congo, la República Democrática del Congo, la policía arrestó a catorce personas acusadas de utilizar la magia negra para empequeñecer los penes de los hombres. No se especifica cuál es el procedimiento para lograrlo, la gente apenas sabe que en los taxis comunales (híbrido entre nuestros taxis y colectivos), debían prestar especial atención a si alguno de sus compañeros de viaje llevaba un anillo de oro.

2) La advertencia, claro, era redundante: en el Congo un anillo de oro llama la atención por sí mismo.

3) Esto que pasa no es nuevo. El año pasado ocurrió la misma cosa con el agravante que casi matan a doce “brujos”. Fue en Kinshasa, la capital. La policía intervino a tiempo y sólo quedaron magullados. Pero once años atrás, en Ghana, sí fue tragedia: en una casi caza de brujas, una multitud enfurecida mató a doce personas en una suerte de linchamiento.

4) Dicen que en África se le da mucha importancia a la brujería y a la magia negra. Contaba un DT de fútbol que desde hace casi quince años dirige ahí que se han llegado a suspender partidos porque alguna actitud sospechosa –tirar agua dentro del arco, por ejemplo—enardece a las multitudes, que incluso hasta invaden las canchas. A Thomas N’kono, aquel arquero del debutante Camerún en el ’82, ya de DT lo sacaron esposado de la cancha por haber dejado un muñequito en el arco contrario.

5) Coinciden, quienes pueden verlo desde afuera, en que esas cosas funcionan sobre la base del rumor. Alguien empieza y después aparecen los que conocen a uno que, o al primo de una amiga que le pasó, o… Mitos urbanos a escala selva africana. En una cultura que ancestralmente cree a ciegas en eso, es muy fácil generar pánico colectivo. En líneas generales alcanza con eso, con decírselo a otro. El ser humano creó la comunicación por necesidad. Luego, las necesidades cambian.

6) Sólo que en el Congo, donde la expectativa de vida es de cuarenta y nueve años y sólo el seis por ciento obtiene un título profesional, las necesidades son muchas. Por eso nadie soluciona el asunto: es más fácil, y económico, que crean en brujos reducepenes como los ejecutores de sus desgracias.

7) Un proveedor japonés de sintonías para teléfonos móviles vende unas que tienen la propiedad, él dice que confirmada científicamente, de descongestionar a los resfriados: se coloca el móvil sobre el hueso de la nariz durante treinta segundos y se suena uno aprovechando las vibraciones del teléfono, que son activadas por los citados timbres. Si bien las noticias no aclaran cómo le hace uno para sonarse con el celular apoyado en la nariz.

8) Que no les parezca tan ridícula la imagen: qué hubiésemos dicho hace veinte años si alguien nos revelaba que la gente iba a caminar por las veredas mientras escribía en una pantallita diminuta que, además, servía para escuchar música y, a veces, hablar por teléfono.

9) Los japoneses son infalibles: le encuentran más variantes a un mercado tan sobreabundado como agotado de ideas. A todas las utilidades del telefonito, ahora le sumaron la de descongestivo. Si la idea prospera, no es difícil imaginar las cientos de variables que le van a encontrar (se debe tomar en cuenta que se habla de un país híper consumista en el que las mascotas robots se tienen más que las de pelo y vida propia). Es lo que pasa cuando hay que consumir sin que se sepa para qué. Hay una crisis económica mundial que puede dar fe de ello.

10) El problema es que en África son pobres y no consumen, por eso ninguna compañía desarrolla todavía celulares con música tribal en los ringtones para conjurar el destino de los penes. Será cuestión de utilizar algún préstamo del Banco Mundial para desarrollar las soluciones importantes.

Aunque apoyarlo ahí para qué dé vibraciones… Como que da cosa.

4 de marzo de 2009

INDICIOS DE LA HUMANIDAD

A COGER…

* José Luis Rodríguez Zapatero fue demasiado franco con los rusos. En una conversación con su colega Dimitri Medvedev sobre los beneficios de un acuerdo de turismo entre España y Rusia, Zapatero le dijo que era bueno, entre otras cosas, para follar. “El turismo es un área económica preferente en la relación entre España y Rusia, por tanto hemos hecho un acuerdo para estimular, para favorecer, para follar”.

No se sabe, nadie se lo preguntó todavía, el porqué del fallido, pero se supone que en aras de un interés comercial, Zapatero, en un lapsus de sinceridad (es casi la misma cosa que un acto fallido), refrendó sus intenciones para con los rusos, tan castigados por el frío y el tráfico de gas de los ucranianos. Si de relaciones carnales se trata, establezcamos los roles de entrada, qué joder.

Al menos no fue como cuando el resucitado Duhalde dijo, en un acto, que junto al compañero Rousselot estaban “recurrand… perdón, recorriendo la provincia”.

Esa sí que fue honesta.

QUE SE VIENE EL HALLEY

* El asteroide DD45 pasó el lunes a sesenta mil kilómetros del sureste del Pacífico, siete veces más cerca que la Luna y un poco más lejos que Mar del Plata, para sorpresa, y miedo, de los astrónomos, que no esperaban que el meteorito se acercara tanto. “Ningún objeto de ese tamaño o mayor ha sido observado nunca tan cerca de la Tierra”, dijo Rob McNaught, científico del observatorio australiano de Siding Spring.

Según McNaught, la probabilidad de que un meteorito de más de un kilómetro de diámetro impacte contra la Tierra es de una cada varios millones de años. La posibilidad de que se estrelle uno de menor tamaño, pero con capacidad de poner en peligro una ciudad entera, es de una cada cien años. Y reafirmó que sí, que esta vez, como no ocurría desde 1908, cuando un cometa arrasó dos mil kilómetros cuadrados de bosque en Siberia, nos sopló la nuca.

Alguien debería encargarse de que los cometas no pierdan más su tiempo. Si se toman cien años para poner en peligro a una ciudad entera… Acá, y en casi todo el planeta, nos alcanza con períodos electivos cada cuatro años para se ponga en peligro la subsistencia de ciudades enteras. Por no hablar de tomarse millones de años para amenazar al planeta entero: de la Revolución Industrial para acá pasaron poco más de cien años y ya hicimos recontra mierda el medio ambiente. Dentro de doscientos años, la humanidad va a pedir por favor que se le estrelle un cometa.

Para los simpsonianos: ¿no le recuerda el episodio El cometa de Bart?

Y LA FIESTA RECIEN EMPIEZA

* Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, festejó con todo sus 85 años: ocho mil langostas, cuatro mil porciones de caviar, cien kilos de camarones, dieciséis mil huevos, dos mil botellas de champagne, y así. Y de regalos nada de chucherías: sólo aceptó donaciones de entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco mil dólares en su cuenta privada (hay que amortizar el costo de la fiestita, claro).

Zimbabwe está en la peor crisis de su historia, lo cual es mucho en un país, en un continente, de historias extremas. Pero basta un dato: actualmente el desempleo ronda el noventa y cuatro por ciento. De otra forma: sólo el seis por ciento tiene trabajo. Y la mitad en funciones estatales (se necesitan muchos mozos en estos casos). De otra forma: Zimbabwe es la casita de Mugabe, que ya lleva 29 años en el poder. Y el negraje sería los fondos cloacales.

Si bien le pusieron ahora un opositor como primer ministro, en función de un “gobierno de unidad” (concepto perimido a estas alturas), el hombre sólo cumple su mandato divino: controlar el destino de esos negros muertos de hambre que por un cachito de langosta, que para ellos es la misma cosa que un pancho ennegrecido y sin mostaza, son capaces de meterse en la fiesta presidencial y todo. Por eso el agasajo estuvo custodiado por las fuerzas policiales y el ejército, el otro tres ciento con empleo. Y esto es de verdad, pasa en un país de verdad, con seres humanos de verdad.

Dicen que la cola para recoger las sobras de la fiesta llegaba hasta Mozambique. Pero ahí no terminaba, sino que daba la vuelta y llegaba hasta Botswana. Ese es el problema: en cualquier momento nos tocan la puerta.

Y nosotros sin caviar. Qué bárbaro.

27 de febrero de 2009

6. BIZARRO Y ENCANTADOR

Los veo a veces desde el balcón, de madrugada. Ella se baja del auto y da la vuelta para una última apostilla romántica en la ventanilla de él, la del conductor. Es breve, y a pesar de la distancia se lo nota un acto cargado de sobreentendidos. Por eso me detengo, y me acuerdo. De alguna forma, y por características propias de estos barrios en los que la vida pasa demasiado al costado y nadie se da cuenta de ello, más que una relación es un sobreentendido en sí mismo. El amor tiene mucho de eso. Es lo interesante del asunto.

De él sé bastante, o al menos lo sé hasta una parte de su vida, y de la mía. Hace bastante, un noviazgo de la adolescencia me había llevado a frecuentarlo en tanto eran del mismo grupo de amigos. Y ahí lo conocí, y conocí su entorno: lo más cercano a los Locos Addams que vi en toda mi vida. Excepto la Vero, la más chica de los hermanos, el resto de la familia cargaba con alguna singularidad, cuando no era todo una singularidad.

En cinco de seis la cosa, por algún motivo, no resultaba normal. Había algo en ellos, algo conjunto e indescifrable que hasta podía llevar a suponer que demasiado cerca seguro contagiaban. Como si esa similitud indefinible por lo bizarro no respondiese simplemente a los genes sino a un conjuro maldito ejecutado a través de generaciones y generaciones. La Vero, la uno de seis, era linda, muy linda, y por eso no parecía ajena a sus lazos sanguíneos sino que, por el contrario, reafirmaba todo: era la excepción que confirmaba la regla (o, en todo caso, era inmune a la kryptonita).

El padre se hacía llamar por un apodo provinciano: era de Santiago del Estero y siempre, pero siempre, encontraba la oportunidad para decirlo (con lo cual no es difícil imaginar lo pesado que podía ser a veces). La madre, Cecilia, era una cruza de bruja y prostituta de piringundín barato. A pesar de no irle en zaga al marido con respecto a la estatura, se la aumentaba con seis centímetros de taco aguja, bien finito, desde cuya perspectiva el pantalón de cuero colorado y ajustadísimo debería parecer el infierno en movimiento continuo. De la cintura para arriba la cosa no era más alentadora: usaba unos top de algodón blancos, no muy ajustados, sin breteles, con estampado de florcitas (sí, estampado de florcitas). El estaba demasiado orangutanizado, en todo sentido, y sus máximos análisis solían ser acerca de la redondez de los culos del barrio, de cualquiera (pero cualquiera) que pasara por delante de sus ojos. Los engaños, claro, estaban a la orden del día: él salía todas las semanas de tournée portuaria y Cecilia sencillamente se iba por la mañana, con ese andar que intentaba ser provocativo pero resultaba grotesco, y volvía de noche.

De ese matrimonio salió el Pelado Morgan. Segundo de cuatro hermanos, nunca se supo quién le puso el apodo aunque siempre se dedujo el porqué: alguna incierta enfermedad nerviosa le había hecho perder absolutamente todos los pelos del cuerpo. No era pelado, o no era pelado solamente: Morgan era lampiño. Y de piel tirando a blanca, bastante blanca: en cueros parecía una pista de patinaje sobre hielo. Ni cejas tenía, por eso se las delineaba (no debería faltarle delineador en la casa). Y por eso usaba un peluquín bastante berreta, muy obvio, muy patético. Quiero decir, el peluquín no era patético en sí mismo, aunque sí lo suele ser en algunos señores maduros, sino que el efecto por él provocado resultaba trágico. Era, a su estática manera, una suerte de distintivo del oprobioso destino que le había tocado en el reparto. Para colmo el resto del físico no lo ayudaba. Portaba consigo una notoria panza de pan y gaseosa y un indisimulable encorvamiento hacia delante de manera descuidada, casi como la declinación de su espíritu ante el mundo.

Pero así y todo tuvo sus momentos de gloria el Pelado. Sabrá Lucifer por qué pero hubieron años dorados para su particularidad y no era extraño llegar a la casa, ya cuando la madre no vivía allí y el padre extraoficialmente tampoco, y encontrar a alguna conocida del barrio con sonrisa relajada y cómplice. Es obvio que la parte más importante del acontecer me la pierdo, pero sí reconozco una apta para todo público: Morgan era un buen tipo. Por eso tenía amigos (mi retorcida novia adolescente lo quería mucho), algunas chicas para estar en forma, relaciones, fútbol, y demás. Pero, ahora me doy cuenta, esa permanente sombra que parecía envolverlo no era por su condición de fenómeno, al fin y al cabo lo llevaba con más que dignidad, sino porque en el fondo se sentía solo. A su manera era, también, un tipo transparente, con perdón del aludido.

Luego fueron los más de veinte años sin verlo, hasta que me lo encontré desde el balcón. Físicamente tocó fondo. O, en el mejor de los casos, está igual pero al cuadrado. De ella, por el contrario, sé poco y nada. Sí sé, está y siempre estuvo a la vista, que en algún lugar del camino su crecimiento intelectual decidió llegar tarde. De chica era por demás notorio; ahora, de grande, no tanto, pero sí se volvió una mujer hinchada y solitaria, con un lenguaje un poco limitado, cuya casa familiar le quedó a disposición. Y es todo lo que puedo decir, al menos hasta la primera noche en que los veo.

No es que el descubrimiento me reveló detalles ni mucho menos, apenas puedo continuar esta historia desde la intuición: es muy probable que se hayan conocido en el remise, ella de pasajera y él de chofer. Como sea, tal vez se hayan reconocido de inmediato el uno para el otro: a determinadas alturas las cuestiones importantes, se sabe, pasan por otro lado. Y ellos, al fin, estaban solos por aceptación de principios, o algo así. Las relaciones son mucho más simples de lo que la sociedad de consumo nos quiere hacer creer. Lo sé mientras los miro despedirse. A ellos, no hubo manera de derrotarlos. Les alcanzó con encontrarse.

Y serán bizarros, sí. Pero también, o por eso, son encantadores.

19 de febrero de 2009

ENTRE EL TIEMPO LIBRE Y LA ESTUPIDEZ

1) El gobierno chino, tan propenso en estos últimos tiempos a las noticias cuando menos desconcertantes, les prohibió a los actores de su país que representen médicos, enfermeras, pacientes y cualquier derivado del asunto en las publicidades televisivas. Todo fue porque el diario (botón) Noticias de Pekín, reveló que un actor había representado a cuatro médicos distintos, en cuatro publicidades distintas, ofreciendo, claro, cuatro productos distintos. El resultado arroja una certeza: en China los periodistas tienen mucho tiempo libre.

2) Luego, en una profundización de la cosa, descubrieron que una actriz (es decir, una persona que representa personalidades falsas en función de una ficción) había encarnado a cuatro pacientes diferentes que, según la tanda, tenían problemas de corazón, riñón, hígado y no sé qué más. Un compendio de pudrición la chinita. Se ve que los chinos no tienen los Llame Ya! Al geronte medio sordo del Lisen Up ya lo vi cocinando pizza y bañándose en una piletita de lona. Y si lo llegaban a ver a Eric Estrada vender un adelgazante, lo condenaban a muerte. Por lo menos.

3) Sí, está bien, hay casos en los que se los presenta como reales expertos y eso puede verse como casi delictivo a la Rímolo. Pero se la tomaron tan a pecho que bordean la sinrazón: para completar la repentina paranoia del Ministerio de Sanidad (los ejecutores de la ley), un internauta contratado ad hoc descubrió cientos de miles de supuestos falsos médicos que ofrecen remedios por Internet. Una más para el control del ciberespacio.

4) Lo interesante, en muchos casos, está en los propios avisos. Para remitirse a un ejemplo que muchos reconocen: el Reduce fat fast, un clásico de los Llame Ya! Cuando lo vuelvan a ver, préstenle atención al “título” del inventor del jarabito milagroso: “Gurú internacional de la pérdida de peso”. El problema, entonces, es quién y por qué toma ese aviso en serio. Y por qué tiene que el gobierno asistir la inteligencia de sus gobernados en función de su preservación, algo bastante paradójico.

5) Queda para otra ocasión el hablar de un gobierno con una notable predisposición a la prohibición de todo en pos de la conservación de una ideología, al menos culturalmente, ya un tanto decimonónica. Sí me atrevo a detenerme en el detalle: será que no todo está perdido y nos tocó una época en la que un gobierno toma medidas para que la gente entienda que la tele, y en particular las publicidades, casi nunca dicen la verdad.

Es alentador. Por ahí hasta van por más y los obligan a no mirarla. Je.

13 de febrero de 2009

LA MORAL ES UN BUEN PRODUCTO


1. “No es justo sufrir una persecución como esta, te hacen sentir un criminal”. Lo dijo Rafael Nadal hace un par de días. Sigue su queja Nadal contra el nuevo código de la Agencia Mundial Anitidopaje (AMA), que obliga a los deportistas de alta competencia a adelantar cada trimestre su ubicación diaria. Más simple: la AMA les exige que cada día del año digan dónde están, por si les toca un control de doping sorpresivo. Rafael Nadal es la cabeza de las quejas y los reclamos. Sesenta y cinco deportistas belgas ya formaron una especie de asociación de resistencia al código. Los belgas tienen ilusiones de cambiar algo con base en sus propios antecedentes: fue el jugador Eric Bosman quien logró, con su reclamo ante la justicia ordinaria, la sanción de la famosa Ley Bosman que le permite a los comunitarios no ocupar plazas de extranjeros. Pero no le importa mucho a la AMA las quejas de sus subordinados. Las respuestas oficiales apenas aclaran que se trata sólo de una hora al día, y no más. No explican el por qué del nuevo código, pero se puede intuir fácilmente.

2. En principio, se sabe que a esos niveles de profesionalismo el deporte, en tanto estructura millonaria, funciona como un tráfico de personas y voluntades. El Pitu Barrientos, de reciente regreso a San Lorenzo, contó en El Gráfico que se enteró que lo llevaban a Rusia cuando hacía escala en un aeropuerto español, hasta ese momento estaba convencido que iba a Portugal. Y lo contó casi como los gajes del oficio. No se sabe qué es más terrible: si lo que le hicieron o la naturalidad con que Barrientos, de 21 años, acepta que serán las maneras de volverse millonario tan joven.

3. Pero la gran pista es la sanción a Michael Phelps, el nadador estadounidense cuya foto fumando una pipa de agua (una manera sofisticada de fumar marihuana, nada de un porrito en la esquina con los muchachos) recorrió el mundo, es muy elocuente al respecto: no incide de ninguna forma en el rendimiento deportivo del sujeto, ni para bien ni para mal; siquiera está en competencia. El problema no fue el consumo, el problema fue la foto: les arruina el negocio a todos.

4. Se debe hacer una separación importante: Nadal, como Phelps y como Messi y como Tiger Woods y como Lewis Hamilton y Manuel Ginóbili y siguen las firmas, son de los mejores en sus disciplinas por sus aptitudes y talentos deportivos. El deporte los convierte en número uno. Pero es el mercado quien los convierte en estrellas de la humanidad. El deportista descansa, la estrella no puede darse ese lujo. El deportista tiene que competir para serlo, para ser estrella le alcanza con estar ahí. Eso es lo que la AMA, en nombre del negocio por todos compartido, protege. La moral les resulta un buen producto.

5. “Queremos ser un deporte olímpico, pero no pagar este precio por ello”, dijo también Nadal, quien se siente por demás invadido en su intimidad. El problema está dicho: es el mercado quien le invade su privacidad, no el deporte, no la AMA. La agencia, en todo caso, es la testaferro del asunto. Y si no miren a Phelps. Ahí está la respuesta a todo, y lo que Nadal no dice (pero de seguro sabe, demostró ser un tipo muy inteligente). Prevenir, porque si pasa no hay cura. Con tres o cuatro Phelps más, el negocio queda arruinado en poco tiempo. Y si bien para el disgusto del tenista español, de eso se trata: pertenecer tiene sus costos. El mercado les da todo, incluso la posibilidad de ser un auténtico millonario a los 20 años. Y sabe, el mercado, que puede eso virar a riesgo en cualquier momento: un chico de 20 años con millones y fama y lo que se les ocurra, con un cachito de tiempo libre es una bomba de tiempo. No cuidan la salud del deportista.

Cuidan a las estrellas de ellos mismos.

5 de febrero de 2009

BUTCH CASSIDY NO TENIA EL FACEBOOK

1) Según parece, los datos que la gente sube al Facebook son utilizados por secuestradores para lograr información precisa sobre sus futuras víctimas. También los utilizan los pedófilos, y como frutilla del postre también los trafican. Y entonces empezaron a sonar voces de alerta, una vez más, sobre los peligros de estos recursos. Sólo que, también una vez más, es historia vieja. Muy vieja.

2) Puede que, a estas alturas, esa preocupación resulte la trampa más eficaz. Y, a la vez, un gran interrogante: por qué no nos damos cuenta, ni ahora ni nunca en verdad. Tuve la suerte de utilizar Internet desde los comienzos, cuando mandar un correo era casi un acto de magia y la gente te miraba como si fueses el ilusionista perfecto. Y desde el recorrido histórico, si bien de escasos quince años, también es una incógnita. Internet se postuló a sí misma como un medio revolucionario por la inmediatez, la multiplicidad, la universalidad, la rapidez, la comodidad, la reducción de fronteras... Pero nunca nadie habló de seguridad. Vaya detalle.

3) Desde ese costado, el tema no debería ser tan grave. Centrar el problema (si en verdad es un problema) en el asunto de los secuestros puede hasta ser irrelevante. Butch Cassidy y Sundace Kids robaban bancos entrando con una bolsa de papel e inflándola y haciéndola explotar para que pareciese un arma. En todo caso se valen de los recursos de época. Y hoy son los recursos informáticos.

4) Incluso esto que escribo tampoco es nuevo, está en notas de Página/12 de hace unos siete años. Y nada cambió. Quiero decir: ya sabemos cómo son las cosas. Empecemos a mirarlas desde otro lado. Si el Facebook lo utilizan millones de personas, está claro que las variables de la delincuencia le van a buscar la vuelta. La pregunta es por qué usarlo. La pregunta es por qué Facebook se convirtió en la nueva religión. La pregunta es para quién resulta peligroso. Yo hace años que tengo dos casillas con nombres falsos tanto para suscribirme a boludeces como para “trampear” con alguna nota difícil, como una de cómo comprar pedofilia que hice hace poco. Los tipos ya tienen identidad propia. ¿Y a quién le importa?

5) Será que tal vez, más allá de los secuestradores y los pedófilos, a nadie le importa lo que ocurre en Internet más allá de las intenciones con que lo pone. La gente que sube sus fotos a esos lugares lo hace para la familia, los amigos, tal o cual, y ahí se terminó. No sólo no sabe lo que pasa con eso: tampoco le interesa. Ni siquiera cuando lean una noticia sobre lo que pasa en esos lugares van a dejar de subir sus datos. Esa es la pregunta del millón: por qué si nadie obliga a nadie, la humanidad entera lo hace.

6) A quienes lucran con esos datos, en cualquier orden, tampoco les interesa. Detrás de cada dato, incluso falso, hay una persona. Y esa persona tiene gustos, niveles de consumo, gastos, preferencias, vicios, sin que resulte relevante cómo se llama o dónde vive. Ese es el verdadero acto de espionaje: la investigación de marketing encubierta más grande del mundo. Luego, la utilización de esos datos, los secuestradores y todos los etcéteras, serán los gajes del oficio. Al fin y al cabo, alcanzaría con no subir fotos al Facebook y santo remedio. Pero no.
Bien dijo Aldous Huxley que el verdadero problema no es volverse esclavos.

El problema, en verdad, es amar nuestra esclavitud.

27 de enero de 2009


5. MANUEL

Esta historia la había escrito, pero fue un diario de Mendoza con el nombre de Manuel lo que revivió el recuerdo en mi cabeza, la necesidad de volver a contarla. Para empezar a ser claro desde el principio: Manuel era un hijo de puta pero eso lo supe muchos años después. Suele ocurrir, bien decía Wilde sobre la experiencia: eso que cuando adquirimos ya no nos sirve para nada.

Mi tardía reacción, sin embargo, se justifica: andaría yo por los diez, once años, cuando venía a hablar por teléfono, aunque mayormente era su mujer quien traspasaba el umbral de mi casa, deferencia concedida a muy pocos vecinos, a utilizar el por entonces sofisticado aparato. No eran muchos quienes tenían una línea telefónica propia y en todo el edificio había sólo dos Era común, así, dar el número del vecino afortunado para casos de necesidad y urgencia. No todos lo interpretaban así y había quienes hacían gala de un abuso al límite de los enternecedor por lo grotesco. En parte a eso se debía la celosía de mis padres.

A ellos, nuestros vecinos de enfrente, los llamaban familiares de Mendoza. No muy seguido pero constante. Yo mismo he salido a tocarles el timbre en pijama a las once de la noche para avisarles. A mí me molestaba mucho y cuando me encontraba solo decía que no estaba autorizado a salir de mi casa y cortaba. Y mucho más me molestaba la presencia de él, si bien fue sólo un par de veces. A mi padre también le molestaba pero por causas mucho menos vagas que las mías: sabía perfectamente quién era.

Si bien después se dijo, se rumoreó, que no había sido el primero y en realidad hacía rato se dedicaba al rubro, la fama de Manuel estalló por los aires del barrio cuando una mañana su cara apareció en las tapas de todos los diarios señalado como uno de los dos cabecillas del asalto a un banco, creo que al Interamericano o algo así. Con nombre completo en el epígrafe y todo. Un vecino más grande, un señor adolescente, me lo mostró en la parada del colectivo cuando yo iba a la escuela. Al mediodía volví y el edificio era un soberano despelote: la mitad en la entrada con los periodistas de los diarios (¡habían ido con fotógrafos!), una cuarta parte en los pasillos y el resto discretamente en su casa atento a la radio. El vecino del quinto había resultado ya no un ladrón sino el jefe de una banda y encima el robo, consumado, había sido grande, muy grande. En sí mismo el todo descripto alcanzaría para revelar lo suficiente si no fuese por un detalle que lo viraba de delictivo a siniestro: Manuel era policía.

Estuvo algunos años preso, no muchos. Fue ahí cuando mi madre de alguna manera se solidarizó con la esposa y se convirtió para ella en una vecina de referencia. Tenía dos hijos muy chicos, varón el mayor y nena la pequeña, casi una bebé: mucho para estar tan sola tan de golpe. Mi madre, entonces, le prestaba el teléfono y de vez en cuando la oreja y cada tanto un huevo, un tomate, una taza de pan rallado. Yo, en esta historia, era el infante siempre perjudicado por los mayores: iba, venía, llevaba, traía. La distancia era apenas el palier pero para mí era interminable y fastidiosa y siempre significaba la interrupción de algo mejor.

Después Manuel salió de la cárcel. Y volvió a su casa como si nada. No se lo veía mucho, es cierto, pero al menos para mí no parecía un tipo que había estado preso, si bien tampoco podría definir, ni a los diez años ni ahora, cómo se debería ver un hombre que estuvo preso. Sí me parecía un bicho extraño, una especie de rata de laboratorio en el lugar equivocado e incluso algo en su cara, en su forma de hablar, me resultaba gracioso. La relación de su esposa con mi madre cambió radicalmente en gran parte por la resistencia de mi padre a entablar cualquier forma de relación, por muy indirecta, con él. Razones no le faltaban, claro, aunque eso también lo supe muchos años después: si bien no había vuelto a la Fuerza, al menos no oficialmente, eran años oscuros y demenciales y gente como Manuel tenía trabajo de sobra. Y se evidenciaba fácil, máxime con la impunidad de cómplice: una noche le tocó el timbre a su propia esposa disfrazado con peluca rubia y lentes oscuros y con una Itaka apuntándole al medio de la cabeza sólo para demostrarle de los peligros de abrir la puerta sin utilizar la mirilla.

No sé cómo mi padre al menos lo intuía y durante unos meses cada llamado desde allende la cordillera era motivo de disputa en mi casa. Mi madre, solidaria y compasiva, parecía poder tolerar esos minutos semanales de presencia. Mi padre no. Y cuando un mediodía fue Manuel quien se acercó a atender el llamado mi padre dio por concluido el asunto y le pidió cortésmente que no volviera nunca más. Y así, con los meses poco a poco él se me hizo casi invisible y la esposa casi ni aparecía por mi casa, los huevos ahora alcanzaban siempre y Mendoza debe haber sido la primera provincia en quedarse sin líneas telefónicas. Y un día quedó tan lejos que cuando se me dio por reparar en los vecinos resultó que hacía más de un mes se habían ido a esos confines extraños del universo. Y yo y mis diez, once años, seguimos la vida como si nunca hubiesen existido.

Pero quedó algo, un viejo cassette TDK, de esos grises tan horribles como duros y resistentes, que busqué y encontré, previo rastreo casi arqueológico a la casa paterna. Y que resulta lo revelador del relato.

En esos diez, once años, a mis amigos y a mí nos gustaba mucho la música. No distinguíamos mucho de géneros, coherencias y relaciones: nos podía conmover Queen y a la vuelta nos deshacíamos por Village People (al menos no escuchábamos Menudo). Nuestra afición era por todos conocida. Era común ver a cualquiera de nosotros con pilas de discos de vinilo por los pasillos y cada uno tenía su habitación correspondientemente empapelada con pelilargos y guitarras. Manuel también lo sabía, supongo por comentarios de su esposa, y, en esa época en que los tire y afloje entre mis progenitores todavía permitían algún llamado y en consecuencia alguna visita a mi casa, un día me propuso que le grabara música, cualquiera, en un carretel de ocho horas de un viejo grabador de cinta.

Con la ayuda de un amigo logré conectar el armatoste al combinado, una modernidad, y me dispuse a grabar lo que se me ocurriese, cosa que efectivamente hice durante una semana. Pero luego me aburrió y una tarde de calor, en compañía de mi amigo, decidí accionar la palanca a ver qué había en esas cintas y sólo recuerdo escuchar a alguien decir enojado “pija” y “concha” y tirarme al suelo de la risa: en esa época de híper censura y humor demasiado común tener acceso a una puteada semejante era un privilegio. Y recuerdo algún reto de mi madre que yo creí motivado en esas palabras y entonces con mi amigo decidimos grabarlas a espaldas de ella, no podíamos perdernos semejante diversión. Y entonces utilicé el TDK gris.

El aparato desapareció de mi casa el mismo día, si bien yo reparé en su ausencia no sé cuántas semanas después. Y me olvidé por completo de él y también de aquel cassette grabado con mi amigo. Y treinta años después, cuando entiendo algunas cosas más, no muchas, apareció y me aclaró que la cosa era un juicio interno o semejante de un grupo de la lucha armada (no importa ahora cuál, no me interesan las lecturas fáciles cuando la historia ya fue escrita, el pasto de muchos imbéciles). El dizque juez decía pija y decía concha (“¡ustedes viven en un mundo donde la pija es un monumento y la concha un monumento!”) porque se trataba de una parejita que por sus deslices de parejita había frustrado un operativo, o algo así. No quise escuchar más. La calidad sonora de tantos años no ayuda mucho tampoco. Ni tiene sentido.

Ese testimonio dice mucho más, o al menos su sentido verdadero no está en sí mismo, en lo anecdótico, sino en su siniestra representación: hubo una época en que había gente como Manuel, cuya esencia le permitía darle un botín de una guerra sucia a un chico de diez años para que jugase y, de paso, le borrase las pruebas. Y hoy hay gente que, si vive, puede que esté a la sombra de un árbol de su propio jardín, en algún lugar de Cuyo, mientras ve cómo crecen los geranios y sonríe a la espera de la cariñosa visita de sus nietos. Y para otra gente hasta pueden llegar a ser los mejores vecinos del universo. Hasta que un día los noticieros lo presentan en sociedad y ahí se les revela: en verdad era un hijo de puta.


Pero lo de siempre: lo supimos muchos años después.


19 de enero de 2009

CAMISETAS VERDE PETROLEO

1. La FIFA va a inaugurar ahora la versión en árabe de su sitio oficial. Podría ser un detalle sin importancia, de hecho tal vez lo sea. Pero puede que a su manera sea el principio de la conclusión de aquel plan que comenzó con la Copa Rey Fahd, el precedente de la ya popular Copa Confederaciones. Los argentinos la recordamos muy bien: la selección nacional la ganó en aquella primera edición. ¿Los rivales? Eliminatoria con Costa de Marfil y final con Arabia Saudita (no se rían: en su momento, Alfio Basile la chapeaba con orgullo casi al mismo nivel que las dos Copa América que obtuvo). Aquella fundacional Copa Rey Fahd se jugó en Arabia Saudita (el otro invitado fue Estados Unidos), en el estadio Rey Fahd y con la presencia del Rey Fahd en los palcos. La canchita, vale el detalle en función de este texto, tiene baños cuyas canillas están recubiertas de oro, entre otras nimiedades (ahórrense los chistes fáciles sobre el destino de semejante grifería en la Bombonera).

2. En 1992, cuando se inventó la Copa Confederaciones (pasó a llamarse así cuando el Rey Fahd cayó en desgracia por cuestiones de salud, pero insisten con sancionar a un jugador que muestre un mensaje de apoyo a Palestina), la FIFA empezaba también a pergeñar uno de sus máximos logros: el proyecto GOAL. Básicamente se trata de aportar dinero y desarrollo deportivo en aquellos lugares en los que todavía la pelota no es del todo redonda. Pero en verdad se trata de expandir cada vez más los límites del negocio. Uno de los primeros beneficiados fue Trinidad y Tobago. ¿Se acuerdan del exótico Trinidad y Tobago que catorce años después jugó el Mundial de Alemania?

3. A propósito: en 1992 todavía eran veinticuatro los países que llegaban a la instancia final de Mundial. En 1998, cuando el proyecto estaba crecidito, ya pasaron a treinta y dos. Por si todavía no queda claro: en el 2006, después del GOAL, el partido de primera ronda entre Corea del Sur y Togo cotizaba en Trinidad y Tobago los mismos millones que en el resto del planeta futbolero. Ese es el detalle: en los países árabes hay mucha, pero mucha, plata. Ahora les tiene que gustar el fútbol, pero como a diferencia de los beneficiarios del GOAL no son pobres, la FIFA en vez de mandarles plata les organiza campeonatos y santo remedio (sobre todo para mirar cómo lo juegan los otros, porque ellos... Hasta no hace mucho Direct TV tenía un canal de Arabia Saudita en el que más de una vez miré hasta veinte minutos de corrido de algún partido de la liga local... Dios, lo bien que hacen en dedicarse al petróleo).

4. La cosa empieza a funcionar: el Manchester City compró al brasileño Kaká en ciento veinte millones de euros, un exabrupto financiero por donde se lo mire. Ocurre que el Manchester City fue comprado por el jeque Mansur Bin Zayed, miembro de la familia que reina en Abu Dabi, uno de los siete emiratos de los Emiratos Árabes Unidos, ahí donde tienen petróleo hasta para lavarse los dientes. Para él, es una inversión un poquito grande, no más. Entre el club y Robinho y ahora Kaká se debe llevar gastados unos quinientos millones de euros. Es que cuando emprenden un proyecto lo hacen a lo grande.

5. “La televisión ha hecho del deporte un espectáculo después de haber hecho del espectáculo un negocio”, explicó el especialista francés Jean Meynaud. La FIFA lo puso en práctica a partir de Italia ’90, el primer Mundial con glamour y estilo y cuya final fue vista por cuatrocientos millones de personas en vivo y en directo. Casi podría arriesgarse que ahí está el germen, el quid de la cuestión. Luego fue sólo cuestión de encontrar la manera de replicar el negocio hasta el infinito. A la FIFA no le alcanza ser la multinacional con más facturación anual en todo el mundo ni con que Beckham vaya un ratito al Milan para vender más caros los derechos televisivos (sí, es la UEFA, pero Europa sin la FIFA no hace nada), siempre va por más. Ahora es el turno de los países petroleros, donde juegan un fútbol horrible y donde da la impresión --perdón pero es la percepción sobre la realidad-- de que no entienden mucho la redondez de la pelota. Pero es lo de menos. Mientras un jeque mantenga la rueda andando y mientras los baños de los estadios tengan canillas de oro, lo demás es secundario. Hasta en eso acierta la FIFA.

Si los quisieran hacer jugar a la pelota en serio, se les termina el negocio a todos.

6 de enero de 2009

ALGUNOS INDICIOS DE QUE SERA UN AÑO RARO

1. Papá Noel se compró un iPhone

Un estadounidense, el profesor de Ingeniería Larry Silverberg, no quiso desilusionar a su hijo acerca de la existencia de Papá Noel (ese cementerio de comida chatarra que nos quieren vender desde chicos como el policía de los regalos) y por eso optó por una explicación científica sobre las maneras del barbudo. Y así le habló a su crío sobre los esquemas de tuberías con los cuales capta el pensamiento de los chicos, sobre la teoría de la relatividad, sobre nanotecnología y hasta sobre la continuidad tiempo espacio. Tratar de convencer a un chiquito con un poco de ilusión parece mucho para la era de You Tube y la publicidad.

Pero está bien: es un Papá Noel acorde a la época. Podría haberle hablado también del GPS con sensor moral con el que encuentra las chimeneas de los chicos buenos, pero parece que no se le ocurrió. La época, todo hay que decirlo, ayuda a las ideas renovadoras: al menos así podría decirle a su niño que los chicos musulmanes no reciben regalos de Papá Noel porque sencillamente son malos. De nacimiento.

El chiquito, una vez finalizada la exposición catedrática, no supo si pedir un regalo o una pasantía en el MIT. Y para la próxima, algún norteamericano va a explicar la resurrección de Cristo como un truco informático.

Al menos tendría más sentido.

2. La intrascendencia es una noticia vieja

Las noticias dicen que un accidente de avión se transmitió por Internet. Fue un pasajero de un vuelo que iba a Houston pero se cayó en Denver. El hombre se tiró por el tobogán de emergencia, corrió para escapar del incendio y sacó su iPhone para capturar imágenes (que es distinto a sacar fotos) y mandar su primer mensaje a un microblogging: “Mierda, acabo de salir de un accidente de avión”. Y, sí, tenía ganas de contarlo.

Después siguió así por cuatro horas, mandando imágenes y textos cortos a Twitter, el microblogging en cuestión. Se trata de páginas en las que los usuarios pueden enviar sus mensajes en tiempo real desde sus telefonitos. Los msjs no pueden tener más de ciento cuarenta caracteres (hasta antes del paréntesis la frase tiene cincuenta y nueve, para que se dé una idea): no se puede profundizar demasiado.

Pero parece que no importa porque el recurso genera cada vez más adeptos, si bien, al estilo de los medios tradicionales, tuvo que esperar la llegada de la tragedia para trascender como noticia. El estilo de los usuarios es más bien un híbrido entre elíptico y demasiado pedestre: “voy a ducharme”, “hoy tuve mi primera cita con una chica, sé que va a ser mi mujer”, “el perro me abrió la puerta, me causó mucha gracia”. Y así. Un diario íntimo en eslóganes. Al menos hasta que alguno de los que sale a las corridas de un accidente aéreo les cuenta eso, que acaba de salir a las corridas de un accidente aéreo. Pero cuál es la noticia: el accidente aéreo o que un sobreviviente mandó mensajes mientras las tuercas del avión le pasaban por al lado. Menudo problema.

Pero es lo de menos: mientras se utilice a quién le importa. Hace mucho rato que la intrascendencia, según explicó Neil Potsman, fue elevada a la categoría de noticia: ocurrió en el momento en que a Morse se le ocurrió inventar el telégrafo. Potsman, muy resumido, explica que con el nuevo aparato comprendieron en seguida que se podía comunicar algo en tiempo real desde Maine hasta Texas, pero no se preguntaron si Maine tendría algo que comunicarle a Texas. El telégrafo no sólo permitía esa comunicación: a su manera la exigía.

Luego vinieron los medios, luego la televisión, luego Internet, luego los telefonitos... Y los blogs ni les digo.

A propósito: me acabo de tomar un vaso de seven up.

3. Como no hay regalos, no hay avión.

Finalmente pasó: una familia musulmana fue bajada de un avión por sospechosa. En Estados Unidos, claro. Ocurrió el primer día del año (empezaron con todo), en un vuelo que había despegado de Washington a Orlando. Al parecer los pasajeros se quejaron cuando los escucharon preguntarse cuál sería el lugar más seguro del avión para sentarse. La protesta creció y la empresa, AirTran, los bajó y santo remedio.

Luego se supo que la familia era norteamericana y que las barbas y los pañuelos femeninos no ocultaban ninguna bomba. Intercedió el FBI y pudieron continuar viaje, pero en otra empresa, eso sí.

Entre los objetados por la moral del colesterol, detalle, había tres niños. El pánico del 11-S sumado a la idiotez como estilo de vida da un resultado catastrófico: suponen no sólo que los terroristas van a intentar el mismo recurso (nunca entendieron el concepto de factor sorpresa) sino que además lo van a anunciar y encima van a llevar a la familia. Dios...

Pero está bien. Ahora que tienen un presidente negro la tienen que canalizar por otro lado.

A ver si se quedan sin villanos fáciles.

Bonus track: dos noticias.

“La industria del sexo, la única que se salva de la recesión en Estados Unidos” (23 de diciembre).

“Pronostican que crecerán las conexiones en banda ancha en el 2009” (sábado 3 de enero).

Je.

22 de diciembre de 2008


GRACIAS DE TRES AÑOS (Síndrome de fin de año)

El blog cumple los tres años, ya puede hablarse algo de corrido. Es cuestión de aprovecharlo: por vez primera, nobleza obliga, nos dedicaremos a los necesarios agradecimientos. Sabrán disculpar las voluntarias omisiones.

A mis amigas Edith y Mónica. La idea de un blog, lo confieso, no me entusiasmaba demasiado, pero ellas, tal vez para que dejara de hablarles de ideas raras y libros releídos hasta la disección –o en otro sentido para que dejara de romperles las pelotas—lograron convencerme. En verdad, casi lo abren ellas por mí. La verdad estuvo bueno. Ahora se los agradezco: puedo decir boludeces a granel y encima las leen.

A Verito, la corresponsal exclusiva desde la otra generación, a quien cada tanto recuperamos. Ella no lo sabe, pero está destinada a la genialidad. Nuestra única pluma invitada hasta el momento; veremos qué se puede hacer para los cuatro años. Veremos en qué anda Verito en un año. Y le agradecemos particularmente el regalo, lealo aquí debajo.

A casi todos mis colegas de la Falcone. Je, algún día los tenía que nombrar, ahora que me bajo por un tiempo es un buen momento para hacerlo. No tanto por leerlo (tres de los cinco son de ahí) sino por las motivaciones para hacerlo, sentencia que reúne en sí misma todas las interpretaciones posibles. Si bien en líneas generales el sistema educativo es por sí solo una invitación al análisis del absurdo, la cercanía permite una mirada más profunda. Y permite descubrir también cuáles son los márgenes de maniobra. Es un problema de voluntades, tal vez algún día lo entendamos.

A muchos de ellos les agradezco el diálogo, la mirada. Ellos saben quiénes son.
Hay muchos Pablos, no es casualidad supongo.

Pero agradezco también el alimento del blog (en especial a la profesora Palabrotaz: hay episodios que por inolvidables son reveladores, o viceversa). Acuérdense: hablamos de un sistema que permite que un profesor de educación física sea director de una institución fundada en la enseñanza. Cualquier cosa que hablemos sobre él debería ser de ahí para abajo.

A mis alumnos de estos últimos seis años, a los que me padecieron en el secundario y a los que me sufrieron en el terciario. Pero algo se llevaron, eso me tranquiliza. Y les agradezco por todo lo que me hicieron crecer. Ellos no lo saben, pero muchas de las ideas retorcidas de este blog fueron clases previamente. O sí, lo saben, pero siempre me supusieron insano entonces siguieron adelante. En fin. Y un agradecimiento especial a los niñitos de quinto primera 2008, por el orgullo de haber sido profesor de ellos. De cualquier manera, gracias.

A los colegas de la prensa que tuvieron el atrevimiento de hacerme algún comentario del blog. Es gratificante de verdad, no es un gremio que se caracterice por el reconocimiento. Son pocos, también saben quiénes son, pero llena.

A los que lo leen y nunca me entero. Supongo que alguno existe.

A Paula. Lee previamente, sugiere, corrige ideas, tiene mucha paciencia, digamos. Todos los textos son, en algún lugar, también de ella.


Finalmente, un agradecimiento especial a los anunciantes, a la televisión por cable, a los pastores evangelistas, a la policía canadiense, al doctor Bilardo, a las tandas comerciales, a los profesores de instrucción física, a la bonaerense, al Departamento de Estado de Estados Unidos, a Luis D'Elía, a Moyano, a Eduardo Aliverti, al diario Sur, y a todos quienes nos hacen ver lo bueno de elegir apenas en qué lugar de la vida pararse. Así pensamos los que hacemos Criollitas.

Y ahora vamos por los cuatro. Hasta la próxima.

PD: No es usted, este texto está en tipografía más chica.
NAVIDAD NO LE IMPORTA A NADIE

Escribe VERÓNICA IACONA
(Corresponsal exclusiva desde la otra generación)

El blog cumple años y es cierto que amerita un buen regalo. No que vaya a ser un buen regalo lo que escriba, o el hecho de escribirlo siquiera. Pero todos lo sabemos: lo que importa es la intención.

Así que de tanta intención y de tanta insistencia me dispuse a que salga algo. Es hora de salir del táper de jamón y ver qué pasa con, y en, el resto del mundo.

Pero a pesar de haber estado revisando y ultra revisando diarios y revistas durante una semana entera no encontré nada que me llamara la atención (y tampoco podría decir que me siento más informada). ¿Qué hago?

Le regalo a este blog entonces el artículo vacío y con él una buena excusa: el espacio para que las diferencias generacionales salgan a la luz y nos permitan pensar por qué es que yo, no yo en particular sino todos los de mi calaña, no logramos interesarnos por nada que nos digan los medios. ¿Será escepticismo? ¿Desgano? ¿Estará realmente perdida la juventud o estarán realmente perdidos los que hacen los diarios?

Definitivamente algo anda mal.

Pero hagamos como hacen todos (los que hacen los diarios, los políticos, los chicos, los grandes, los viejos) y no nos preocupemos en época de festejo. Total, problemas va a haber siempre, mejor nos ocupamos mañana.

¡Felices tres años blog! Impresionante que hayas aprendido a caminar, hablar y a ser tan ácido en tan poco tiempo, y eso que recién estás dejando los pañales.

16 de diciembre de 2008

ESTE BLOG TAMBIÉN TIENE TÚNEL DEL TIEMPO

“Yo la volvería a votar a la señora Cristina, gracias a ella volvimos a comer lomo. ¡Lomo, Luis! Hacía años que no comíamos lomo, ya ni sabíamos qué era. Yo no digo que las cosas estén bien, pero volvimos a comer lomo. Un beso, muy lindo el programa”.

El mensaje ocurrió el lunes a la tarde, en el programa de Luis Majul. La propuesta a los oyentes era llamar para saber si a partir de la tablita de Machinea y las últimas medidas económicas, volverían a votar a Cristina Fernández. Y en algún momento de la emisión cayó el mensaje.

Me remitió a una de las primera entradas de este blog, que ya está crecidito. Y como no voy a esperar que alguno de los cinco lectores (este año se sumaron dos) la busque en el archivo, la vuelvo a publicar aquí debajo tal cual aquella vez. Es interesante ver cómo funcionan algunas cosas: la señora del mensaje se pudo dar un lujo. Cómo no la va a votar.

A propósito: la similitud partidaria de los aludidos, es mera coincidencia.


(Publicado el 7 de abril del 2006)

NADA POR GUSTO

El folleto se reparte por estos días en distintos puntos de La Matanza, tierra peronista si las hay. Son de la agrupación Matanza Avanza (no explican a dónde) y proponen la intendencia de un tal Fernando Espinoza. El folleto, en una de sus caras, dice “Compremos mejor”, y luego elabora una serie de consejos para hacerlo tales como llevar un listado previo, verificar la correspondencia de precios entre lo exhibido y lo cobrado, y algunas más. Una buena intención, podría pensarse, al fin y al cabo nunca está de más este tipo de consejos, máxime para la gente mayor. Sin embargo, el otro lado del folleto lo explica mucho mejor y más sucinto: Compre sólo lo necesario.

Ahora sí. Ahí te agarré. Ese es el punto: compre sólo lo necesario. ¿Por qué? Porque así le va a rendir más y mejor el dinero del que dispone (que no es mucho, claro) y no se va a dejar estafar por los comerciantes. Pero también, preste atención, por que no le queda más remedio. ¿Comprarse algo por gusto? Imposible, cómo se va a dar un gusto. No le queda más remedio, porque apenas va a poder comprar eso, lo necesario, así que no se distraiga con tentaciones absurdas como un chocolate para después de la cena o una botella de vino más o menos bueno para el fin de semana. Lo necesario, sólo lo necesario porque nosotros nunca le vamos a dar para que pueda hacer otra cosa.

(Curiosa remisión que dejo al final, y que pertenece al capítulo tres de 1984, de George Orwell:
“Constituye una táctica deliberada mantener incluso a los grupos favorecidos al borde de la escasez, porque un estado general de escasez aumenta la importancia de los pequeños privilegios y hace que la distinción entre un grupo y otro resulte más evidente”.)
¿Vieron? Para todos los taxistas y comerciantes y docentes e intelectuales varios (y podríamos seguir un buen rato) que insisten con que Jorge Lanata es el director de Página/12, ahí va la prueba. Claro que entre los dos diarios, el teatro, los libros y todo no le queda mucho tiempo para pensar títulos distintos.

¿O será que las frases hechas tomaron el poder y no nos dimos cuenta?

(Perdonen, je. El quiosquero me la dejó servida.)
¿Qué decir?

Comunicado de prensa llegado a las radios, se copia y pega tal cual. Una vez más, sin palabras. Lean.

Subject: Date: Thu, 11 Dec 2008 11:13:03 -0300 COMUNICADO DE PRENSA

EL GREMIO DE CAMIONERO Y LOS DISTRIBUCIÓN DE DIARIO Y REVISTA,TENDRA LA ULTIMA AUDIENCIA EN MINISTERIO DE TRABAJO EN LA CALLEALLEN, A LAS 16 HS SI NO SE LLEGA A UNA ACUERDO NO SE DESCARTA UNPARO Y OLLAS POPULAR DICHO ANUNCIO SE ARA DESPUES DE LA REUNION EN LA PUERTA DEL MINISTERIO, EL ANUNCIO LO ARA EL SECRETARIO AJUNTO PABLO MOYANO .

PRENSA Y DIFUSIÓN
HECTOR YUYO LOPEZ
Volanta de Clarín: PAGINAS WEB Y BLOGS DE INTERNET SON SU LUGAR DE ENCUENTRO.

O en otro sentido, cómo ser tan redundante para editar un titulado. Y no era una cuestión de espacios...

Sugerencia para el Deportivo: En las canchas de fútbol se juegan partidos de fútbol.

12 de diciembre de 2008


4. MAMUT


Me contó alguien que Mamut se murió. Que lo mataron, hace unos meses. Mamut fue un compañero de la secundaria. Era alto normal, pero igual de ancho. Usaba el pelo largo a los costados y caminaba con las piernas abiertas y el torso un poco hacia delante. Como si en vez de caminar arremetiera. No sé cómo se llamaba, creo que nunca lo supe. El que me lo contó lo conocía un poco más, por eso vio la cosa como una conclusión irreductible: cómo y dónde iba a terminar Mamut si no era así, reventado de un par de tiros en una salidera.

Es cierto. Cuesta pensarle otro destino posible a alguien como Mamut. En la nocturna donde terminé, a veces se iba en los recreos a arrebatarse algo por Santa Fe. Una noche, en medio de una ronda de faso en el patio de la escuela, me regaló un compacto de Sting. Los discos compactos, si bien ya popularizados, eran todavía una rareza, y mucho más sin cajita y de manos de Mamut. “Estaba adentro del aparato que le saqué a un concheto”, fue su elíptica explicación.

A veces pienso que todo pasó en esa época. Tengo derecho a pensarlo: fue ahí donde crecí. En los ochenta. No mistifico, una vez escuché a algún locutor con cierta fama decir “el que se acuerda de los ochenta es porque no los vivió” y me pareció una tremenda estupidez (luego supe que era de Paul Mc Cartney en referencia a los sesenta: entendí que además de estúpida es una conveniente, y berreta, destilación). Sólo que se me ocurre lo contrario: mirarlos para entender qué pasó. Y para tratar de entender por qué no nos mueve un pelo que a Mamut lo hayan matado. Haber compartido algunas cervezas en peñas escolares al menos debería darnos un motivo para un poco de pena.

Pero no.

Tal vez porque cada uno de nosotros tiene su propia historia en este derrotero, es lo más probable. Tal vez porque ninguno de nosotros, por lo anterior, está dispuesto a reconocerse en esta historia: implicaría reconocer cuál es nuestro lugar (y no se trata de estar de un lado o del otro, de tener un hábito u otro, de buenos o malos. En el mejor de los casos Mamut nos resultaba divertido, y en el peor de los casos le comprábamos pastillas).

O tal vez porque la cosa se bifurcó después: si lo conocíamos a Mamut era porque en algún lugar del camino hicimos algunos metros juntos. La diferencia, la bifurcación que existía pero que no se veía como tal, siquiera se veía, estaba en un adelante improbable, y sabrá Mandinga cómo y por qué cada uno agarró por donde agarró. En cierto sentido no deberían ser diferencias significativas, esa coincidencia en el tiempo y el espacio se dio en una escuela, lo cual motiva a pensar que también durante esos metros las posibilidades fueron las mismas para todos nosotros.

Y se puede pensar que sí, y se puede pensar que no, y se puede pensar que quizás. Y las tres opciones son verdad. Eso es lo complejo. En qué momento las decisiones son distintas, cuándo dejamos de compartir una cerveza con alguna gente, y por qué. Me acuerdo de Sartre: nos pasamos la vida preguntándonos qué hicieron de nosotros, y la verdadera pregunta es qué hicimos nosotros con lo que hicieron de nosotros. Lo interesante, en verdad, es cuán abarcativo nos resultaba el nosotros. ¿Qué otra opción le dimos a Mamut? ¿Estábamos dispuestos a incluirlo en el nosotros o fuimos también los primeros en usar remeras del Che? Algo intuíamos sobre sus elecciones de vida, pero nos divertía. En el barco, en aquel entonces, estábamos todos. Mis amigos y yo no salíamos a robar, pero no le hace: es nimio cuando uno lo dimensiona –en honor a mi amiga Mónica, redentora de ideas difíciles— con memoria histórica. A diferencia de otras realidades, mejores y peores, estábamos en los lugares de posibles elecciones. Y nos importó sólo la propia.

No sé si todo pasó en esa época, me permito dudarlo mucho, pero sí algo importante pasó: fue el inicio de un quiebre mucho más profundo (herencia de la dictadura supongo, desde el cinismo más abyecto que soy capaz de permitirme sé claramente que triunfaron, y por lejos). Y no lo vimos venir. O sí, lo vimos, pero nos hicimos los boludos. Mi psicóloga me diría “mecanismo de defensa”. Eufemismos de intelectuales. Es mucho más llano reconocer que nos volvimos espontáneamente cínicos. Cuando vimos la luz verde nos mandamos, pero dejamos al cieguito en la esquina. Y veinte años después, cuando nos enteramos que un auto le pasó por arriba, a todo lo que atinamos es a decir que lo imaginábamos.

Que cómo no lo iban a matar si se quedó parado en la esquina.

9 de diciembre de 2008

YO ROBOT, TU CONSUMIDOR

1) En Japón experimentan con un robot que ayuda a hacer las compras. No sólo va con la anciana solitaria al supermercado, sino que además le aconseja qué comprar (pero al parecer no aconseja sobre qué no comprar). El modelo se llama Robovie II, luego cada quién le pondrá el nombre que le guste, y si bien sus creadores lo anuncian como muy similar a un ser humano, en verdad es más parecido a un maniquí.

2) Robovie fue probado en estos días en un centro comercial de Osaka. Se acercaba a los clientes que veía indecisos y le sugería el producto a adquirir, si bien no especificaron cómo. Dicen, entre otras cosas el engendro puede distinguir en la forma de caminar de las personas si encaran un local con decisión o si van a la que sí que no. Y luego actuará en consecuencia. Una de las maneras probadas fue la de publicidades parlantes y explicadas: el robotito casi le cantaba un jingle para convencerlo.

3) Hubo otros modelos en la prueba, si bien no tan trascendentes como la estrella Robovie. Pero sí igual de pretenciosos: el Wakamaru (también es nombre genérico) se jacta de poder presumir lo que la gente necesita, como si fuera un Teletubbie. Para ello registra cuáles son los productos que el cliente mira y luego se acerca y le emite avisos referidos a esos gustos en una pantallita en su pechito metalizadito. La paranoia de la sociedad de consumo por antonomasia: el aviso le habla y lo persigue.

4) Takaaki Akimoto, director del Intelligence Robotics and Communication Laboratories, donde se desarrollan los robots, dijo que en el futuro podrían servir como medio de promoción. ¿Por qué en el futuro? Porque en verdad los concibieron, dicen, para ayuda de ancianos o personas que necesitan asistencia; e incluso, también más adelante, como mascotas cibertrónicas. Suena lindo: Japón tiene un serio problema de contención social a la tercera edad. Pero las pruebitas piloto lo desmienten: fue en centros comerciales y con avisos personalizados. Y ni un viejito cerca.

5) El filósofo Alan Turing, uno de los teóricos sobre inteligencia artificial más respetados, propuso “la prueba de Turing”: un ordenador manifiesta una inteligencia similar a la humana cuando una persona que se comunica con él a la distancia no puede diferenciarlo de un ser humano. En otro sentido: cuando puede engañarnos. En unas de las fases de su prueba, Turing le ordenó a la computadora mover unos cubos y encastrarlos en diferentes superficies. Luego le preguntó: ¿Por qué lo hiciste? La máquina respondió: Por qué tú me lo pediste. El problema, ahora, es que son ellos los que van a pedir.

Me parece que Asimov no estuvo ni cerca.

27 de noviembre de 2008

EL DIA DE LOS INFELICES

1) 22 de noviembre, Día Mundial de la Televisión. Unos días antes, se dio a conocer el resultado de un informe realizado durante decenas de años y cuya conclusión, si bien científica, no debería asombrarnos: la gente que más mira tele es la más infeliz. O al mirar más televisión se vuelve más infeliz, es la otra manera de mirarlo (¿el huevo o la gallina?). En cualquier caso, el estudio nos propone a nosotros, al menos debería, otra manera de preguntarnos por qué miramos la tele.

2) El estudio, realizado por sociólogos de la universidad de Maryland, consistió en el análisis de la información de cuarenta y cinco mil personas durante treinta y cuatro años. Y así llegaron a la conclusión. Como dato estadístico dicen que la gente infeliz ve en promedio un treinta por ciento más que los felices. No parece tanto y tal vez no lo sea, pero de seguro es significativo.

3) ¿Qué miramos cuando miramos la televisión? Respuesta obvia: la televisión. Pero en la obviedad, está dicho, se esconden los postulados peligrosos: no miramos programas, miramos lo que ella está dispuesta a ofrecer. Los sociólogos dicen que es un paquete cerrado porque no hay interacción ni tienen elección, el televidente siempre es pasivo. Y es verdad. Pero tal vez resultara interesante profundizar cuánto implica esa pasividad. En líneas generales, un consumidor pasivo no es la misma cosa que un consumidor conciente.

4) Como contrapartida, la gente que dijo sentirse feliz prefiere las salidas, el sexo y los encuentros con amigos en lugar de mirar televisión. Pero no siempre: miran menos, pero miran. Todos miramos. Tal vez ahí esté una de las claves. Si de llenar vacíos se trata, qué mejor que la pasividad, que el cerebro apagado: nada exige a cambio más que estar ahí, y con sólo estar ahí nos brinda un universo de emociones fáciles y de molde. Hasta tiene esa virtud: hay sensaciones para elegir. Es cuestión de un poco de zapping.

5) Dicen que la televisión entretiene, y es verdad. En cualquiera de sus formas, desde las series hasta los noticieros pasando por todas las variables imaginables y por imaginar, el formato sólo exige una premisa inclaudicable: tiene que entretener. Y está bien. La pregunta es por qué los televidentes sólo quieren entretenerse, siempre. El estudio tal vez nos dé una pista. En un mundo en el que ya no caben más motivos para ser infelices, entendido esto en función de los propios parámetros televisivos (al fin y al cabo los únicos que parecen valer la pena, de eso se trata), ella siempre nos podrá arrancar una sonrisa, sin importar de qué nos vamos a reír.

Y lo mejor: sin que nos importe no saberlo.

24 de noviembre de 2008


ENCONTRARON LA SALIDA

Con esta onda de buen vecino con que intenta gobernar el Pro (no hay nada asombroso: así hicieron la campaña), descubrieron una nueva fuente de trabajo: los avisa cosas. Una persona con un cartel que explica que a partir de ese cartel la calle, o la esquina o el semáforo, está en arreglo, sepa disculpar las molestias. Ojo los docentes: con esta obsesión liberaloide de don Narodowsky por la cantidad, puede que las vacaciones se acorten: en el veranito siempre hay calles por arreglar.

Pero, sin broma, está bien: generan empleo. Seguramente la chica de la foto cobra un sueldo en blanco con obra social y el gobierno realiza todos los aportes y paga todos sus seguros. Es lo que dijo don Macri que iba a pasar con todo el empleo en la ciudad.

¿Por qué no creerle?