14 de julio de 2009


LA VIDA POR LA CAMISETA

1. Un jugador de fútbol asesinó a un hincha a balazos. Fue en Colombia. Javier Flórez, del Atlético Junior, le disparó a un electricista que no paraba de recriminarle por su mala actuación en la final contra el Once Caldas. Y fue una semana antes de que se cumpliesen quince años del asesinato del defensor Andrés Escobar a causa de aquel gol en contra en el Mundial de Estados Unidos, frente a los locales. El gol más trágico de la historia resultó en ese momento por el impacto de la noticia en sí misma. Hoy podría serlo porque resulta revelador.


2. Las cosas entre los hinchas y Flórez, parece, estaban mal desde antes, y en la mentada final salió reemplazado en el segundo tiempo y en la entrega de medallas lo despidió una furibunda rechifla. Lo de siempre: alguien tiene que ser culpable por perder, aceptar la derrota como probabilidad de juego es una estupidez. En general suelen ser los directores técnicos, al menos ellos se van y ya. El caso es que tal vez Flórez sufrió el Síndrome Escobar, y de tanta presión y tanta locura por el miedo que produce perder decidió defenderse antes de que sea tarde, previo paso por la bodega de medio Barranquilla.

3. Que el asunto se generaliza no quedan dudas: en Irak ocurrió la misma cosa pero al revés (o peor, depende de qué manera se lo mire). Un hincha mató a un jugador de un tiro en la cabeza después de un gol. En Bagdad. Según cuentan, el delantero Heidar Kazem, del Siver, murió luego de ser atacado a balazos por un hincha del Al Buhayrat, el perdedor del encuentro. Como atenuante, Irak es un país en guerra. Como agravante, la mayoría del planeta está en guerra, cada país a su manera.

4. Que la cosa se volvió ingobernable hace rato que hay evidencias. Por cientos de motivos, que gente como Pablo Alabarces o Ezequiel Fernández Moores explica mil veces mejor que yo, se depositan en una victoria o derrota de un equipo de fútbol muchos sentidos que deberían estar en otro lado. Es de muchos, y para conveniencia de pocos.


5. Pero puede que omitan un detalle: más crece el negocio, más peligroso se vuelve. Ya no es sólo entre hinchas, o empieza a no serlo. Que Colombia es un país tan dulce como violento es cierto, tan cierto como que cada vez está más cerca de Argentina, y de todo el continente (y tampoco lo digo yo, lo dijo don Fernando Vallejos, lean La virgen de los sicarios). La combinación fútbol – marginalidad – negocio – violencia – armas tendrá, más tarde o más temprano, sus otras derivaciones trágicas.


O las consecuencias de aquel gol en contra de Andrés Escobar.

7 de julio de 2009

UNIRSE A LA MAYORIA

1. Acaba de inaugurarse el primer sitio web para ayudarle a la gente a tomar decisiones (y uno que suponía la imposibilidad de pensar más contenidos virtuales). Se llama Hunch (presentimiento, intuición), y se trata de una red cuyo sentido es que algunos pregunten y otros respondan desde el si yo fuera vos, algo así. Más formal: “ayudar a tomar una decisión personal con la contribución de otros usuarios”. Con lo cual es para preguntarse hasta dónde una decisión consensuada con muchos entes virtuales es una “decisión personal”. O tal vez esta era de virtualidad masiva y anónima reformuló el concepto de “decisión personal”, quién sabe. En verdad, ya lo dijo nuestro célebre Homero en una de sus primeras máximas: “Yo no pienso, sólo me uno a la mayoría”.

2. “Se trata de una red social, seremos guiados a la hora de plantear cualquier tema que podamos resolver de forma personalizada para otros usuarios. Dentro de cada tema indicaremos sus datos y añadiremos cuantas preguntas necesitemos, hasta diez, con sus correspondientes respuestas, configurando un sistema de árbol de decisiones, que en función de la interacción de los usuarios, recibirán una respuesta concreta y personalizada, que podrán aceptar o rechazar”.

3. E’cir: alguien propone un interrogante y los otros usuarios proponen respuestas. Se crea un patrón, se establecen cuáles son las más comunes, y le envían los resultados al interrogador. O de otra forma: proponer que lo mejor es hacer la misma cosa que la mayoría de la gente que usa Internet y es capaz de utilizar redes como esa. Qué jodido. Al menos aclaran que la respuesta se pude aceptar o no, si no es para pensar en qué podría pasar si estos recursos para humanos con tanto tiempo libre como la sociedad de consumo les hace suponer que tienen –incluyo al microblogging en el asunto-- se masifican como los celulares.

4. “Por ahora, sólo aceptan las contribuciones realizadas en inglés, aviso que me acaban por correo privado del staff de Hunch a la hora de crear un tema de ejemplo, lo cual demuestra que detrás de las contribuciones realizadas por los usuarios hay un seguimiento por parte del staff vigilando de cerca las actividades de los mismos usuarios”, se lee en un blog de presentación del engendro. Para que no ocurra la misma cosa que con el Facebook, cuyos efectos colaterales descubrieron cuando ya era tarde, ahora se los avisan de entrada. Después no jodan.

5. Es raro pensarlo, pero hacia delante puede que haya generaciones dispuestas a aceptar que las “decisiones personales” involucran sencillamente a la mayoría (tantas encuestas políticas en los medios durante tantos años y en todo el mundo, empiezan a dar sus frutos). Y si esa mayoría confía a su vez en ella para tomar sus propias decisiones, el camino hacia la gran igualdad está allanado. Un círculo vicioso más, tampoco es nada nuevo, sólo se trata de refinar el camino emprendido. Pensar, al fin, es un trabajo. Por qué no dejárselo a otro y navegar por un sitio en el que dos pandas parlanchines quieren tener hijos mientras esperamos la respuesta.

Homero, por cierto, agradecido.

30 de junio de 2009

HOMBRE BIONICO FULL TIME SE BUSCA

1. Un cineasta canadiense se implantó una cámara en el ojo. En el hueco en donde antes estaba su ojo derecho, para ser honestos. Según cuentan, Rob Spence, de 36 años, recurrió a la tecnología mara matar dos pájaros de un tiro: disimular la ausencia de su ojo y tener una cámara que pueda “grabar cualquier momento con sólo girar la cabeza”. Sí, se sabe, la vida está llena de momentos cinematográficos.

2. “Si perdiste un ojo y tenés un hueco, por qué no meter una cámara ahí”, explica Spence cuando le preguntan los motivos de su decisión (uno podría responderle que porque se dedica a otra cosa, por ejemplo, pero no viene al caso). La prótesis, por si no queda claro, no le devuelve la visión. Es apenas un ojo de mentirita que filma y transmite en vivo por sistemas inalámbricos (¿el emisor estará en la oreja?). Por eso, ya que estamos, el muchacho decidió grabar un documental basado en la gente con la que se puede uno cruzar a diario. A propósito: Andy Warhol emitió una película hecha con una cámara fija en la entrada de un edificio durante horas, hace muchos años. Recién ahora entiendo qué quiso mostrar.

3. La idea tiene sus bemoles a tono progre con la época: le preguntaron a Spence sobre eso de filmar personas sin autorización. “En Toronto hay instaladas doce mil cámaras de vigilancia, y lo raro es que descubrí que a los vecinos no les importaban las cámaras de vigilancia, estaban preocupados por mi ojo con cámara porque les parecía una invasión a la privacidad”, dijo. Es lógico: de movida, las cámaras no hablan ni saludan. Todavía.

3b. Pero Spence omite que las cámaras de seguridad no les molestan a los vecinos (palabrita tan pro en los últimos tiempos) por la sencilla razón de que los vecinos las pidieron. Sí resulta extraña la suposición que desprende: la cámara manejada por una persona, es una cuestión de seguridad; la cámara dentro de una persona, es una invasión a la privacidad.

4. El gobierno porteño lleva a cabo un acuerdo con distintas organizaciones vecinales (¿no les dije?) para llenar de cámaras la ciudad. La pro-puesta es simple: ustedes compren las camaritas y nosotros les damos utilidad y las usamos para monitorear los espacios públicos a fin de protegerlos. De otra forma: garantizamos la vigilancia, por cierto algo bastante distinto a la seguridad, siempre y cuando ustedes nos amorticen el costo por hacerlo. Una manera interesante de unir a la clase dirigente con el llano. Con la meseta en verdad, quiero especificarlo en virtud de los aludidos.

5. ¿Por qué entonces no contratar personas con lesiones oculares a modo de cámaras vivas y permanentes que hasta tendrían la ventaja de entender órdenes subjetivas? Se los pone en los lugares difíciles disfrazados de linyeras, lisiados, lo que sea. Y cada cosa que miran, directo al centro de vigilancia. Podrían generar empleos y llenar de verdad los espacios públicos de cámaras (de gente sin techo están llenos hace rato). Y lo mejor: cualquiera podría filmar cualquier cosa en cualquier momento sin que nadie siquiera lo sospeche, y sin alardear un mamotreto colgado de un semáforo.

Si hasta podría resolver también la celeridad de los procesos judiciales: en un juicio futuro, el hombre de la verdadera cámara testigo podría decirle al juez:

Sí, yo lo vi, espere que rebobino y le muestro.
BREVISIMOS APUNTES SOBRE UN DISCURSO DE CAMPAÑA

- Dijo Cristina Kirchner, en su discurso del lunes posterior a la elección, y en su intento por minimizar la derrota de su marido, que el Pro había perdido más votos que ellos, porque había pasado del sesenta y tres, o cuatro, por ciento de los votos, al treinta por ciento.

Y se queja de la prensa: interesante recorte se mandó la Presidenta. En primera, el Pro sacó ese sesenta y tres por ciento en un ballotage, es decir cuando el ciento por ciento de la gente vota a uno o a otro. Ella sabe que de otra manera es muy difícil, por no decir imposible, sacar esa cantidad de votos, siquiera Alfonsín en plena primavera democrática. Pero aún si se omitiera el detalle (los periodistas, se sabe, somos afectos a omitir detalles), se debe reconocer que las matemáticas no tienen ideologías: la misma lógica le debería indicar a la Presidenta que el Frente para la Victoria, en la misma situación, pasó del treinta y cinco por ciento de los votos al once por ciento.

Y después le echan la culpa a Filmus...


- Dijo De Narváez, unas horas después del cierre de los comicios, que su candidatura a la gobernación de Buenos Aires en 2011 era una posibilidad concreta. Interesante pifia la del hombre del rostro de general de la Gestapo: sin darse cuenta se puso en evidencia.

Su Unión-Pro se pasó la campaña casi entera, junto a Elisa Carrió y su letanía de bolero cristiano, hablando de las candidaturas testimoniales. Hasta lo llevaron a la justicia. Hete aquí que una vez finalizada la elección, el muchacho explicó que se había postulado para un cargo cuyo mandato no piensa cumplir. Hasta donde me enseñaron, períodos legislativos de un año y monedas todavía no hay. Qué sé yo.

¿Será que como lo dijo después nadie se dio cuenta? ¿O será que a Carrió le alcanza con ver tambalear a un gobierno democrático al que todavía le quedan más de dos años de gestión para sentirse feliz?

Qué gente, Dios.

23 de junio de 2009

UNIDOS POR LA CAU$A

1. La Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos (FTC) quiere sancionar un código de ética para los blogs. Entre las motivaciones, se menciona con énfasis la posibilidad de sancionar a los bloggers con él, si bien se reseña una suerte de control de calidad como beneficio para los blogs (algo impracticable por la propia dinámica horizontal de Internet: no sólo cualquiera publica cualquier cosa –este blog es un gran ejemplo—sino que además cualquiera mide cuáles son sus propios parámetros de “calidad”).

2. Al parecer, el problema mayor resulta de ciertos acuerdos económicos de algunos bloggers cuyos sitios son tomados como referencia. En buen romance: hay quienes recibirían dinero a cambio de favorecer ciertos productos o servicios. Cito textual: “Según consideran las autoridades estadounidenses, en muchos la imparcialidad está ausente y se ocultan acuerdos comerciales entre las partes involucradas (los críticos y las marcas o los responsables de los productos y servicios analizados)”. Qué increíble es el avance tecnológico: ya no sólo los periodistas profesionales hacen eso.

3. “Los consumidores que navegan por Internet en busca de reseñas que los ayuden a decidir la compra de un producto no suelen darse cuenta que a veces esas opiniones no son imparciales: muchos autores de blogs reciben regalos, viajes, computadoras, vales de compra y hasta dinero en efectivo a cambio de sus textos. Algunos revelan estos arreglos, otros no”, expresó Deborah Yao, periodista especializada en tecnología y nuevos medios. Mismo remate del punto 2. (Es que valía la pena.)

4. De aprobarse el código, la FTC pasaría a supervisar a los bloggers en forma sistemática, tal como lo hace con los medios de comunicación tradicionales. “El sólo hecho de incluir una imagen publicitaria o un hipervínculo a una tienda online a cambio de una comisión sería suficiente para que un blog esté sujeto a su control”. Suerte que Racing volvió a ser una Asociación Civil, caso contrario me acusarían por publicitar la marca de una empresa con la que tengo conflictos de intereses. (Es por el escudo que está a su derecha, vio.)

5. “Si tienen un motivo económico para decir lo que dicen, eso es algo que el consumidor debe saber”, intentó ponderar Rich Cleland, funcionario de la FTC. Lo cual invita a una cuestión interesante: el periodista profesional, por definición, siempre habla o escribe por motivos económicos: ganar plata. Si hablamos de sobresueldos es otra cosa, pero no estaría mal aclararlo: los periodistas amamos los kioscos. Perdón por la jerga, no encuentro una manera mejor para expresarlo.

6. Pero en verdad lo interesante es que el asunto no contempla nada nuevo, o peor todavía: será que no quieren perder la exclusividad de los beneficios. Dicen que muchos bloggers reciben regalos y viajes. Pues bien: no conozco un solo colega que no haya recibido algún regalo más o menos importante (regalos de ocasión, cientos). Luego, será la ética profesional de cada quién definir cuánto influye algo así a la hora de hablar. Conozco periodistas que han recibido una lapicera Mont Blanc* cercana a los dos mil dólares y cuya relación con el regalón, luego del obsequio, fue igual de nula que antes. Y conozco periodistas capaces de pasar una factura por dos vasos de whisky de un sábado a la noche como gastos de producción. No sé si mesplico.

7. Pregunto: ¿El periodismo de Turismo qué creen que es? Y lo sé porque tuve la suerte de hacerlo: viajes en Primera, hoteles de cinco estrellas, de aquí para allá durante una semana en los mejores lugares y con las más increíbles comidas. ¿Qué, es para que al volver escriban pestes en el suplemento del domingo? “Sí, estuve en el Caribe colombiano unos días, hice buceo en las barreras de coral y me harté de langosta y ron doce años en la playa, pero la verdad es una mierda”.

8. La reformulación, en todo caso, debería ser más abarcativa, al fin los blogs, en algún lugar de éste se dijo alguna vez, vinieron a poner en evidencia, a su manera, muchas de las formas del periodismo profesional. Que la gran mayoría no dice nada y es irrelevante es verdad, tanto como lo es que en la misma proporción ocurre con los medios profesionales. Pasa muy a menudo, y es el propio periodista quien dirime estas cuestiones dentro suyo. Para ser francos, en definitiva: generar intereses para recibir contemplaciones es tan viejo como la prensa misma. Ese es el verdadero problema.

El negocio no es para cualquiera.

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* Es sólo una mención a modo ilustrativo, Nosotros y los Medios no tiene ninguna relación con la firma referida ni tampoco le interesan las lapiceras. Ahora, si la cuestión le interesa a Zippo’s, se puede conversar.
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Vaya el agradecimiento al colega, siempre atento, Hernán Vázquez, quien suele proveer a este blog de buen material periodístico.


18 de junio de 2009


10. VOLAR, VOLAR

Anoche me llamó mi padre para contarme que Emilio se suicidó. Que se tiró de la terraza del edificio, piso catorce, de madrugada. A una cuadra del mar. Me dio los pocos detalles que conocía, más por ponerlos en voz alta frente al impacto que por un cierto interés en el cómo. Y me dijo también que era el final de una crónica anunciada. Pero yo no sé si estoy tan de acuerdo.

Emilio era el encargado del edificio donde estaba el departamento costero de mi padre. Partido de la Costa. Lo tuvo durante veinte años, hasta hace poco. Y durante esos veinte años, el encargado fue Emilio. Mis padres se llevaban bien, en líneas generales, con él. A lo largo de un tiempo, la relación con el encargado de un edificio en donde uno tiene un departamento al que visita una dos veces al año se torna inevitable: si uno contabilizaba los días en que iba uno y otro a lo largo de un año, terminaban empatados.

Por eso mis padres y yo llegamos a saber bastante sin proponérnoslo. No importa cuánto ni cómo, pero lo más significativo alcanza al menos para tratar de reconstruir los motivos por los que un hombre de cincuenta y pico de años decide una madrugada que la cosa ya no da para más y que al menos vale la pena probar y darse el gusto de volar aunque el viaje no tenga retorno.

Emilio era de un país limítrofe, y desde su llegada a Argentina se había dedicado a ser encargado del edificio costero. Ahí formó su familia, y ahí logró ahorrar lo suficiente como para tener algún departamento propio para alquilar en el verano. Y no mucho más. Quiero decir: si bien puede parecer exagerado, no se puede contar mucho más de la vida de Emilio, al menos desde su llegada. Antes, hay un detalle: venía del campo pobre de ese país. Venía pobre, muy pobre, y con muchas necesidades.

Tal vez fue por eso que sólo se dedicó a trabajar. Su casa, su lugar, estaba a una cuadra del mar, pero no se permitía ir. Alguna vez, hace mucho, mi propia madre llevó en más de una ocasión a una de las hijas chiquitas del matrimonio. La esposa de Emilio mucho no ayudaba tampoco, o mejor expresado contribuía a hacerlo posible: era ayudante de limpieza del encargado, su esposo, y repartía su tiempo entre los pisos de los pasillos y las compras en el supermercado.

Si bien es extraño, el vano intento por recordar más cosas vuelve más precisa esta historia. No era sólo en temporada veraniega cuando estaba del día a la noche con el overol de rutina y alguna herramienta en la mano, lo que tendría sentido en tanto es ahí cuando los edificios se llenan de turistas: fuera de ella también. En pleno invierno, en otoño, cuando uno cayera al departamento porque sí, ahí estaba Emilio con sus siempre pendientes trabajos. Cuando terminaba la temporada, porque había que volver a la normalidad (concepto ambiguo en un lugar vacacional); en invierno, porque se debía aprovechar que no había nadie; en primavera, porque se acercaba la temporada.

Pero un día algo pasó, cambio de administración y esas cosas, y empezó a no tener tanto trabajo. Ante la imposibilidad física de Emilio para responder a todos los arreglos de los ciento y pico de departamentos, empezaron a contratar servicios externos. Vaya uno a saber qué pasó por su cabeza, alguna vez habló casi de traición, pero lo cierto es que se deprimió. Bien expresado: se enfermó de depresión. Para entonces la relación con algunos de sus hijos no tenía retorno y con los que sí no estaban, habían partido a lugares donde poder estudiar al menos.

La depresión le duró unos años. La última vez que lo vi era casi arrastrado por la mujer en la calle, una tarde de sol. Lo había sacado a pasear y a la media cuadra le rogaba desesperado por volver. La mujer sólo me comentó una cosa: que le habían sacado el servicio de limpieza de los pasillos y que ahora un cualquiera se llevaba la plata de ella.

Desde cierta perspectiva podría tener razón mi padre: fue un final anunciado. Al fin, por algún motivo le habían quitado la única causa de su vida, lo cual equivale al único motivo por el cual estar vivo. Emilio nunca hizo otra cosa que trabajar dentro del edificio. Si juntó algo de dinero, nunca supo qué hacer con él. Y cuando le advirtieron que la naturaleza hacía su parte y que los años significaban el mismo deterioro para todos, tampoco supo qué hacer. Siquiera tenía contención familiar.

Pero yo pienso en el peligro de ciertos mandatos culturales, y de lo fácil que es encontrarle rápido, desde ese lugar, un sentido a esta historia de nacer. A veces esos mandatos concluyen en causa, el problema es que así como se los encuentra con facilidad también se esfuman con facilidad y se reconvierten en tragedia. Y ahí se nos desmorona. No fue por dinero, fue por no tener ninguna razón para no hacerlo. Por eso no estoy seguro del final anunciado: tal vez, en el fondo, Emilio necesitaba sentirse vivo una vez más y por eso salió a la terraza a sentir el fresco, a observar el mar.

Si hasta se dio el gusto de volar.

10 de junio de 2009


LOS MUNDIALES AL PODER

1. Hace poco, el periodista Ezequiel Fernández Moores citaba al francés Jean Meynaud en una de sus (geniales) columnas: “La televisión ha hecho del deporte un espectáculo, después de haber hecho del espectáculo un negocio”. Y tal vez pocas sentencias resulten tan sintéticamente reveladoras: al fin, es ya un hecho irreductible, mal que nos pese, que el negocio-espectáculo se ha devorado al deporte, si bien el deporte todavía nos concede generosamente ciertas esperanzas de que al menos mientras existan once de un lado y once del otro con una pelota en el medio, no todo está perdido.


2. La presidenta Cristina Fernández acaba de dar una muestra de cómo desarrollar la síntesis de Meynaud. Luego de cerrar el acuerdo con Julio Grondona para la transmisión en directo de veinte partidos del próximo Mundial, dijo exultante “Estamos muy contentos porque firmamos ese convenio, y a partir de ahora porque creo que ya se están jugando muchos partidos, los argentinos van a poder ver los partidos del Mundial por la televisión pública”. En principio, el dato es inevitable: hablar de “los partidos del Mundial” por veinte sobre sesenta y cuatro, supone un ejercicio de optimismo.


3. “Ustedes saben que hay muchos lugares de la Argentina que son muy chicos, que no son rentables, y con este convenio, de acá al año que viene todos los argentinos podrán ver, aunque a las mujeres por ahí no nos gusta, todos los partidos de fútbol del Mundial”. Más allá de insistir en la suposición de que el Mundial tiene sólo veinte partidos, y de buscar la emoción de género (sino de su gestión, es bueno decirlo), es interesante detenerse en la entidad que este gobierno, desde el canal oficial, le da al fútbol, al deporte. (Aclaración: tampoco es un invento de esta gestión. Goebbels les queda un poco grande, a decir verdad.)

4. Si se revisa la grilla (vóley, básquet, fútbol, automovilismo, varios otros de ocasión) no quedan lugar a dudas. El canal estatal es quien debe garantizar el acceso a la televisión a todos los habitantes. Si la política de medios es llenar el espacio de deportes per sé (al menos el Mundial tiene algún sentido), es difícil pensar en buenas intenciones. ¿Estará mal proponer que la bendita Ley de Radiodifusión contemple la diversidad de programación del espacio público?


5. Sergio Massa, que algo sabe del tema porque le debe casi todo al fútbol precisamente, explicó que la cosa no terminaba ahí:
el convenio también incluye a los mundiales sub 17 y sub 20, a los de Fútbol Playa ’09 y ’10, la Copa Confederaciones y hasta el Mundial de Fútbol Femenino si las chicas se clasifican. Y desde TyC, la otra pata del arreglo (cuándo no), dijeron también que ya trabajan en los Juegos Olímpicos de Londres 2010 y en la transmisión de la Champions League completa. Multipliquen la cantidad de posibles horas de programación, súmenle el paquete referido en el punto 4, y proyecten el año que viene: ESPN con noticieros kirchneristas.

6. La primera mirada es que se explotan las pasiones populares, y es cierto. También se debe reconocer que si el gobierno se cuelga la medalla del pecho y anuncia la transmisión del treinta por ciento del Mundial como un gran logro político de su gestión, hay algo que habla mal de nosotros. El gobierno explota la condición de negocio-espectáculo del fútbol porque hay un público predispuesto a eso. Lo cual podría leerse en otro sentido como que de reforzar las carencias que permiten gobernar se trata todo el asunto. O como decía mi abuela: para una mentira hacen falta dos, uno que mienta y el otro que crea.


7. Logro, si es logro, que tampoco es político sino económico, también es bueno decirlo. El mismo Massa explicó que los gastos por derechos televisivos serán recuperados a través de su comercialización, que fijará Canal 7 a través de retransmisiones vendidas a canales del interior e ingresos por publicidad. Sí, está bien, la cesión de exclusividad de los derechos siempre implica una negociación, pero en todo caso el logro fue poder comprar el treinta por ciento con los fondos públicos. Será cuestión de que después reclamemos nuestro porcentaje de las ganancias por la venta de avisos.

8. El problema para no pensar eso es que los ejemplos son demasiados. Por orden de cómo me vienen a la memoria: Miterrand revoleando la bufanda después de la final de Francia ’98, la Junta militar entregando la Copa en el ’78, Angela Merkel dándole la medalla a Ballack en el último Mundial, el presidente senegalés Abdoulaye Wade poniendo el avión presidencial a disposición de los hinchas para que viajasen a Costa de Marfil a un partido eliminatorio el año pasado…

9. Berlusconi y el Milan, Berlusconi que declara que la venta de Kaká al Real Madrid le quita votos, Gil y Gil y el Atlético de Madrid que le permitió la alcaldía, Alfonsín y los campeones del mundo en el balcón presidencial, Menem ídem pero con los subcampeones, Macri y el súper Boca de Bianchi (y ya nadie se acuerda de que antes de su amor por la presidencia boquense quiso comprar a un por entonces floreciente Deportivo Español), Kirchner de visita a un Racing urgido y con técnico ad hoc para la ocasión… Y las firmas podrían seguir un buen rato. Ahora es el turno del kirchnerismo, que sabe cómo y por qué hacer del fútbol una auténtica política de medios públicos.

10. Y todavía insisten con que la pelota no se mancha.

4 de junio de 2009

EL BURGUER DISCURSO

1. Dicen que los niños estadounidenses corren el riesgo de padecer una “obesidad de la recesión”. Y se debe a que en el marco de recesión económica la tendencia será recurrir a los alimentos a bajo precio y a las cadenas de comida rápida (mucho más baratas allá que acá, campañas publicitarias mediante). Según el Child Well-Being Index (Índice de Bienestar Infantil), presentado el miércoles, la tendencia irá en aumento. “Los padres corren el riesgo de sustituir la alimentación sana por comidas rápidas ricas en grasas y azúcares, lo que se traducirá en un incremento de la tasa de sobrepeso infantil”, explicó Kenneth Land, profesor de sociología y miembro de la Comisión que redactó el informe.

2. El discurso bien armado emociona a las masas, se sabe. Y en plena recesión económica, puede que Estados Unidos, me refiero a ese ente abstracto cuyo poder es invisible, reformule algunos de los suyos en función de un presente muy distinto al que imaginaron alguna vez, muy al estilo del Ministerio de la Verdad. En cierto sentido, el tema de la alimentación les resulta ahora un buen argumento para pedirle a la población que no dejen de consumir. No ahorre, compre lo mejor y más sano. Es por el bien de sus hijos.

3. No hay intencionalidad aviesa en este texto: el mismo informe reconoce que “preocupa esta obesidad de la recesión, más allá de la tendencia general de aumento de los niños y adolescentes obesos”. Según un estudio publicado hace más de un un año por el Journal of the American Medical Association, el treinta y dos por ciento de los niños en EEUU padecen sobrepeso y el dieciséis por ciento son obesos. Y explicaba que la tasa de obesidad se triplicó entre 1980 y 1999, con lo cual los menores estadounidenses son más vulnerables a sufrir enfermedades cardiovasculares, altas tasas de colesterol y diabetes, desde mucho antes de la recesión económica.

4. También hace varios años, el entonces presidente Bill Clinton derrapó en un discurso durante la celebración del Memorial Day, cuando los norteamericanos conmemoran a los muertos en algunas de sus (tantas) guerras. En medio de los recordatorios y las lápidas habladas, dijo “El fin de semana largo del Memorial Day es un momento especial para honrar a todos aquellos que lucharon por nuestra libertad, pero también para reunirnos con nuestras familias y amigos en festejos al aire libre y barbacoas en el jardín, donde nos sentimos orgullosos de servir abundantes cantidades de comida”. Cuando muchos ya culpaban (al decir simpsoniano) al apretado nudo de su corbata por el comentario, aclaró: “Nos alimentamos cada vez más con comida rápida por culpa de nuestros alocados horarios, y somos cada vez menos activos físicamente por nuestra dependencia del confort, desde los automóviles hasta las computadoras y los controles remotos”. Es que en esos tiempos el consumo no corría riesgos: resultaba políticamente correcto proponer vida sana y otras tonterías.

5. La mala alimentación es un problema crónico de Estados Unidos desde hace mucho. Y en gran medida podría ser a causa de ese desarrollo desenfrenado del consumo que los llevó a empaquetar plásticos y químicos como si fueran alimentos, y que llevó a que la gente los hiciera esenciales en sus dietas. Pero ahora son un peligro: se volvieron baratos para todos y ya no sólo para quienes no pueden comprar sino barato. Entonces volvemos sobre nuestros pasos y proponemos que es malo. Al menos hasta que salgamos de esta situación y podamos volver a hacer burguers sólo para los negros y los latinos del Bronx.

Y sí, tienen razón, al fin la recesión genera dolor de estómago.

30 de mayo de 2009

GALILEO SE QUEDO AFUERA

1. Se supo que el año que viene puede fallar el GPS. Según dicen, el mágico sistema de posicionamiento, que le permite a la humanidad exacerbar su paranoia hasta el paroxismo, podría colapsar por saturación y falta de mantenimiento. Algo así. No es para asombrarse: hace rato que la sociedad de consumo, tecnologías de la comunicación mediante, se puso a sí misma al borde del colapso.

2. El GPS necesita de veinticuatro, de treinta y uno, satélites en óptimo estado para garantizar la cobertura del mundo. Un informe de una oficina de control del gobierno, el GAO (Oficina de Responsabilidad Gubernamental), advierte que si no se cumple con el calendario de mantenimiento previsto para el 2010, los viejos satélites pueden empezar a resentirse y, en consecuencia, a fallar la señal. El problema se les vuelve grave cuando proyectan que de ser así no podrán garantizar los veinticuatro necesarios. Y ahora que nos volvimos tan dependientes del chiche, se nos viene a caer.

3. El mantenimiento de la jauría de satélites depende de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Y ahí está lo interesante del asunto. Como con la propia Internet (a la que este blog le está muy agradecido), el GPS fue un invento militar, de espionaje militar, cuya utilización probablemente les haya hecho ver dos cosas: 1) su aplicación en el terreno militar no les dio grandes resultados; al fin a Bin Laden todavía no lo encuentran; 2) si extrapolaban el recursito a la sociedad de consumo, podía virar en un inmenso negocio. A los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas no pudieron pararlo a pesar de tenerlos en las pantallitas de los radares, pero al menos les sirvieron para que la gente los compre con la suposición de que sirven para estar más seguros.

4. Que el funcionamiento del GPS dependa de Estados Unidos significa a su vez que la inteligencia militar norteamericana tiene acceso a todo lo que pasa por el sistema. ¿Vieron que no es necesario el aparatito para ponerse paranoico?

5. Europa trabaja en el desarrollo de Galileo, un sistema satelital que también incluye el posicionamiento, desde hace bastante. Pero Europa no tiene suerte en el ciberespacio: hace unos diez años se fundó el alleurope.com, una fusión de los buscadores locales de países europeos (España, Holanda, Inglaterra, Italia, y varios más) para contrarrestar el yahoo! Sólo pudo frenarlo el Google, y el alleurope.com pasó al olvido sin pena ni gloria. Cuando anunciaron el Galileo, lo dieron por hecho para el 2008. Ahora dicen que con viento a favor estará para el 2011. Por algún motivo, están condenados a llegar tarde.

6. Es extraño suponer una histeria colectiva por la caída de un sistema que hace unos tres años casi no existía. Pero puede pasar. Al fin, el combo tecnología-inseguridad nos depara un futuro lleno de posibilidades. Y si llegamos al borde del colapso por saturación (la misma cosa a la que están destinadas las grandes urbes), a no desesperarse: todas las rutas y todas las señales siempre pueden mejorarse.

Al fin, hay todavía en el aire suficiente espacio libre para que estemos protegidos.

23 de mayo de 2009


EPISODIO DOS: LA AMENAZA DEL MICRO

1. En Godoy Cruz, Mendoza, no sólo están felices con el presente del Tomba, que por ahora se mantiene en Primera. En el sector oeste (según dicen los medios, y habrá que creerles), el jueves los vecinos apedrearon un micro que llegaba porque en él venía un pasajero con síntomas de la gripe antes conocida como Porcina. En los medios pasó casi desapercibido, a diferencia de la derrota del Tomba frente a Tigre, que le costó una racha de ocho partidos invicto.

2. Según cuentan, el problema empezó cuando esos vecinos del sector de bajos recursos, los barrios del piedemonte, escucharon por las radios que se acercaba un micro con un pasajero dentro que presentaba los benditos síntomas. Para colmo, venía de Chile, nuestra nueva amenaza porcina (y la amenaza perfecta para las noticias: con Chile, y ellos con nosotros, tenemos una notable predisposición a buscar cualquier problema). El país trasandino reportó varios casos en los últimos días. Y encima los tenemos acá al lado.

3. El paciente, si es que a esas alturas era paciente, había sido advertido en el control aduanero argentino Los Horcones, en la cordillera y a ciento sesenta kilómetros de la capital de Mendoza. Y se alertó a las autoridades para que se preparan, sólo que el alerta también trascendió con rapidez, demasiada rapidez, a los medios. Los riesgos de la nueva deidad Comunicación: cualquier estúpido tiene un celular encima y un amigo de operador en alguna radio.

4. Por eso llegó a las radios y, en segundos, a los oyentes. Y los oyentes, sobre todo los más cercanos al Hospital Lencinas, donde también la radio dijo llevarían al pasaje completo para su control, reaccionaron con la autoridad de quien se resigna a que el Estado jamás le dará una solución a sus problemas. Y como el Estado no tiene la capacidad de reaccionar así de rápido, tomaron a la realidad por los cuernos y salieron a piquetearles el camino y a tirarle piedras al micro. Al virus, o a la noticia. La Policía reprimió la protesta y la cosa terminó con siete heridos por balas de goma y muchos con ataques de nervios. Bastante más que el único afectado por la gripe antes conocida como Porcina.

5. Esta vez, la cosa fue mucho más concreta: los medios dijeron que la amenaza entraba a la ciudad en un micro turístico y sólo fue cuestión de salir a frenarla. Y si entregaban al pasajero, mejor. Al fin, una inmolación en pos de preservar la especie lugareña hasta podría ser bien recordada con el tiempo. Y ellos, los valientes que salieron a combatir por el futuro de sus hijos, serían los héroes del mañana en una ciudad limpia de gripe, de amenazas y de cualquiera que nunca haya vivido en ella. La radio no es el medio, la radio es el muro. Y ellos, cargados de telefonitos, netbooks y gepeéses, y sobre todo mucha pero mucha información simultánea, agradecidos.

Esto se está poniendo feo.

19 de mayo de 2009

LA TV Y EL PBI

1. “La codicia, la insaciable codicia humana. Lo que necesitamos es un cambio, tenemos que pensar en la felicidad bruta interna”. Lo dijo el primer ministro de Bután, Jigme Thinley, al hablar sobre los efectos de la bendita crisis económica mundial. La idea de la FBI no es nueva: la propuso en los setenta el rey Jigme Singye Wangchuk como alternativa al producto bruto interno. Pero que de tanto buscarla puede que se les vuelva en contra gracias a la televisión.

2. Bután es un pequeño reino enclavado entre los gigantes, China e India. Y tiene apenas dos millones y medio de habitantes, casi un cine chino en un estreno. Dentro del esquema de gobierno, los lamas (monjes budistas) son una parte importante y tienen voto propio a la hora de elegir el Consejo de Miembros. En parte por eso están tratando de llevar la filosofía que los guía ancestralmente a una nueva manera de hacer política, o algo así. Kinley Dorji, secretario de Comunicaciones, lo resumió casi con ironía: “La idea se incorporó a la política del gobierno justo cuando el mundo puede necesitarla”.

3. Dorji fue todavía más lejos:
“Ahora se ve en qué termina la dedicación exclusiva al desarrollo económico, las sociedades industrializadas descubrieron ahora que el PBI es una promesa que nunca se cumplió”. Entre otras reformas, modificaron la Constitución del Reino para que las políticas gubernamentales no se midan en función de sus efectos económicos sino de la felicidad que produzcan. En sus habitantes. Si bien el gobierno también aclara, con base en los principios del budismo, que la felicidad es un concepto que cada uno debe definir por sí mismo.

4. Entre los cambios introducidos para desarrollar la “búsqueda de la felicidad interna”, el más significativo fue la apertura democrática el año pasado. La sociedad aceptó la renuncia del rey como monarca único y fue a las urnas a elegir al Consejo de Miembros. “La democracia y la FBI van bien juntas, ambas ponen la responsabilidad en el individuo. "La felicidad es una búsqueda individual y la democracia es darle poder al individuo”. (Lo que también puede leerse, en este caso, como la incapacidad de dar respuestas colectivas por parte del Estado.) Está bien. Hace apenas un año que la usan, al principio siempre parece.

5. Sin embargo, a pesar de los indicadores de felicidad que inventaron para medir el crecimiento del reino, deberían reparar en los efectos del primer gran cambio, hace diez años: permitir la televisión. “Antes preguntabas quiénes eran los héroes a los jóvenes y te contestaban que el rey, y los lamas. Desde hace diez años, el héroe pasó a ser David Beckham. Los padres no saben qué hacer”, dijo Dorji.
Y, no. La cultura occidental podría haberles enseñado que con la televisión no se puede, y que si les abrían la puerta se adueñaba de la casita en poco tiempo. Ahora ya es tarde. Con la democracia todavía están a tiempo, a menos que la usen a la manera occidental y supongan que la mejor manera de ejercerla es con avisos de candidatos en el medio de las películas de Hollywood.

De ahí a la publicidad de Buda hablando por celular, hay un paso.

15 de mayo de 2009


9. REMISES

No sé cómo fue, pero un día nos hicimos amigo del Topo. Tipo raro el Topo. Le decían así por esas orejas cuya forma remitía, sin dobles lecturas, al célebre Topo Giggio, ese peluche infradotado y empalagoso que yo y los de mi generación debimos padecer en nuestra infancia. Por lo demás era bastante alto y flaco, por eso andaba siempre como tirado para adelante del estómago hacia arriba, como los caballos de carrera cuando en el último centímetro anterior a la línea de llegada estiran el hocico. El corte de pelo era del tipo Conquistador de América: bien lacio y rodeándole la cara al límite, largo y un poco ondulado en las puntas.

No le andaba bien la cabeza al Topo. Vivía con los padres y una hermana mayor, parecida a él pero muy linda a pesar de eso. Nunca supe cuántos años tenía pero era mayor que yo, aunque tampoco podría precisar cómo sabía eso. Andaba mucho con la madre y la hermana, y era casi rutinario verlo en algún momento de la tarde caminando o volviendo de compras con ellas.

Nunca le conocimos una chica, una aventura. A pesar de ser todavía adolescentes la mayoría de nosotros ya había experimentado lo suyo y hasta habíamos tenido novias, pero el Topo no. Tampoco parecía importarle demasiado. Era muy volado el Topo, muy loco. Pero loco de verdad: algún registro de la realidad se le había perdido en el camino y lo había reemplazado por algún otro inventado por él en su habitación. Pasaba mucho tiempo el Topo en su habitación, tal vez un porcentaje del apodo venía también de ahí. Casi me atrevería a decir que cuando no estaba con nosotros se la pasaba encerrado en ese lugar. Y no era un lugar ideal para estar encerrado, por decirlo con cierta elegancia: una cama de una plaza, un escritorio bastante despojado de todo, una silla y unas cortinas negras y gruesas. Y nada más.

El Topo proyectaba colgar unas banderas nazis en la pared sobre la cual se apoyaba el costado de la cama. Tenía delirios nazistoides. No entendía bien de qué se trataba eso de los nazis: lo suyo estaba fundado a partir de una fascinación por la Segunda Guerra Mundial y en esa aventura de historietas los personajes que más lo seducían eran los nazis. Se compró algunos libros incluso, pero nunca llegó a descifrar siquiera los prólogos. Su fascinación era por la imagen (un adelantado a su época).
Y por eso mismo fantaseaba con una decoración estilo Oficina del Comando de Operaciones de la GESTAPO o algo así. Y nos contaba cómo lo iba a hacer cada vez que íbamos a su casa (a su habitación en realidad, excepto cuando algún sábado nos fumábamos un fasito y nos poníamos a ver Sábados de Súper Acción, por Canal 11 y en blanco y negro, en el comedor. El Topo fumaba también, poco pero fumaba, pero su mayor virtud era el armado. Era el armador oficial, su técnica y los logros conseguidos eran casi míticos). Nos explicaba los diseños, el largo de cada una de ellas, los colores y hasta los tipos de tela para cada una.

Hay que admitir, en su favor, que lo tenía estudiado en serio el asunto, hasta había hecho algunos bocetos en un cuaderno. Pero, el problema de siempre, para hacerlo necesitaba plata. Y el Topo empezó entonces a proyectar cómo podía hacer plata y se vio grande, importante, con una oficina no importa de qué pero decorada con las banderas nazis.


Vaya uno a saber cómo se le ocurrió pero una tarde nos dijo que lo había encontrado, se le había ocurrido la forma de hacer plata para ser importante y tener una oficina decorada con las banderas nazis: se iba a poner una agencia de remises, en una época en que los remises no existían (créanlo, hubo una época poco lejana en que no había remises ni teléfonos celulares ni computadoras; no sé cómo fue que un día pasamos a depender de ellos como si los hubiéramos conocido de toda la vida). Por eso a todos nos pareció una idea muy enrevesada. Encima, el Topo pensaba en una agencia de remises de barrio pero como las de los hoteles importantes: autos grandes e impecables conducidos por amables choferes de traje y con gorrita.

La fórmula, decía, era fácil: compraba un auto y lo ponía a trabajar de eso, de remise (no existía el concepto actual de remise en esos años, es un dato revelador y por eso me permito reiterarlo). Luego, con lo recaudado, compraba otro con el mismo destino, con lo cual eran dos entonces los autos trabajando. Y así hasta llegar a los veinte, veinticinco. Luego sentarse a recaudar todo el dinero posible.
No era un mal plan excepto por un detalle: el Topo no entendía un pito de autos y por eso suponía que eran eternos. No se rompían, no necesitaban combustible, no se devaluaban con el paso de los años. Bastaba comprarlo y ya. Como un lingote de oro pero con ruedas y generando plata.

Esos detalles eran los que nos permitían percibir el mal funcionamiento de su cabeza. El, de todos modos, seguía convencido de la brillantez de su idea y porfiaba que sí, ése era su destino de lujos, importancia y banderas nazis. Después, como pasa siempre, poco a poco lo dejamos de ver. No por nada en especial, simplemente así se dan las cosas. De hecho cada tanto lo cruzábamos volviendo con la madre y con la hermana y nos saludábamos y hablábamos un rato. Pero ya no era lo mismo: también poco a poco fuimos cumpliendo años y las distancias se hicieron cada vez más indisimulables. Y así, sencillamente, me encontré si saber nada de él durante casi veinte años. Hasta hace unos meses.


Ante la escasez de remises más convencionales en el aeropuerto me resigné a pagar un poco más por uno de esas agencias oficiales (con remito de viaje incluido, como si uno fuera un paquete). Auto grande, moderno, azul oscuro, y conducido por un chofer de traje y gorrita. Mientras me dejaba llevar por el verde de los bosques de Ezeiza miré la tarjeta de la agencia y lo vi. La empresa lleva su nombre y su cara es el logo, o algo así. Su foto está en el costado superior del cartoncito. Conserva la mirada de pirado aunque con algunas arrugas y con la sonrisa sobradora de alguien que se salió con la suya: si bien no creo que se haya animado a decorar su oficina con las banderas nazis, la gorrita, igual a la del chofer, es idéntica a la de los altos mandos de la
Luftwaffe.

Y lo bien que le queda.

9 de mayo de 2009


EPISODIO UNO: LA NOTICIA EPIDÉMICA

1. El 30 de octubre de 1938 resultó fundacional. Fue el día en que Orson Welles emitió su célebre adaptación radial de la novela La guerra de los mundos, de H.G. Wells. La historia es bastante conocida: Welles, que solía interpretar sus obras radiales en el estudio del Teatro Mercury, dijo que a era una ficción sólo al principio, antes de comenzar. A continuación, un boletín informativo interrumpió a la orquesta en vivo para contar que desde un observatorio espacial habían detectado explosiones de gas incandescente en Marte durante toda la madrugada. Que llegaran los marcianos fue cuestión de minutos.

2. Una versión que el propio Welles nunca desmintió, ni confirmó, sostiene que en algún momento de la transmisión le hicieron saber el efecto inmediato que había provocado en las calles de Grover Mills, en New Jersey, el lugar elegido para la invasión marciana: pánico colectivo, multitudes en las calles, la Policía desbordada por el caos y gente que salía a la calle con toallas húmedas sobre la cara para contrarrestar el gas venenoso de los marcianos de los que hablaban los boletines. Y que Welles decidió continuar.

3. La radio, en aquel entonces, era el equivalente a la televisión de hoy. Y la innovación de Welles, de resultado al menos inesperado después, fue emitir la radionovela en forma de boletines informativos. Y fue fundacional porque de ahí en más se sabría: los medios condicionan el accionar de la gente, por la sencilla razón de que para la gente los medios reproducen la verdad. Aquella vez fue sin querer queriendo: la gente interpretó como cierto algo que en verdad era una broma.

4. Pero luego se convirtió en norma, y la gente actúa, esta vez sí, condicionada por los medios. Todos lo hacemos. Y en este escenario de Guerra de los mundos permanente, en el que algunas veces la cosa es más sutil (árabes = terroristas) y otras más descaradas, la epidemia de gripe porcina parece ilustrar como ninguna otra noticia el reflejo de una época que de tan mediática ya no globaliza: unifica.

5. Hay veces en que las teorías conspirativas emocionan. Y ésta es una gran oportunidad para ello, sobre todo por el lugar del que salió: el Tercer Mundo siempre será un buen banco de pruebas de cualquier cosa del Primero. Duró apenas un día, pero hubo un lapso en el que Estados Unidos tuvo más casos confirmados que México. Sin embargo, nadie habló de suspender los vuelos ni de cerrar las fronteras. Y los medios, durante ese breve día, siguieron con México en las portadas.

6. Pero principalmente porque la teoría conspirativa, en tanto algún malévolo cerebro dispuso la infección como en un juego de ajedrez, nos libra de creer que es posible. Muchos creyentes de buena fe se aferran a su religión para sostenerse en medio de situaciones no buscadas ni queridas. Aferrarse a la teoría conspirativa funciona casi de la misma manera. En verdad, si bien no nos gusta, con algo de información básica deberíamos reconocerlo: hace rato ya que la extinción de la especie está a un estornudo de distancia. Si bien también es cierto que los pañuelos descartables vienen cada vez mejores.

7. En principio, si bien el peligro existe, se reproduce la misma situación de La guerra de los mundos: lo que se propaga antes que el virus (o los marcianos) es la noticia de que ya está aquí. La noticia se vuelve epidemia antes que el virus. Será cuestión entonces de tomar medidas: agotar las reservas de barbijos, censurar cualquier cercanía mexicana, comprar aspirinas y quedarse dentro de la casa el mayor tiempo posible (creativos de avisos de banda ancha, tomen nota). Y, sobre todo, mirar los noticieros para saber cuántos nuevos infectados hay en el mundo.

8. ¿Qué cambió? ¿Cuál es la diferencia entre aquellos que llamaban a las radios para jurar que sentían el calor de los rayos marcianos en sus ventanas y la chica del mostrador de una empresa que le deja el papelito arriba del mostrador a una señora con acento mexicano para no tocarla? No fueron los aviones quienes nos mostraron que el mundo está acá a la vuelta, fue la televisión. Y todo lo que ella dice pasa en el mundo. Es decir, acá a la vuelta.

9. Cuando el ministro de Salud mexicano dijo que empezaban a creer que los recaudos daban algún resultado porque llevaban tres días sin reportar nuevos casos sospechosos, pasó casi desapercibido. Una lástima: la explicación refería también que en ese momento tenían más de mil casos en estudio. De haberlo tenido en cuenta, hubiésemos entendido cuando al otro día todos los medios hablaron de 368 nuevos casos confirmados en tierras aztecas. Se refería a los mil y pico en estudio, de los cuales, además, habían descartado más de quinientos. Pero no hay lugar para tanto en la placa de un noticiero, entonces recortamos: 368 nuevos casos confirmados de un día para el otro. Y si le da miedo, jódase señora.

10. La noticia luego hace su propio derrotero y aparecen sus maneras de conmemorarla: ositos de peluche que representan al virus, videojuegos, barbijos dibujados y algo de pánico colectivo, que nunca sobra. Habrá que meterse en la casa nomás a esperar que la televisión, o Internet, nos digan cuándo pasó el peligro. Eso sí, sin abrir correos electrónicos de desconocidos.

A ver si alguno es mexicano.

7 de mayo de 2009

Escribe VERONICA IACONA

Mi más sentido Homenaje:

Los 40s desde los 20s: una pura eternidad.

Ya los 20s me parecen algo desmedidamente grande como para caber en mi entendimiento, ¡imagínense 20 más! Ni que hablar que de los 20 que tengo los primeros 10 casi ni cuentan (los primeros 12, 13 en realidad). Quizás es por eso que me parecen tantos, ¿cómo cuantificar esos 10, 12 años de los cuales no tengo registro más que mi altura, algunos cambios hormonales y un par de fotos viejas? Imposible. Volvemos así, a la eternidad de mis 20.

Aunque no son mis 20 ni el fin ni el desenlace de esta microrelato (relato para ponerle un nombre nomás). La cuestión acá, que nadie debe saber porque cierto sujeto se niega a revelarla, es festejarle la cuarentena a aquel a quien todos queremos, aquel que a todos nos divierte, aquel que “¿Quién lo diría? ¿Ya 40? ¡Pero si yo te daba como mucho 36!”. Sí, sí, señoras, señores. ¡Denle un tirón de orejas a Juan Pablo Bermúdez, que hoy cumple 40 y se está haciendo el desentendido!

A propósito de los 40 entonces (recalcame Juan en rojo todos los 40 que ya se han escrito, eh) y de la exagerada crisis que acontece a todos los hombres mínimo dos o tres años antes del acontecimiento por el cual supuestamente sucede, es que quiero convidarle a Juan una expresión lingüística arduamente conocida, arduamente argentina, que ojalá la pudiera poner en boca de alguien de renombre y hacer de este, mi relato, algo más cercano a este blog de índole periodística:

¡PERO DEJATE DE JODER JUANCITO, SI ESTÁS HECHO UN PIBE!

Ni una palabra más.
(Las demostraciones de afecto quedarán para otro momento y al resguardo de tanto ojo curioso merodeando por la web)

29 de abril de 2009

UN FUNERAL ANUNCIADO

1. La compañía General Electric dio un nuevo paso en lo que podría llamarse La carrera de los dispositivos tecnológicos per sé: un nuevo disco de almacenamiento, con el mismo formato del DVD (y del tradicional y próximamente perimido CD) pero cuya capacidad de memoria es cien veces superior. Imaginen a los Block Buster del futuro cercano: de oferta con el pochoclo, cien clásicos del cine de Hollywood en un disquito.

2. El truco del disco es el almacenamiento holográfico. La holografía no es sólo el proceso óptico utilizado para generar imágenes en tres dimensiones, el aspecto más conocido, sino también como soporte para guardar datos digitales. Brian Lawrence, el investigador de GE a cargo del proyecto, señaló en un comunicado: “Es un avance enorme. El día en el que podrán poner toda su colección de películas de alta definición en un solo disco está más cerca de lo que creíamos”.

3. Para que se den una idea: mientras que un DVD común y corriente tiene una capacidad de 4,7 gigas, el nuevo chiche andaría cerca de los quinientos gigas. Incluso es mucho más que los 20, 25 del blu-ray, un formato utilizado casi en exclusividad en circuitos profesionales (y sí, para el cumple de quince de la nena es como mucho). La pregunta es si querremos almacenar doscientas películas en alta definición en un solo disco. La pregunta es si querremos tener doscientas películas en la mesita de luz. La respuesta: obviamente que sí. No se nos hubiera ocurrido jamás hasta que GE nos lo dijo.

4. Pero falta algo para que cierre (y no digan que no les avisé): aumentar la calidad de video hasta el peso de los nuevos disquitos. A quinientos megas. Si el DVD necesita casi cinco para funcionar con esa calidad de imagen, con quinientos y holografía de por medio lo van a poder tener a George Clooney actuando en el sillón del living. Después, que sólo lo miren por el plasma con home theater, y bueno. Si hay gente que deshecha la cámara de ocho píxeles por una de diez para las fotos en San Bernardo, no es difícil ver cómo funciona eso de la sociedad de consumo.

5. Le calculan todavía unos cinco años al engendrito para hacer su aparición en el mercado. Pero la suerte del DVD ya está echada y su funeral anunciado. Al menos, tendrá un poco más de reconocimiento que su antecesor, el láser disc. Y será el formato que permitirá la nostalgia de una época en que sólo entraba una peli por disco. Luego, saber si alguna vez seremos capaces de mirar las doscientas películas a lo largo de toda nuestra vida adulta, será lo de menos.

Lo importante, como siempre, será tenerlas.

16 de abril de 2009


8. LOS LADOS DEL MOSTRADOR

Supe que me estimaba la noche en que casi le arranca la cabeza a un mozo por mí. Fue en el bar que estaba enfrente de la esquina donde paraban él y su grupo de amigos. Alguno me había invitado a comer unas porciones de pizza con una cerveza, y ante el llamado para partir raudo de allí detrás de un contoneo femenino y provocador, me dejó la plata para abonar lo consumido. Quise hacerlo, pero el mozo en cuestión decía que no, que era más, y no me dejaba salir de allí. Yo y mis quince años no disponíamos de dinero propio en el bolsillo como para afrontar la diferencia, y el gordo desagradable se empezaba a poner molesto.

La ventana del bar, grande, daba a la vereda. De allí emergió la mano del Negro para detenerse en el cuello del mozo. Y después de sostenerlo así durante unos cinco segundos, le explicó que “el pibe paga lo que dice la cuenta, y no lo jodás porque está con nosotros y si quiero no te paga un carajo, ¿estamos?” El Nosotros al que refería el Negro era la banda de muchachos de la esquina. Que yo estaba con ellos era y no era cierto: en realidad yo iba al lugar, una típica sociedad de fomento de barrio, a jugar a la pelota. Ellos no eran mucho más grandes que yo, apenas dos o tres años, pero alcanzaba. La distancia en otros sentidos era mucho mayor. Pero sea por el lugar, sea por los hermanos menores de los mismos muchachos que también jugaban ahí, sea por lo que sea, yo me llevaba bien con ellos y solía quedarme algunos ratos en la bendita esquina.

El Negro, a su manera, me había adoptado. Tenía una costumbre: algunas tardes, antes de jugar, lo acompañaba a una casa de compra y venta de oro a reducir su jornada diaria. Su fuerte eran los trenes, pero también hacía colectivos y subtes. Los taxis no porque pertenecían a otras maneras. Y luego me invitaba a comer un helado. Todo en el lado Capital del barrio, en la calle principal. El que le compraba las cadenitas y las medallitas tenía un local a la calle donde se la daba de señor bien y le vendía bijouterie a las gordas. A nadie se le escapaba a qué se dedicaba no sólo el Negro, sino también casi toda la banda de la esquina. Al gordo tampoco (años después los discípulos del modus vivendi se le metieron en el local y ahí sí puso el grito en el cielo, pero es otra historia).

Le gustaba el helado al Negro, era su vicio. Siempre encontraba el momento para comerse uno. Por eso tenía el ritual conmigo. A mí me beneficiaban las buenas relaciones con aquellos muchachos, en el barrio me daba ventajas que de otra manera no podía sostener. Del resto de ellos nunca supe mucho, del Negro tampoco en realidad, pero con algunas variaciones todos andaban en el rubro. Y manejaban sus códigos, a su manera. Una noche, después de un partido me quedé un rato con ellos. Hablaban de salir y yo y mis quince años nos propusimos acompañarlos. Me llevó años entender por qué me dijeron que no.

Y en algún momento, después de un par años, fue lo de siempre: simplemente nos dejamos de ver. Yo dejé de jugar a la pelota en la sociedad de fomento y ellos dejaron de parar en la esquina. Alcancé a saber algo de alguno de ellos, y a otro lo vi hace poco atendiendo la misma mercería que en aquellos años era del tío. Pero lo significativo de la historia ocurrió ayer a la noche. Era de madrugada cuando volvía y antes de entrar, en la puerta del edificio, un patrullero de la bonaerense se me puso a la par y me hizo señas con las luces. A cualquiera le pasaría lo mismo: me aterró. Y mucho más cuando se abrió la puerta. Fue en parte por el miedo que tardé en reconocerlo. Está bastante más gordo y arrugado, y terminé de caer cuando me llamó por mi apodo de la adolescencia.

Se lo notaba contento con el encuentro. Hablamos unos veinte minutos y todo él, hasta la risa, era igual a aquellos años. Me contó más cosas él a mí que yo a él: quiera que no el uniforme me intimidaba. Después se fue, pero antes de subirse al auto me dijo algo que si bien entendí, y si bien supe referenciar acorde a la ocasión de reencuentro, me hizo pensar sobre los lados del mostrador. Sabrá el Diablo por qué el Negro terminó de Policía, sabrá el orden instituido cómo pudo llegar a serlo. Pero en algún lugar es difícil no pensar en que nunca se cruzó de lado. Lo hubiese pensado de cualquier manera, pero fue el saludo, eso que me dijo, lo que me llevó a esto. A escribirlo.

Una noche, cuando termine, te invito un helado. Me dijo.

11 de abril de 2009

RECORTES DE PRENSA

1. “No mentimos, nos equivocamos”. La sentencia, que bien podría pasar a la historia de las grandes y concretas definiciones de situación, fue dicha por Hernando Álvarez, editor de la página en español de la British Broadcasting Corporation, conocida como la famosa BBC. Y la dijo a propósito de una nota en el portal sobre un conflicto docente en Venezuela. Pero es para que muchos tomen nota: la sentencia pronunciada desde los medios adquiere un valor en verdad notable. Hasta la podríamos ubicar en el podio de las grandes verdades periodísticas, disputando el primer puesto con la célebre “yo no miento, omito verdades”.

2. El reconocimiento del error al que alude el editor, consistió en realidad en una cadena de errores, según denunciaron, en el artículo de la corresponsal Yolanda Valery acerca de un frustrado paro de maestros. Álvarez, publicó una disculpa bajo el título “El error de Venezuela”. “Esta semana cometimos un error, o quizá varios”, empieza el editorial. Como para despejar dudas desde temprano.

3. Al parecer, le pifiaron en el título, pero sobre todo en la foto. Al título, alegaron, le faltaron los signos de interrogación (el publicado decía “Paro de maestros, sólo el principio”, cuando debería haber sido “Paro de maestros ¿sólo el principio?”). El editor dijo una verdad en defensa de la escriba: esas cuestiones se resuelven dentro de las redacciones, no en el terreno de la corresponsal. Pero no dijo, al menos de manera abierta, de cuán fácil se cambia un sentido con un olvido. En definitiva, el detalle a tener en cuenta.

4. Con la foto fue peor: ilustraron el supuesto paro (que no llegó a ser paro) con una foto de la multitudinaria huelga petrolera de 2002, que luego derivó en un derrocamiento de Chávez por setenta y dos horas. La diferencia, claro, es importante. Y otra vez: el error se produce dentro de la redacción. Lo cual es cierto. Pero también otra vez: algo tan fácil y llano como un error modifica sustancialmente lo que se dice. Sobre todo en una época en que el título, la foto y el epígrafe constituyen toda la data de la que se hace un lector para informarse. Y, más significativo todavía, a la BBC le alcanza con disculparse y decir “fue un error, lo siento”. ¿Lo habrían reconocido si no hubiesen objetado el contenido del artículo? Mejor pregunta todavía: ¿De cuántos errores nunca nos enteramos?

5. El periodismo refleja un recorte de la realidad. No hay otra manera de hacerlo. Los errores, los bienintencionados y de los otros, existen. Una conclusión interesante del asunto, si bien arriesgada como todas las conclusiones, es una pregunta: por qué la gente decidió formarse a partir del pensamiento y la opinión de otro. Al fin, con tanta variedad de medios e información de un mismo tema, resultaría mucho más sano cotejar y tratar de tener alguna idea propia. A los medios se les haría mucho más complicado tener errores. El problema, en este caso, es que deberíamos pensar por nosotros mismos, pero nos demandaría un tiempo que no tenemos, para qué preocuparse.

Si total en la tele me lo dicen en un ratito.

3 de abril de 2009

VAYA NUESTRO SENTIDO HOMENAJE

A RAYMOND CHANDLER

31 de marzo de 2009

LAS PALOMAS DEL BRASIL

1) Una nueva preocupación surge en las cárceles brasileñas. Guardias de seguridad de la penitenciaría Danilo Pinheiro de Sorocaba (a unos cien kilómetros de San Pablo) interceptaron, afuera del penal, a dos palomas mensajeras. Las aves, adaptadas a la época, no llevaban consigo mensajes peligrosos ni planes de fuga ni droga, sino teléfonos celulares para los presos. Las palomas contrabandistas, que fueron detectadas miércoles y jueves de la pasada semana, llevaban una especie de mochila de tela, atadas con elásticos de látex, y dentro de las bolsas estaban las piezas y cargadores de teléfonos móviles. Un primor.

2) “Los agentes detectaron las palomas fuera del presidio y por suerte las aves no tuvieron tiempo de entrar en el edificio con el material”, dijo uno de los portavoces de la cárcel. Y aclaró también que la práctica empieza a ser reconocida y que ya existen quienes las entrenan especialmente para estas cosas. No aclararon si ellos piensan combatir el recurso de la misma manera, pero por las dudas ya mandaron a fabricar gorritas diminutas y machetes para las alitas.

3) Según explican algunos especialistas en el tema, en las cárceles brasileñas actúan bandas organizadas de presos (el Primer Comando de la Capital en Sao Pablo, el Comando Vermelho en Río de Janeiro), que dirigen redes de tráfico de drogas y delincuencia con mando a distancia: los teléfonos celulares. Y como cada vez les resulta más difícil ingresarlos, recurrieron a las palomas. Y lograron lo que nadie: unir a la tecnología con los primitivos modos de comunicación en una misma causa.

4) Como metáfora es interesante, en muchos sentidos. Ya en Día de la Independencia, el memorable engendro panfletario-cinematográfico, la idea existió: superaban las barreras de la ultra híper sofisticada tecnología extraterrestre con el telégrafo. Los presos brasileños, en defensa de su derecho a estar conectados, vulneran la seguridad con las palomas mensajeras. Viejos recursos, nuevas ideas. Lo importante es comunicarse.

5) Puede que sea parte de los efectos de haber hecho de la telefonía celular el precepto de verdad única que la humanidad nunca antes había podido generar. Y parte, a su vez, de los propios efectos colaterales, al fin los presos los usan principalmente para no perder la forma. En cualquier caso, el peligro es que se corra la bola y se ponga de moda llevar una paloma mensajera con mochila incluida encima, por las dudas: le van a encontrar la vuelta para que sean parte de las promociones de las compañías de celulares.

Y eso por no contar para qué serían las delivery ideales.

25 de marzo de 2009

PROGRAMAR, ENSEÑAR, MEMORIZAR

1. Un joven finlandés decidió, por sugerencia de un médico cirujano, llevar una memoria USB siempre encima. Literalmente. Luego de un accidente de moto en el que perdió la mitad de su anular izquierdo, el avanzado galeno le propuso la novedad cuando el infortunado (luego afortunado, quién sabe) fue a hacerse una prótesis de látex. Ya que le vamo’ a poner un capuchón en el dedo, que al meno’ sirva para algo.

2. El chiche le sirve lo mismo que a cualquier hijo de vecino con pen drive de dos gigas (el tamaño del pequeñín). Puede cargar música, películas, virus informáticos, de todo. Lo novedoso, en todo caso, es dónde lo lleva. Y si en verdad puede resultar cómodo (e higiénico) andar metiendo el dedo en cualquier ranura de cualquier computadora de cualquier locutorio.

3. En cualquier caso, que la publicidad tome nota: encuentren nomás la manera de reemplazar dedos y orejas por reproductores de mp3, que los avisos de cómo amputarse con onda es cosa de creativos. Asunto resuelto.

4. Saya es una maestra japonesa que empezó a dar clases hace muy poco. En realidad, para ser honestos con los creadores del programa, empezó a estar parada frente a un curso de chicos de Primaria. Saya es una robot, y fue diseñada por Hiroshi Kobayashi como un intento de paliar ciertas premuras económicas que el país del sol poniente sufrirá en un futuro bastante cercano.

5. Saya puede simular seis reacciones básicas: asombrarse, enfurecerse, alegrarse, entristecerse, asustarse y sentir repugnancia, merced a un sistema de cables que tiran de diferentes puntos de su máscara de goma y logran el efecto (casi como Mirtha Legrand). Un conjunto de sensores recibe la información de parte de los chicos (“seño, me estoy haciendo encima”) y ella responde según la secuencia programada a tal efecto.

6. Lo interesante es que por algún lado están convencidos que con seis emociones básicas preprogramadas y algo de información básica es suficiente para dar clases (Saya fue diseñada en 2004 como recepcionista, siquiera fue pensada para lo que la prueban). Dicen que en las pruebas pilotos hubo chicos que lloraron cuando los retó. El problema es dilucidar si lo hicieron por el reto de algo a quien consideraron un adulto de carne y hueso o porque les pareció monstruoso que un humanoide les dé órdenes y van a tener pesadillas por el resto de sus vidas.

7. Sin reparar en lo más significativo: fue pensada como una solución a los problemas económicos del futuro muy cercano. Y como las recepcionistas ya no impresionan a nadie, qué mejor idea que lograr la total y absoluta uniformización del pensamiento desde que son chiquitos. Si los programas informáticos y la biotecnología enseñan, si los chicos aprenden a obedecer a un robot, el problema está resuelto realmente a futuro.

8. Si se supone al programa Saya como apto para enseñar, el problema de cuál es el concepto de enseñar que tenemos es mucho más profundo e irreparable. No tanto por lo enseñado como por los enseñados. Al fin, no es insensato suponer a futuras generaciones de humanos como ejércitos de alguna mano de obra previamente diseñada según las necesidades. En Futurama, en el año 3000 cada humano lleva implantado un “chip de carrera” en la mano por el cual responde ineludiblemente al precepto de la era: “Tienes que ser lo que tienes que ser”. Otra vez: que la publicidad vaya tomando nota.

9. Y todo cierra: el chico conecta el dedo en alguna ranura de su maestra (será cuestión de colocarlos en lugares estratégicos a fin de evitar malos entendidos) y se lleva la tarea a casa. La interacción alumno-docente por antonomasia. Y todos los maestros enseñarán los mismos grupos de ceros y unos y todos los alumnos aprenderán a pensar las mismas cosas. Y luego serán adultos y construirán nuevos robots para la enseñanza de las nuevas cosas. Y así.

10. Y nada de mandarlos a las guerras, que para eso están los inmigrantes ilegales.

17 de marzo de 2009

EL WWW-20

1. En esta época en que los grandes atentados y algunos acontecimientos se reducen a una sigla (el 11-S, el 11-M; el 18-S, y así hasta que alguno grite “hundido”), casi pasó desapercibido el vigésimo aniversario de la creación de la world wide web. El WWW-20. Deberíamos reparar en el detalle: pocos inventos le han resultado tan prósperos y funcionales a la sociedad de consumo. Fue en la telaraña donde nació la idea de que la comunicación, ancestral herramienta de la especie humana sin cuya concreción no hubiésemos dado medio paso más allá del garrotazo, podía ser negocio brillante, sino el más brillante de la historia.

2. Otra vez: la comunicación, mal que le pese a las operadoras de telefonía celular, existe desde siempre. Y es necesaria por sí misma, por su propia dinámica. No existe ninguna otra forma posible de relacionarse con el mundo. Por eso la idea del negocio más brillante del mundo: es como lograr que el aire sea un bien comprable y vendible. Y, sobre todo, renovable. La primera gran pregunta es, entonces, cuándo y cómo se supuso a la comunicación como ese gran negocio. Una respuesta arriesgada: cuando decidieron que queríamos saber mucho más de lo que en verdad necesitábamos. Y de muchísimas maneras.

3. No recuerdo en qué libro, Milan Kundera proponía una idea interesante: su abuela había vivido siempre en el mismo pueblo de las afueras de Francia y sabía, en consecuencia, hasta quién amasaba el pan que ella comía. Su relación con las cosas era a partir de su propia vivencia con esas cosas. Y pudo tener una vida tranquila. Un tío, por el contrario, vivía en un edificio en el centro de París, y todos los días leía el diario y miraba los noticieros, que en los últimos tiempos alertaban sobre la presencia de un asesino con rasgos de moro que atacaba a las personas de madrugada en las entradas de los edificios. El hombre, al contrario de su abuela, vivía aterrado por algo que en verdad nunca había visto.

4. También desde siempre esa fue la clave del asunto: no preguntarnos qué y cuánto queremos saber. Hace poco, una alumna de 17 años, Malena, dijo que chateando desde el Facebook se preguntó por qué lo hacía desde ahí si ya usaba el Messenger. He ahí el peligro: que pensemos. Si lo hiciéramos, concluiríamos como Malena en que es absurdo utilizar dos o tres variantes de un mismo formato para hacer las mismas cosas. El problema es que en el absurdo reside la clave de la sociedad de consumo. Y, sobre todo, en el no pensar en por qué.

5. El científico británico Tim Berners-Lee, el creador de la www, festejó el aniversario con una serie de charlas en la web, dónde si no. Y dijo: “La Web de hoy es sólo la punta del iceberg. Llegarán nuevas tecnologías mucho más poderosas que nos permitirán hacer cosas que jamás imaginamos”. Traducción: esto no se termina ni mucho menos. Es apenas el comienzo. La pregunta en este caso es hasta dónde es necesario algo que no podemos imaginar. Pero es una pregunta retórica y desubicada.

Al fin, todo fue por subir el video del tío bailando de astronauta.

12 de marzo de 2009



7. MUSICA PROHIBIDA

Dicen los que saben: todo aquello que forma parte de nuestra infancia será, con el tiempo, rasgo indeleble de nuestra formación afectiva e intelectual. La familia, los amigos, los juegos, la escuela y todo lo que nos puede pasar cuando somos infantes. Y también la información, la cultura. Pensé en eso, en la importancia de lo que nos tiran por la cabeza cuando no estamos en condiciones de defendernos, y me dio escalofríos: me remitió a un episodio que, a la luz de los años, se me vuelve esclarecedor.

Un filósofo no muy conocido (lo digo porque olvidé su nombre) sostenía que el fascismo es un régimen en donde lo que no está prohibido es obligatorio. Sin que lo sepan (dudo de la capacidad intelectual de algunos personajes), ése fue el cimiento de lo que vino en los años de plomo. Leer algo con vuelo infantil en aquel tiempo era para un chico misión imposible. María Elena Walsh, Elsa Borneman, la Teoría de los Conjuntos. Nada de eso existía. La televisión… Sólo el antológico Plaza Sésamo, que al menos duró unos años, y nada más. Imaginen: Carlitos Balá era una de las estrellas infantiles del medio.

Pero me quiero detener en la música. Quienes empezamos a descubrir el mundo viendo por tele la masacre de Ezeiza no teníamos alternativa: Los Parchís, grupejo que intentaba dejar sentado que todos los chicos del mundo éramos felices y sin demasiados problemas en sus horripilantes canciones primero; y Menudo, casi una copia de los españoles, después, intentaron ser la marca musical de nuestra infancia (en muchos casos lo consiguieron: hoy en día el ex Menudo Ricky Martin y algunos otros de la misma escuela son referentes del ambiguo género latino).

No fueron las únicas alternativas. Ya más creciditos, cerca de los primeros diez años, soportamos la aparición de un Luis Miguel flaquito y flequilludo, cuyas canciones iban a tono con la época. Y a sus directos competidores: Tino, un ex-Parchís que pretendía hacer una carrera solista a base de una imagen de adolescente bueno y moderno pero que nunca pudo aprender a entonar dos notas seguidas, y Pablito Ruiz, bastante parecido al Luismi en imagen y semejanza pero mucho más pelotudo. También nos vendieron la primera etapa de Cantaniño, una especie de reality show con niños --podía ser cualquiera de nosotros y esa era su mayor virtud-- que ponderaban la importancia de ser bueno y obediente, y hasta tuvimos que tolerar que Lorena Paola cantara (a la generación posterior no le fue mucho mejor con Nicole Neumann, es verdad).

Debo decir que todo esto lo recordé porque vi al rector de la Escuela Marista a la que yo iba en la Primaria. Lo vi en el noticiero, excusándose de la manera más elegante posible para no decir nada inoportuno a la cámara en teoría apagada. Los padres de una alumna de once años denunciaron al colegio Manuel Belgrano (yo no iba a ese sino al Mac Nab Bernal) por un supuesto abuso sexual ocurrido dentro de él. Y el recuerdo sirve de ejemplo en cuanto al pensamiento de nuestro anónimo filósofo.

Por cuestiones generacionales había en mi casa discos de rock nacional. Sui Generis, Moris, Vox Dei, Almendra y algunos otros eran nombres conocidos y admirados. Una vez, inspirado, tuve la brillante idea de recortar las fotos de las tapas de los dos volúmenes de Adiós Sui Generis y con ellas forrar algunas carpetas y cuadernos de escuela. No sé cómo fue, pero esa misma mañana me encontré en el despacho del rector teniendo que dar explicaciones acerca de mis gustos (mis carpetas estaban arriba de su escritorio a modo de prueba de culpabilidad). Como no me encontraba en condiciones de debatir acerca de la evolución musical de la humanidad, el sujeto lanzó dos preguntas a modo de ejecución que aún hoy las conservo como uno de los recuerdos más abominables: ¿Usted --así era el trato-- entiende el significado de esas canciones? ¿Por qué no escucha algo más acorde a su edad?

El principio se evidenciaba: lo más acorde a mi edad no estaba prohibido (yo estaba muy lejos de entender semejante concepto a esa edad, casi cualquier intelecto al menos lo hubiera sospechado), por lo tanto era de consumición obligatoria.

Me doy cuenta que es cierto, el tiempo pone a la gente en su lugar. Le resulta raro a ese chiquito de diez años ver por la televisión al mismo tipejo que ponderaba sobre la conveniencia moral de lo permitido, pálido, nervioso, borboteando excusas porque unos padres denunciaron a su escuela por abuso sexual. Dudo que él esté involucrado, no le daba para eso. Pero como a todo el mundo no me asombra en absoluto la posibilidad de tal delito en una escuela católica, y mucho menos después de haber estado nueve años en una. Lo interesante, en verdad, es que ahora podría contestarle al rector que sí, que finalmente aprendí el significado de esas canciones.

Por eso me da por escribir estas cosas cuando me lo encuentro en el noticiero.

8 de marzo de 2009

PENES Y RINGTONES, LA COMUNICACIÓN FUNCIONA

1) En el Congo, la República Democrática del Congo, la policía arrestó a catorce personas acusadas de utilizar la magia negra para empequeñecer los penes de los hombres. No se especifica cuál es el procedimiento para lograrlo, la gente apenas sabe que en los taxis comunales (híbrido entre nuestros taxis y colectivos), debían prestar especial atención a si alguno de sus compañeros de viaje llevaba un anillo de oro.

2) La advertencia, claro, era redundante: en el Congo un anillo de oro llama la atención por sí mismo.

3) Esto que pasa no es nuevo. El año pasado ocurrió la misma cosa con el agravante que casi matan a doce “brujos”. Fue en Kinshasa, la capital. La policía intervino a tiempo y sólo quedaron magullados. Pero once años atrás, en Ghana, sí fue tragedia: en una casi caza de brujas, una multitud enfurecida mató a doce personas en una suerte de linchamiento.

4) Dicen que en África se le da mucha importancia a la brujería y a la magia negra. Contaba un DT de fútbol que desde hace casi quince años dirige ahí que se han llegado a suspender partidos porque alguna actitud sospechosa –tirar agua dentro del arco, por ejemplo—enardece a las multitudes, que incluso hasta invaden las canchas. A Thomas N’kono, aquel arquero del debutante Camerún en el ’82, ya de DT lo sacaron esposado de la cancha por haber dejado un muñequito en el arco contrario.

5) Coinciden, quienes pueden verlo desde afuera, en que esas cosas funcionan sobre la base del rumor. Alguien empieza y después aparecen los que conocen a uno que, o al primo de una amiga que le pasó, o… Mitos urbanos a escala selva africana. En una cultura que ancestralmente cree a ciegas en eso, es muy fácil generar pánico colectivo. En líneas generales alcanza con eso, con decírselo a otro. El ser humano creó la comunicación por necesidad. Luego, las necesidades cambian.

6) Sólo que en el Congo, donde la expectativa de vida es de cuarenta y nueve años y sólo el seis por ciento obtiene un título profesional, las necesidades son muchas. Por eso nadie soluciona el asunto: es más fácil, y económico, que crean en brujos reducepenes como los ejecutores de sus desgracias.

7) Un proveedor japonés de sintonías para teléfonos móviles vende unas que tienen la propiedad, él dice que confirmada científicamente, de descongestionar a los resfriados: se coloca el móvil sobre el hueso de la nariz durante treinta segundos y se suena uno aprovechando las vibraciones del teléfono, que son activadas por los citados timbres. Si bien las noticias no aclaran cómo le hace uno para sonarse con el celular apoyado en la nariz.

8) Que no les parezca tan ridícula la imagen: qué hubiésemos dicho hace veinte años si alguien nos revelaba que la gente iba a caminar por las veredas mientras escribía en una pantallita diminuta que, además, servía para escuchar música y, a veces, hablar por teléfono.

9) Los japoneses son infalibles: le encuentran más variantes a un mercado tan sobreabundado como agotado de ideas. A todas las utilidades del telefonito, ahora le sumaron la de descongestivo. Si la idea prospera, no es difícil imaginar las cientos de variables que le van a encontrar (se debe tomar en cuenta que se habla de un país híper consumista en el que las mascotas robots se tienen más que las de pelo y vida propia). Es lo que pasa cuando hay que consumir sin que se sepa para qué. Hay una crisis económica mundial que puede dar fe de ello.

10) El problema es que en África son pobres y no consumen, por eso ninguna compañía desarrolla todavía celulares con música tribal en los ringtones para conjurar el destino de los penes. Será cuestión de utilizar algún préstamo del Banco Mundial para desarrollar las soluciones importantes.

Aunque apoyarlo ahí para qué dé vibraciones… Como que da cosa.

4 de marzo de 2009

INDICIOS DE LA HUMANIDAD

A COGER…

* José Luis Rodríguez Zapatero fue demasiado franco con los rusos. En una conversación con su colega Dimitri Medvedev sobre los beneficios de un acuerdo de turismo entre España y Rusia, Zapatero le dijo que era bueno, entre otras cosas, para follar. “El turismo es un área económica preferente en la relación entre España y Rusia, por tanto hemos hecho un acuerdo para estimular, para favorecer, para follar”.

No se sabe, nadie se lo preguntó todavía, el porqué del fallido, pero se supone que en aras de un interés comercial, Zapatero, en un lapsus de sinceridad (es casi la misma cosa que un acto fallido), refrendó sus intenciones para con los rusos, tan castigados por el frío y el tráfico de gas de los ucranianos. Si de relaciones carnales se trata, establezcamos los roles de entrada, qué joder.

Al menos no fue como cuando el resucitado Duhalde dijo, en un acto, que junto al compañero Rousselot estaban “recurrand… perdón, recorriendo la provincia”.

Esa sí que fue honesta.

QUE SE VIENE EL HALLEY

* El asteroide DD45 pasó el lunes a sesenta mil kilómetros del sureste del Pacífico, siete veces más cerca que la Luna y un poco más lejos que Mar del Plata, para sorpresa, y miedo, de los astrónomos, que no esperaban que el meteorito se acercara tanto. “Ningún objeto de ese tamaño o mayor ha sido observado nunca tan cerca de la Tierra”, dijo Rob McNaught, científico del observatorio australiano de Siding Spring.

Según McNaught, la probabilidad de que un meteorito de más de un kilómetro de diámetro impacte contra la Tierra es de una cada varios millones de años. La posibilidad de que se estrelle uno de menor tamaño, pero con capacidad de poner en peligro una ciudad entera, es de una cada cien años. Y reafirmó que sí, que esta vez, como no ocurría desde 1908, cuando un cometa arrasó dos mil kilómetros cuadrados de bosque en Siberia, nos sopló la nuca.

Alguien debería encargarse de que los cometas no pierdan más su tiempo. Si se toman cien años para poner en peligro a una ciudad entera… Acá, y en casi todo el planeta, nos alcanza con períodos electivos cada cuatro años para se ponga en peligro la subsistencia de ciudades enteras. Por no hablar de tomarse millones de años para amenazar al planeta entero: de la Revolución Industrial para acá pasaron poco más de cien años y ya hicimos recontra mierda el medio ambiente. Dentro de doscientos años, la humanidad va a pedir por favor que se le estrelle un cometa.

Para los simpsonianos: ¿no le recuerda el episodio El cometa de Bart?

Y LA FIESTA RECIEN EMPIEZA

* Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe, festejó con todo sus 85 años: ocho mil langostas, cuatro mil porciones de caviar, cien kilos de camarones, dieciséis mil huevos, dos mil botellas de champagne, y así. Y de regalos nada de chucherías: sólo aceptó donaciones de entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco mil dólares en su cuenta privada (hay que amortizar el costo de la fiestita, claro).

Zimbabwe está en la peor crisis de su historia, lo cual es mucho en un país, en un continente, de historias extremas. Pero basta un dato: actualmente el desempleo ronda el noventa y cuatro por ciento. De otra forma: sólo el seis por ciento tiene trabajo. Y la mitad en funciones estatales (se necesitan muchos mozos en estos casos). De otra forma: Zimbabwe es la casita de Mugabe, que ya lleva 29 años en el poder. Y el negraje sería los fondos cloacales.

Si bien le pusieron ahora un opositor como primer ministro, en función de un “gobierno de unidad” (concepto perimido a estas alturas), el hombre sólo cumple su mandato divino: controlar el destino de esos negros muertos de hambre que por un cachito de langosta, que para ellos es la misma cosa que un pancho ennegrecido y sin mostaza, son capaces de meterse en la fiesta presidencial y todo. Por eso el agasajo estuvo custodiado por las fuerzas policiales y el ejército, el otro tres ciento con empleo. Y esto es de verdad, pasa en un país de verdad, con seres humanos de verdad.

Dicen que la cola para recoger las sobras de la fiesta llegaba hasta Mozambique. Pero ahí no terminaba, sino que daba la vuelta y llegaba hasta Botswana. Ese es el problema: en cualquier momento nos tocan la puerta.

Y nosotros sin caviar. Qué bárbaro.

27 de febrero de 2009

6. BIZARRO Y ENCANTADOR

Los veo a veces desde el balcón, de madrugada. Ella se baja del auto y da la vuelta para una última apostilla romántica en la ventanilla de él, la del conductor. Es breve, y a pesar de la distancia se lo nota un acto cargado de sobreentendidos. Por eso me detengo, y me acuerdo. De alguna forma, y por características propias de estos barrios en los que la vida pasa demasiado al costado y nadie se da cuenta de ello, más que una relación es un sobreentendido en sí mismo. El amor tiene mucho de eso. Es lo interesante del asunto.

De él sé bastante, o al menos lo sé hasta una parte de su vida, y de la mía. Hace bastante, un noviazgo de la adolescencia me había llevado a frecuentarlo en tanto eran del mismo grupo de amigos. Y ahí lo conocí, y conocí su entorno: lo más cercano a los Locos Addams que vi en toda mi vida. Excepto la Vero, la más chica de los hermanos, el resto de la familia cargaba con alguna singularidad, cuando no era todo una singularidad.

En cinco de seis la cosa, por algún motivo, no resultaba normal. Había algo en ellos, algo conjunto e indescifrable que hasta podía llevar a suponer que demasiado cerca seguro contagiaban. Como si esa similitud indefinible por lo bizarro no respondiese simplemente a los genes sino a un conjuro maldito ejecutado a través de generaciones y generaciones. La Vero, la uno de seis, era linda, muy linda, y por eso no parecía ajena a sus lazos sanguíneos sino que, por el contrario, reafirmaba todo: era la excepción que confirmaba la regla (o, en todo caso, era inmune a la kryptonita).

El padre se hacía llamar por un apodo provinciano: era de Santiago del Estero y siempre, pero siempre, encontraba la oportunidad para decirlo (con lo cual no es difícil imaginar lo pesado que podía ser a veces). La madre, Cecilia, era una cruza de bruja y prostituta de piringundín barato. A pesar de no irle en zaga al marido con respecto a la estatura, se la aumentaba con seis centímetros de taco aguja, bien finito, desde cuya perspectiva el pantalón de cuero colorado y ajustadísimo debería parecer el infierno en movimiento continuo. De la cintura para arriba la cosa no era más alentadora: usaba unos top de algodón blancos, no muy ajustados, sin breteles, con estampado de florcitas (sí, estampado de florcitas). El estaba demasiado orangutanizado, en todo sentido, y sus máximos análisis solían ser acerca de la redondez de los culos del barrio, de cualquiera (pero cualquiera) que pasara por delante de sus ojos. Los engaños, claro, estaban a la orden del día: él salía todas las semanas de tournée portuaria y Cecilia sencillamente se iba por la mañana, con ese andar que intentaba ser provocativo pero resultaba grotesco, y volvía de noche.

De ese matrimonio salió el Pelado Morgan. Segundo de cuatro hermanos, nunca se supo quién le puso el apodo aunque siempre se dedujo el porqué: alguna incierta enfermedad nerviosa le había hecho perder absolutamente todos los pelos del cuerpo. No era pelado, o no era pelado solamente: Morgan era lampiño. Y de piel tirando a blanca, bastante blanca: en cueros parecía una pista de patinaje sobre hielo. Ni cejas tenía, por eso se las delineaba (no debería faltarle delineador en la casa). Y por eso usaba un peluquín bastante berreta, muy obvio, muy patético. Quiero decir, el peluquín no era patético en sí mismo, aunque sí lo suele ser en algunos señores maduros, sino que el efecto por él provocado resultaba trágico. Era, a su estática manera, una suerte de distintivo del oprobioso destino que le había tocado en el reparto. Para colmo el resto del físico no lo ayudaba. Portaba consigo una notoria panza de pan y gaseosa y un indisimulable encorvamiento hacia delante de manera descuidada, casi como la declinación de su espíritu ante el mundo.

Pero así y todo tuvo sus momentos de gloria el Pelado. Sabrá Lucifer por qué pero hubieron años dorados para su particularidad y no era extraño llegar a la casa, ya cuando la madre no vivía allí y el padre extraoficialmente tampoco, y encontrar a alguna conocida del barrio con sonrisa relajada y cómplice. Es obvio que la parte más importante del acontecer me la pierdo, pero sí reconozco una apta para todo público: Morgan era un buen tipo. Por eso tenía amigos (mi retorcida novia adolescente lo quería mucho), algunas chicas para estar en forma, relaciones, fútbol, y demás. Pero, ahora me doy cuenta, esa permanente sombra que parecía envolverlo no era por su condición de fenómeno, al fin y al cabo lo llevaba con más que dignidad, sino porque en el fondo se sentía solo. A su manera era, también, un tipo transparente, con perdón del aludido.

Luego fueron los más de veinte años sin verlo, hasta que me lo encontré desde el balcón. Físicamente tocó fondo. O, en el mejor de los casos, está igual pero al cuadrado. De ella, por el contrario, sé poco y nada. Sí sé, está y siempre estuvo a la vista, que en algún lugar del camino su crecimiento intelectual decidió llegar tarde. De chica era por demás notorio; ahora, de grande, no tanto, pero sí se volvió una mujer hinchada y solitaria, con un lenguaje un poco limitado, cuya casa familiar le quedó a disposición. Y es todo lo que puedo decir, al menos hasta la primera noche en que los veo.

No es que el descubrimiento me reveló detalles ni mucho menos, apenas puedo continuar esta historia desde la intuición: es muy probable que se hayan conocido en el remise, ella de pasajera y él de chofer. Como sea, tal vez se hayan reconocido de inmediato el uno para el otro: a determinadas alturas las cuestiones importantes, se sabe, pasan por otro lado. Y ellos, al fin, estaban solos por aceptación de principios, o algo así. Las relaciones son mucho más simples de lo que la sociedad de consumo nos quiere hacer creer. Lo sé mientras los miro despedirse. A ellos, no hubo manera de derrotarlos. Les alcanzó con encontrarse.

Y serán bizarros, sí. Pero también, o por eso, son encantadores.

19 de febrero de 2009

ENTRE EL TIEMPO LIBRE Y LA ESTUPIDEZ

1) El gobierno chino, tan propenso en estos últimos tiempos a las noticias cuando menos desconcertantes, les prohibió a los actores de su país que representen médicos, enfermeras, pacientes y cualquier derivado del asunto en las publicidades televisivas. Todo fue porque el diario (botón) Noticias de Pekín, reveló que un actor había representado a cuatro médicos distintos, en cuatro publicidades distintas, ofreciendo, claro, cuatro productos distintos. El resultado arroja una certeza: en China los periodistas tienen mucho tiempo libre.

2) Luego, en una profundización de la cosa, descubrieron que una actriz (es decir, una persona que representa personalidades falsas en función de una ficción) había encarnado a cuatro pacientes diferentes que, según la tanda, tenían problemas de corazón, riñón, hígado y no sé qué más. Un compendio de pudrición la chinita. Se ve que los chinos no tienen los Llame Ya! Al geronte medio sordo del Lisen Up ya lo vi cocinando pizza y bañándose en una piletita de lona. Y si lo llegaban a ver a Eric Estrada vender un adelgazante, lo condenaban a muerte. Por lo menos.

3) Sí, está bien, hay casos en los que se los presenta como reales expertos y eso puede verse como casi delictivo a la Rímolo. Pero se la tomaron tan a pecho que bordean la sinrazón: para completar la repentina paranoia del Ministerio de Sanidad (los ejecutores de la ley), un internauta contratado ad hoc descubrió cientos de miles de supuestos falsos médicos que ofrecen remedios por Internet. Una más para el control del ciberespacio.

4) Lo interesante, en muchos casos, está en los propios avisos. Para remitirse a un ejemplo que muchos reconocen: el Reduce fat fast, un clásico de los Llame Ya! Cuando lo vuelvan a ver, préstenle atención al “título” del inventor del jarabito milagroso: “Gurú internacional de la pérdida de peso”. El problema, entonces, es quién y por qué toma ese aviso en serio. Y por qué tiene que el gobierno asistir la inteligencia de sus gobernados en función de su preservación, algo bastante paradójico.

5) Queda para otra ocasión el hablar de un gobierno con una notable predisposición a la prohibición de todo en pos de la conservación de una ideología, al menos culturalmente, ya un tanto decimonónica. Sí me atrevo a detenerme en el detalle: será que no todo está perdido y nos tocó una época en la que un gobierno toma medidas para que la gente entienda que la tele, y en particular las publicidades, casi nunca dicen la verdad.

Es alentador. Por ahí hasta van por más y los obligan a no mirarla. Je.

13 de febrero de 2009

LA MORAL ES UN BUEN PRODUCTO


1. “No es justo sufrir una persecución como esta, te hacen sentir un criminal”. Lo dijo Rafael Nadal hace un par de días. Sigue su queja Nadal contra el nuevo código de la Agencia Mundial Anitidopaje (AMA), que obliga a los deportistas de alta competencia a adelantar cada trimestre su ubicación diaria. Más simple: la AMA les exige que cada día del año digan dónde están, por si les toca un control de doping sorpresivo. Rafael Nadal es la cabeza de las quejas y los reclamos. Sesenta y cinco deportistas belgas ya formaron una especie de asociación de resistencia al código. Los belgas tienen ilusiones de cambiar algo con base en sus propios antecedentes: fue el jugador Eric Bosman quien logró, con su reclamo ante la justicia ordinaria, la sanción de la famosa Ley Bosman que le permite a los comunitarios no ocupar plazas de extranjeros. Pero no le importa mucho a la AMA las quejas de sus subordinados. Las respuestas oficiales apenas aclaran que se trata sólo de una hora al día, y no más. No explican el por qué del nuevo código, pero se puede intuir fácilmente.

2. En principio, se sabe que a esos niveles de profesionalismo el deporte, en tanto estructura millonaria, funciona como un tráfico de personas y voluntades. El Pitu Barrientos, de reciente regreso a San Lorenzo, contó en El Gráfico que se enteró que lo llevaban a Rusia cuando hacía escala en un aeropuerto español, hasta ese momento estaba convencido que iba a Portugal. Y lo contó casi como los gajes del oficio. No se sabe qué es más terrible: si lo que le hicieron o la naturalidad con que Barrientos, de 21 años, acepta que serán las maneras de volverse millonario tan joven.

3. Pero la gran pista es la sanción a Michael Phelps, el nadador estadounidense cuya foto fumando una pipa de agua (una manera sofisticada de fumar marihuana, nada de un porrito en la esquina con los muchachos) recorrió el mundo, es muy elocuente al respecto: no incide de ninguna forma en el rendimiento deportivo del sujeto, ni para bien ni para mal; siquiera está en competencia. El problema no fue el consumo, el problema fue la foto: les arruina el negocio a todos.

4. Se debe hacer una separación importante: Nadal, como Phelps y como Messi y como Tiger Woods y como Lewis Hamilton y Manuel Ginóbili y siguen las firmas, son de los mejores en sus disciplinas por sus aptitudes y talentos deportivos. El deporte los convierte en número uno. Pero es el mercado quien los convierte en estrellas de la humanidad. El deportista descansa, la estrella no puede darse ese lujo. El deportista tiene que competir para serlo, para ser estrella le alcanza con estar ahí. Eso es lo que la AMA, en nombre del negocio por todos compartido, protege. La moral les resulta un buen producto.

5. “Queremos ser un deporte olímpico, pero no pagar este precio por ello”, dijo también Nadal, quien se siente por demás invadido en su intimidad. El problema está dicho: es el mercado quien le invade su privacidad, no el deporte, no la AMA. La agencia, en todo caso, es la testaferro del asunto. Y si no miren a Phelps. Ahí está la respuesta a todo, y lo que Nadal no dice (pero de seguro sabe, demostró ser un tipo muy inteligente). Prevenir, porque si pasa no hay cura. Con tres o cuatro Phelps más, el negocio queda arruinado en poco tiempo. Y si bien para el disgusto del tenista español, de eso se trata: pertenecer tiene sus costos. El mercado les da todo, incluso la posibilidad de ser un auténtico millonario a los 20 años. Y sabe, el mercado, que puede eso virar a riesgo en cualquier momento: un chico de 20 años con millones y fama y lo que se les ocurra, con un cachito de tiempo libre es una bomba de tiempo. No cuidan la salud del deportista.

Cuidan a las estrellas de ellos mismos.

5 de febrero de 2009

BUTCH CASSIDY NO TENIA EL FACEBOOK

1) Según parece, los datos que la gente sube al Facebook son utilizados por secuestradores para lograr información precisa sobre sus futuras víctimas. También los utilizan los pedófilos, y como frutilla del postre también los trafican. Y entonces empezaron a sonar voces de alerta, una vez más, sobre los peligros de estos recursos. Sólo que, también una vez más, es historia vieja. Muy vieja.

2) Puede que, a estas alturas, esa preocupación resulte la trampa más eficaz. Y, a la vez, un gran interrogante: por qué no nos damos cuenta, ni ahora ni nunca en verdad. Tuve la suerte de utilizar Internet desde los comienzos, cuando mandar un correo era casi un acto de magia y la gente te miraba como si fueses el ilusionista perfecto. Y desde el recorrido histórico, si bien de escasos quince años, también es una incógnita. Internet se postuló a sí misma como un medio revolucionario por la inmediatez, la multiplicidad, la universalidad, la rapidez, la comodidad, la reducción de fronteras... Pero nunca nadie habló de seguridad. Vaya detalle.

3) Desde ese costado, el tema no debería ser tan grave. Centrar el problema (si en verdad es un problema) en el asunto de los secuestros puede hasta ser irrelevante. Butch Cassidy y Sundace Kids robaban bancos entrando con una bolsa de papel e inflándola y haciéndola explotar para que pareciese un arma. En todo caso se valen de los recursos de época. Y hoy son los recursos informáticos.

4) Incluso esto que escribo tampoco es nuevo, está en notas de Página/12 de hace unos siete años. Y nada cambió. Quiero decir: ya sabemos cómo son las cosas. Empecemos a mirarlas desde otro lado. Si el Facebook lo utilizan millones de personas, está claro que las variables de la delincuencia le van a buscar la vuelta. La pregunta es por qué usarlo. La pregunta es por qué Facebook se convirtió en la nueva religión. La pregunta es para quién resulta peligroso. Yo hace años que tengo dos casillas con nombres falsos tanto para suscribirme a boludeces como para “trampear” con alguna nota difícil, como una de cómo comprar pedofilia que hice hace poco. Los tipos ya tienen identidad propia. ¿Y a quién le importa?

5) Será que tal vez, más allá de los secuestradores y los pedófilos, a nadie le importa lo que ocurre en Internet más allá de las intenciones con que lo pone. La gente que sube sus fotos a esos lugares lo hace para la familia, los amigos, tal o cual, y ahí se terminó. No sólo no sabe lo que pasa con eso: tampoco le interesa. Ni siquiera cuando lean una noticia sobre lo que pasa en esos lugares van a dejar de subir sus datos. Esa es la pregunta del millón: por qué si nadie obliga a nadie, la humanidad entera lo hace.

6) A quienes lucran con esos datos, en cualquier orden, tampoco les interesa. Detrás de cada dato, incluso falso, hay una persona. Y esa persona tiene gustos, niveles de consumo, gastos, preferencias, vicios, sin que resulte relevante cómo se llama o dónde vive. Ese es el verdadero acto de espionaje: la investigación de marketing encubierta más grande del mundo. Luego, la utilización de esos datos, los secuestradores y todos los etcéteras, serán los gajes del oficio. Al fin y al cabo, alcanzaría con no subir fotos al Facebook y santo remedio. Pero no.
Bien dijo Aldous Huxley que el verdadero problema no es volverse esclavos.

El problema, en verdad, es amar nuestra esclavitud.

27 de enero de 2009


5. MANUEL

Esta historia la había escrito, pero fue un diario de Mendoza con el nombre de Manuel lo que revivió el recuerdo en mi cabeza, la necesidad de volver a contarla. Para empezar a ser claro desde el principio: Manuel era un hijo de puta pero eso lo supe muchos años después. Suele ocurrir, bien decía Wilde sobre la experiencia: eso que cuando adquirimos ya no nos sirve para nada.

Mi tardía reacción, sin embargo, se justifica: andaría yo por los diez, once años, cuando venía a hablar por teléfono, aunque mayormente era su mujer quien traspasaba el umbral de mi casa, deferencia concedida a muy pocos vecinos, a utilizar el por entonces sofisticado aparato. No eran muchos quienes tenían una línea telefónica propia y en todo el edificio había sólo dos Era común, así, dar el número del vecino afortunado para casos de necesidad y urgencia. No todos lo interpretaban así y había quienes hacían gala de un abuso al límite de los enternecedor por lo grotesco. En parte a eso se debía la celosía de mis padres.

A ellos, nuestros vecinos de enfrente, los llamaban familiares de Mendoza. No muy seguido pero constante. Yo mismo he salido a tocarles el timbre en pijama a las once de la noche para avisarles. A mí me molestaba mucho y cuando me encontraba solo decía que no estaba autorizado a salir de mi casa y cortaba. Y mucho más me molestaba la presencia de él, si bien fue sólo un par de veces. A mi padre también le molestaba pero por causas mucho menos vagas que las mías: sabía perfectamente quién era.

Si bien después se dijo, se rumoreó, que no había sido el primero y en realidad hacía rato se dedicaba al rubro, la fama de Manuel estalló por los aires del barrio cuando una mañana su cara apareció en las tapas de todos los diarios señalado como uno de los dos cabecillas del asalto a un banco, creo que al Interamericano o algo así. Con nombre completo en el epígrafe y todo. Un vecino más grande, un señor adolescente, me lo mostró en la parada del colectivo cuando yo iba a la escuela. Al mediodía volví y el edificio era un soberano despelote: la mitad en la entrada con los periodistas de los diarios (¡habían ido con fotógrafos!), una cuarta parte en los pasillos y el resto discretamente en su casa atento a la radio. El vecino del quinto había resultado ya no un ladrón sino el jefe de una banda y encima el robo, consumado, había sido grande, muy grande. En sí mismo el todo descripto alcanzaría para revelar lo suficiente si no fuese por un detalle que lo viraba de delictivo a siniestro: Manuel era policía.

Estuvo algunos años preso, no muchos. Fue ahí cuando mi madre de alguna manera se solidarizó con la esposa y se convirtió para ella en una vecina de referencia. Tenía dos hijos muy chicos, varón el mayor y nena la pequeña, casi una bebé: mucho para estar tan sola tan de golpe. Mi madre, entonces, le prestaba el teléfono y de vez en cuando la oreja y cada tanto un huevo, un tomate, una taza de pan rallado. Yo, en esta historia, era el infante siempre perjudicado por los mayores: iba, venía, llevaba, traía. La distancia era apenas el palier pero para mí era interminable y fastidiosa y siempre significaba la interrupción de algo mejor.

Después Manuel salió de la cárcel. Y volvió a su casa como si nada. No se lo veía mucho, es cierto, pero al menos para mí no parecía un tipo que había estado preso, si bien tampoco podría definir, ni a los diez años ni ahora, cómo se debería ver un hombre que estuvo preso. Sí me parecía un bicho extraño, una especie de rata de laboratorio en el lugar equivocado e incluso algo en su cara, en su forma de hablar, me resultaba gracioso. La relación de su esposa con mi madre cambió radicalmente en gran parte por la resistencia de mi padre a entablar cualquier forma de relación, por muy indirecta, con él. Razones no le faltaban, claro, aunque eso también lo supe muchos años después: si bien no había vuelto a la Fuerza, al menos no oficialmente, eran años oscuros y demenciales y gente como Manuel tenía trabajo de sobra. Y se evidenciaba fácil, máxime con la impunidad de cómplice: una noche le tocó el timbre a su propia esposa disfrazado con peluca rubia y lentes oscuros y con una Itaka apuntándole al medio de la cabeza sólo para demostrarle de los peligros de abrir la puerta sin utilizar la mirilla.

No sé cómo mi padre al menos lo intuía y durante unos meses cada llamado desde allende la cordillera era motivo de disputa en mi casa. Mi madre, solidaria y compasiva, parecía poder tolerar esos minutos semanales de presencia. Mi padre no. Y cuando un mediodía fue Manuel quien se acercó a atender el llamado mi padre dio por concluido el asunto y le pidió cortésmente que no volviera nunca más. Y así, con los meses poco a poco él se me hizo casi invisible y la esposa casi ni aparecía por mi casa, los huevos ahora alcanzaban siempre y Mendoza debe haber sido la primera provincia en quedarse sin líneas telefónicas. Y un día quedó tan lejos que cuando se me dio por reparar en los vecinos resultó que hacía más de un mes se habían ido a esos confines extraños del universo. Y yo y mis diez, once años, seguimos la vida como si nunca hubiesen existido.

Pero quedó algo, un viejo cassette TDK, de esos grises tan horribles como duros y resistentes, que busqué y encontré, previo rastreo casi arqueológico a la casa paterna. Y que resulta lo revelador del relato.

En esos diez, once años, a mis amigos y a mí nos gustaba mucho la música. No distinguíamos mucho de géneros, coherencias y relaciones: nos podía conmover Queen y a la vuelta nos deshacíamos por Village People (al menos no escuchábamos Menudo). Nuestra afición era por todos conocida. Era común ver a cualquiera de nosotros con pilas de discos de vinilo por los pasillos y cada uno tenía su habitación correspondientemente empapelada con pelilargos y guitarras. Manuel también lo sabía, supongo por comentarios de su esposa, y, en esa época en que los tire y afloje entre mis progenitores todavía permitían algún llamado y en consecuencia alguna visita a mi casa, un día me propuso que le grabara música, cualquiera, en un carretel de ocho horas de un viejo grabador de cinta.

Con la ayuda de un amigo logré conectar el armatoste al combinado, una modernidad, y me dispuse a grabar lo que se me ocurriese, cosa que efectivamente hice durante una semana. Pero luego me aburrió y una tarde de calor, en compañía de mi amigo, decidí accionar la palanca a ver qué había en esas cintas y sólo recuerdo escuchar a alguien decir enojado “pija” y “concha” y tirarme al suelo de la risa: en esa época de híper censura y humor demasiado común tener acceso a una puteada semejante era un privilegio. Y recuerdo algún reto de mi madre que yo creí motivado en esas palabras y entonces con mi amigo decidimos grabarlas a espaldas de ella, no podíamos perdernos semejante diversión. Y entonces utilicé el TDK gris.

El aparato desapareció de mi casa el mismo día, si bien yo reparé en su ausencia no sé cuántas semanas después. Y me olvidé por completo de él y también de aquel cassette grabado con mi amigo. Y treinta años después, cuando entiendo algunas cosas más, no muchas, apareció y me aclaró que la cosa era un juicio interno o semejante de un grupo de la lucha armada (no importa ahora cuál, no me interesan las lecturas fáciles cuando la historia ya fue escrita, el pasto de muchos imbéciles). El dizque juez decía pija y decía concha (“¡ustedes viven en un mundo donde la pija es un monumento y la concha un monumento!”) porque se trataba de una parejita que por sus deslices de parejita había frustrado un operativo, o algo así. No quise escuchar más. La calidad sonora de tantos años no ayuda mucho tampoco. Ni tiene sentido.

Ese testimonio dice mucho más, o al menos su sentido verdadero no está en sí mismo, en lo anecdótico, sino en su siniestra representación: hubo una época en que había gente como Manuel, cuya esencia le permitía darle un botín de una guerra sucia a un chico de diez años para que jugase y, de paso, le borrase las pruebas. Y hoy hay gente que, si vive, puede que esté a la sombra de un árbol de su propio jardín, en algún lugar de Cuyo, mientras ve cómo crecen los geranios y sonríe a la espera de la cariñosa visita de sus nietos. Y para otra gente hasta pueden llegar a ser los mejores vecinos del universo. Hasta que un día los noticieros lo presentan en sociedad y ahí se les revela: en verdad era un hijo de puta.


Pero lo de siempre: lo supimos muchos años después.


19 de enero de 2009

CAMISETAS VERDE PETROLEO

1. La FIFA va a inaugurar ahora la versión en árabe de su sitio oficial. Podría ser un detalle sin importancia, de hecho tal vez lo sea. Pero puede que a su manera sea el principio de la conclusión de aquel plan que comenzó con la Copa Rey Fahd, el precedente de la ya popular Copa Confederaciones. Los argentinos la recordamos muy bien: la selección nacional la ganó en aquella primera edición. ¿Los rivales? Eliminatoria con Costa de Marfil y final con Arabia Saudita (no se rían: en su momento, Alfio Basile la chapeaba con orgullo casi al mismo nivel que las dos Copa América que obtuvo). Aquella fundacional Copa Rey Fahd se jugó en Arabia Saudita (el otro invitado fue Estados Unidos), en el estadio Rey Fahd y con la presencia del Rey Fahd en los palcos. La canchita, vale el detalle en función de este texto, tiene baños cuyas canillas están recubiertas de oro, entre otras nimiedades (ahórrense los chistes fáciles sobre el destino de semejante grifería en la Bombonera).

2. En 1992, cuando se inventó la Copa Confederaciones (pasó a llamarse así cuando el Rey Fahd cayó en desgracia por cuestiones de salud, pero insisten con sancionar a un jugador que muestre un mensaje de apoyo a Palestina), la FIFA empezaba también a pergeñar uno de sus máximos logros: el proyecto GOAL. Básicamente se trata de aportar dinero y desarrollo deportivo en aquellos lugares en los que todavía la pelota no es del todo redonda. Pero en verdad se trata de expandir cada vez más los límites del negocio. Uno de los primeros beneficiados fue Trinidad y Tobago. ¿Se acuerdan del exótico Trinidad y Tobago que catorce años después jugó el Mundial de Alemania?

3. A propósito: en 1992 todavía eran veinticuatro los países que llegaban a la instancia final de Mundial. En 1998, cuando el proyecto estaba crecidito, ya pasaron a treinta y dos. Por si todavía no queda claro: en el 2006, después del GOAL, el partido de primera ronda entre Corea del Sur y Togo cotizaba en Trinidad y Tobago los mismos millones que en el resto del planeta futbolero. Ese es el detalle: en los países árabes hay mucha, pero mucha, plata. Ahora les tiene que gustar el fútbol, pero como a diferencia de los beneficiarios del GOAL no son pobres, la FIFA en vez de mandarles plata les organiza campeonatos y santo remedio (sobre todo para mirar cómo lo juegan los otros, porque ellos... Hasta no hace mucho Direct TV tenía un canal de Arabia Saudita en el que más de una vez miré hasta veinte minutos de corrido de algún partido de la liga local... Dios, lo bien que hacen en dedicarse al petróleo).

4. La cosa empieza a funcionar: el Manchester City compró al brasileño Kaká en ciento veinte millones de euros, un exabrupto financiero por donde se lo mire. Ocurre que el Manchester City fue comprado por el jeque Mansur Bin Zayed, miembro de la familia que reina en Abu Dabi, uno de los siete emiratos de los Emiratos Árabes Unidos, ahí donde tienen petróleo hasta para lavarse los dientes. Para él, es una inversión un poquito grande, no más. Entre el club y Robinho y ahora Kaká se debe llevar gastados unos quinientos millones de euros. Es que cuando emprenden un proyecto lo hacen a lo grande.

5. “La televisión ha hecho del deporte un espectáculo después de haber hecho del espectáculo un negocio”, explicó el especialista francés Jean Meynaud. La FIFA lo puso en práctica a partir de Italia ’90, el primer Mundial con glamour y estilo y cuya final fue vista por cuatrocientos millones de personas en vivo y en directo. Casi podría arriesgarse que ahí está el germen, el quid de la cuestión. Luego fue sólo cuestión de encontrar la manera de replicar el negocio hasta el infinito. A la FIFA no le alcanza ser la multinacional con más facturación anual en todo el mundo ni con que Beckham vaya un ratito al Milan para vender más caros los derechos televisivos (sí, es la UEFA, pero Europa sin la FIFA no hace nada), siempre va por más. Ahora es el turno de los países petroleros, donde juegan un fútbol horrible y donde da la impresión --perdón pero es la percepción sobre la realidad-- de que no entienden mucho la redondez de la pelota. Pero es lo de menos. Mientras un jeque mantenga la rueda andando y mientras los baños de los estadios tengan canillas de oro, lo demás es secundario. Hasta en eso acierta la FIFA.

Si los quisieran hacer jugar a la pelota en serio, se les termina el negocio a todos.

6 de enero de 2009

ALGUNOS INDICIOS DE QUE SERA UN AÑO RARO

1. Papá Noel se compró un iPhone

Un estadounidense, el profesor de Ingeniería Larry Silverberg, no quiso desilusionar a su hijo acerca de la existencia de Papá Noel (ese cementerio de comida chatarra que nos quieren vender desde chicos como el policía de los regalos) y por eso optó por una explicación científica sobre las maneras del barbudo. Y así le habló a su crío sobre los esquemas de tuberías con los cuales capta el pensamiento de los chicos, sobre la teoría de la relatividad, sobre nanotecnología y hasta sobre la continuidad tiempo espacio. Tratar de convencer a un chiquito con un poco de ilusión parece mucho para la era de You Tube y la publicidad.

Pero está bien: es un Papá Noel acorde a la época. Podría haberle hablado también del GPS con sensor moral con el que encuentra las chimeneas de los chicos buenos, pero parece que no se le ocurrió. La época, todo hay que decirlo, ayuda a las ideas renovadoras: al menos así podría decirle a su niño que los chicos musulmanes no reciben regalos de Papá Noel porque sencillamente son malos. De nacimiento.

El chiquito, una vez finalizada la exposición catedrática, no supo si pedir un regalo o una pasantía en el MIT. Y para la próxima, algún norteamericano va a explicar la resurrección de Cristo como un truco informático.

Al menos tendría más sentido.

2. La intrascendencia es una noticia vieja

Las noticias dicen que un accidente de avión se transmitió por Internet. Fue un pasajero de un vuelo que iba a Houston pero se cayó en Denver. El hombre se tiró por el tobogán de emergencia, corrió para escapar del incendio y sacó su iPhone para capturar imágenes (que es distinto a sacar fotos) y mandar su primer mensaje a un microblogging: “Mierda, acabo de salir de un accidente de avión”. Y, sí, tenía ganas de contarlo.

Después siguió así por cuatro horas, mandando imágenes y textos cortos a Twitter, el microblogging en cuestión. Se trata de páginas en las que los usuarios pueden enviar sus mensajes en tiempo real desde sus telefonitos. Los msjs no pueden tener más de ciento cuarenta caracteres (hasta antes del paréntesis la frase tiene cincuenta y nueve, para que se dé una idea): no se puede profundizar demasiado.

Pero parece que no importa porque el recurso genera cada vez más adeptos, si bien, al estilo de los medios tradicionales, tuvo que esperar la llegada de la tragedia para trascender como noticia. El estilo de los usuarios es más bien un híbrido entre elíptico y demasiado pedestre: “voy a ducharme”, “hoy tuve mi primera cita con una chica, sé que va a ser mi mujer”, “el perro me abrió la puerta, me causó mucha gracia”. Y así. Un diario íntimo en eslóganes. Al menos hasta que alguno de los que sale a las corridas de un accidente aéreo les cuenta eso, que acaba de salir a las corridas de un accidente aéreo. Pero cuál es la noticia: el accidente aéreo o que un sobreviviente mandó mensajes mientras las tuercas del avión le pasaban por al lado. Menudo problema.

Pero es lo de menos: mientras se utilice a quién le importa. Hace mucho rato que la intrascendencia, según explicó Neil Potsman, fue elevada a la categoría de noticia: ocurrió en el momento en que a Morse se le ocurrió inventar el telégrafo. Potsman, muy resumido, explica que con el nuevo aparato comprendieron en seguida que se podía comunicar algo en tiempo real desde Maine hasta Texas, pero no se preguntaron si Maine tendría algo que comunicarle a Texas. El telégrafo no sólo permitía esa comunicación: a su manera la exigía.

Luego vinieron los medios, luego la televisión, luego Internet, luego los telefonitos... Y los blogs ni les digo.

A propósito: me acabo de tomar un vaso de seven up.

3. Como no hay regalos, no hay avión.

Finalmente pasó: una familia musulmana fue bajada de un avión por sospechosa. En Estados Unidos, claro. Ocurrió el primer día del año (empezaron con todo), en un vuelo que había despegado de Washington a Orlando. Al parecer los pasajeros se quejaron cuando los escucharon preguntarse cuál sería el lugar más seguro del avión para sentarse. La protesta creció y la empresa, AirTran, los bajó y santo remedio.

Luego se supo que la familia era norteamericana y que las barbas y los pañuelos femeninos no ocultaban ninguna bomba. Intercedió el FBI y pudieron continuar viaje, pero en otra empresa, eso sí.

Entre los objetados por la moral del colesterol, detalle, había tres niños. El pánico del 11-S sumado a la idiotez como estilo de vida da un resultado catastrófico: suponen no sólo que los terroristas van a intentar el mismo recurso (nunca entendieron el concepto de factor sorpresa) sino que además lo van a anunciar y encima van a llevar a la familia. Dios...

Pero está bien. Ahora que tienen un presidente negro la tienen que canalizar por otro lado.

A ver si se quedan sin villanos fáciles.

Bonus track: dos noticias.

“La industria del sexo, la única que se salva de la recesión en Estados Unidos” (23 de diciembre).

“Pronostican que crecerán las conexiones en banda ancha en el 2009” (sábado 3 de enero).

Je.

22 de diciembre de 2008


GRACIAS DE TRES AÑOS (Síndrome de fin de año)

El blog cumple los tres años, ya puede hablarse algo de corrido. Es cuestión de aprovecharlo: por vez primera, nobleza obliga, nos dedicaremos a los necesarios agradecimientos. Sabrán disculpar las voluntarias omisiones.

A mis amigas Edith y Mónica. La idea de un blog, lo confieso, no me entusiasmaba demasiado, pero ellas, tal vez para que dejara de hablarles de ideas raras y libros releídos hasta la disección –o en otro sentido para que dejara de romperles las pelotas—lograron convencerme. En verdad, casi lo abren ellas por mí. La verdad estuvo bueno. Ahora se los agradezco: puedo decir boludeces a granel y encima las leen.

A Verito, la corresponsal exclusiva desde la otra generación, a quien cada tanto recuperamos. Ella no lo sabe, pero está destinada a la genialidad. Nuestra única pluma invitada hasta el momento; veremos qué se puede hacer para los cuatro años. Veremos en qué anda Verito en un año. Y le agradecemos particularmente el regalo, lealo aquí debajo.

A casi todos mis colegas de la Falcone. Je, algún día los tenía que nombrar, ahora que me bajo por un tiempo es un buen momento para hacerlo. No tanto por leerlo (tres de los cinco son de ahí) sino por las motivaciones para hacerlo, sentencia que reúne en sí misma todas las interpretaciones posibles. Si bien en líneas generales el sistema educativo es por sí solo una invitación al análisis del absurdo, la cercanía permite una mirada más profunda. Y permite descubrir también cuáles son los márgenes de maniobra. Es un problema de voluntades, tal vez algún día lo entendamos.

A muchos de ellos les agradezco el diálogo, la mirada. Ellos saben quiénes son.
Hay muchos Pablos, no es casualidad supongo.

Pero agradezco también el alimento del blog (en especial a la profesora Palabrotaz: hay episodios que por inolvidables son reveladores, o viceversa). Acuérdense: hablamos de un sistema que permite que un profesor de educación física sea director de una institución fundada en la enseñanza. Cualquier cosa que hablemos sobre él debería ser de ahí para abajo.

A mis alumnos de estos últimos seis años, a los que me padecieron en el secundario y a los que me sufrieron en el terciario. Pero algo se llevaron, eso me tranquiliza. Y les agradezco por todo lo que me hicieron crecer. Ellos no lo saben, pero muchas de las ideas retorcidas de este blog fueron clases previamente. O sí, lo saben, pero siempre me supusieron insano entonces siguieron adelante. En fin. Y un agradecimiento especial a los niñitos de quinto primera 2008, por el orgullo de haber sido profesor de ellos. De cualquier manera, gracias.

A los colegas de la prensa que tuvieron el atrevimiento de hacerme algún comentario del blog. Es gratificante de verdad, no es un gremio que se caracterice por el reconocimiento. Son pocos, también saben quiénes son, pero llena.

A los que lo leen y nunca me entero. Supongo que alguno existe.

A Paula. Lee previamente, sugiere, corrige ideas, tiene mucha paciencia, digamos. Todos los textos son, en algún lugar, también de ella.


Finalmente, un agradecimiento especial a los anunciantes, a la televisión por cable, a los pastores evangelistas, a la policía canadiense, al doctor Bilardo, a las tandas comerciales, a los profesores de instrucción física, a la bonaerense, al Departamento de Estado de Estados Unidos, a Luis D'Elía, a Moyano, a Eduardo Aliverti, al diario Sur, y a todos quienes nos hacen ver lo bueno de elegir apenas en qué lugar de la vida pararse. Así pensamos los que hacemos Criollitas.

Y ahora vamos por los cuatro. Hasta la próxima.

PD: No es usted, este texto está en tipografía más chica.
NAVIDAD NO LE IMPORTA A NADIE

Escribe VERÓNICA IACONA
(Corresponsal exclusiva desde la otra generación)

El blog cumple años y es cierto que amerita un buen regalo. No que vaya a ser un buen regalo lo que escriba, o el hecho de escribirlo siquiera. Pero todos lo sabemos: lo que importa es la intención.

Así que de tanta intención y de tanta insistencia me dispuse a que salga algo. Es hora de salir del táper de jamón y ver qué pasa con, y en, el resto del mundo.

Pero a pesar de haber estado revisando y ultra revisando diarios y revistas durante una semana entera no encontré nada que me llamara la atención (y tampoco podría decir que me siento más informada). ¿Qué hago?

Le regalo a este blog entonces el artículo vacío y con él una buena excusa: el espacio para que las diferencias generacionales salgan a la luz y nos permitan pensar por qué es que yo, no yo en particular sino todos los de mi calaña, no logramos interesarnos por nada que nos digan los medios. ¿Será escepticismo? ¿Desgano? ¿Estará realmente perdida la juventud o estarán realmente perdidos los que hacen los diarios?

Definitivamente algo anda mal.

Pero hagamos como hacen todos (los que hacen los diarios, los políticos, los chicos, los grandes, los viejos) y no nos preocupemos en época de festejo. Total, problemas va a haber siempre, mejor nos ocupamos mañana.

¡Felices tres años blog! Impresionante que hayas aprendido a caminar, hablar y a ser tan ácido en tan poco tiempo, y eso que recién estás dejando los pañales.

16 de diciembre de 2008

ESTE BLOG TAMBIÉN TIENE TÚNEL DEL TIEMPO

“Yo la volvería a votar a la señora Cristina, gracias a ella volvimos a comer lomo. ¡Lomo, Luis! Hacía años que no comíamos lomo, ya ni sabíamos qué era. Yo no digo que las cosas estén bien, pero volvimos a comer lomo. Un beso, muy lindo el programa”.

El mensaje ocurrió el lunes a la tarde, en el programa de Luis Majul. La propuesta a los oyentes era llamar para saber si a partir de la tablita de Machinea y las últimas medidas económicas, volverían a votar a Cristina Fernández. Y en algún momento de la emisión cayó el mensaje.

Me remitió a una de las primera entradas de este blog, que ya está crecidito. Y como no voy a esperar que alguno de los cinco lectores (este año se sumaron dos) la busque en el archivo, la vuelvo a publicar aquí debajo tal cual aquella vez. Es interesante ver cómo funcionan algunas cosas: la señora del mensaje se pudo dar un lujo. Cómo no la va a votar.

A propósito: la similitud partidaria de los aludidos, es mera coincidencia.


(Publicado el 7 de abril del 2006)

NADA POR GUSTO

El folleto se reparte por estos días en distintos puntos de La Matanza, tierra peronista si las hay. Son de la agrupación Matanza Avanza (no explican a dónde) y proponen la intendencia de un tal Fernando Espinoza. El folleto, en una de sus caras, dice “Compremos mejor”, y luego elabora una serie de consejos para hacerlo tales como llevar un listado previo, verificar la correspondencia de precios entre lo exhibido y lo cobrado, y algunas más. Una buena intención, podría pensarse, al fin y al cabo nunca está de más este tipo de consejos, máxime para la gente mayor. Sin embargo, el otro lado del folleto lo explica mucho mejor y más sucinto: Compre sólo lo necesario.

Ahora sí. Ahí te agarré. Ese es el punto: compre sólo lo necesario. ¿Por qué? Porque así le va a rendir más y mejor el dinero del que dispone (que no es mucho, claro) y no se va a dejar estafar por los comerciantes. Pero también, preste atención, por que no le queda más remedio. ¿Comprarse algo por gusto? Imposible, cómo se va a dar un gusto. No le queda más remedio, porque apenas va a poder comprar eso, lo necesario, así que no se distraiga con tentaciones absurdas como un chocolate para después de la cena o una botella de vino más o menos bueno para el fin de semana. Lo necesario, sólo lo necesario porque nosotros nunca le vamos a dar para que pueda hacer otra cosa.

(Curiosa remisión que dejo al final, y que pertenece al capítulo tres de 1984, de George Orwell:
“Constituye una táctica deliberada mantener incluso a los grupos favorecidos al borde de la escasez, porque un estado general de escasez aumenta la importancia de los pequeños privilegios y hace que la distinción entre un grupo y otro resulte más evidente”.)
¿Vieron? Para todos los taxistas y comerciantes y docentes e intelectuales varios (y podríamos seguir un buen rato) que insisten con que Jorge Lanata es el director de Página/12, ahí va la prueba. Claro que entre los dos diarios, el teatro, los libros y todo no le queda mucho tiempo para pensar títulos distintos.

¿O será que las frases hechas tomaron el poder y no nos dimos cuenta?

(Perdonen, je. El quiosquero me la dejó servida.)
¿Qué decir?

Comunicado de prensa llegado a las radios, se copia y pega tal cual. Una vez más, sin palabras. Lean.

Subject: Date: Thu, 11 Dec 2008 11:13:03 -0300 COMUNICADO DE PRENSA

EL GREMIO DE CAMIONERO Y LOS DISTRIBUCIÓN DE DIARIO Y REVISTA,TENDRA LA ULTIMA AUDIENCIA EN MINISTERIO DE TRABAJO EN LA CALLEALLEN, A LAS 16 HS SI NO SE LLEGA A UNA ACUERDO NO SE DESCARTA UNPARO Y OLLAS POPULAR DICHO ANUNCIO SE ARA DESPUES DE LA REUNION EN LA PUERTA DEL MINISTERIO, EL ANUNCIO LO ARA EL SECRETARIO AJUNTO PABLO MOYANO .

PRENSA Y DIFUSIÓN
HECTOR YUYO LOPEZ
Volanta de Clarín: PAGINAS WEB Y BLOGS DE INTERNET SON SU LUGAR DE ENCUENTRO.

O en otro sentido, cómo ser tan redundante para editar un titulado. Y no era una cuestión de espacios...

Sugerencia para el Deportivo: En las canchas de fútbol se juegan partidos de fútbol.

12 de diciembre de 2008


4. MAMUT


Me contó alguien que Mamut se murió. Que lo mataron, hace unos meses. Mamut fue un compañero de la secundaria. Era alto normal, pero igual de ancho. Usaba el pelo largo a los costados y caminaba con las piernas abiertas y el torso un poco hacia delante. Como si en vez de caminar arremetiera. No sé cómo se llamaba, creo que nunca lo supe. El que me lo contó lo conocía un poco más, por eso vio la cosa como una conclusión irreductible: cómo y dónde iba a terminar Mamut si no era así, reventado de un par de tiros en una salidera.

Es cierto. Cuesta pensarle otro destino posible a alguien como Mamut. En la nocturna donde terminé, a veces se iba en los recreos a arrebatarse algo por Santa Fe. Una noche, en medio de una ronda de faso en el patio de la escuela, me regaló un compacto de Sting. Los discos compactos, si bien ya popularizados, eran todavía una rareza, y mucho más sin cajita y de manos de Mamut. “Estaba adentro del aparato que le saqué a un concheto”, fue su elíptica explicación.

A veces pienso que todo pasó en esa época. Tengo derecho a pensarlo: fue ahí donde crecí. En los ochenta. No mistifico, una vez escuché a algún locutor con cierta fama decir “el que se acuerda de los ochenta es porque no los vivió” y me pareció una tremenda estupidez (luego supe que era de Paul Mc Cartney en referencia a los sesenta: entendí que además de estúpida es una conveniente, y berreta, destilación). Sólo que se me ocurre lo contrario: mirarlos para entender qué pasó. Y para tratar de entender por qué no nos mueve un pelo que a Mamut lo hayan matado. Haber compartido algunas cervezas en peñas escolares al menos debería darnos un motivo para un poco de pena.

Pero no.

Tal vez porque cada uno de nosotros tiene su propia historia en este derrotero, es lo más probable. Tal vez porque ninguno de nosotros, por lo anterior, está dispuesto a reconocerse en esta historia: implicaría reconocer cuál es nuestro lugar (y no se trata de estar de un lado o del otro, de tener un hábito u otro, de buenos o malos. En el mejor de los casos Mamut nos resultaba divertido, y en el peor de los casos le comprábamos pastillas).

O tal vez porque la cosa se bifurcó después: si lo conocíamos a Mamut era porque en algún lugar del camino hicimos algunos metros juntos. La diferencia, la bifurcación que existía pero que no se veía como tal, siquiera se veía, estaba en un adelante improbable, y sabrá Mandinga cómo y por qué cada uno agarró por donde agarró. En cierto sentido no deberían ser diferencias significativas, esa coincidencia en el tiempo y el espacio se dio en una escuela, lo cual motiva a pensar que también durante esos metros las posibilidades fueron las mismas para todos nosotros.

Y se puede pensar que sí, y se puede pensar que no, y se puede pensar que quizás. Y las tres opciones son verdad. Eso es lo complejo. En qué momento las decisiones son distintas, cuándo dejamos de compartir una cerveza con alguna gente, y por qué. Me acuerdo de Sartre: nos pasamos la vida preguntándonos qué hicieron de nosotros, y la verdadera pregunta es qué hicimos nosotros con lo que hicieron de nosotros. Lo interesante, en verdad, es cuán abarcativo nos resultaba el nosotros. ¿Qué otra opción le dimos a Mamut? ¿Estábamos dispuestos a incluirlo en el nosotros o fuimos también los primeros en usar remeras del Che? Algo intuíamos sobre sus elecciones de vida, pero nos divertía. En el barco, en aquel entonces, estábamos todos. Mis amigos y yo no salíamos a robar, pero no le hace: es nimio cuando uno lo dimensiona –en honor a mi amiga Mónica, redentora de ideas difíciles— con memoria histórica. A diferencia de otras realidades, mejores y peores, estábamos en los lugares de posibles elecciones. Y nos importó sólo la propia.

No sé si todo pasó en esa época, me permito dudarlo mucho, pero sí algo importante pasó: fue el inicio de un quiebre mucho más profundo (herencia de la dictadura supongo, desde el cinismo más abyecto que soy capaz de permitirme sé claramente que triunfaron, y por lejos). Y no lo vimos venir. O sí, lo vimos, pero nos hicimos los boludos. Mi psicóloga me diría “mecanismo de defensa”. Eufemismos de intelectuales. Es mucho más llano reconocer que nos volvimos espontáneamente cínicos. Cuando vimos la luz verde nos mandamos, pero dejamos al cieguito en la esquina. Y veinte años después, cuando nos enteramos que un auto le pasó por arriba, a todo lo que atinamos es a decir que lo imaginábamos.

Que cómo no lo iban a matar si se quedó parado en la esquina.

9 de diciembre de 2008

YO ROBOT, TU CONSUMIDOR

1) En Japón experimentan con un robot que ayuda a hacer las compras. No sólo va con la anciana solitaria al supermercado, sino que además le aconseja qué comprar (pero al parecer no aconseja sobre qué no comprar). El modelo se llama Robovie II, luego cada quién le pondrá el nombre que le guste, y si bien sus creadores lo anuncian como muy similar a un ser humano, en verdad es más parecido a un maniquí.

2) Robovie fue probado en estos días en un centro comercial de Osaka. Se acercaba a los clientes que veía indecisos y le sugería el producto a adquirir, si bien no especificaron cómo. Dicen, entre otras cosas el engendro puede distinguir en la forma de caminar de las personas si encaran un local con decisión o si van a la que sí que no. Y luego actuará en consecuencia. Una de las maneras probadas fue la de publicidades parlantes y explicadas: el robotito casi le cantaba un jingle para convencerlo.

3) Hubo otros modelos en la prueba, si bien no tan trascendentes como la estrella Robovie. Pero sí igual de pretenciosos: el Wakamaru (también es nombre genérico) se jacta de poder presumir lo que la gente necesita, como si fuera un Teletubbie. Para ello registra cuáles son los productos que el cliente mira y luego se acerca y le emite avisos referidos a esos gustos en una pantallita en su pechito metalizadito. La paranoia de la sociedad de consumo por antonomasia: el aviso le habla y lo persigue.

4) Takaaki Akimoto, director del Intelligence Robotics and Communication Laboratories, donde se desarrollan los robots, dijo que en el futuro podrían servir como medio de promoción. ¿Por qué en el futuro? Porque en verdad los concibieron, dicen, para ayuda de ancianos o personas que necesitan asistencia; e incluso, también más adelante, como mascotas cibertrónicas. Suena lindo: Japón tiene un serio problema de contención social a la tercera edad. Pero las pruebitas piloto lo desmienten: fue en centros comerciales y con avisos personalizados. Y ni un viejito cerca.

5) El filósofo Alan Turing, uno de los teóricos sobre inteligencia artificial más respetados, propuso “la prueba de Turing”: un ordenador manifiesta una inteligencia similar a la humana cuando una persona que se comunica con él a la distancia no puede diferenciarlo de un ser humano. En otro sentido: cuando puede engañarnos. En unas de las fases de su prueba, Turing le ordenó a la computadora mover unos cubos y encastrarlos en diferentes superficies. Luego le preguntó: ¿Por qué lo hiciste? La máquina respondió: Por qué tú me lo pediste. El problema, ahora, es que son ellos los que van a pedir.

Me parece que Asimov no estuvo ni cerca.

27 de noviembre de 2008

EL DIA DE LOS INFELICES

1) 22 de noviembre, Día Mundial de la Televisión. Unos días antes, se dio a conocer el resultado de un informe realizado durante decenas de años y cuya conclusión, si bien científica, no debería asombrarnos: la gente que más mira tele es la más infeliz. O al mirar más televisión se vuelve más infeliz, es la otra manera de mirarlo (¿el huevo o la gallina?). En cualquier caso, el estudio nos propone a nosotros, al menos debería, otra manera de preguntarnos por qué miramos la tele.

2) El estudio, realizado por sociólogos de la universidad de Maryland, consistió en el análisis de la información de cuarenta y cinco mil personas durante treinta y cuatro años. Y así llegaron a la conclusión. Como dato estadístico dicen que la gente infeliz ve en promedio un treinta por ciento más que los felices. No parece tanto y tal vez no lo sea, pero de seguro es significativo.

3) ¿Qué miramos cuando miramos la televisión? Respuesta obvia: la televisión. Pero en la obviedad, está dicho, se esconden los postulados peligrosos: no miramos programas, miramos lo que ella está dispuesta a ofrecer. Los sociólogos dicen que es un paquete cerrado porque no hay interacción ni tienen elección, el televidente siempre es pasivo. Y es verdad. Pero tal vez resultara interesante profundizar cuánto implica esa pasividad. En líneas generales, un consumidor pasivo no es la misma cosa que un consumidor conciente.

4) Como contrapartida, la gente que dijo sentirse feliz prefiere las salidas, el sexo y los encuentros con amigos en lugar de mirar televisión. Pero no siempre: miran menos, pero miran. Todos miramos. Tal vez ahí esté una de las claves. Si de llenar vacíos se trata, qué mejor que la pasividad, que el cerebro apagado: nada exige a cambio más que estar ahí, y con sólo estar ahí nos brinda un universo de emociones fáciles y de molde. Hasta tiene esa virtud: hay sensaciones para elegir. Es cuestión de un poco de zapping.

5) Dicen que la televisión entretiene, y es verdad. En cualquiera de sus formas, desde las series hasta los noticieros pasando por todas las variables imaginables y por imaginar, el formato sólo exige una premisa inclaudicable: tiene que entretener. Y está bien. La pregunta es por qué los televidentes sólo quieren entretenerse, siempre. El estudio tal vez nos dé una pista. En un mundo en el que ya no caben más motivos para ser infelices, entendido esto en función de los propios parámetros televisivos (al fin y al cabo los únicos que parecen valer la pena, de eso se trata), ella siempre nos podrá arrancar una sonrisa, sin importar de qué nos vamos a reír.

Y lo mejor: sin que nos importe no saberlo.

24 de noviembre de 2008


ENCONTRARON LA SALIDA

Con esta onda de buen vecino con que intenta gobernar el Pro (no hay nada asombroso: así hicieron la campaña), descubrieron una nueva fuente de trabajo: los avisa cosas. Una persona con un cartel que explica que a partir de ese cartel la calle, o la esquina o el semáforo, está en arreglo, sepa disculpar las molestias. Ojo los docentes: con esta obsesión liberaloide de don Narodowsky por la cantidad, puede que las vacaciones se acorten: en el veranito siempre hay calles por arreglar.

Pero, sin broma, está bien: generan empleo. Seguramente la chica de la foto cobra un sueldo en blanco con obra social y el gobierno realiza todos los aportes y paga todos sus seguros. Es lo que dijo don Macri que iba a pasar con todo el empleo en la ciudad.

¿Por qué no creerle?
Título de TN mientras la Filarmónica de Berlín tocaba en el centro: Música gratis en el obelisco. ¿Era necesaria la palabra gratis? Será que medimos en términos de valores monetarios y poner sólo Música en el obelisco, lo interesante de lo que pasaba, no nos alcanza. Si había que pagar, la filarmónica en el obelisco, al aire libre, no era noticia. La música, tan maravillosa, tan increíble, tan elocuente de lo poco bueno que tiene la especie humana, por sí sola no nos sirve.

Ay...

14 de noviembre de 2008

93 GUIONES ESCONDIDOS EN UN VOTO




1) El triunfo de Barack Obama es históricamente relevante. Hay indicios claros: más allá de todo lo que se dijo y se habló y se proyectó y se publicó desde las elecciones internas de los demócratas; más allá incluso del fenómeno mediático y de una campaña acertada, las lágrimas de Jesse Jackson, una suerte de Martin Luther King sólo que después de Martin Luther King, decían mucho. O al menos deberían decirlo: a Obama lo ennegrecieron los medios casi por una cuestión de marketing, sí, pero la relevancia de su llegada al poder trasciende el color de su piel: a los ojos de la mirada del norteamericano promedio es la misma cosa. Con todo lo que eso implica.

2) La película del futuro tiene su final feliz: Obama es presidente. Todo tiene su costo: tuvieron que salir a votar unas ciento treinta millones de personas y más de la mitad a favor del mulatito. Una verdadera empresa heroica en semejante cultura del no-voto. De otra forma: la movida debió ser distinta porque no tenía otro remedio. Ese aura de gesta épica venía en la cajita feliz: no podría haber sido de otra manera. Lo cual representa un avance. No sé dónde ni cómo, pero creo que es un avance.

3) Si se los pudo convencer de que un mulato ennegrecido por los medios tenía derecho a ser candidato a presidente, fue un primer paso relevante: de ahí a convencerlos de ir a votar casi no había distancia. En cualquier sentido, se trató de un cambio histórico. Pero tiene olor a cachetazo: en cuanto se acostumbren a ver al ennegrecido dando los discursos en la Casa Blanca en lugar de limpiando los pisos, puede que todo vuelva a la normalidad. Menos para el cine, la televisión y la inmensa industria económica y cultural que ello mueve. Para ellos, Obama es 93 guiones escondidos en un voto.

4) Y lo más curioso y redituable: en varios lugares del mundo. En Indonesia, porque vivió unos años ahí, en Hawai, porque ahí nació, en Kenia, porque parte de su familia vive ahí. Y también en otros países por pura admiración: la oposición italiana empapeló Roma con afiches con su cara y su lema (El mundo está cambiando) y hasta el Por qué no te callas Chávez admitió que ahora revisará sus relaciones con los gringos.
En Japón, en cambio, festejaron disfrazados de hawaianos en un pueblo porque el pueblo se llama, justamente, Obama. Idiotas también hay en todo el mundo.

5) Estados Unidos sabe, y tiene tradición, de los golpes de efecto. Y sabe también de la importancia de una historia verdadera apta para ser convertida en edulcorado y meloso guión hollywoodense. Es simple: es el truco que les permite mutar reveses catastróficos en emociones fáciles para las colesterosas lágrimas del norteamericano promedio. Plan que les permite atravesar culturas y globalizar el concepto: Angelina Jolie es tan conocida en cualquier país de África como en ambas ruinas de Pompeya (las de Italia y la porteña). O George Clooney, o cualquiera de ellos. Y venderlos en cualquiera de ellos, claro.

6) A Will Smith le da el physique du rol para interpretar a Obama, no digan. Y para la infancia del presidente electo lo tienen a Gary Coleman.

7) Hay muchísimos ejemplos, desde las decenas de películas sobre la derrota en Vietnam (con feroces autocríticas incluidas) hasta Apolo XIII, con el célebre cara ‘e papa: la misión fue un estrepitoso fracaso, pero la magia del cine la viró en epopeya. Pase lo que pase siempre terminan esas películas de la misma manera: la bandera en algún lugar, la música onda Enio Morricone de fondo y la sensación de estar viviendo el momento exacto en que se gestó la épica, no importa cuál.

8) Pero tal vez el mejor ejemplo sea Vuelo 93, un semi engendro bastante aburrido según el cual el famoso avión que iba destino a la Casa Blanca fue derribado por los propios pasajeros. Podría ser, pero es más probable pensar que en verdad los volaron en pedazos con misiles antes de que llegasen a su destino. Siquiera se lo podría cuestionar: qué opción si esa gente de todos modos tenía el boleto comprado. Sólo que un combate lógico en estado de guerra es eso, no hay relato ni empresa heroica que contar. Si la llegada de Obama la ponemos en un contexto en que el mundo pide a los gritos un cambio de estado de las cosas, es la misma cosa: no tenemos historia que contar.

9) La otra película ya la hicieron, sólo que pasó desapercibida, efecto lógico de la estupidez abyecta del guión. Era una comedia protagonizada por un actor negro de cierta relevancia (se lo ve a veces en el cable) que llegaba a ser candidato a la presidencia. El giro del final era interesante y valía la pena ver el bodrio: ante la posibilidad de su triunfo, las radios en California emitieron avisos sobre eso, sobre la llegada de un negro al poder, y la gente se lanzó a la calle a los gritos como si fuese una invasión extraterrestre, desesperada por llegar a las mesas antes del cierre.

10) Ahora tienen la gesta épica, ya no la comedia. Pase lo que pase, el cine es el reaseguro. La historia de Barack Obama vale por sí misma y el guión ya está escrito. Falta muy poco para saber qué final tiene, si afroamericano o hollywoodense. Eso, por si no se dieron cuenta, es auténtico humor negro.

Con perdón del aludido.

7 de noviembre de 2008

LA CANTIDAD JUSTA

Algo pasa en el canal El Gourmet. En su programa Velero al Caribe, el español Borja Blázquez mostraba, en su visita a la isla Trinidad, cómo elaboran (y producen y comercializan) la especialidad del lugar: las especias. Ahí, en esa pequeña empresa, la estrella era la nuez moscada. Luego de conversar con el dueño del lugar y mostrar la manera en que se secan y procesan y etcéteras, contó que en una de las paredes, donde se realiza el proceso final, había un cartel que obligaba a usar mascarilla en esa zona (cosa que él no hacía, claro). Y, didáctico, explicó: “Es porque la nuez moscada, concentrada en grandes dosis, puede ser letal. Se sabe que hasta los seis, siete gramos es alucinógena, y ya a partir de los diez, doce, su efecto es mortal”.

El mito de la nuez moscada es uno de los más conocidos en ciertos ambientes, siempre lo fue, casi como el del filamento de la banana. Y una de las trabas para su experimentación, también siempre lo fue, es el desconocimiento sobre las cantidades. El mito, que no era tal, quedaba ahí porque era tal cual lo explicó el chef: en una cantidad el viaje tiene regreso, un poco más y no. Y las versiones eran variadas. ¿Quién se le iba a animar? Hasta que vino Borja y nos los dijo: era hasta siete gramos, muchachos. Le faltó anunciar “¡ de nuez moscada para todos!” y la cosa era completa.

La gastronomía se está volviendo confusa.

3 de noviembre de 2008



Y claro, ahora empezamos a entender por qué de los últimos nueve puntos San Lorenzo sacó sólo uno y pasó de ser puntero único a cinco de distancia a compartir el primer lugar con otros tres. Qué quieren, si empiezan a entrenarlos así, con esa confianza, desde que son chiquitos... Y que agradezcan que los entrenadores de las divisiones menores todavía no fueron al INADI a denunciar a los letristas de sus escuelitas de fútbol por discriminación, que si no... Otra que el culebrón Maradona-Bianchi-Grondona.

Un psicólogo ahí, por favor.

24 de octubre de 2008


3. DE LA ADOLESCENCIA AL NOTICIERO

Fue una noche de primavera, hace bastante ya. No sé a quién se le ocurrió, pero decidimos casar a Leandro con su novia. Tanto él como Maxi, su hermano, eran las presas codiciadas de las féminas del barrio: hacían cola para estar con ellos. Y a Leandro, el mayor, lo habían enganchado. O algo así. Esa noche alguien se consiguió una camisa negra y un cuello blanco, otro alguien ató una cadena interminable de latitas de cerveza en el paragolpes y alumbrados por los faroles delanteros del 504, conducido por Maxi, nos internamos a las doce de la noche en el medio del descampado. Altri tempi. A pesar de la hora la bola se corrió rápido y empezaron a llegar invitados a la fiesta. La cosa terminó con una caravana como de cuarenta personas, cada uno borracho o fumado o ambas, recorriendo el barrio a los bocinazos, con Leandro y su novia sentados en el baúl (hicimos el casamiento primero y la despedida después) y los vecinos de los edificios a puteada limpia desde las ventanas. Era el amanecer del lunes.

Es un lindo recuerdo. Esa noche se acercaron tantos a esa hora porque se trataba de ellos, de Maxi y Leandro. Porque eran queridos de verdad. No sé por qué ni tampoco recuerdo en ellos nada especial más allá de la facilidad con la que le gustaban a las mujeres. Pero ahora me doy cuenta: eran esencialmente buenos tipos. Hasta lo eran en el sinuoso derrotero de aquellos años en el que podía aparecer cualquier cosa y aparecía cualquier cosa. Una noche me lo encontré a Maxi atrás de uno de los edificios a punto de experimentar. Me invitó y yo no me animé. Le pregunté a él cómo se animaba. “Hay que probar”, decía y se reía. Tenía una increíble habilidad para eso, para probar y salir todo el tiempo.

Supongo que fue por eso que probaron irse a Estados Unidos. La última vez que lo vi fue en el barrio, él estaba de paso y yo también. Vivía allá hacía un par de años. Nos tomamos una cerveza y nos reímos de cosas como la del casamiento. Son esos momentos en los que a uno jamás se le ocurriría imaginarse que era la última vez que lo vería. Sé que al principio estuvieron en otro lado, pero el epicentro del recuerdo se produjo en Miami. Yo estuve por trabajo una vez, de paso, hace unos años, y alguien me habló de una cadena de pizzerías atendida por argentinos. No sé si sería la misma, pero podría. Hubiese sido lindo verlo allá. Pero no. Fueron dos días de puro apuro y a falta de otra cosa terminé comiendo los híbridos cubanos de esos anticastristas de mierda. Qué paradoja: fue uno de esos gusanos el que lo mató.

Fue muy raro, como si le hubiera preguntado al televisor ¿Sabés algo de la vida de Maxi? Y la tele me hubiese contestado: sí, hace un par de horas lo mataron en Miami, un cubano, no se sabe bien por qué. Y después, o antes, o al mismo tiempo, el mensaje de texto de un amigo. El tampoco lo veía desde hacía mucho, pero era evidente: el detalle le importaba tan poco como a mí.

Es que fue imposible primero no impresionarse y después, convenientes depuraciones al margen, sentirse triste: Maxi era esa clase de gente que uno puede estar quince años sin ver y siempre se la va a imaginar igual. No sé si estaba igual, en la placa del noticiero sí, era el de siempre con más años, pero me refiero a igual de adentro, a ese pibe que bajaba del 504 con la misma sonrisa de la foto de los diarios y te ponía el faso en la boca. Prendelo, te decía y recién después te saludaba. Por ese entonces los hombres empezábamos a saludarnos con un beso.

Lo veo a Maxi en la placa y escucho de fondo parte de la historia, la que me sirve para reconstruir algo (que fue un viejo choto con delirios de redentor, que por una discusión le pegó un tiro, encima cubano en Miami, son más nazis que Le Pen los hijos de mil putas) y escucho el nombre de Leandro, su hermano, su socio en una cadena de pizzerías. El diario del otro día me dice que Leandro dice que no sabe qué va a hacer ahora, que Maxi era la otra mitad de su alma y se la arrancaron. Debe ser: yo tampoco me lo imagino a Leandro sin Maxi.

Me voy más atrás y lo veo entonces a Maxi en el casamiento del descampado, hace mucho, cuando todavía no existían los celulares para que alguien nos avisase por mensaje de texto que nos habían matado otra parte de la adolescencia. Al menos puedo escribirlo. Pero no puedo dejar de pensar en cómo y cuándo fue que se nos volvió tan natural: uno de los más lindos recuerdos de la adolescencia nos agarra de adultos convertidos en una noticia policial que nos pone profundamente tristes. Así se volvió, así nos volvimos.

Qué mundo de mierda.

17 de octubre de 2008

CUMBIO, TEVEZ, OBAMA: LA PUBLICIDAD PERFECTA




1. La crisis financiera finalmente lo evidenció para muchos, pero en verdad para algunos otros se sabía desde hace rato: el capitalismo domina. Aclaración: en este caso no se trata de un sistema económico sino de una ideología (si bien el primero engendró el segundo). Ese fue su gran triunfo: la gente ya no es capitalista, la gente piensa en capitalismo. El camino fue largo y consecuente, pero al menos valió la pena: nos toca ser los privilegiados testigos de una época en la que un jugador de fútbol, una flogger y un pre presidente estadounidense son la misma cosa. Al menos para Nike, o para cualquiera de sus derivados.

2. No es poco. Hace algunos años el publicista Gabriel Dreyfus, que además supo ser candidato a vicegobernador de Buenos Aires en fórmula con el comisario Patti, lo explicó con mucha claridad: “Hay que tener bien en claro si se está a favor o en contra del capitalismo. Si se acepta el capitalismo se tiene que aceptar la publicidad como motor del consumo, porque sin consumo no funciona”.

3. (Dijo también Dreyfus en la misma entrevista: “Hay una cosa muy grave: el capitalismo y la publicidad funcionan donde la gente puede acceder a lo que la publicidad le vende o le promete, sino crea resentimiento”. Es uno de los publicistas más prestigioso del mundo, sabe de qué habla.)

4. Una pista sobre Cumbio, Tevez y Obama: los tres son famosos (si bien dos internacionales y uno de cabotaje, o semi cabotaje: el universo de los internautas no reconoce fronteras). Carlos Tevez juega en la selección y en el Manchester United (ahora está de suplente, Ferguson no entiende un pito), Barack Obama tiene buenas perspectivas de ser presidente de la mayor potencia en baja del mundo y Cumbio... Bueno, Cumbio está ahí y alguien decidió hacerla famosa. Tal vez por eso es la más emblemática de los tres. Y ahora va a hacer teatro, o algo así. Y está bien. Si en esta ciudad se subió cada una al escenario.

5. Otra pista: en algún sentido tienen factores en común. Hace un par de semanas hubo una muy buena nota en Crítica llamada Los que no fueron Tevez. Contaba la historia de los jóvenes que jugaron al fútbol con el delantero estrella en las inferiores y que ahora, a diferencia de él, la pelean en remises y trabajos de oficina con sueldos demasiado apretados. La nota, sin decirlo, mostraba el otro lado de la publicidad, el que dice que apenas el tres por ciento de los chicos que juegan en inferiores llega a Primera. Y llegar a Primera tampoco significa un pase multimillonario a Europa. El porcentaje se reduce al mínimo: de ese tres por ciento que llega, el tres por ciento se va con un pase millonario a Europa. Tevez es como el medio por ciento de la estadística. Pero es el medio por ciento que cotiza bien en Nike: la historia de alguien que desde Fuerte Apache llega a la cima de Manchester. ¿Ven que con Nike se puede?

6. En Kenia se desató la obamamanía. ¿Por qué? Porque Obama es hijo de un keniata. Ergo: es la primera vez que un gen africano podría estar en el poder mundial. Por eso en las calles hay afiches con su cara, se lo pinta en los autobuses y se venden remeras que dicen Welcome home, con la banderita de Hollywood. De EE.UU. perdón. Tal vez en Kenia están tan realmente mal que ni siquiera les importa que no sea keniata, sino apenas hijo de. Por eso la ilusión funciona: vale la pena soportar una vida indigna porque todo lo que la hace digna cuesta algún billete, tal vez algún día suba a una patera y llegue vivo a la costa del Primer Mundo y luego tenga un hijo con una residente local que con los años será presidente y entonces por fin me voy a poder comprar un televisor gigante para ver los mundiales y las películas de historias como la mía que recaudan millones.

Desde este lado, el argumento de venta es similar: es la primera vez que un negro puede ser presidente de Estados Unidos.
Así lo vendieron de entrada, pero Obama no es negro puro. De hecho tiene una abuela blanca que le teme a los negros, todavía hay gente con ese tipo de miedos que vota a un criminal de guerra pero blanquito, educado y buena gente. Es como Lewis Hamilton en la Fórmula 1: se cansaron de anunciar la llegada de un negro a la categoría y después apareció un mulatito con sonrisa de golosina de los setenta. Será que incorporar al mercado a los negros es más conmovedor. Y los negros lo aceptarán porque supondrán que es lo más a lo que llegarán. Nelson Mandela estuvo cuarenta años preso para después poder ser presidente de Sudáfrica. Como parámetro no está nada mal.

7. Cumbio simplemente es famosa. Está dicho. Lo que la convierte en la punta de lanza. La chica se puso un fotolog y de golpe el mundo la conoció. Como si fuera el dedo de Dios, la fama elige a alguno (respetando siempre ciertos parámetros) y lo lleva al estrellato rápido y furioso. Porque la fama es el negocio y hace el negocio consigo misma.

8. Ese es el truco. En líneas generales, los floggers y los bloggers existen por ese afán de trascendencia que caracterizó al ser humano desde siempre (1). Desde que algún cavernícola tuvo la idea de perpetuar un dibujo en una pared el intento dejó de ser novedoso. Sólo que ahora, sociedad de consumo mediante, es un gran negocio. Por eso la fama elige a uno: necesitan del triunfador que le dé sentido a todo lo demás. Para los deslumbrados por su fama fácil, Cumbio no se representa a sí misma sino que, al modo bien publicitario, representa lo que ellos podrían ser apenas con un fotolog, una sonrisa canchera y un poco de suerte. Y porque sí. Eso es lo mejor de esta fama fugaz y desmesurada: no requiere más que estar ahí. La mesa está servida: a consumir fotologs y camaritas y conexiones de banda ancha y celulares con Internet móvil. A estar conectados, a vivir conectados.

9. Los reality show funcionan por eso: a los merecidos quince minutos de fama a los que todos como mortales tenemos derecho se le agrega la posibilidad de pasar a ser una estrella televisiva y revisteril: Pamela David salió de las inferiores de ellos, al igual que Silvina Luna y algún otro kilo de teta al por mayor. Por no hablar de Operación triunfo o American Idol. El nuevo Gran Hermano propuso subirse al Facebook para hacer el casting y se inscribieron cuatro millones de personas. Y así podríamos seguir un buen rato.

10. Todos funcionan como la ilusión de. Y esa ilusión les permite vender un mundo que de tan conectado y globalizado logra que un morochito con rasgos de pobre sea millonario y respetado en Inglaterra, que otra negrita barata sea famosa gracias a su fotolog y actúe en público, y que un mulatito con cara de poca cosa pueda ser uno de los hombres más poderosos del mundo: todos ellos son como cualquiera de nosotros. Cumbio, Tevez y Obama, al fin, son la publicidad perfecta.

No se trata de un aviso. Sus vidas son avisos.
Just do it. Sólo es cuestión de consumir lo justo.

(1)Qué bueno: ahora a cada uno que escriba Cumbio en el Google le va a salir este blog.

9 de octubre de 2008


SIN LETRAS


También este blog, tan afecto al texto, se rinde ante la imagen. Sólo vale la pena aclarar que la foto fue tomada en el cementerio de Recoleta. Luego, cualquier palabra sobrará.
EL CURA TATOO

La crisis financiera da para todo. El capellán de la Bolsa de Londres, que no debe de dar abasto por estos días en su intento por convencer a los fieles especuladores de que Dios es en realidad la mejor inversión de sus vidas (pero no garante del Banco Vaticano), dijo que “la homosexualidad es claramente antinatural, una perversión que causa enfermedades fatales”.

Vaya sentencia. Por eso propone tatuarles frases en la espalda como La sodomía puede dañar seriamente su salud, o La felación mata. Sin reparar en la similitud del recurso propuesto con los modos de identificación que utilizaban los nazis en los campos de concentración, la primera puede tener sus visos de realidad, muchos sacerdotes saben de las ventajas de que las misas dominicales se den de parado. Pero la segunda... A menos que sea Lorena Bobbit.

En cuanto a sus postulados, qué decir. Son muchos quienes lo piensan. Lo interesante es cuando la afirmación proviene de alguien que decidió, dice, el celibato, es decir la anulación de su natural impulso sexual. Anular lo natural es antinatural. O algo así. Puede que por eso deriven en muchos casos en pedófilos consumados, una perversión que causa enfermedades fatales ¿no? ¿O es mucho refinamiento del discurso?

Tatuaje para las sotanas: Mantener fuera del alcance de los niños.

30 de septiembre de 2008

EDUCAR A LOS MARTILLAZOS


1. Dicen que los medios son un reflejo de la realidad. Aún cuando es imposible determinar los difusos límites de la realidad entendida según los medios, sí hay casi una verdad de época: son al menos el reflejo de una sociedad (con el perdón de Ortega y Gasset podríamos decir que las sociedades tienen los medios que se merecen). Los medios saben reflejar, y proyectar, el ideario de la clase media. Y si bien se podría ejemplificar apenas con la programación de cualquier canal de aire, en este caso puntual el reflejo interesante se dio en la radio.

2. En su programa en La Red, el periodista Cayetano le propuso a sus oyentes dejar mensajes sobre el anuncio del gobernador Scioli acerca de la extensión de día de clases a causa de los paros docentes. Y los mensajes llovieron. La mayoría, con críticas a los docentes por no querer extender el período (otro reflejo de los medios: los dirigentes gremiales y sus consignas no representan a todos los docentes, y lo saben, pero hacen de cuenta que sí). Las críticas son aceptables, claro. Siempre y cuando se fundamenten en realidades objetivas y no resulten argumentos producidos desde la más abyecta ignorancia, caso en el cual se convierte en un síntoma de que la condición del enfermo es terminal.

3. A ver. El argumento más utilizado para menoscabar la protesta de los docentes fue que no quieren trabajar. Así de llano. Por eso, decía la “gente común” (así se llamaban a sí mismos), no entendía los motivos de los docentes para protestar. La explicación se fundamentaba en que “laburan cuatro horas por día y cobran 1.400 pesos”, y hasta un señor mayor muy ofuscado gritó “¡quisiera saber qué obrero gana 1.400 pesos por laburar cuatro horitas!”. Y así.

4. No me detengo en lo obvio, y que fueron mensajes posteriores del mismo programa: que cuatro horitas de clase no son cuatro horitas de laburito por la sencilla razón de que se preparan clases, se corrige, se trabaja en la casa, en fin, en la misma proporción que en clase. En función de lo que sigue en el punto 5, tampoco me conviene: muchos de los problemas reales de la educación están en los institutos de formación docente y en un sistema que les fomenta ese dar clases por inercia. Quiero decir: el sistema educativo es como la definición de Juan José Millás sobre la socialdemocracia: el único sistema que se permite hacer lo contrario de lo que predica, en nombre de lo que predica.

5. Lo obvio suele esconder postulados peligrosos. Ese es el punto. Más allá de los reales problemas de la docencia, hay una sociedad que desde los noventa está empecinada en creer que la única relación posible de los trabajadores es tiempo – dinero. Por si no lo notaron: hay una sociedad dispuesta a aceptar que levantar paredes y educar personas es exactamente la misma cosa. El docente que labura cuatro horitas al parecer no estudió una carrera, no se pasó cinco, seis, siete años invirtiendo plata y horas y esfuerzo. No tiene ninguna importancia el anecdótico hecho de que será quien completará la formación de sus propios hijos ni tampoco un título obtenido le otorga alguna herramienta más en el mercado laboral. Todo se reduce a una cuestión de cantidad. Nos volvimos francamente incapaces de jerarquizar cualquier otra cosa que no sea el dinero.

Y así estamos. Luego no nos asombremos cuando los hijos de esa gente le quemen el pelo a una profesora en clase ni tampoco nos indignemos cuando esos mismos chicos ingresen a un mercado que les promete una eternidad de horas de trabajo por las cuotas del celular, el DVD y lo que vendrá. El camino, lo siento, es irreductible.

Nos volvimos una sociedad educada a los martillazos.

23 de septiembre de 2008

LOS VEINTE DE ALAN

En los ochenta, mientras Raúl Alfonsín presidía la Argentina, el actual presidente de Perú, Alan García, también era presidente de su país en ese entonces. Una vez vino a entrevistarse con Alfonsín y la oposición, el peronismo y alguna juventud radical disidente, se hizo la progre y llenó la Capital con afiches que decían “Patria querida, dame un presidente como Alan García”.

Es que en ese entonces el peruano mostraba un discurso también progre, a tono con la época, y era joven, algo apuesto, hablaba lindo, y entonces lograba que no se reparara mucho en la sustancia ideológica de lo que proponía (¿les suena el perfil? Macri, De Angeli, Massa, siguen las firmas).

Alan García se fue veinte años y volvió a la presidencia. Y le propuso ahora a Lula un intercambio de libre comercio entre Perú y Brasil por afuera de la Comisión Andina, por afuera del MERCOSUR, al que calificó de anacrónico. Esto mientras doce presidentes de la región se reunían en Santiago, sin Estados Unidos, para apoyar al presidente de Bolivia, cuya continuidad institucional está en serio riesgo. Y cuando Brasil está encontrando petróleo abajo del inodoro.

La ocurrencia amerita lenguaje futbolero: salió a romper. Cuesta creer que aún con todas sus fallas el quiebre de los acuerdos comerciales y políticos en la región sea una solución a algo. Tal vez sí para él, para el neo liberal que finalmente supo ponerse en evidencia en el momento justo: cuando a nadie le importan ya las evidencias. Pero desde este lado sería interesante reparar en el detalle. Con los presidenciables progres y algo apuestos y que saben orar que hay en lista nos puede esperar un futuro de ese tipo. O peor. Alcanza con mirar los que están en el camino.

Bien lo dice el tango, veinte años no es nada.

17 de septiembre de 2008


2. A LA DISTANCIA
(A Paula)

No la conozco, y es probable que nunca lo haga. La chica que lo dijo tampoco la conoce, eso es seguro. Sin embargo hay ocasiones, como ésta, en que son detalles sin importancia. “Me muero por ella”, dijo la chica sentada a la mesa de un bar con un chico, en pose de primera seducción ambos. Hablaba de sus gustos, esas cosas que siempre se hablan entre una mujer y un hombre en una primera cita (sé que lo era), y la nombró. Le dijo que escuchaba mucho a Amy Winehouse.

Por propia voluntad no suelo morir por nadie, pero sí la entiendo: una vez la escuché y me estrujó el alma, o algo así. Luego su música pasó al repertorio de cotidianeidades: ahora suena ella y por eso recuerdo a la chica del bar y por eso ésto.

Dicen que Amy se parece a Janis Joplin. También lo dijeron de Norah Jones y de Joss Stone, y hasta de PJ Harver. Pero no. (El mercado debería comprender de una vez que Janis Joplin, por algún motivo, no funciona comparativamente bien con nadie. Y que lo agradezcan: sus discos se siguen vendiendo). Si musicalmente las emparenta algo es llevar los géneros al límite del pop, pero Amy canta jazz y Janis cantaba blues. Y, perdón por el atrevimiento de la sentencia, si la Borrachita se parece a alguien es a Billie Holiday, si bien su virtud más significativa es precisamente haber logrado ser Amy Winehouse más allá de cualquier dama del jazz o del blues cuya leyenda pudiera perturbarla.

Pero sí las emparenta algo esencial: cantan para no desgarrarse del todo. A diferencia de Norah Jones, que podría ser una Janis sin la heroína o una reivindicación creativa del nerd, Amy Winehouse canta como la causa por la cual vivir. Porque no tiene otra. Hay algo en esa chica: su voz se impone por sobre cualquier otro sonido sin que uno se dé cuenta. Avanza, avanza, lo toma a uno desprevenido y luego ya no se puede quitar de la cabeza. Tal vez eso sea el algo: una forma de gritar, de advertirle a quien sea que hay alguien ahí dispuesto a la inmolación.

Una definición que le atribuyen a Freddie Mercury dice “los blancos aprendemos a cantar, los negros cantan”. La Borrachita es blanca, pero nunca aprendió a cantar. Simplemente canta. Por eso no tiene otra forma. Ese es su lugar en el mundo y no le importa ningún otro. Y llora a su marido preso y le cuenta al mundo que mientras el amor no le reserve un lugar protagónico será ella quien lo conseguirá a la fuerza. Y lo consigue y lo tiene: el amor incondicional de millones como la chica del bar.

Pero no le alcanza. Esa es su verdadera droga. Los adictos pacíficos son en verdad adictos al amor. Como Janis: su propia voz no tenía límites, pero en la búsqueda de ellos se le iba la vida y por eso la queríamos. Y más cerca de los límites mejor cantaba, mejor se desgarraba, y más nos gustaba. Un día dijo basta pero no fue cansancio, fue consecuencia.

Esa, al fin, es la paradoja más terrible: nos gusta porque se nos muere. A menos que nos grabe un disco más, alguno en vivo, y después se retire y su esposo salga de la cárcel y se case y tenga hijos y nietos (tal vez la chica del bar tendría más chances de conocerla), caso en el cual ya no va a cantar como ahora, y somos tan perversos que entonces ya no nos va a gustar como ahora. De Jesús para acá no perdonamos a nadie: si quieren nuestro amor que se mueran por nosotros.

Y ella lo quiere. No tiene por el momento otra manera de sobrevivir. Me muero por ella, dice la chica y no, es al revés, ella se muere por nosotros. Pero no importa.

En una primera cita siempre se dicen tonterías.

12 de septiembre de 2008

EN PROBLEMAS

El jueves a la mañana, hablaba frente a los muchos medios un médico de la clínica en donde estaba internado Alfredo De Angeli después del accidente con una avioneta del día anterior. Y explicaba que estaba allí en observación, que estaba lúcido, que caminaba, que estaba todo bien digamos. Y dijo: “Se lo internó por los traumatismos sufridos en el cuello, en la cabeza, pero gracias a Dios está bien”.

Menos mal que estaba bien, porque si llegaba a tener algo los médicos de la clínica se iban a poner a rezar un rosario en cadena en lugar de darle algún antibiótico al menos. Eso sin contar si es para agradecerle a Dios que De Angeli esté bien.

Tenía razón Mafalda: a Dios lo meten en cada estofado...

ANDÁ A SABER

Hablaba (es un decir) Carlos Bilardo en su programa de radio sobre el partido entre Argentina y Paraguay por las eliminatorias. Después de querer explicar que todo estaba mal, o algo así, dijo fastidioso y en tono de crítica (si bien es imposible referenciar a cuento de qué): “¡Los argentinos no lo vemos jugar a Messi! ¿Dónde lo vemos jugar? En la selección y en el Barcelona, y nada más”.

Qué cosa increíble, viejo. La selección juega para el culo y entre otras ilegibles cosas es porque los argentinos lo vemos a Messi nada más que en la selección y en el Barcelona. Parece que Julio Grondona va a mover sus influencias para que el rosarino juegue alguna copita para el Manchester United. Y si lo habilitan para jugar la Intertoto para el AZK de Holanda, en el próximo contra Brasil le hacemos ocho.

No hay caso, el que sabe sabe.

5 de septiembre de 2008

LA NARIZ OCUPA MUCHO ESPACIO

1. El aviso de un auto muestra cómo un joven, al parecer, ignora olímpicamente que tiene una nariz enorme gracias a tener precisamente ése auto. El eslogan se lo dice: Un auto diferente te hace sentir diferente. La publicidad, finalmente, evidencia sus recursos: el producto es quien nos hace sentir mejor con nosotros mismos. Por eso los consumimos. Viejísima regla básica: la publicidad no nos muestra el producto, nos muestra nuestra imagen consumiendo ese producto. Por eso la nariz tremenda arriba del auto pasa desapercibida. Sólo que poner en videncia los recursos puede significar tres cosas: 1) se están agotando por sobreabundancia; 2) ya no necesitan engañarnos. 3) ambas.

2. Sin contar que, si la nariz tremenda debiese realmente ser un problema, no muestran los efectos colaterales: al pobre pibe no le entra el auto en la cama.

3. El gobierno de la Ciudad quiere ahora regularizar de publicidades los espacios públicos. Y hablaron de contaminación visual como uno de los motivos para la levantada masiva de carteles. Ahá. Sólo que si se habla de contaminación visual en el espacio público a causa de la publicidad cuarenta mil carteles resultan irrelevantes: en cualquier avenida comercial hay cerca de doscientos avisos por cuadra. Por no mencionar los colectivos convertidos en avisos ambulantes, los andenes del subterráneo, las escaleras del subterráneo, los molinetes del subterráneo, los vagones del subterráneo, los boletos del subterráneo, el subterráneo, los carteles en las autopistas, los carteles en las plazas, los carteles en las veredas, los techos de los taxis, las marquesinas de cualquier negocio, los autos publicitarios, los video-wall en grandes camiones con volumen ad hoc, las promociones permanentes en cualquier parte, las vidrieras llenas de marcas y logos, los kioscos llenos de marcas y logos, las escaleras de cualquier parte, los ascensores, los televisores en los bares, los bares, los sobrecitos de azúcar, los envoltorios de las facturas, las empanadas bailarinas en los semáforos.

4. El Pro lo sabe mejor que muchos: ganaron una elección a caballo de la falta de ideología con eslóganes vacíos pero efectivos (y que durante los meses de campaña inundaron las calles y generaron en verdad una contaminación visual espantosa). La prueba es que se le volvieron en contra: en todas las protestas porteñas hay carteles del pro que a partir del reclamo se reformulan solos. La síntesis por antonomasia: la frase cambia su sentido según el contexto. ¿También los retirarán pero en este caso por contaminación de sentido?

5. Es que eso dicen: en verdad el problema debe ser que el negocio lo hagan otros. Remisión a las pruebas: aseguraron que luego del retiro de cuarenta mil avisos “ilegales” (podríamos fundar una cátedra para hablar de “ilegalidad” en la publicidad y los espacios públicos) van a renegociar los contratos. De otra manera: cuando tengamos el control, recién ahí van a poder pagar para poner avisos en nuestros espacios. Los espacios públicos, quiero decir.

En muchos sentidos, la nariz ocupa muchos espacios. Y cada vez serán más, y no es cuestión de quedarse afuera.

Eslogan gratis de ocasión: Eso es mirar al futuro.

28 de agosto de 2008


UN BUEN CONSEJO

1. Padre de familia es una serie de dibujos animados que muestra a una familia muy particular entre cuyos miembros se cuentan un perro que habla y un bebé psicópata que intenta matar a su madre todo el tiempo. Tiene, como casi todas las series de dibujos animados surgidas en los últimos diez años, un parentesco con Los Simpson: a su manera muestra una parte de la sociedad estadounidense. Sólo que bastante más bizarro y por momentos con excesiva elocuencia.

2. Padre de familia requiere entrarle a su particular lógica para mirarlo. Todo puede pasar: desde que Peter Griffin, el padre de familia precisamente, mate al Oso Yogui con una puñalada en la espalda delante de su hijo Bubú hasta que Stewie se vista de niña y gane un concurso de señorita texana. Sin contar con la bandeja de cocaína en el comedor de George Bush, la marihuana y la adicción al sexo de Bill Clinton... Se pudo ver, en uno de los últimos capítulos, una escena en la que Peter Griffin se sienta desnudo en un sillón al lado de su hija y le sugiere tener sexo.

3. No es un programa fácil de mirar también por momentos, pero tal vez ahí resida su éxito. Porque lo tiene, y mucho. Por eso desde hace un tiempo existen movidas en el gran país del norte para levantarlo de la programación (se emite por la cadena Fox, dato no menor). Quiera la casualidad, hace poco vi un programa de corte testimonial sobre la serie en el que muchas personas pedían su desaparición y hablaban de lo terrible de la transmisión de esos valores. Incluso una mujer dijo “No me gusta que lo vean en otros países y piensen que así son todas las familias”. Típica limitación de pensamiento norteamericano: quédese tranquila señora, acá en Río de Janeiro no somos tan salvajes como para suponer que en las casas hay perros que hablan y toman margaritas ni bebés que inventan la máquina del tiempo.

4. La serie emitió hace poco una muy buena respuesta. Sobre los títulos, luego de un capítulo en el que la familia volvía defraudada de Texas porque los otros valores posibles en los que habían creído para mudarse no eran tales, ocurre un diálogo entre Peter y Lois en el que surge eso, la necesidad de creer en otros valores. “Es como en la tele, nadie se pregunta por qué la gente decide que un programa muestra valores. Deberían preguntarse por qué no pueden transmitir otros valores a sus hijos y preguntarse por qué no pueden lograr que sus hijos no miren determinados programas para adultos”.

5. Es un giro interesante: les da vuelta el espejo. Sólo que así sería cuando decidan educarlos ellos en lugar de darle esa tarea a la televisión. Mientras tanto, así es más fácil: la culpa la tiene el otro y pueden seguir dejando al nene frente a la tele.

Mientras mire cosas sanas como las publicidades, no hay problema.

25 de agosto de 2008


1. LA MULA

Fernando está en España hace dos meses. Tiene, acá en Buenos Aires, una hija de ocho años a la que veía cada tanto, una ex mujer, algunos amigos y un hermano gemelo con el me encontré hace poco. Antes de irse, tenía también un trabajo como profesor de inglés en una escuela de cierto renombre, en zona norte. Y una vida más o menos tranquila, estable.

Antes de irse, Fernando cobraba un sueldo relativamente bueno para la época y los mercados. Ninguna cifra que permitiera la salvación de nadie, pero tampoco una risa de salario con cuyo valor apenas se puede simular una vida. Las cosas con su ex mujer no estaban bien (nunca estuvieron bien, tal vez nunca deberían haberse casado) pero sí con su hija en tanto no se encontraban muy seguido. Visto a la distancia es incluso alentador: ese tipo de relación impide cualquier posibilidad de conflicto.

Fernando, me recuerda el hermano cuando me lo encuentro después de no sé cuántos años de no saber nada de ellos, nunca tuvo un rumbo muy definido. Pero tampoco le iba mal, o tenía una vida de mierda. Dentro de los límites establecidos por una realidad con pésimo sentido del humor, Fernando se adaptaba bastante bien a los momentos, a esa misma realidad. Por eso el hermano, me dice cuando me lo encuentro, no entendió los motivos explicados para aceptar la propuesta. El prejuicio nos juega a todos en contra, tarde o temprano, y éste es un buen ejemplo: uno suponía que las mulas de la droga eran las prostitutas dominicanas o los desempleados bolivianos.

Pero no.

Ocurre que también las reclutan en barrios elegantes. Y entre gente con oficios, con pasares tranquilos. Tal vez ahí encuentren el terreno fértil: la mayoría de las personas se dejó convencer por la publicidad y ya no tolera los pasares tranquilos. Por eso alguien como Fernando acepta un pasaje a España y una bolsa de un kilo de cocaína en el estómago a cambio de cinco mil euros. “Si hubiera sido por cincuenta mil”, me dice el hermano y yo me pregunto si la libertad tiene algún precio y me siento un boludo por preguntarme eso. El tampoco entendió nada: si le pagan cincuenta mil euros a una mula el mercado deja de tener sentido.

Algo salió mal cuando Fernando llegó a España. No sólo no pasó la Aduana: concluyó en un hospital operado de urgencia. Y luego a la alcaldía, o algo así. Y ahí está. El hermano, me cuenta, se enteró por una carta, hace dos semanas. Y dice que no puede ni viajar ni contratar un abogado ni hacer nada que requiera plata. Siquiera traerlo si se muere. Y, según parece, va a ser duro. Unos cuantos años.

Fernando se quedó solo en una cárcel de España sin terminar de entender por qué. El hermano me dice que le va a escribir y que le va a contar que se encontró conmigo, y yo le digo que le dé mis saludos y pienso cómo le puede importar a alguien que está encarcelado en el extranjero apenas dos meses después de cenar en su casa, el remoto saludo de alguien a quien no ve desde hace veinte años. Por ahí se me nota, porque el hermano me dice que le va a hacer bien leer la anécdota. Y vuelvo a preguntarme por qué le va a hacer bien y no hay caso.

No consigo imaginarlo.

21 de agosto de 2008

¿ESTARÍA EN BEIJING?

Dijo Angel Di María a Clarín, a propósito del partido entre Argentina y Brasil en las Olimpíadas: "Riquelme es un gran jugador y maneja la pelota y los tiempos. Hoy no la tocó en los goles, pero se ganó igual porque hay grandes jugadores que pueden manejar también la pelota con igual eficiencia".

Todo bien con este chico Di María, de hecho es un gran jugador. Pero en dónde estaba cuando Riquelme pateó el penal y convirtió el tercer gol. Porque si en el penal Riquelme no la tocó... O a mí me cambiaron el canal o Di María estaba, como se dice, en otro partido.

Un antidoping ahí, por favor.

14 de agosto de 2008


ZONA CHACO

El episodio del apaleo en camioneta a gente en bicicleta, en el que estaría involucrado el hijo de un sargento del ejército argentino, recuerda a un relato del genial historietista francés Moebius, Pesadilla Blanca. En él, un grupo de neonazis recorría las calles de París, de madrugada, en busca de inmigrantes africanos en bicicleta. Cuando los detectaban, los golpeaban hasta matarlos. Lo interesante es que en virtud de esa forma de pensar, uno de ellos se revolvía todas las noches en sus propias pesadillas de horror.

El relato no es explícito ni falta que le hace: quedaba claro cuál era su mensaje. Estos chicos de la cuatro por cuatro, al parecer, sólo lo hacían por diversión, por ser famosos en You Tube, el sueño realizado de muchos Guidos Sullers. Y según parece tampoco se preocuparon mucho por las pesadillas: ellos mismos subían sus videos. Sin embargo, es un elocuente síntoma de época en tanto no se trata de falta de ideología sino que esa es la ideología.

Moebius publicó su historia, su denuncia, en la revista Zona 84, en los ochenta, cuando los inmigrantes empezaban a ser vistos como una amenaza a esa Europa primer mundista (hoy nos los matan, se mueren solos en las pateras, y de a cientos). Hoy, estos energúmenos apenas pretendían ser vistos por cientos de miles de otros idiotas como ellos. Lo lamentable, en verdad, es que en ambos casos se trata de la misma cosa.

Es una cuestión de ideologías.
EN CUALQUIER MOMENTO HACE BROWNIES

En su programa Nueva Cocina Colombiana, la chef Leo Espinosa contaba, mientras cocinaba quesos fritos y plátanos y esas cosas raras, de una fiesta en su país que dura una semana entera. De corrido. Y dijo: “se toma y se baila durante una semana, sin parar, al ritmo de la cumbia, al ritmo del porro”.

El porro, se aclara al oído analfabeto, es un género musical del Caribe como la cumbia (la verdadera, no el engendro narcotizante y repetitivo que escuchan acá), el merecumbé y la salsa. Pero no por eso dejó de resultar graciosa la sentencia, más en el contexto: hablaba de una fiesta de una semana sin parar. No por su contenido (otra que Calamaro la morocha) si no por las implicancias que se le podrían encontrar. Sobre todo después de que, ya en los finales de su receta, dijo tres veces que iba a llevar una preparación a la licuadora (“la llevo a la licuadora... La dejo reposar, la llevo a la licuadora... La dejo enfriar –y encima se rió—y la llevo a la licuadora...”).

Y claro. Al ritmo del porro iba y venía a la licuadora.

Qué lindos son los colombianos.

12 de agosto de 2008

OOOOOLEEEE

Ocurrió el miércoles pasado. Viajaba Cristina a Mendoza a inaugurar algo. Viajaba por vez primera a la tierra de Julio Cobos desde el sonado episodio del Senado y sus rimbombantes consecuencias. No era poco, claro: se especulaba con cómo la iban a recibir, cuánto de aquel episodio le preguntarían, cuántas alusiones a don Cleto habría. Y así. Era todo un tema. Por eso el noticiero de las cinco y media de la tarde de La Red, anunció en su primer título: "!Mendoza está conmocionada!".

Es que, está dicho, era importante. Pero no tanto para el periodismo, porque el locutor remató el título: "Con la presencia del Burrito Ortega" (que recién llegaba a Mendoza para jugar en Independiente Rivadavia después de su traumática salida de River).

Es que el Burrito es famoso, alcohólico, juega a la pelota muy bien y encima tira un título cada cuatro o cinco palabras. En cambio usted, Presidenta, apenas gobierna el país.

Qué pretende.

29 de julio de 2008

RACING ES UN CUENTO DE JACOBS


1. No para Racing. Su inclaudicable marcha hacia el cadalso no se detiene. Ahí está, a unas semanas de haber estado a dos goles de jugar en el Nacional B, sumergido en una fantasía de terror anunciado, una vez más. Preocupa Racing en consecuencia: hace seis meses empezó un campeonato con el objetivo de permanecer en la A y hoy no parece mejorar sus condiciones de siempre. Las mismas cuyos errores lo llevaron a estar al borde del descenso y a la crisis institucional. Entonces, también una vez más, los hinchas recurrimos a nuestra receta infalible: el milagro. Sólo que tal vez, como en el cuento La pata de mono, de William Jacobs, el milagro nos termina por perjudicar.

2. En el relato de marras ocurre que un trabajador recibe una pata de mono como un talismán que le cumpliría tres deseos. Junto a su mujer piden entonces doscientas libras esterlinas. Horas después, un hombre se aparece por la casa del matrimonio para informarle que su hijo había muerto en un accidente en la fábrica y que les pagarían doscientas libras del seguro. La historia luego desbarranca en emociones terribles que no vienen al caso ahora (es mucho mejor leerlo, en verdad), pero sirve como analogía.

3. A ver. La misma empresa que acaba de retirarse por la puerta del fondo, en silencio, y con una deuda enorme detrás, es la misma cuya hinchada, repartida en dos estadios, aplaudió cuando se obtuvo el milagroso campeonato del 2001. Un año antes Racing era noticia mundial por una marcha-misa multitudinaria realizada por el impresentable Lalín, que a su vez unos días después recibió un redoblantazo en la cara por anunciar la quiebra de ese club que dice querer tanto (y al que ahora, ante tanto torbellino, le pone en duda la legitimidad del último campeonato sugiriendo que los árbitros estaban comprados, debe ser por eso que le anularon dos goles ante Banfield que hubieran significado no sólo ganar el partido sino salir campeón sin esperar a la última fecha). “Racing ha dejado de existir”, tuvimos que escuchar y hasta llegamos a pensar y ahora qué, cómo la seguimos con el fútbol, porque hacerse hincha de otro equipo es impensable. Llegamos hasta eso con Racing: a pensar que el fútbol nos había dejado afuera de él.

4. Entonces, una vez más, ocurrió el milagro: apareció una mano mágica con plata y así como fuimos el primer equipo argentino en salir campeón del mundo también fuimos el primero de la A en ser gerenciado. Y tan estridente fue el milagro que salimos campeones y todo jugando con Chatruc de enganche y con Mostaza de técnico. Y recuperamos la grandeza (la futbolística, la otra nunca se perdió) y peleamos un par de campeonatos más y jugamos la Libertadores con un equipo que al menos invitó a soñar. Pero como en el cuento de Jacobs, ahora pagamos las consecuencias de ese milagro por el que rogamos.

5. Empezamos con el doble retiro de Simeone, continuamos con el retorno de Merlo, que llegó a poner al Mumo Peralta de tres, y de ahí en más todos los manejos de esa mano mágica, otrora bendecida y reclamada, fueron hacia abajo. Técnicos al paso, jugadores más al paso todavía, retornos imposibles, y el final anunciado. Al menos esta vez se zafó, una diferencia importante con el relato. Pero tal vez sea hora de dejar de esperar los milagros: los nombres alrededor de éste Racing, viejos y nuevos conocidos, desde los Lalín hasta los Kirchner, dan para sospechar que vamos camino a volver a necesitarlos.

Y, al menos para Racing y para Jacobs, está claro que el milagro tiene un costo muy alto.

22 de julio de 2008

SEMÁNTICA DE LA TRAICIÓN

(Mucho se ha dicho y mucho se dirá sobre el episodio Gobierno-Campo y su resolución Senado-Cobos. Y es lógico: es histórico, se lo mire como se lo mire y desde el lugar que se lo mire. Este texto tiene esa función: es apenas un punto de vista más --o menos-- sobre lo que a este blog le compete: los medios, el lenguaje y su relación con nosotros. Y es un texto además para el Profesor Pablo Cámera, entenderá él por qué.)

1. En algún sentido, el final del episodio puede leerse como una traición en tanto Cobos acompañaba ese proyecto político (también dijo que no lo consultaron por la ley de retenciones). Al menos es válido suponerlo, y esto es, o debería ser, lo interesante: la mirada objetiva. Quiero decir: el tratar de ver a las cosas despojados de nuestras propias miradas sobre esas cosas. Y desde ahí, se acepta: desde ése lugar, Cobos concretó una traición. “Defeccionó”, como le gusta decir a la Presidenta y un término que muchos periodistas berretas que ahora lo utilizan cada dos oraciones descubrieron cuando ella lo dijo, en todos los sentidos. ¿Tienen dudas? Lean Sur. Ahí escribe gente que alguna vez fue periodista.

2. Pero hay que ver qué es traición para el kirchnerismo: en otro sentido, Cobos desafió al poder. Cobos es radical, de prosapia radical: hay convicciones, y manejos, que nunca mueren. No recuerdo quién me decía que un radical es un peronista con culpa. Por eso Cobos reventaba por adentro cuando reventó al gobierno. Un peronista lo hubiese hecho con una sonrisa en la cara, pero es probable que no lo hubiese hecho: la concepción del verticalismo peronista es demasiado profunda. Tal vez otro peronista no hubiese desafiado el poder porque en ese verticalismo se esconde la esencia: mientras el poder esté de nuestro lado es cuestión de tiempo que me toque por un rato.

3. Según dijo después, Cobos votó de esa manera por respeto a las instituciones, más o menos. Incluso agregó que el empate entre los votos de los senadores era la prueba de que la mitad del país estaba en contra. Es un discurso bien radical: la preservación de las instituciones democráticas a cualquier costo. La búsqueda del consenso y la peregrina suposición de que sólo la unidad casi total genera acciones valederas: la primavera alfonsinista, digamos. Y entonces ahí resulta interesante detenerse en los discursos: la Argentina fue a la par de lo que medió entre aquellas arengas humanistas de Alfonsín y los debates con sustancia ideológicas a las diatribas insultantes y mediáticas y vacías entre el campo y el gobierno (el país no encuentra todavía alguna que le dé resultado). Y ahora empezamos a pagar las consecuencias.

4. Incluso algo vuelve el asunto más interesante todavía: a Cobos no le creemos. Los propios senadores oficialistas dijeron off the record que el patrimonio de los que votaron en contra seguro se había acrecentado. Y si no pensamos cuánto pensamos a cambio de qué, así se nos volvió la ideología y así se nos volvió la política: un terreno en donde todo se compra y todo se vende. Y donde es normal pedir que bajen los carteles y hablar de la gente que no sale en cámara pero que está (total si la cámara no lo muestra es cuestión de que me lo digan por la tele) o hacerse el campechudo bonachón y paternal para victimizarse y arrugar bombachas a cambio de futuros votos.

5. El conflicto, al fin, evidencia una lucha de clases, pero en verdad es una lucha por poder. Tal vez por el poder de clase, o algo así. La ley fue y es una excusa: lo que se disputan son espacios de poder. El presidente en la media sombra se metió con el poder económico (es una manera posible de leer que se metió con la bendita redistribución, lo cual incluso puede ser bien mirado) y entonces ellos, el poder económico, le disputaron el poder político, espacio del matrimonio, y de la peor manera para un peronista: sacándole gente a la calle. Gran mérito y prueba de parte de los discursos de De Angelis, o de quienes lo inventaron en verdad: logró movilizar a gente que no salía siquiera a sacar la basura (los residuos, perdón).

6. Si en verdad se discutiesen ideas (y discutir ideas equivaldría a discutir el bienestar de los otros, o de todos) se trataría de conciliar posiciones. Pero como lo que se discute es el poder, o los espacios de poder en realidad –el poder es intrínsicamente inasible en su totalidad, apenas se lo agarra de a ratos y por partes--, todo, incluso la ideología, pasa a ser moneda de cambio y ahí, en ese terreno, los medios se vuelven padrinos del duelo: las partes los necesitan para demostrar poder. Los discursos se volvieron evidencia más allá de la realidad. Por eso ahí se dirimirán las batallas y ahí será el pasado y el presente. Pero sobre todo el futuro. Ese es el verdadero problema.

7. Pero ocurre también que los padrinos del duelo son reclamados por los espectadores. En otro sentido: las mismas personas son quienes le dan a los medios el lugar de difusores de la verdad (los medios, en el mejor de los casos, son difusores de una verdad, y relativa). Y el gobierno y el campo. Y todos. El enojo de Kirchner con el grupo Clarín lo demuestra: llevaron el conflicto al terreno del todo o nada porque de esa forma podían desmentir a los medios desde el lugar de nada. Sólo que la desesperación por desmentir a los medios habla más de un abandono de posiciones que de una lectura de la realidad.

8. Un ejemplo didáctico: cuando De Angelis fue liberado después de ser detenido en la ruta, en uno de los momentos más complicados del problema, volvió a las rutas cortadas, lo recuerdan. En medio del tumulto generado por su llegada, un cronista de radio dijo: "va a ser difícil llegar hasta él, hay mucha gente y mucho desorden porque todos se quieren acercar a saludar a este líder popular".
Al menos en algunos medios el Alfredo se nos recibió de "líder popular". El punto es que yo entiendo, o creo entender, qué es un líder popular, o al menos qué debería serlo. Pero tal vez todos los que escucharon la radio, no. Y compraron, y ahí está nuestra culpa.

9. Por otra parte, cuando epelmsdNK fue a Plaza de Mayo, también en un fin de semana crítico, en la misma radio se dio la secuencia. El cronista describía la llegada de Kirchner a la plaza y dijo "hay empujones, hay desorden", pero lo dijo en tono descriptivo (incluso radiofónicamente era favorable: podría haber sido "mucha gente saludando al líder popular"). Y se escuchó un grito patotero: "!No, no mientas, no hay empujones!", y acto seguido el cronista denunció al aire que le estaban pegando y se cortó la transmisión. Efecto K: nada de lo que dicen los medios es verdad, ni siquiera cuando es verdad.

10. Pero la gente no es taaaaaaaan manipulable a pesar de todo. Al menos la mayoría no lo es hasta ciertos puntos (otra vez: "se puede engañar a uno todo el tiempo y a muchos mucho tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo"). Entonces la realidad es la realidad. Sólo que, por culpa del mismo gobierno que se queja de los medios, esto se ve sólo desde un lado: desde la oposición. Que se aprovecha y utiliza a los medios e inventa a un sub normal como De Angelis como un revolucionario de nueva cepa. Y el Alfredo habla para los medios y les da material (Perfil lo sacó en tapa el domingo... !Con la madre!) mientras la mesa de enlace les hace creer que la lucha es por ellos, por toda la Argentina. En ese punto coinciden los discursos, y eso es sintomático: entonces ninguno dice la verdad . Pero nosotros, como consumidores de medios, decidimos que sí, alguno dice la verdad y el otro miente. Tan simple y llano como eso (ojalá lo fuera).
Y como es una disputa de poder, los medios ofrecen el escenario perfecto: lo que se dice más allá de lo que se hace. Si total decir es mucho más simple que hacer. El problema tal vez esté en quienes deciden creerle a uno u otro no por convicción ideológica sino por efecto mediático, casi como mirar Gran Hermano. Después de los millones de puntos de rating que el engendro generó y seguirá generando, lo descubrieron: el poder está en el discurso, en lo que se dice. El poder está en los medios. Ellos saben cómo manejarlos, somos nosotros los que no aprendemos a leerlos.

Pero no por decisión de ellos, sino por culpa nuestra.

18 de julio de 2008

PALABRAS

En estos días resultó interesante detenerse un poco en algunas palabras. Algunas pocas y muy pequeñitas muestras.

Oyente 1, mensaje en una radio: “Con este gobierno ya no se puede vivir, tengo un comercio y tengo cinco asaltos y una bala en la espalda, me tuve que poner seguridad privada, mis hijos van a escuela privada, a universidad privada...”

Linda ensaladita, no digan.

Oyente 2: “Los del campo ya tiraron la leche, hablaron de poner el lomo a ochenta pesos... Ellos viven de nosotros, que no se olviden de eso”.

Eso, carajo. Que los argentinos somos capaces de dejar el asado y todo, que la ensalada nos sobra.

ACTO 1

Lo primero que pidió Kirchner cuando subió al escenario en el acto del martes fue que bajaran los carteles para poder “vernos a los ojos, sentirnos la mirada, los palpitares...”. Y ya lo había pedido la locutora.
¿Por qué tanta preocupación por los carteles? Porque en las panorámicas a pantalla partida parecía más gente la del campo que la oficialista.

También dijo que estaban llenas las calles laterales... Es decir las que no salen en cámara.
Estaba desesperado por el rating, pobre. ¿Ven que el rating es votos?

ACTO 2

Lean con atención cada una de estas frases. Las dijo el presidente en la media sombra, don Néstor Kirchner (el comediante jubilado no se rinde), en su discurso del acto del martes. Traten de dimensionar a cada una por sí misma, sin contexto, sin connotación política.

Bajamos la pobreza del sesenta al veinte por ciento”.

“Logramos cuatro millones de empleos”.

“Ahorramos setenta mil millones de dólares”.

Andá...

“EL ALFREDO ES UN ENCANTO”

Lo dijo una doña Rosa palermitana en el acto del martes. Y es otra consecuencia del efecto K. Por algo los pooles de siembra inventaron a un sub normal como De Angelis a medida de las conveniencias futuras: a Buzzi no lo van a votar, pero el Alfredo es políticamente correcto, da bien en cámara, se come las eses pero con elegancia y hace chistes fáciles (patético cuando hablaba con ese tono de campesino bonachón con algo del peor Landriscina –lo cual es mucho, Landriscina es todo peor—preguntándose “dónde me metí”, y las bienudas de Palermo norte se le reían y se le hacían pis encima, y mañana lo votan, claro). Como un híbrido entre Blumberg y Tinelli. O como la Tota Santillán en el programa de Tinelli. Pero en defensa del la Patria, no del rating.
Sí, claro, y ustedes se la creen...

ACTO 3

“Que de esta plaza no salga ningún gesto de rencor”.

Lo dijo el presidente en la media sombra, don Néstor Kirchner, después de tratar al Campo de oligarca, golpista y cagador.

Bonus track. A propósito de epelmsdNK: terminó de hablar con tono melodramático, “con lágrimas en los ojos” según dijo pero nadie vio, e inmediatamente después había adláteres a dos metros listos para abrazarlo al mismo momento en que empezaban a caer papelitos en el escenario.

Y después se queja de los efectos mediáticos.

ACTO REFLEJO: Scioli levantando el brazo mocho con movimientos espasmódicos y según se veía casi involuntarios mientras le hablaba a la gente en la Plaza. Era cuando se enojaba: con el brazo de verdad daba golpes en la mesa, y el otro se le levantaba cortito. De verdad era un poco impresionante.

TIEMPO

El presentador de TN dijo que el discurso de Kirchner había dejado varios párrafos para desarrollar.

Y bueno, hay que llenar espacios...

LA VIRGENCITA ESTÁ CON LAS VAQUITAS
(Y en algún sentido e involuntariamente se describió la mitad de la historia argentina en esa frase)

En la marcha católica* del campo alguien mostró un cartel a cámara: “Junín está con el campo”. ¿No será Junín está en el campo? Cuestiones de semántica fácil, je.

Si no es como en la película Los sospechosos de siempre: un policía le dice a un ladrón que tiene pruebas de su robo a un camión de armas porque esa noche, lo comprobó, había estado en Queens, la ciudad del asalto. El delincuente mira al policía y le pregunta: ¿En serio? Es que yo vivo en Queens. ¿Lo dedujiste solo Einsten, o tenés un ejército de monos trabajando en esto?

*¿No vieron a la mesa de enlace “festejando” con una estatuita de yeso de la virgen de Itatí, levantándola como si fuera la Copa del Mundo? ¿No vieron los rosarios, el recibimiento a Carrió como si fuera el Papa? (Si bien en verdad debiera ser La Papa. Lo cual, desde la perspectiva del personaje aludido, no está nada mal.)

Si hasta dijo Carrió que Dios había estado adentro de Cobos... No sé Dios, pero el cagazo de su vida seguro lo tenía adentro.

14 de julio de 2008

QUÉ AMARILLISTAS

Dicen que Roon Wood (61) dejó a su esposa por una rusita de 18 años (la mujer del guitarrista la sabe lunga: dijo que era mentira, que su marido sólo se había revolcado con la pendex pero nada de noviazgo ni abandonos... En fin). ¿Y cuál es el problema? ¿Para qué es un Rolling Stone, una estrella de rock mundial, un multimillonario si no? ¿Para levantarse todas las mañanas mirando la misma cara de bruja?

Amarillistas al pedo...
CONTROL ANTIDOPING URGENTE

Le dijo Gastón Aguirre, jugador de San Lorenzo, a Clarín: “A veces estás en tu pieza y te cuidás de lo que hablás con tu representante o con algún amigo por miedo a que se filtre o trascienda”.

El muchacho se nos fue al carajo, parece. Punto 1) En el noventa y cinco por ciento de los casos las cosas que “se filtran o trascienden” provienen de los mismos jugadores. Todos lo saben. Aguirre también. 2) Apenas es un jugador de fútbol de uno de los equipos más importantes. Y punto. ¿Quién se cree que es para que le anden pinchando las paredes? ¿Blatter? 3) Por ahí está leyendo 1984, y le pegó mal. Sí, hay jugadores que leen, no se asombre. 4) Por ahí algo lo está poniendo demasiado paranoico. Un control antidoping ahí, por favor.
GUERRA TECNOLÓGICA

Dicen que Irán fraguó las fotos del lanzamiento de prueba de sus misiles
. Al parecer, al momento de la prueba uno falló, pero en las fotos difundidas en primer lugar todos salen volando. Luego, el diario iraní Jamejam publicó la
que se supone verdadera y se armó el despelote. También dicen, lo habrían hecho para exagerar el poderío y la capacidad militar del gobierno. Para mostrar algo distinto a lo que hay. Si total el otro ve lo que yo muestro... (si bien los tanques de goma espuma de Saddam serán por siempre insuperables). Y como quedó escrito un par de textos abajo (El Photoshop y sus ojivas nucleares), las nuevas guerras pasarán por ahí, al menos en las etapas iniciales.

Para el final: encuentre las 7 diferencias ideológicas en las fotos.
¿EL DE SUDÁFRICA SE JUGARA EN SUDÁFRICA?

El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, amenazó a Sudáfrica, que tiene problemas con la puesta a punto, con quitarle la sede del 2010 si la prueba piloto de un año antes, la Copa Confederaciones (o Cómo expandir más y más el negocio), no sale como debe. En Sudáfrica hay problemas: hay construcciones paradas por el despido de lo obreros de ellas. Y todo se atrasa, y a Blatter le da miedo la mínima posibilidad de desorden político, que no se llegue con los souvenir a tiempo y que el negocio se resienta. Por eso, dijo, ya tiene hablados a tres países que están dispuestos a organizarlos en un año (el lapso entre la CC y el Mundial, casualmente).

No sería la primera vez. La FIFA ya le quitó la sede a Colombia para el ’86 dos años antes, porque, decían, no era viable llegar a tiempo con la infraestructura que el torneo necesitaba. Por eso se la dio a México, cuya capital un año antes del Mundial sufrió uno de los peores terremotos de su historia. ¿Por qué no se lo sacaron a México, algo que el sentido común en ese momento sugería? Porque apareció un tal Guillermo Canedo, actualmente hombre de gran importancia en los cenáculos de la FIFA, presidente del Banamex, y el torneo y la reconstrucción fueron casi un mismo y muy redituable plan.

Pero es Sudáfrica, y Mandela no es Canedo. Es probable que allá no haya grandes negocios. Gracias si les dan la Copa Confederaciones. Como que sigan así ni eso.

10 de julio de 2008

EL RUMOR COMO EFECTO ESPECIAL

1. Desde hace varios días, de casualidad desde el inicio del conflicto del gobierno con el campo, circulan cada vez más y más correos electrónicos con supuestas señales de alarma económica. La cosa varía, y puede ir desde la advertencia sobre las cuotas de los electrodomésticos en el futuro inmediato –en una variable se anuncia que no más pagos a doce cuotas, en breve serán en tres y gracias—hasta los indudables signos de que estamos frente a un inminente, otra vez, corralito. No habla bien de nosotros como sociedad: para asustarnos nos tienen que hablar de las cuotas de los electrodomésticos.

2. Se trata de generar descontento, desconfianza, algo así. También temor, y para todo eso nada mejor que el rumor, efecto especial de los grandes cambios desde siempre. El rumor conlleva, por su propia naturaleza, un sino extraño: si se dice por algo será. No es así, claro, pero alcanza como eslogan, nada más apropiado a estos tiempos. Si bien no está probado que en verdad Goebbels la haya dicho, su supuesta máxima cobra sentido: miente, miente, miente, que algo quedará. El rumor cumple su efecto en sí mismo, no necesita ir más allá.

3. La crisis del 2001 es un buen ejemplo: se hablaba de una especie de corralito desde un mes antes de que efectivamente se produjera. Ante el rumor de las retenciones a los depósitos muchos los retiraron y entonces el rumor se convirtió en verdad (no fue la única causa, claro, pero tuvo incidencia y con eso alcanza, y además acá se está hablando de esa parte, no de otra). La ecuación es así desde siempre: el rumor genera, por su propia dinámica, su propio espacio conforme crece y cumple su cometido. Cuenta con un privilegio: no necesita ser verdad en tanto no es ésa su función. En todo caso puede aspirar a convertirse en una, pero después de cumplir con su razón de ser: desestabilizar algún orden establecido.

4. No importa cuál sea el orden establecido: mientras la tapa de un medio anuncia con cierto aire trágico el fin de las cajas de seguridad en Argentina (mensaje de remisión directa justamente al corralito) y genera su propio rumor pero con respaldo profesional (el sentido no está en la investigación sino en qué se quiere mostrar con ella y en por qué se publica en el peor momento de la crisis Campo – Gobierno, y esto vale para todos), Jorge Rial pone en tela de juicio la fidelidad de alguna participante de Bailando por un sueño, pero ambos hacen la misma cosa.

5. Y en los dos casos se trata de medios de comunicación en busca del interés de sus lectores/televidentes. Luego las motivaciones para la búsqueda de ese interés serán distintas, pero con un mismo fin. El recurso inicial, disimulado como algo verdadero en tanto efecto especial, será el de siempre: el rumor.

6. La masificación de los recursos informáticos le otorga ahora a la gente de manera directa la posibilidad de replicarse hasta el infinito, entonces el rumor se agiganta y pasa a tener un valor exagerado. Alcanza con que a una persona se le ocurra para que media hora después lo lean cientos de miles, quienes a su vez lo reenviarán a otros cientos, y así. El rumor tecnológico, debería decirse. Y debería empezar a estudiarse.

7. Ahora los nuevos correos dicen que cayeron las ventas por el Día del padre. En una sociedad tan afecta al consumo es claramente una señal, si bien no se podría terminar de definir una señal de qué. O en el mejor de los casos, si es una señal de descontento... También es una de las peores señales de nosotros. (Remitirse al punto 1).

8. La pregunta es por qué la gente no compró como antes y se contestan a sí mismos que por culpa del conflicto del Gobierno con el Campo. Pero no hay hasta el momento señales efectivas y claras de que tal conflicto haya afectado la capacidad de compra de quienes pueden pagar regalos en casas de electrodomésticos. En todo caso mucha gente, motivada por el rumor, actuó por cuenta propia y se guardó la plata en dólares por miedo a un nuevo corralito.

9. Y luego envía correos. El rumor tecnológico. Y si eso genera recesión, el rumor finalmente será verdad (y cobrará sentido que un medio haga noticia con la falta de cajas de seguridad). El rumor, el profesional y el amateur, concretó su logro: la profecía se auto cumplió.

10. Cabe, al fin, una pregunta: ¿y si el rumor no concluye en verdad? Si bien nunca es conveniente contestar a un interrogante con otro, no hay mejor manera de hacerlo: ¿alguien se acuerda de un rumor fallido? De otra forma: ¿algún medio en la historia le dio lugar a un rumor que sólo fue rumor? Un rumor que no muere no es un rumor.

Y como a los muertos de la Historia, sólo recordamos a los trascendentes.