4 de diciembre de 2011



LA POLICIA ES UN SOFTWARE


1. No es una buena publicidad de época, si bien en cierto sentido sí podría serlo (es todo tan relativo). Porque el asunto no funciona como una buena señal, o cuando menos tiene muy mala prensa y encima en Londres, la cuna del auténtico periodismo amarillo. Lo cierto es que según reveló The Guardian, el principal problema para detener los recientes disturbios multitudinarios en la capital inglesa fue el colapso de los sistemas de comunicación de las fuerzas de seguridad. Colpaso suena igual a desborde. Tiene sentido.


2. Según parece, The Guardian consiguió un informe clasificado interno de los altos mandos de la policía londinense y publicó sus mejores partes, o al menos las más significativas para poner en ridículo a todo el sistema de fuerzas de vigilancia y seguridad (en Inglaterra es manifiesto que la prensa paga, y mucho, para obtener este tipo de información): ante la caída de todos los sistemas por la imposibilidad tecnológica todavía no resuelta para atender miles de llamados en simulatáneo, los agentes empezaron a usar sus telefonitos particulares para tratar de organizarse ante la acefalía. "Siquiera se sabía cuántos eran ni dónde estaba cada uno", precisa, temeroso, el informe.

3. Lo cual motiva a una inquietud inevitable: si la desorganización absoluta de quienes debían organizar el caos se debió a la caída de las radios y los satélites y todo eso ¿quién da la orden? ¿Quién decide cómo, cuánto, en qué momento y de qué manera se reprime a un grupo de ciudadanos iracundos e incendiarios? ¿Los humanos o la tecnología? Sí, la lectura fácil es que la tecnología se utiliza como medio para ejecutar órdenes humanas. Pero una mirada menos candorosa permite también suponer que ante la carencia del medio no hay organización a la vista.

4. Hay un detalle interesante en el informe: además del colapso comunicacional, se trata de muchos "agentes sin preparación para este tipo de disturbios" y "escaso número de ellos". Más allá de las dificultades de cualquiera para estar preparado ante una turba que actúa como la mecha de un cartucho de dinamita a la que le acercaron un zippo's, el curioso contrasentido recuerda un chiste de Woody Allen: dos señoras judías viajan en un avión y una de ellas dice: "Mirá qué horrible la comida que sirven", a lo cual la otra contesta "sí, y encima es poca".

5. En todo caso, la secuencia resulta reveladora de un posible estado de época: ante el desborde real de un grupo de gente, ése desborde será imposible de controlar en tanto actuará como un efecto dominó y desbordará cualquier situación que pueda relacionarse. Con un agravante: esa misma humanidad desbordada le dio a la tecnología la última palabra en la toma de decisiones. En un planeta colapsado de por sí, el resto, parece, es apenas cuestión de tiempo.

Por ahí era eso lo de los Mayas y el 2012.

0 comentarios: